sábado, 3 de junio de 2017

Alguien debe saber por qué miento.

“Igual que tu ventana que no existe
Como una sombra de mano en un instrumento fantasma”
El mundo ilustrado. Cesar Moro.


Llevo horas pensando en que me es importante lo que puedas pensar y no miento; en esto no miento. Es cierto: si no sé la verdad, miento a través de palabras que he visto reproducir cercanías y atenciones y es justo a cuenta de eso –y de que soy mentiroso, que lo sigo pensando. No podría decirte las razones que tengo, para dar de mi parte poco más que mentiras. No conozco otra ley que la de la madrugada y no creo llegar a saber el origen de algo que nace en el futuro. Aunque queda muy tarde admitirlo y pudiera ser peor, por ti siento el amor que he llegado a sentir entre los animales; como cuando un lobo batalla con un oso en las sombras o un halcón descendiendo, para dar caza a una cascabel: eso es amor, para mí y con el tiempo no he sido capaz de confortar a mi personal fatalismo. Admito que he sido un ingenuo; siguiendo porque alguien vendría a escuchar de mí, cuentos. Tan solo eso y yo...

Toda la noche llovió, no había ni un solo rastro de los habituales gatos que merodean en mi puerta, como si mi casa fuera otro burdel por cerrar. Estaba inquieto en el piso, hilvanando figuras en las estrellas que no tiene ese techo y me levanté, para abrir las ventanas; quería escuchar más de cerca el sonido de mi memoria, de los torbellinos que brotan en forma de flores sobre la superficie del silencio y del agua. Fue como un sueño saber de todos los nidos que aún no están hechos y que esperaba anidar, una vez que hubiera crecido.

No ha hecho nido la luz de los ojos que se voltean, para adentro, porque la risa... no ha hecho nido la ficha que cae, de una vez a otra vez, entre la voz de los viejos que contaban historias de viajes a través de la tierra. No ha hecho nido la marea que hace salir a las lunas sobre las cabeceras de todos los magos. No ha hecho nido el amparo, para los labios silvestres. No ha hecho nido la fiesta entre la fe y el coraje. No ha hecho nido el acceso a la mañana siguiente. No ha hecho nido la fuerza de aquellos arboles gruesos que están bajando del cielo. No ha hecho nido el sabor a durazno que aquella señora, nuestra vecina indiscreta, lleva entre las piernas. No ha hecho nido el galope de los caballos huyendo de un potrero que se quema. No ha hecho nido el verde marino entre los sueños que callan los más prudentes valientes. No ha hecho nido el dilema entre morir o matar y no es que mienta al respecto; pero puedo decir que no hicieron nido, tampoco, aquellas verdades que parecían responder a mi entrega.

No justifico los usos de mis artificios menores; sé que es probable perderse y terminar de Quijote, menos la hidalguía y sin La Mancha.  No sería honrado culpar a la realidad de lo que no soporto; pero soy honesto, me duele.

Alguien debe saber por qué miento. Acaso es que soy –todavía- aquel niño vudú que imaginaba que era.
Omar Alej.

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