lunes, 26 de junio de 2017

Iracundo.

‘‘La oscuridad se posa en las ramas.
Quédate muy quieto, no salgas de la casa,
                                                                   quédate muy quieto...’’

La lapicera. Raymond Carver. 


A veces no controlo
las burbujas iracundas
que me ciegan al timón
de una tarde
y la encierro en un cerrojo
de maneras muy cobardes…

Me sumerjo en el reproche,
ignoro las sorpresas incontables
que nos mueven
y hay un sol que sigue ahí
aunque no esté;
se hacen nada las bondades
y enfurezco
como un niño caprichoso:

Me hago viento,
doy mi cuerpo a las llamas;
quiero ver la sangre roja
y partidos en pedazos
los planetas.

De un momento
que antes era el aliviado
horario del descanso,
saco fuerza de venganza
y me arrojo contra aquello
que parezca dominarse.

Los tiernos peces,
desde el hondo mar,
entre sus corales
y las breves aves
desde su enramaje,
anidándose,
se tornan en gigantes
destructores de la calma
y me consiguen…

Me convierto a la impaciencia,
me propongo al estallido
y ya soy el hijo del enojo
más vulgar y primitivo.

Qué vacío
cuando vuelvo
y quedo en contra de mi cara en el espejo
con el gesto miserable
de un idiota sin las alas
que creía que tenía.

Justo ahora no me puedo perdonar
haber culpado de mi suerte
a quien me daba la noticia
de que estoy -igual que siempre-
a solo tiempo
de quedarme en mis miserias
sin poder salir de ahí
ya nunca más.

Omar Alej. 

sábado, 24 de junio de 2017

¿De qué iba a escribir?

Afortunadamente no hay Lugar para el Arrepentimiento
en La Pobreza
de estas Reflexiones.

Lo mejor. Leonard Cohen. 


¿De qué iba a escribir?
¿Era un cuento breve?
¿Sobre la guerra y la paz?
Acaso tendría las agallas
de pensar que hay literatura
en mis propios días
y diría que vi a mi madre
temer de la calle
y a mis hermanas morder…

No creo que fuera eso
¿De qué iba a escribir?
Ah sí, ya me acuerdo:

<<Erase una vez un detective
que investigaba el crimen
sobre el autor
de una novela negra;
pero tenía corazón,
marcas de acné,
manchados los dientes  
y perdía la memoria
a corto, largo y mediano plazo,
porque era mejor recordar
exclusivamente
como seguir adelante…

Él amaba a Rodrigo
que era el dueño del bar
en la esquina
que tiene los muros
con carteles de toreros españoles,
donde se sentaba
a inspeccionar cada pista
mientras bebía cocteles con menta.
De su amor nadie sabía
y cada vez era peor
estrecharle la mano
y contener a su impulso
de besarle la boca con la lengua erecta.>>

No, estoy haciendo memoria
y no sé si sea eso
de lo qué iba a escribir.
Digo, sí, es parecido;
pero ¿Dónde está?
cosas como esas
pasan en Sonora
y yo ahora vivo en Jalisco.

A lo mejor me olvidé del ambiente
<<Fue en un pueblo con mar,
una noche
después de un concierto>>
No, eso no es mío.
Esa es la letra
de una canción de Sabina;
me estoy quedando dormido,
debería irme a soñar con algo profundo:

<<Cuando me morí
no sentí el dolor
ni las agujas en los brazos
ni la manguera,
desde la nariz al estómago,
significaban algo, para mí.

Cuando me morí
fue como entrar a un mareo
que podía escuchar con los dedos
y tocar con los ojos;
sé que suena a un mal viaje.
Sin embargo doy fe
de que cuando me morí
no fue nada
que hubiera sentido de vivo
y no, no fue la muerte.>>

Uy, ¡no! me da miedo;
es mejor cuando sueño con chicas
que me quieren mucho
y que me lavan los pies
como si estuviera enfermo.
Aunque mejor otra cosa,
ahora son tiempos nuevos
de cambio
y alguien podría ofenderse,
interpretar que es machismo
lo que yo llamo tener quien me cuide
de hacerme a mí mismo
lo que le hago a los otros.

Escribiré de otra cosa,
al detective lo dejo
y que lo escriba Hugh Laurie…
además de un tiempo a la fecha
me ha dado por pensar
que da igual el tema.
Lo que realmente importa
no es tampoco la forma
y mucho menos el estilo.
Lo singular ha de ser
que no genere más dudas
y que pretenda saber las respuestas,
para una condición de atrapado:

Eso es lo que vende.

Omar Alej.

viernes, 23 de junio de 2017

Ciego, durante la noche; follando.

Vuelve a tus
hojas de invierno
y a tus tristes bromas
sobre las reservas
de impuestos.
Shirley. Leonard Cohen. 


Ciego, durante la noche; follando.
No sé si fue mucho o fue poco
el ungüento de sal en la herida.
No sé si era hombre o mujer
el fantasma de la despedida.

No vi que tan rota tenía la cabeza;
fue que me acerque para poder alejarme.
Si me lo piden amablemente
contesto que sí y otra vez
a perderme en las dunas de la ambigüedad.

Cuando te has ido de casa
es muy duro saber cuánto amabas
el sumo de la mañana y a los malditos gatos.

Con la cocaína los taxis son todos El Perla Negra
y el rumbo que llevan se encuentra en el centro
de un mar sin orillas ni playas a donde atracar.

El tiempo parece tener un motivo,
la gente revienta, para tener un motivo;
incluso esa chica con gafas de espejo
parece pensar que uno debe viajar
en todas las vueltas del mundo.
Personalmente creo en dudar de todo eso;
pero estaba ahí,
con un trago en la mano y mintiendo:

No cabe duda que los ojos implorando al cielo
responden a una hermosa vulgaridad.

Con la luz de las seis
-con el sol por salir,
los que caminan son ogros enamorados
de una infecta semilla en los versos
de una canción de Bob Dylan
y siempre pasan los trenes sobrevolando los puentes
en los que duermen los hijos de la soledad.

Quiero decir que la quiero
y que en noches pasadas
hubo veces que a veces me quiso.
Sin embargo Neruda es el oro
que nadie te compra
porque es más barato hacerse de un novio
que tenga fortuna.  

Hay restos de lluvia
y colillas blancas
debajo del banco
donde me detengo,
para continuar y no tener
que morderme la lengua…
recuerdo que algo ha pasado,
que he echado un cerrojo
a mis voluntades;
hoy hace tanto que solo
me dejo llevar.

Omar Alej.

jueves, 22 de junio de 2017

Agua y Joselito (Stand by me).

De todos mis amigos solo tú sabes lo que quiero decir. Bueno, adiós, Robert, y jódete tú también.
Robert vuelve a aparecer. Leonard Cohen. 


A Marina su papá la llama Agua
y a José sus abuelitos lo apodaron Joselito;
son amigos desde siempre, desde el cielo…
él le da de su orfandad y ella besos a la fuerza
con sabor a medicina.

Joselito, que es muy frágil de salud,
le ha enseñado a comer tierra,
para hacerla resistente a las bacterias;
pero Agua es un río desbordado de energía
y la prepara con manzana, frutos secos y sandia.

Si hay tormenta
y están juntos,
los dos tiemblan
y se toman de las manos;
si están lejos cuando hay sol,
son como un juego de atacar
por separado.

Hoy han ido a ver que había
y se han hecho con un cupón de regalo,
para una juguetería:
nada es simple si se ve con la ilusión
de quien no se rinde, todavía.

Agua quiere llevarse un cohete espacial,
para viajar al infinito y ver el mundo.
Joselito quiere una estufa y la sartén,
para hacerle el desayuno cuando vuelva.

Ambos saben
que crecer no está tan bien
como presumen los adultos
y en el debate de lo que deben cambiar  
por su tesoro
se organizan, para hablar por turnos.

Agua tiene miedo del temor de Joselito y lo anima,
para ir juntos a encontrar al Principito;
después de tres minutos sin hablar
y sin mirar, Joselito le confiesa
<<Es que no quiero que haya otro entre nosotros>>

En la parte superior de un mostrador
hay un tambor y una pianola;
larga, Agua los señala
y Joselito abre los ojos por amor, emocionado.

Encontraron lo que vale su fortuna
y ahora tocan Stand by me
versión del sur en las Colinas.

A la hora de la siesta
sueñan con estar por siempre juntos;
eso a cambio de un cupón
no es poca cosa.

Omar Alej. 

miércoles, 21 de junio de 2017

The Leftovers. ¿Alguien sabe?

Oh bien acomodado
en el pleno empleo
se pierde en el cuarto
y se pierde en el tercero.
El tercer invento. Leonard Cohen. 


No recuerdo de qué forma llegué ahí,
a la vivienda de los muros que se alzan.
Había bolsos de Channel en los percheros
y dos hombres custodiaban
a una chica que no hablaba sin hacer bombas de goma;
pregunté quién era el niño
que pintaba en el rincón del comedor
<< No es su tipo, mi señor>>
fue lo que dijo el camarero y guiñó
con su asqueroso ojo izquierdo…

Lo último que podía recordar
era estar en mi sillón
con mi mujer dándonos besos,
que esa es una de las cosas
que mejor nos calentaba en el invierno.
Sin embargo en este sitio no la encuentro
y la gente me presenta condolencias
en palabras de confeti;
además de promover el nuevo estilo
de la vida de soltero en California.

Unos cuantos van de negro,
seis o siete;
pero el resto fuma mucho,
todo el tiempo:
van vestido con harapos
de la última edición del Peace and Love
y presiento que algo quieren infectar
con sus silencios

¿Alguien sabe?
no recuerdo de qué forma llegué aquí.
He perdido veinte horas de memoria,
el sonido de los grillos es intenso
y me pican en los brazos
los deshechos de aserrín acumulados.
Cada hoja de las sierras está oxidada
y el tablero con palancas es muy viejo.
Huele a sangre; pero es tan intenso
que no puedo encontrar de donde viene.
Si respiro se me mete en la nariz
y después baja por mi boca…

Lo último que logro recordar
es que me estaba acostumbrando
a oír la música de cámara
que ya sé que usa, para hacernos resentir
nuestras pasiones y domarnos,
de un modo atormentado;
con la culpa por sentir
tremendas ganas de romper en mil pedazos
hasta el más mínimo cristal de la vajilla.

El maldito colocón que da el calor
me sugiere que catorce de las voces que me hablan
sean abiertas…
tengo miedo de saber cosas que el resto ni imagina.
Me podría estar pudriendo en mi ataúd
o en una celda;
es delito e inmoral
si uno no sabe cómo diablos
terminó frente a la quema de un confesionario.
Atácame por el delirio,
si te buscas entre líneas estas tú;
pero aun te sirve de consuelo la mentira.

Omar Alej.

martes, 20 de junio de 2017

Ven, echemos un polvo: –como dos niños sucios-

[ya no quieres salir/ es soportable estar solo/ sólo tú y las malas noticias/ y la confesión de la Madre Teresa/ Dios la bendiga por hacernos saber/ que ella tampoco pudo soportarlo]
Separado. Leonard Cohen.


Ven, echemos un polvo:
no tengo nada más qué pedir
ni a dios ni a los hombres.
Lo que siempre fue anhelo
se me ha vuelto a la contra;
se ha incrustado en mi espalda
con la forma de un garfio
y hace que tenga ganas
de ir sacando la luz
y dejar el amor como una casona vieja…

Ven, echemos un polvo.
La luna está presa
y se ha llevado consigo mi voz.
Quería usarla, para cantarle
algo muerto;
pero el satélite usa cuanto le pides,
para adornar la cresta de las mareas
con salsa de corazones.

Ven, echemos un polvo
sobre la superficie
de esta hoja vacía.
Después escribe tu nombre,
con la punta del dedo anular,
sobre una caja de cigarrillos
con cuerpo de caoba
y dibuja una flecha
en dirección de una presa que escapa
durante la media noche;
porque tú y yo fumamos...

Ven, echemos un polvo
y juntos –como dos niños sucios- ser regañados
por haber ensuciado el presente
y que tal suciedad sea barrera que caza
los drones y los proyectiles
del muy intensivo y mecánico redentor.

Ven, echemos un polvo;
a modo de un eufemismo,
para llamar lo contrario al dolor
a las aspas de un ventilador
y al calor de los ruidos afuera
que son logos del arte en las manos
de una señora que tuerce los rayos
mientras suaviza la agonía de unas palmas.

Ven, echemos un polvo
al modo pobre de mi ciudad;
sobre la cara quemante del sol,
manchas de cuerpos
que se hagan nubes que lluevan
gotas de agua de mango.

Ven, echemos un polvo.
Piel de nosotros en un gran telar
que está tejido contra la pena
y las palabras que recortaste antes de ir
será un relevo de las historias
que desencadenan en una tormenta de arena
y mañana duerme sobre todas las cosas
que se apagaron porque brillaban.

Omar Alej.

lunes, 19 de junio de 2017

Ojala que ayer haya sido un gran día del padre. (Mi Viejo)


 ¿dónde está aquel hombre

Que en los días y en las noches del destierro
Erraba por el mundo como un perro
Y decía que Nadie era su nombre?
Odisea, libro vigésimo tercero. Jorge Luis Borges. 


Hola, mi viejo.
Lo primero que quiero contarte
es la sensación de rapidez
con la que pasan los horarios;
saberte en tu casita
-a pocos metros de la playa,
es un consuelo porque sé que no estás lejos,
solamente en otra esquina de este patio.

Perdona si te estoy tartamudeando,
te escribo con palabras flojas
y temas resbalantes
porque he tomado pastillas
de esas que lo hacen sentir a uno
un poco fatigado y melancólico.

Menos mal que en esta ocasión
no las tomo por recrearme
o evadirme o darme valor,
sino porque el medico supone
que me ayudaran
con mis dolores de cabeza
y con mis ataques de pánico y de ansiedad.

No quisiera ponerte sentimental;
pero las cosas ya no me son tan extrañas
como al principio
¿Recuerdas que no podía escuchar un ruido
sin dejar de pensar que eras tú
que venias por mí?
pues eso me sigue pasando;
pero ya me he acostumbrado…

Ya no estoy tan hinchado  
y he comenzado algunas rutinas
de gimnasia, para mantenerme
alejado del ocio que tanto carcome…

Qué bueno poder contarte
que han traído nuevos libros
a la biblioteca y que apenas llegó
he leído sin descanso La Odisea,
tu libro favorito.

Ya sabes que no pude
ayudar con tus nietos.
Yo no tuve hijos
y a mis sobrinos nunca los cuidé;
eso me persigue.
Estoy seguro que hubieras querido
que nos mantuviéramos unidos
y hoy yo también lo hubiera querido.

Sin embargo,
cuando uno permite
que las circunstancias propias de la vida
tomen las dimensiones de un drama oscuro
se vuelve asustadizo y temeroso,
desconfiado.

Lo siento, mi viejo;
no debía de haber dado importancia
a estar dentro o afuera,
cuando no sabía cuál era la diferencia.

Mejor debería contarte
que aquí hay quien dice
que puede enseñarme a meditar de verdad
y que eso me serviría
para ir a donde estás tú.

Además quiero que sepas
que he logrado hacer andar
un viejo radio de baterías:
muy bajito, de las nueve a las diez,
escucho la emisión de la hora de boleros
y me apeno cuando no ponen
El Día Que Me Quieras…

Tengo que dejar de escribirte, Mi Viejo,
hoy ponen salchichas con el desayuno
y si no bajo a tiempo
me toca solo ese batido de huevo
que me hace resaca instantánea.
Ojala que ayer haya sido
un gran día del padre.

Tal vez sin quejarte de más
y mirando ante el mar
como tú siempre has hecho.

Omar Alej.

viernes, 16 de junio de 2017

Carta desde el frente (Soldado del ejercito de los 12 Monos)

También Dylan Thomas salió majestuosamente de aquel pasillo y se clavó en el ojo la espina de una rosa y por tal o cual asumió su legítimo sillón relleno en el abarrotado panteón del heroísmo fofo. Como se puede adivinar, no soy amigo de estos tiempos.


Algo de principios de los setenta. Leonard Cohen.



Querida, Julia.

Yo no sabía si lo que hacía era lo mismo que ya había hecho. Podría creer en esa historia de que todo esto que está pasando ya ha pasado, eternamente; pero quería cambiar de tiempo. No me ilusionaba estar ya destinado ni a lo mejor ni a lo peor.

Viendo el pasar de largo, de ciertas nubes que alguna vez nos compartimos; me era posible cambiar en algo los resultados de una inconsciencia que sería todo cuanto tendría al ir creciendo ¿tú lo recuerdas? No es solo guerra lo que tenemos; fue suerte buena. Sí, eso es verdad. El conocerte, estar ahí cuando tú hermana estaba lista para marcharse; pero no fue que aquellos dioses lo dispusieran. Éramos niños, podíamos ser parte de todos y así lo fuimos. Quizá por eso tú antiguo novio ya no creció; porque nosotros nunca volvimos a hablar de él y tú, que eras lo que los juegos entre los patios de los colegios le habían guardado, fuiste detrás del saboteador de salas de espera.

Podría quedarme durante horas solo mirando por la ventana y no vendrías. Para encontrarte siempre es preciso dejar de estar predestinado, cambiar el curso en los relojes, partir en dos las oraciones de algunas gentes que me quisieron y que pedían porque encontrara mi rumbo aquí; sobre la tierra. Estar contigo -dentro de ti, en comunión con tus arranques de perra brava, nunca fue que algo que me sucede. Implica darle la espalda al horizonte donde algún mundo lleno de nada grabó mi nombre y revelarme contra cualquiera que fuera yo; porque no soy ni libertad ni redención ni rey del drama.

Soy quien te busca a través de todos los drenajes de la irrealidad, sobre los bullicios que hacen los pelos y la sequedad en la garganta si uno renuncia a sus alegatos. Puedo ver que hoy no estás aquí y que pudiera sentir que perderte estaba escrito. Sin embargo aceptar el destino es la muerte y yo no moriré. Al no existir forma, para consolarme; no existe consuelo que yo necesite. Puedo saber cuándo están lejos esos caballos que, te contaba, viven en mí; pero no sé saber cuando regresan.

Tú siempre sabes con qué fascinación he sostenido toda mi existencia de un solo vaso con medio whisky. Para acatar su destino uno debe enfrentarse con dos o tres cosas que he logrado ignorar y sabido temer. Ya puedo pasar la vergüenza de sentirme incomprendido; suponiendo que doy una fuga tan pura que es imposible a cualquier tipo de rapiña poder capturar. Decir que hay quien me conoce es tan poco como poca es el agua que entra en una gotera, suponiendo que llueve a cantaros; pareciendo que el sol también se ha vuelto de agua ¿cómo podría tener algún tipo de destino si soy el que te busca?

Si en algún lugar encontraras que hay alguien que te cuenta haberme visto por ahí antes que a ti, puede ser que no haga falta creerlo ingenuo, un impostor o –incluso, que sea yo. Bastará con eludir sus entusiastas propuestas, para un cambio y dejarle detrás de los rollos de alfombra que habrá acumulado según el paradigma de la cultura que objeta como si fuera un espíritu comerciable.

Fue la lucha, los desastres, la carne marcada, los iris incendiados, el cabello quemado, la oscuridad y los saqueos, las míseras migraciones, los cocteles explosivos, el virus de la vanidad, los extrarradios y las lámparas de níquel.  Fue la usura, el ahorro, la lisonja y el derroche; fueron los pies laboriosos de un pasado comulgando en la misa del domingo. Fuimos tú y fuimos yo ¿qué tú no estás? Eso no importa; vale más que darle mérito al destino.

con Memoria.
Omar Alej.

jueves, 15 de junio de 2017

De semillas y su jardinera.

Nada de lo que dijera ninguno de ellos sobre la Fotografía Negra me ha importado nunca un comino, a excepción, por supuesto, de Nico. Ella sí que lo entendía. Sabía lo que hacía. Sabía quién era yo.

Algo de principio de los setenta. Leonard Cohen.


El día no empezaba
hasta escucharla conversando
con sus plantas:

<<mira tú
que te han salido hojitas nuevas>>
<<vas muy bien,
para mañana
ya tendrás otro botón>>

Así era su consciencia
del mar verde que aún aguarda
en las semillas;
y si aquello no pasaba
mi persona no era más
que el solo envase de un ausente.

Al mirar que ya era hora
de su marcha
me enfadé conmigo mismo
y decidí que de ahí en adelante
volvería a sentirme pleno
con tener, para fumar y beber algo:

Ningún sol podría contarte desde entonces;
justo ahora estoy tratando
de encontrar en las palabras
algo de eso que encendían sus cuidados.

En sus ojos mora un gato equilibrista
que irrumpía en la cocina y jugueteaba,
dando olor de buen guisado a platos hondos
que antes del verano estaban sucios.

No lo lamento
pues merezco que algo en mí se descomponga.
He tenido que alumbrar
noches enteras,
para ver que ya no está;
que estamos lejos.

Lo más duro es regresar
y regresa y regresar y regresar,
sin haber ido -ni siquiera, tras su sueño
de que fuera, al menos, un poco feliz;
entre ella y yo.

Es verdad, sus jardines han crecido
y a veces me conversan.
Supongo que antes de irse
les habló de su partida
y que confiaba en que cuidaran
de la tierra en que ahora duermen;
pero hay días que no empiezan,
por mucho que me invente
y les responda con lo que ella les diría.

Omar Alej.

miércoles, 14 de junio de 2017

Lo contrario al egoísmo.

Sigue tu camino
Yo también lo seguiré.
La cancioncilla más dulce. Leonard Cohen.


<<Así te quiero>>
me decía,
aunque yo escuchaba el trueno
y no su voz.

No volví a conocer
jamás a nadie
que sintiera tan de cerca
-y tan diáfano, el momento de ser libre
y escogiera no volar,
para hacer nido.

“Todo el mundo está hecho una mentira
y son todos mentirosos”
eso era mi canción en sus oídos;
pero no me hacía mejor
<<Así te quiero>>
me decía.

Yo enroscado en la novela
del gran escritor judío,
padeciendo de un dolor
de imitación por mi pasado
y sin hablarle:
un ingrato sobre el acto
de animarme a comprender
un nuevo día…

Mal aliento,
disfunción,
debilidad
y tantos vicios…

Me escapé por la ventana;
volvería como un lobo
con la piel hecha de plata,
más la luna me negó la pleitesía
y regresé,
para ser otro cobarde tras la puerta
de un incierto domicilio.

Con la piel
colgando del esqueleto
<<Así te quiero>>
me decía.

Sin saber
a donde me llamaban las sirenas
<<Así te quiero>>
me decía.

Confinado por mí mismo
a ir rugiendo entre papeles
sin lectores
<<Así te quiero>>
me decía.

Al nacer
ya me volví un retorcido sucesor
del gran fracaso
y lo sabía…

Le señalé que estaba roto,
sin dinero
y a dos horas de saber
que mi cabeza estaba en manos
de un doctor que era imposible de costear
con su cariño.

Esa tarde me enterré
y no salí.
Quemé su partida de nacimiento,
le devolví los tres regalos
e insulté su condición:

<<Lo contrario al egoísmo,
eres tú>> fue lo que dije.

Y ya no es.

Ya no es así.

Omar Alej.

martes, 13 de junio de 2017

Juega al billar.

¡Qué suspiro de alivio, cuando los seniles petirrojos recuperen su tono rojizo, y los ruiseñores jubilados levanten sus colas polvorientas, afirmando la majestad de la creación!

El gran evento. Leonard Cohen.


Hay un letrero a la vista de todos;
pero hay quien lo ignora
<<Serás castigado>>

¿Pudimos detenerlo
o podemos detenerlo?
con la misma luz que lo enciende
sabremos la respuesta;
es lo único que de algún modo está claro.

Mientras tanto,
para bien o para mal,
pelea.

Ve a la mazmorra
culpable de sueños,
de ojos parlanchines
que hablen sin miedo
del agua que el río desprende
a favor de la hierba
que a veces oscura,
cautiva del tiempo…

Juega al billar.
Reduce las leyes
a tiza, invención y contacto;
planea
en busca de tu blanco
y se cómo Ella:

No creas el castigo
y no crees la culpa.

Hay un instinto hablándote a ti
que es muy calmado.
No hace de refuerzo a tu voluntad,
porque no la sabe;
pero acompaña tu duda:

Eso es el amor,
lo sé por sus labios.

El frío y la hambruna
tienen su tiempo,
sus fauces abiertas
y perfumadas con carne inocente.
Iras por ahí,
de algún modo u otro,
tan solo pelea;
desciende al infierno
porque más al fondo
se libra la guerra
de tu corazón
por vivir de vida.

No te precipites
pensando que es una excusa tu cautela;
toma tu tiempo.
Inciertos momentos del fuego
producen sonidos sutiles
de una gran explosión en el centro.

Una prisión se construye,
la libertad se seduce con cicatrices.

Sé que no sabes
lo que has tenido que hacer,
para ser perseguido;
por eso me escribo,
porque quiero leerte.

Mientras tanto pelea,
tarde que temprano
sabrás el motivo.

Juega al billar.
Pensar que es un juego
es posible.

Omar Alej.

lunes, 12 de junio de 2017

Respondiste silencio, entonces te llamé.

<<Puedo aguantar mucho sin hablar
hasta que las aguas se desbordan
y rompen el dique>>
Retraso. Leonard Cohen.


Con una paleta de miel
en la boca,
me respondiste silencio.

Te llamé,
para acusarte de todo,
para gastarte una broma
-sin gracia-
sobre todo el tiempo
que suman las veces
que nos encontramos.

Tú ves que hay lagartos en los probadores
y corres;
igual hago yo
si soy blanco de algunos temores.

Iba a decirte que sueño,
de forma recurrente, una fiesta
en honor a las artes;
pero no puedo escaparme
y al dirigirme a la puerta
me encuentro con alguien
que he visto,
sin recordar cuándo y dónde.

Me respondiste silencio
y ya sé cómo suenan
los huecos entre otro trozo de aire
y los escombros;
porque al final ya conoces
que solo llamo si tengo
ya nada más que decir.

Si no respondes
distingo el sonido
del último vuelo
hasta la última ala…

Era una tarde tranquila
sin ese bochorno de calor
que hace que las cosas crujan
a un volumen vulgar.
Sin embargo
escuché el abrir de un capullo
y a la mariposa caer
sobre la raíz expuesta
de un árbol torcido
al que escuchaba torcerse…

Porque no te escuché,
ahora sé cómo suena
el gris riel que trabaja
incorporando la luna
a la escena maldita
en la que no puedo dar con mi cara.

El puro ruido de la gente
que se ha olvidado
y que ha sido olvidada,
las quietas cuerdas atadas
en las marionetas,
la transmisión de bacterias
a través de las flores,
es lo que suena
cuando ya no te escucho decir
que exagero.

Omar Alej.

sábado, 10 de junio de 2017

pero -como sabes- eso nunca pasó.

¿Qué serás tú sin mis labios?
¿qué seré yo sin tú amor?
Poesía. Paul Valéry. 


Es imposible que la noche de hoy
haya empezado en la tarde de ayer,
como sugieren la flores
que ahora están sobre la mesa;
continuando la forma
de un paquete orgánico
de roja brevedad.

¿Dónde está ella,
The killer, La Woman,
que me prendió de las cuerdas,
para afinarme la voz?
¿Qué fue del efecto?

No me invitó a fumar de su mágica pipa,
eso no pasó.

Los autos voladores
que hacían fila, para vernos escapar
a ese sitio donde aguardaban por humo
nuestras almas, no pasaron;
no hay marcas en mi espalda,
donde me hubiera puesto sus alas…

Las miradas secretas
de códigos privados,
carnales,
azucarando banderas
que ayer eran señas
del enemigo invasor;
no pasaron.

La hechura de un puente
con viento, humedad
y desnuda elegancia,
no pasó con los rayos
abriendo las gotas de hielo
que cayeron gimiendo.

<<No hay porque elegir,
podemos tomarlo todo>>:
Una última seña de juventud.

<<Somos jóvenes y hermosos>>:
Algo no pasó.

No pasó el universo
plagado de constelaciones
a donde ella y yo
nos repetíamos,
palabra a palabra,
con formas cubistas
y rasgos orientales
de animalización,
usando una luz cenital
que le dejó David Bowie.

No pasó el accidente
que me sigue pasando:
sorprendido en una mentira
que yo juraba real…

Cuando saliste del salón
y yo fumaba de frío,
me preguntaste la vida
que hubiera tenido de ser otro tiempo.
Te contesté que hasta ti
me había llevado vivir en las calles;
pero -como sabes- eso nunca pasó.

Todo aquello no pasó
porque si hubiera pasado...
¿Por qué coño justo ahora
estoy como un árbol sin corteza
y cenando solo en un puto applebes´s?

Omar Alej.

viernes, 9 de junio de 2017

Todas las mujeres que han sido acusadas.

“Vivida mi vida hasta este punto me atrevo a afirmar que no hay nada quijotesco, ni romántico en querer cambiar el mundo. Es posible. Es el oficio al que la humanidad se ha dedicado desde siempre. No concibo mejor vida que una dedicada a la efervescencia, a las ilusiones, a la terquedad que niega la inevitabilidad del caos y la desesperanza”

El país bajo mi piel. Gioconda Belli.


Todas las mujeres que han sido acusadas
dejaron la casa de un engreído cobarde
que no sabía distinguir entre la pena y su pene.
Pactaron la cita, para media noche
y asistieron puntuales a marcar el camino
por el que en un futuro no pudieras volver
y no vuelves.

Todos, menos ellas,
hemos sido culpables de la culpa;
que es el peso que hundió
a los barcos que iban en dirección
de un amor infinito,
para hombres tan pequeños.

Ahora Leticia
no es más un recuerdo
de turismo sexual,
se ha metido a tu casa;
dejó grabados los cubiertos
con su nombre en francés
y ha pintado un tatuaje,
diciendo fuck you,
en uno de los cojines
de tu sillón persa falso.

Mirtha no volverá a permitir
que la toques
con esos dedos gordos
que huelen a sopa de mariscos
de antier…
se ha colocado las tetas
en manos de una repostera
con la que aprende las artes
de un buen buñuelo caliente.

<<Enfermo, envalentonado,
cansautor e impotente>>,
cuando las luces del escenario se apaguen,
es lo que Betty pondrá
en la ventana de tu auto
por si te olvidas cual es
y donde lo has puesto.

Todas las mujeres que han sido acusadas
tomaron el tren a la mina del alma
y tiraron complejos por la ventanilla;
sin pensarlo mucho
ni estimar en poco la conmovedora renuncia
por quien las quiera de veras.

Se ha recibido una carta
en todos los frentes de guerra;
en ella, discreta, Lucrecia,
advierte que vuelve
y que no querrá hijos
porque no le da la gana tener que ofrecerse,
para preservar una especie
que ha entendido tan mal la ley del más fuerte.

Dorada es la reina
del baile gótico-blood
que hace que las puertas se abran,
apenas piensas en ella.
A menos que tengas las voces de Leonard
no deberías de llamarla otra vez
si no hay en ti la entereza,
para quedarte a su lado
(además de su gusto por el cine noir).

Todas las mujeres que han sido acusadas,
de alta traición, promiscuidad y maldad,
de brujería y desenfreno,
están por encima del miedo
bebiendo un cóctel de manzanas prohibidas.

Yo, como un subversivo a los de mi clase,
cuando no sé qué pedir
pido para que sea lo que ellas quieran que sea:

Todas las mujeres que han sido acusadas.

Omar Alej.

jueves, 8 de junio de 2017

Antes.

mientras deshacemos
mientras deshacemos
todas las diferencias.
La niebla de la pornografía. Leonard Cohen.


Antes, amiga
–la palabra antes, era otra cosa.

Antes se usaba,
para viajar en el tiempo
y no siempre implicaba hablar del pasado;
tenía más que ver
con lo que vendría del futuro
a completar nuestra historia.

Tampoco es nostalgia
lo que voy a decir,
como no fue profecía
lo que dije antes.

Durante la noche,
en los brazos del pasto,
tirándome a reinas extraterrestres
con la punta del dedo,
antes era la escuela;
una emoción alucinada
por su primera salida a la piel
y cautiva de un roce
que aún no sucedía entre tú y yo.

Antes era de dientes de leche
y lecciones de afuera:
<<antes de esto
tuve que hacer eso…>>

Antes de ti
eras tú en mis manos
bajo las sabanas beige
y en minucioso silencio.

Antes era la vida cotidiana
con aspas de viento
a través del cabello,
gritos de mi madre
y horas de comida;
juegos hasta las ocho
y camiones gigantes
sobre calles muy largas
que daban a mercados,
plazuelas, cines y hoteles.

Antes era otra cosa.
La palabra antes significaba
ir a dormirse lleno de sueños,
con los dos codos raspados
y era la libreta llena de tachones;
con expresiones fatales
e interminables puntos suspensivos
que se suponían el suspenso
de lo que no habíamos acabado
de decir.

Antes era una ley,
para querer lo perdido
con el cariño de ahora
y haber podido dejarlo
sin estirarlo hasta luego.

Sin embargo estos días.
antes es reciclaje caníbal
y algo más que una espina,
para el porvenir…  

Hoy por ejemplo, ante ti, arrodillado,
sin saber dónde estás ni para cuando te has ido,
estoy perdiendo la memoria.
Logro recordar todo lo que ha pasado;
pero voy olvidando
todo lo que sentí que había sucedido.
Omar Alej.

miércoles, 7 de junio de 2017

Una pequeña campana.

“Todos los objetos visibles son máscaras de cartón".

Capitan Ahab (Moby Dick). Herman Melville.


Al paso del tiempo se pone difícil lograr ser feliz.
Un inocente grano de arena amontona en ti
la agonía de desiertos que hay detrás de un espejo.

La vida lo sabe, por eso en el medio de la total destrucción,
sobre los cuerpos heridos y las esperanzas ahogando,
manda el botón de una flor, para advertir a la rabia
de que lo que avanza lo pierde después contra el tiempo;
en el que el futuro rompe la camisa de un hijo
y hace paso a la luz de mañana.

Si alguna vez has visto perdidos a los niños
y los patios vacíos de un eco que rebote;
entonces también veías
a un ángel a punto de caer que se enamoraba
a primera vista de ti.

Porque son altas y largas y anchas, las sombras,
es ágil el fuego que baila pintando destellos
y lanzando brasas como dientes de león.

Uno se da por vencido,
uno siente que ya ha tenido bastante,
uno -por mucho- desea no tener que hablar.
Uno sujeta su aliento porque compartirlo da miedo
y siempre pueden decir que estas mintiendo, otra vez.
Pero existe otro que es uno más uno que todavía quiere ser
y ese mira tu cara y te cree una balsa que no ha de hundirse…

¿Cómo saber cuántos desahucios justo ahora?
No puedo contar mientras imagino cuantos besos, justo ahora.
¿Es bueno o es malo
que también los miserables besen
cuando encuentran la ocasión?

Hay muchos días de tizne,
de ir con la lengua partida
a través de las calles más grises;
todas las fiestas calladas
y aquellos bares repletos
de refugiados con ojos ausentes
hablando en lamento un idioma
que heredaron del camino.

Pero es que el viento se niega,
vuelve montado en un toro,
abre un boquete en el muro
y hace sonar una pequeña campana
cuando remueve las hojas…

No hay nadie en la casa y la puerta está abierta;
es lo que dice de la soledad un hombre cuando se queda solo.

Omar Alej.

martes, 6 de junio de 2017

Danger y Mambo: al final son dos perros y no una metáfora.

Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.
La ciudad. Constantino Cavafis


Lo haré aunque te duela.
Al final de ese día
lo que no iba a olvidar
es que podía vivir
mirando el horror en la gente
y ahí estabas tú.

Me pedirás que lo impida;
querrás intervenir,
sentir que logras controlarlo
mostrando neurosis, histeria
y algunos de esos rasgos
que a veces compartes
con una cuerda viva que buscara
algún cuello.

Casi puedo escuchar
que ya me estás rogando
que pare el reloj de las horas heridas.
Confiabas en mí, para detenerlo;
pero ya es momento de dejarlo pasar
y ver si algo pasa.

¿Habrá sangre?
¿El ruido de la batalla
se escuchará por encima
de los dibujos animados
en la televisión?
Podría ser que sí,
aunque da lo mismo.

No es maldad de mi parte,
no es sadismo
ni es tampoco venganza
contra aquellos que hacen
que uno limpie sus mierdas…

Solo estoy cansado
y aunque seas inocente
tú también lo advertiste :
volvería en nuestra contra
tarde que temprano.

No puedo impedir
que dos perros peleen.
Respeto el asedio
por su territorio;
de algún modo u otro
eso es lo poco que pueden hacer…

Lo haré aunque te duela,
dejaré que Danger y Mambo se ataquen;
ya verás que se calman
con un buen bocado del otro en el hocico:

Al final son dos perros
y no una metáfora.

Omar Alej.

lunes, 5 de junio de 2017

Soy un vulgar llorón que se provoca las lágrimas.

Así que me voy a vivir a China
donde las cosas están mejor
donde tu asesino es un poeta
y tu camarada una chica.
Buenos Alemanes. Leonard Cohen.


Algunos domingos son usados,
para intentar sentirse tan muerto
como el mármol de ciertas lapidas
que por supuesto nunca he visto
porque están en partes del mundo
que yo no conozco.

Soy un vulgar llorón
que se provoca las lágrimas.
Aunque tampoco es más grande
que mi afición a los meses
en los que llueve hasta fuego.

A través de la vida de Mozart,
que reproduzco en pantalla,
me siguen los días que iniciaban a punto
de las tres de la tarde;
entonces, a ti y a mí, nos bastaba soñar
y decirnos que aquello era la libertad…

Pero también los excesos mutaron,
ahora son travesías a través de pantanos
donde es posible matar sin saber por qué lo haces;
despertarte después sin recordar lo que has hecho
y aun así sentirte culpable: porque llamas a la risa
y la risa no viene.

Que intentes decir
que no hemos hablado lo suficiente,
es lejos.

No me he olvidado de aquello
que nunca cabe en palabras.
A esa neblina la llaman memoria
y yo la llamó recuerdo.
Porque las aves no vuelven,
se alejan.
Porque las olas no llegan,
se secan.
Porque el sonido no es todo,
es nada.

En esta cárcel me impongo
con mi egoísmo custodio
y vanidad por bandera.
Ya no hace falta decir que soy un cobarde,
es lo que tan solo he sido…

En una escena, Salieri,
habla de un dios de tortura;
estar de acuerdo con él
es lo que lloran mis ojos
al no derramarse.

Siempre es posible pensar
que este es el mismo poema
que no he logrado escribir
y que no escribiré porque soy
no más un imitador de otros llantos;
pero yo debo saberlo
y solo lo sabré si puedo dejar de llorar.

Omar Alej.