martes, 23 de mayo de 2017

Una rama de mis huesos.

No hace falta decir
que yo soy uno de los impostores,
y ésta es mi historia.

Miles. Leonard Cohen.


A veces pierdo el tren
y ya no puedo devolverme
a mi punto de partida.

Eso suele pasarme,
me pasa a mí y supongo
que les pasa a otros;
pero yo igual me voy.

Me subo al viaje en el que no viajo
y resiento las turbulencias,
el ocio, la incertidumbre,
el sueño que hace el calor
y admiro las travesuras
que inventan los pasajeros más jóvenes.

Es una soledad que endurece
mientras se abre:

Bajo en algún pueblo
y bebo agua dulce junto a una fuente
mientras deleito que resplandezcan
las monedas, ahí;
las que espero que nadie haya tenido que ganar.

Lo que más disfruto estando en mi ausencia
es lo que ya no tengo que hacer,
mostrar credenciales,
sentarme al costado del chico que viaja
porque está huyendo
y todavía llora por tener que irse…

Me centro en seguir,
en llegar a creer que el destino no importa
y rezo en las curvas;
por porque dios pudiera salvarme,
más bien es sentir
que ante el sinsentido solo vale el absurdo.

A veces pierdo el tren,
se me hace tarde
persiguiendo la hora de sentarme tranquilo
y he perdido de vista el recuerdo
de lo que un día sería el motivo
de cruzarme de fuerzas
contra el aburrimiento.

Pero no pierdo un día,
ese nunca lo pierdo.
A cada uno de ellos
le clavo una rama de mis huesos.

Omar Alej. 

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