viernes, 19 de mayo de 2017

Un Corazón Deep Camboya (Raiz de Plata)

Si estuviera muerto,
me recordé a mí mismo, no las
estaría comiendo. No es tan simple.
Es así de simple.

Simple. Raymond Carver. 


Un corazón Deep Camboya,
lo encontré succionando de un faro
en una noche sin luna.

Hoy ya lo sé,
lo dejó ahí tirado el cuarto rey mago
del que nadie habla porque era discreto
y además se perdió de camino a la estrella
por detenerse a mirar en un burdel del camino
con las cortinas abiertas.

No ha sido bastante,
para hacer fortuna
o negar mis miserias;
pero tiene un motor que echa risas,
que juega a los dados
y dice que viste al último grito
del miedo al silencio.

Es el espejo donde reflejo los sueños
que antes iban desnudos
y ahora están lejos…

No es de nostalgia que muere
y a veces da con el punto más frágil
del futuro imperecedero.

Un corazón Deep Camboya;
uno que da sin pedir nada a cambio,
bobo amiguete de todos los bobos
que hacen con su mierda
un homenaje a la mierda que nos dejaron otros.

Sin más orgullo que el suelo
por el que saca a pasear su escondite;
quiere llegar a la copa
de una gota secando en un agujero.

Hay ciertos sitios de la ciudad
donde no puedo dormir.
Dando vueltas entre las telas,
del mismo insomnio de siempre,
bromeamos a que es un barco acabado;
que yo soy el último viaje
y ahora le toca hundirse.

Pregunten,
hay quien lo vio
y ya no ha visto jamás nada igual:

Tiene espolones, escamas, colmillos
y porque es de poesía su esencia
padece un par de alas gigantes.

Un corazón Deep Camboya
contra los males del tiempo
y en el favor de seguir.
Una trinchera repleta con gestos
de fornicar y vivir
como si hubiera un alma,
para lo roto y enfermo.

Omar Alej.

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