martes, 16 de mayo de 2017

Sabré, sobre mí, apenas nada.

El cuerpo que cacé
Me cazó a mí también
Mi anhelo es un lugar
Mi muerte un velero.


Misión. Leonard Cohen.


Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

La sola envoltura de un dulce
tirada en la calle
y ya estaba apagado.
Condenado al constante diluvio
de dioses que antes de caer
arrancan del cielo la luna,
para dejarla en pedazos
entre los diablos de abajo.

Me gustaba la mar,
no la playa:
es justo decirlo
aún si fue una renuncia.

Disfruté con los besos
y sé que me hice besar con las palabras;
algunas muy ciertas, que no se dijeron
porque estaba claro el final
detrás del brillo de abril.

Cuando has visto brotar a los días en partes de rayos
y de colores
y de pasiones
y de hojas verdes
y de caballos sin montura,
uno debe decir que es un espejismo saberse.

Estaba preparado, para dudar
y ahora solo vuelvo a fundir la moneda
que giraba...

No estoy acabado por eso,
atesoro una piel
que me nace otra vez,
alérgica a ser
cualquier cosa que sea:

Maldición es morir por tan solo un momento.

Sé que nada resuelve
mi espíritu roto
buscando esa parte
que siente le llama
con toda la fuerza
de mi corazón.

Uno va hacia adentro,
escribe del foco
y de una ciudad que nos recoge
como el lomo de un lagarto descompuesto.
Intenté oponer gratitud,
interferir las sombras
con diminutas esquirlas
que alguien sacó de mis ojos.

Me gustaba intuir la columna
de la canción de los ríos;
pero hoy sé que fallé
en todo lo que puede fallar
uno cuando busca.

Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

Omar Alej.



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