lunes, 29 de mayo de 2017

Oh Plasma (La chica en las canciones)


Cuando era más joven –ya haces seis años- también tuve diez  y me pregunté qué cosa era yo y qué hacía acá, en este sitio; tan sola en un lugar tan solitario.  Mi padre había tocado el contrabajo en una banda de jazz y no llegué a conocerlo pues murió mientras mamá estaba embarazada. Eso me hizo ir buscando, en medio de los sonidos que encontraba, la sonoridad de un pulso acompasado, un latido y, en resumen, el sonido de un bajo. Hace menos de dos semanas he ido a una tienda de artículos usados y había una canción de Gorillaz colgada en un perchero. Una y otra vez vi que la gente pasaba sin usarla o sin preguntar cuanto hubiera valido bailarla ahí mismo <<tal vez no sea para nadie>> pensé. Eso pienso cuando veo que se quedan cosas en desuso por el maldito gusto de la gente por partir en dos las cosas: la mitad no es suficiente y la canción On Melancholly Hill (aunque muy hermosa) no iba a ser la excepción.

Todo esto lo cuento porque a mis amigos del colegio bachiller les ha dado por llamarme “Plasma” y en un principio estaba contenta y estaba –también- orgullosa. Es cierto que parece el mote de un súper-héroe que tiene por súper-poder la transfusión sanguínea. Tal cosa, para mis amigos -imagino- ha pasado inadvertida; ellos se divierten más pensando en que la razón de llamarme así es por sangrona y que por esa otra razón fue que no los invité a mi fiesta de cumpleaños dieciséis. Sin embargo nunca sabrán que lo que hice no fue un acto de soberbia o cobardía ni siquiera de resentimiento. Con mi fiesta exclusiva he intentado dignificar un gesto optimista y llamar a mi fiesta, únicamente a mis benefactores, para celebrar nuestra nueva participación colectiva en el nombre de las alegrías, también; pero no ha resultado. Algunos planes mejor no planearlos.

Michael estaba triste, después de todo… Bowie ya no cambiaba. Cornell llegaba último y no se había preparado. Brian Jones y Keith Moon estaban repletos de plumas con notas de Jimmy y no podían dejarlo; Hendrix abría más notas jugando al pimpón con Cobain. Sin todos aquellos amigos mi fiesta sonaba al sonido de los altos pisos del cielo musical; pero estaba vacía: Fiesta Vacía. Bien por mis compañeros que hubieran querido verme pagar de ese modo por mi misantropía.

Quise hablar con Lennon y George, si ellos venían vendrían los otros. ¡Janis! Cuando supliqué su asistencia me llegó un telegrama, mi pez había muerto y aunque lo llamaba Freddy no murió ni en el río ni en el mar ni en el olimpo rockero. Murió acá en la tierra, sin alternativa; después de haber escapado a depredadores y a buques de guerra que podíamos imaginar en las noches de silencio estando los dos en una misma burbuja anti-tiempo. 

Y no quiero decir que hace falta cumplir cada uno de los anhelos que por parte de nosotros se pueden tener. Lo que yo pediría, lo que creo que hace falta -en realidad- son notas firmes a las cuales aferrarnos. Notas que nos ofrezcan la confianza de seguir sin miedo al horizonte; ya sea que este se presente nebuloso o soleado. Será indispensable volver la cara con alegría a ese que nos lleva por caminos que nosotros antes no habríamos transitado aun si no nos llevan y lo que nos lleva es nuestro amor por ellos.

No me gusta ponerme como ejemplo ni dar la brasa con la pose de ser alguien ejemplar. Que ridículo sería que yo con mis pequeñas levedades pretendiera decirla a nadie como vivir su suerte. No, eso debe estar entre las labores de especialistas que -me imagino- por su responsabilidad, además, deberían renunciar a muchos de los placeres que yo gozo. Uno cuando mucho solo debe aspirar a que la gente sea fiel a su esencia; la mía es el mundo de las canciones compuestas, tocadas, re hechas, interpretadas o emocionadas por amigos del tamaño de Jim Morrison, Bon Scott, Cliff Borton, Bonzo Bonham o Joey Ramone.

Lo que debo aprender –como en la letra de esa canción del gran Damon Albarn: On Melancholly Hill- es a invitarte a que vengas conmigo. A que juntos entremos en un estado mejor que cualquier realidad. Es imperioso aprender a decir que yo querría que tú te apoyaras eternamente de los breves momentos que duraran para siempre en la cosmogonía de tu ser abisal. Para sentir que estás a mi lado llenando de viento este viento que alguna vez me costó tanto trabajo tragar. Así es como acaba una fiesta vacía, repleta de gente que estará aquí mañana tocando en la tierra con los dos pies del alma y subiéndose al globo que surge del fondo del mar, para dar besos de hipocampo a las largas estrellas fugaces. Ya no me dispongo a estar sola, este es el primer día con mi compañía.
Omar Alej.

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