viernes, 12 de mayo de 2017

Oda a la gente que yo conocía.

No existe arma de mayor precisión; y para defenderse, con una defensa instintiva, de la angustia de la
exactitud y de las claridades reveladoras, se obstinan las gentes en confundir la poesía con la
mentira, la viveza de espíritu con la paradoja.
El poeta es exacto. La poesía es exactitud. Jean Cocteau


Uno, en caso de terror, se recrea en seguir
y en el mundo había gente de gran excentricismo,
con maneras imposibles de abordar la situación…

Podía darme cuenta dónde estaban,
quienes eran y que daban buena onda
con aquel que no sabía distinguir
del impostor o de ese pez asustadizo;

Eran todo cuanto un niño había soñado
que era parte de los sueños.

Conocí a un chaval gallego,
de nombre Artaud, adorador del mar
y alérgico a los pulpos.
A mí nunca me estreso la manera en que bebía
solo vino del peor con agua sucia de los charcos.

No es un mito aquel soldado retirado
que a la sombra de las ramas,
de lo que antes era un árbol,
me contaba que había entrado disparando
en los jacales de una tierra que era negra
y que picaba de calor.
Por la noche –decía él- los fantasmas de esos muertos
le mordían las uñas de los pies.

No iba solo –iba contigo-
cuando vi a tres viejas prostitutas que curaban de la pena
a un borracho de bolsillos descocidos
y sin forma de pagar por los recuerdos
que aquel trio -hecho una suerte de enfermeras,
le contaban y así darle una razón,
para volver a sonreír sin la vergüenza de tres dientes
que en la boca le faltaban.

Amé a Néstor,
un maestro de las dudas
que dudaba por aquello y por esto…
no salía porque iba de pastillas hasta el rabo
y se ahorcó en una fiesta
con el hule que tenían de cortina en la bañera,
miserable hijo de puta: hoy lo extraño.

“Rojo”, el Caddy,
no era el mismo que había sido;
lo noté porque su amante se extrañaba
cada vez que me pedía
que me fuera yo con ella a la hora de dormir.
Su mujer era una amiga incomparable, para él.
Me lo dijo cuando vio que me había hecho una suástica en el pecho
con navajas de afeitar que se habían oxidado en el invierno
en que su padre no volvió de un viaje a Europa.

Cero, Kar y Lucas, eran músicos de culto protopunk´s y narcisistas.
Se tenían por caídos de la viga que conecta a dios con el infierno
y preferían comer arena a salir en la NME;
por supuesto que seguían sin llenar ninguna sala.
Sin embargo a quien le importa…

Conocí a ciertos hombres,
me encanté de inciertas chicas.
Me cuide de Jim el lobo.
Le presté mi americana a un astronauta que tenía mucho frio
y ni hablar de Mirtha Tux “la coctelera”;
pero siempre he sido un mentiroso.

Podría ser que nada fue de esa manera.

Omar Alej.


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