martes, 9 de mayo de 2017

No estás loco, la real locura da miedo.


Éramos niños, era normal creer que sabíamos algo; sentirnos excitados por la descalificación que nos brindaban los adultos. Todos queríamos ser los más subversivos, estar locos; en contra. Pero había uno que estaba hecho girones y un día no vino más: había renunciado a la renuncia. Fue cuando me di cuenta que sabía algo, la diferencia entre nosotros y él.

Diario de un Moto/Circuito (2017)
Omar Alej.


Yo no estoy loco.
Puede que sí, que tenga puyas
y sueños, miserias.
Alzo la voz, desobedezco;
pero un loco es otro,
es algo serio que no quisiera
ni para mí ni para nadie:

La real locura da miedo…

Vivo mis cosas,
mis cachivaches que cargo siempre
y que pudieran ser confundidos con espejismos
o con delirios de un marginal
y sin embargo, solo es un poco
de insolación o de arrebato

No me hace gracia
aquel que dice que ha sido un loco
por no dejarse de la cordura.
Hay mil fronteras que no son ciertas;
pero esa es una que está muy clara,
tú no estás loco.

Cierto es que vuelas entre los brazos de la ilusión,
que haces guerrillas contra rutinas o aburrimientos.
Danzas el baile de la lujuria.
Sigues creyendo en la libertad
y te emociona romper las tablas
de esas diez leyes que nos prosperan;
más no es locura. Ir de contrario, es obviedad.

Hay un gran cuadro
en esta sala de espera en la que estoy.
Interpreto que todos van caminando,
buscando encontrar un mundo donde quedarse;
los que no aparecen están extraviados
teniendo por mente la cuerda del eco
y no es muy distinto
de lo que pasa estando por fuera de la mesa camilla.
Entre las aves y el viento, pasando.

No es exclusivo de la demencia
levantarse y salir arrastrando la puerta.
No es necesario haber perdido el sentido,
para ponerse a gritar el nombre de nadie.
Es muy normal transgredir, abolir, derrocar,
maldecir, disociarse o romperse.

Yo no estoy loco.
No me fue necesario,
para ver más allá –a través de ti,
fue suficiente quererte
y saber que te quería.

Omar Alej.




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