viernes, 5 de mayo de 2017

Mi rutina, en albornoz.


Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.

El genio de la multitud. Charles Bukowski.


Las miserias están siendo abandonadas,
gente bella y poderosa -harto jóvenes y libres,
quieren irse o se han ido a la playa,
a la montaña, a ver a dios,
a dar vuelta a los tratados
o buscarse entre la nieve
que ya nunca se derrite.

Yo me quedo.
Sin complejos, ordinario.

Solo quiero mirar tele,
leer cuentos de maniacos,
beber agua de floreros
y fumarme hasta las manos.

Qué desgracia ¡ay de mí!
no saber de la pasión
-y/o voluntad-
por viajar al fin del mundo,
para abrirme a otras culturas;
preferirme aquí en la luna, estrellado.

Mi rutina, en albornoz:

Esperar por otro tiempo,
vivir este con paciencia,
sin delirio ni ambición.
Sin saber cómo se hace que te quieran,
sin querer nada además de lo que quiero.

Mis amigos me condenan
y mis novias tienen novios
que les cuentan de aventuras que suceden
más allá de las fronteras…

Estoy pálido y sin forma
por montar lo cotidiano,
lo más simple. Lo de siempre.

Me emociona andar en casa,
reinventado mis paredes;
mientras suenan los motores de un avión
en la mente del vecino.

Yo me quedo.
Estoy fijo.
Día a día, otra vez,
sin saber sobre la vida:

Ya me basto con un patio,
con dormir
e irme pa´ adentro.

Omar Alej.

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