martes, 30 de mayo de 2017

Mi dolor, igual que yo...

[Mi droga secreta es la muerte/la tomo cuando te veo/ y tú no me ves]

Durante el día. Leonard Cohen.


Mi dolor, igual que yo, es algo imbécil, vanidoso, soberbio, pura forma e intrascendente. Lo maldigo y lo reto <<has de irte>>; pero el diablo, mentiroso, le ha enseñado a confundirse entre las telas que se mueven en la entrada de una cueva de oropel dónde puedes ver ocultas las misiones que aborté, para quedarme ensimismado como un sobre en una antena.

Me es muy fácil suponer que es un dolor constituido de pura inexperiencia: me apagaron cinco puros en el lomo, cinco enormes policías que además hablaban lenguas de chacales; en ambas ocasiones fui sodomizado por tremendas pichas largas y robustas, me han partido la cabeza veinte veces, a mi madre se le dio por practicar el tiro al blanco con mi pecho, el careto de mi amigo muerto a tiros lo viví ya descompuesto, una chica hecha con nombres me engañaba y mientras tanto lo encaré con mil canciones de Antony and the Johnsons, dibujé mi corazón en papel blanco y lo hizo trizas un señor al que quería como a un padre, me putearon con la ley del evangelio hasta hacerme vomitar de pura culpa, han seguido mi mirada a través de las ventanas que yo espiaba, penetraron en el cuerpo de la chica que yo amo, reventaron la parcela literaria con un boom que me ignoraba, acusaron a mis ojos de mirar sin protegerse, serrucharon mi apetito con un arco hecho de espinas, la pasión que comprobé era de humo, como luna era de noche lo que sueño se hizo huir junto a los lobos, me apretaron la garganta, detuvieron mi intestino, ahora tengo tres rodillas, mi esqueleto está quebrado, he sufrido suficiente cualquier tipo de dolor; los que matan por adentro y te reviven por afuera ¿a qué viene hacerse ahora el maldito?

Además que por entonces no teníamos estas vistas. No existían éstos libidos muchachos tan ardientes y tan bellos: la inocencia estaba en medio de la selva y la selva era una jungla con las bestias acechando. Nadie era un artista del escape y la palabra libertad se reservaba, para un preso; ciertos presos. No existía el foro de hoy, para opinar y maldecir a todo aquello que no pega con el peaje de sus personalidades. No podría haberse percibido la frivolidad de un modo tan cálido y biempensante y liberal. Ahora hay chicos que decretan sus apuestas con la luz de digitales en las manos y que saben suponer lo que pensamos sus extraños.

Pero ayer no era viable la total incandescencia-fuel injection. Por entonces el dolor no era una mierda de dolor y lo que más duele es que ni siquiera entonces dolía tanto.

<<Has de irte o uno a uno iré rompiéndote los dedos. Ya veremos cuanto logras sin las tres comidas diarias y sin verte rebosante en el espejo. No eres más que un malestar que se cree grande y no podrás considerarte la razón que me llevó a pegarme un tiro: en mi lista, antes que tú, están, mohínos, mis exilios y traiciones. No podrás llevarme al rastro cuando vives enquistado en carruseles y meriendas con galletas.>>

Poco a poco habrá distancia, eso es justo y necesario: me avergüenzan mis olores, me da pena mi tristeza, uno me afina con silencio, necesito estar adentro; muy adentro, no podría recordar algunos nombres, me ha pasado que no sé dónde despierto, me ha pasado que no sé cuál es el día, me ha pasado que he creído que es verdad mi santo espíritu. Necesito separarme pues me apena estar sufriendo; me avergüenza y soy cobarde. Mi dolor, igual que yo, es un vacío, una tinaja rota donde cae todo sin que nada se contenga.

Hoy por la mañana me di asco, el mismo asco que me dan algunas cosas muy simples.
Omar Alej.

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