jueves, 25 de mayo de 2017

Era un tipo de esos que lloran por droga.

no van estar toda la vida esperándote.
Ni siquiera te están esperando ahora.

La taberna de Dusko 1967. Leonard Cohen.

Pic. By FloresFer.
Era un tipo de esos que lloran por droga, uno más que chupa pitos a cambio de anfetas, cristal, cocaína o caballo. Hoy por la mañana, al salir a tirar la basura, me encontré con una vecina que traía la noticia de que, aquel personaje, se había pegado un tiro con una pistola improvisada; armada y cargada con inteligencia ¿qué haría yo? Supongo que es muy fácil preguntarlo y no darme cuenta de que llevo un camino muy igual a esa senda que pudiera ser llamada oscuridad.

Me envilezco, trago saliva, guardo silencio, espero las horas, duermo, amanezco, supongo y evado misterios; dicen necesarios… y es por amor, por ser querido; según creo que el amor es una cosa que no es: Eso está claro. Son las cosas que uno piensa al recibir una noticia como esa, pues la muerte es una fuerza que remueve cada pieza de la vida si uno está desprevenido en su pijama y sus pantuflas. Además suele pasar que solo un pétalo de rosa, al caer, parte las placas tectonicas y termina estando abajo lo que antes era arriba.

Estas cosas no las sé porque haya sido observador, talentoso o mentalmente habilidoso; eso es lo que convierte a un muñeco en un esteta. Lo qué sé, lo sé de impacto en primera persona. Por haber arañado las paredes de dolor, porque he suplicado compañía y estado dispuesto a cualquier precio a cambio del más mínimo alivio.

Me gusta sentir que tengo un alma, que hay en mi la fuerza de un espíritu guerrero que es capaz de abrir las puertas y salir a dar al mundo la mejor versión de un hombre que no tiene miedo; pero el cuerpo –en su memoria, me recuerda lo que quiero rescindir y sofocar: hay en toda longitud un recorrido.

Me ha dejado muy frío la locuacidad con la que la gente dice ciertas cosas <<se lo venía buscando>> <<ya estaba muy mal>> <<se empezó a volver loco>> <<no lo reconozco>>  Porque uno debe creer –si es creyente- que hay un cambio palpable en toda constancia y en toda rutina. Estoy por irme, por despertar en un país extraño y ser otro, totalmente otro; lo sé por los años que llevo acá mismo intentando cambiarme con tal de lograr otra historia.

He estado pactando con gente a la que no salvaría de ninguna quema; pero me dan un espacio y sonríen y dicen palabras que no son tan duras y parten el pan en pedazos también, para mí. Todo esto me convierte en un pusilánime; en un patético bicho: demasiado gemelo de un tipo de esos que lloran por droga.

Palabra a palabra no pretendo reivindicar al maldito ni hacer un frente común con el desposeído. Me digo a mi mismo que uno es tan fuerte como sus necesidades, creo que eso es todo. Me va a doler reprimir los actos que hago, para poder volver; es muy convincente la excusa de que aquello era el fruto de mi pasión y no más. Hoy tengo el duelo y la pena por encima de todo, se han disparado el antes y el después; entre sus cadáveres ya no sé cuál es cual ni quien es quien. Es necesario partir sin llevarme en la ida. Prefiero vivir debajo de un puente antes que seguir comerciando con cada una de mis escamas, porque sí que soy un pez: puedo ser pescado; pero implica matarme.

Omar Estrada.

1 comentario:

Anónimo dijo...


De repente sentí que te estaba leyendo en otra época. No sé. NO SE porque últimamente me persiguen sensaciones de otros años, del 2011 en particular. Tal vez es la época en la que te recuerdo más obscuro, en la que recuerdo hablábamos de las tendencias suicidas. Siento que la muerte suele estar en ti y en muchos de tus textos, pero algunas veces se siente diferente. Esta me remite a alguna época donde ya te sentía como te siento hoy. “Oscuridad” . Me tocan ciertas cosas, y palabras. Esa sensación de aguantar, esperar, dormir, suponer, todo como una maldita rutina de la que no se puede salir. Me gusta mucho eso de que la muerte remueve piezas de vida en uno, siempre desprevenidos ante ello… y como es que las caídas terminan por voltear y cambiarlo todo. Me gusta mucho imaginar eso, los giros que pasan con suavidad y terminan dejando a uno boca abajo…. Me encanta siempre la cosa de saber que lo sabes porque lo has vivido y sentido, y suplicado el alivio. Me llega a frustrar un poco, sabes? combinando eso con la frialdad de las personas que hablan por hablar, que no tienen un ápice de empatía. Que terminan suponiendo y juzgando las acciones que otro toma. Que hay esta cosa dual en la que se quiere demostrar esa fuerza y dar lo mejor de uno, y al mismo tiempo el cuerpo u otras cosas sienten que pues no. No siente dar para más. Me asusta. Un poco. Pensar en esto sobre ti. A pesar de sentir que lo comprendo. La forma de autodespreciarse por aceptar que no salvarías a ninguno de esos que compartieron algo de amabilidad contigo. Es duro no? honestidad brutal. Reconocer el dolor que implica “volver”. Los duelos, las penas, la confusión que generan… Esa muerte del antes, del después y no saber cuál es cual, ni quien es quien, eso me gusta mucho. Ese quedarse en el limbo terrible del presente todo incierto. Y la forma de terminar, de decir que uno debe partir… que para pasar de ser pez a pescado, para que las escamas dejen de ser vistas en un cuerpo con vida, no solo implica que llegue la muerte, si no que llegue por decisión y por mano propia…. Me da escalofríos.

FloresFer.