miércoles, 10 de mayo de 2017

10 de Mayo ¡Madre Mía!

“Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.”


Madre, me voy mañana a Santiago. Cesar Vallejo.


Que nos viva, para siempre,
quien despierta
y se da cuenta que mañana
durará toda su vida.

Todo aquel que deposite su confianza
en quien viene -vía desnuda- del futuro
es necesario y confortante.

Es preciso reclutarnos en sus formas
y dejarnos conducir por sus provincias,
saborear lo que ya saben del sabor dulce y amargo;
empezar a defender lo que han sembrado,
por instinto, contra el mal que hay en el mundo.

Cuando niño quise ser un gran soldado,
no encontré la convicción para lograrlo.
Cambié, luego, de actitud
y juraba que sería el propio Watson,
para un Sherlock acerado y fumador.
Sin embargo me perdí entre los besos y caricias
de cocheras con jardín y olor a fresco.

Al recordar, explota yendo hacia el mar lejos
una mágica hermosura en la cual podía recargar
el mes del año en que volvía
la nostalgia y el pesar de los pesares…

Cuando fechan que es el día de la madre,
en mitad del desconcierto general,
a mi Doña la reparto en cada gota de la lluvia.
Son millares de fracciones
que me cuidan de las hienas
igualito que me muerden.

No debieran de ocultar a las personas
que me dan con la merienda y el ayuno;
pero es mía.

Todavía es imposible no saber
que estaría solo -realmente solo,
a no ser por la hidalguía
con la que vi que era capaz
de impedir la soledad de vez en cuando.

Siempre hay alguien;
lo he aprendido porque quiero estar cauto
ante el auge de los himnos del olvido.

Quedo tuerto y soy el rey de un viejo día.
Donde siguen, para siempre,
los que no podrían devolverse
ni faltar ante los huesos de sus huesos.

Omar Alej.

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