lunes, 22 de mayo de 2017

Al descubierto.

Pero esta vez
el chico no se siente infeliz
con su infelicidad.
El asunto del cigarrillo. Leonard Cohen. 


Qué mañana más terrible
y familiar,
toda llena de minutos.
Un momento
todo en partes
sin ninguna conexión…

Cuando siento que es posible
ser feliz y continuar,
tener ganas y hacer fuerza,
no dudar
y abrirme el pecho sin recelos;
siempre es otro el que lo siente
o ya me he ido.

Como duele mi hombro izquierdo,
de ese lado un oído
y media espalda;
pero no mi corazón, ese no duele
porque sabe que está todo por partirse
y sanará.

Se hizo cierto el terremoto
que creí haber soñado,
llegan tarde muchas pistas;
pero un crimen no prescribe
y el sabor de la venganza  
será grato e indiferente.

Poco importa
cuando sabes que uno mismo
siembra el germen de la intriga
que vendrá después por ti.  
Lo que dije que dolía
ya no es nada,
me bastó con agua fría:

Solo aire que uno aguanta en el fondo.

Hay, de un día para otro,
mil nuevas definiciones
de la propia estupidez.

Y el dolor nos sirve,
para darnos cuenta
de qué tan lento vamos
cuando decidimos ir a prisa
sin querer admitir que los cristales
que nos rajan en la planta de los pies
han subido hasta ese punto de la mente
en el que algo más que el sueño fracasó…

Ya no hace ninguna diferencia
que estuvieras acorralada,
tampoco aquel amor
por el que pagué con el trabajo
de una vida.

Siento odio
y si esto ayer era otra cosa,
podré cambiar y acostumbrarme.

Omar Alej.

viernes, 19 de mayo de 2017

Un Corazón Deep Camboya (Raiz de Plata)

Si estuviera muerto,
me recordé a mí mismo, no las
estaría comiendo. No es tan simple.
Es así de simple.

Simple. Raymond Carver. 


Un corazón Deep Camboya,
lo encontré succionando de un faro
en una noche sin luna.

Hoy ya lo sé,
lo dejó ahí tirado el cuarto rey mago
del que nadie habla porque era discreto
y además se perdió de camino a la estrella
por detenerse a mirar en un burdel del camino
con las cortinas abiertas.

No ha sido bastante,
para hacer fortuna
o negar mis miserias;
pero tiene un motor que echa risas,
que juega a los dados
y dice que viste al último grito
del miedo al silencio.

Es el espejo donde reflejo los sueños
que antes iban desnudos
y ahora están lejos…

No es de nostalgia que muere
y a veces da con el punto más frágil
del futuro imperecedero.

Un corazón Deep Camboya;
uno que da sin pedir nada a cambio,
bobo amiguete de todos los bobos
que hacen con su mierda
un homenaje a la mierda que nos dejaron otros.

Sin más orgullo que el suelo
por el que saca a pasear su escondite;
quiere llegar a la copa
de una gota secando en un agujero.

Hay ciertos sitios de la ciudad
donde no puedo dormir.
Dando vueltas entre las telas,
del mismo insomnio de siempre,
bromeamos a que es un barco acabado;
que yo soy el último viaje
y ahora le toca hundirse.

Pregunten,
hay quien lo vio
y ya no ha visto jamás nada igual:

Tiene espolones, escamas, colmillos
y porque es de poesía su esencia
padece un par de alas gigantes.

Un corazón Deep Camboya
contra los males del tiempo
y en el favor de seguir.
Una trinchera repleta con gestos
de fornicar y vivir
como si hubiera un alma,
para lo roto y enfermo.

Omar Alej.

jueves, 18 de mayo de 2017

A Omar Alej. (Modo Trinchera)

Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.


A orillas del East River. José Hierro.


Decidí seguirte a ti porque ibas solo; si tan solo pudiera escribir de la misma manera en la que recuerda Ismael a un mal-logrado Ahab.

No tenías medalla alguna y tu pasado se abría a constelaciones lejanas que ningún astronauta podía ni siquiera soñar.

Eras tan frágil que al verte los niños pensaban que quizá fuera un árbol la sombra que se iba moviendo al ritmo de un tambor de batalla.

Tu mirada calmada le ponía al edificio vecino una corona de soles que atestiguaban la muerte de una parte interior que no podías enterrar.

No saludaste al profeta ni apareciste a firmar las demandas de los pactantes de paz y de guerra que pregonaban los tiempos futuros del cambio.

Habías seguido la espera del mar por el río y acataste la imagen de tu pequeña libreta sangrando tinta sobre las piedras quebradas.

Tu despeinada capa se recostaba en la tierra besando el calor y la lluvia era un juego entre los vientos de lejos y todas las rejas cercanas.

Paso a paso cruzaste el apedreo y la infamia; mientras que en tu socorro todos los fósiles despertaron de su condición de energía.

Baile que bailas sobre las máscaras…

Si hubiera un fondo en el mar vendría cubierto de piel, de tu piel.

A cuánto más que dijera tu nombre cambiabas de especie con los animales; porque sabias que con ellos podías contar y cazar lo que cae de la luna.

De una tristeza sembrada en tus zapatos azules, un rocanrol de ternura que hacia mudas sirenas de ambulancias y patrullas.

Yo estaba espiando detrás de una enredadera y tú mirabas de frente, sobre los ojos de un espejo que había caído en desgracia.

Pude llamarlos mentiras, todos tus largos silencios y nada pareció corromper a las sales que ibas lamiendo del suelo que ahora estaba inventado por ti.

Estoy dejando de ser porque fuiste una rebelión petrificada en su causal y agonía.

Las decadencias te piensan y se consuela sabiendo que estas por ahí, en algún sitio, sin conocer el regreso.

Mi otra mitad era antes una imposible versión de los hechos; pero mudaste de esquina la pena y me han salido agujeros de balas que no me mataron.

Cuando alguien no sabe los resultados de ir sumando las manos, los pies, costillas y la cabeza; le sucede poder desvanecer al gigante:

Quedó reducido a un cuerpo de cobre por el que pasan fracciones de una envoltura que envolvía una venganza.

Decidí seguirte a ti porque ibas solo; estar más allá, estando clavado en mi propio destino.

Omar Estrada.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Reality Show, literario.

«Un tipo duro, un bailarín indefenso. Un romántico, ¿soy yo por un momento? Un maldito lunático, te llevaré el equipaje. Un mendigo, un hipócrita, el amor reina sobre mí»
Pete Townshend. (Quadrophenia) 


Demasiado cobarde,
para encontrar la diferencia
entre el libro que leyó cuando niño
y lo que cambia en el tiempo
sin progresión ni sentido,
escribe.

Demasiado cobarde,
para admitir si es que no vale la pena
o lo vale…
escribe.

Demasiado cobarde,
para quemar la ciudad
que dice que lo arruina
y montarse en un tren
hacia el centro de la hoguera
de alguna otra ciudad
que arruine a algún otro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para enfrentarse a los miedos
y hacer el amor
como quien nunca lo ha hecho
de espaldas al duelo
de una hipotética ella,
escribe.

Demasiado cobarde,
para admitir lo que sufre
en busca de ser feliz
llevando a cuestas su pena…
escribe.

Demasiado cobarde,
para un golpe en la cara
de mano del marido
de una mujer vestida de rojo,
escribe.

Demasiado cobarde,
para salir sin servir
a la ponzoña que lo reclama
por dentro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para sentir que estar roto
sirve también de reparto
a todos aquellos
que buscan volver del olvido,
escribe.

Demasiado cobarde,
para creer y confiar
en que las manos de alguien
están buscando estrecharse
en las manos de otros,
escribe.

Demasiado cobarde,
para ser natural  
y volver al asombro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para alejarse del fuego
que lo esclaviza a seguir
alimentando su llama,
escribe.

Yo hago todo eso que no hace,
lo hago muy bien
y además escribo
y encima lo hago de puta madre.

(Claro, eso es en el papel.
Porque todo lo escribo)

Omar Alej. 

martes, 16 de mayo de 2017

Sabré, sobre mí, apenas nada.

El cuerpo que cacé
Me cazó a mí también
Mi anhelo es un lugar
Mi muerte un velero.


Misión. Leonard Cohen.


Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

La sola envoltura de un dulce
tirada en la calle
y ya estaba apagado.
Condenado al constante diluvio
de dioses que antes de caer
arrancan del cielo la luna,
para dejarla en pedazos
entre los diablos de abajo.

Me gustaba la mar,
no la playa:
es justo decirlo
aún si fue una renuncia.

Disfruté con los besos
y sé que me hice besar con las palabras;
algunas muy ciertas, que no se dijeron
porque estaba claro el final
detrás del brillo de abril.

Cuando has visto brotar a los días en partes de rayos
y de colores
y de pasiones
y de hojas verdes
y de caballos sin montura,
uno debe decir que es un espejismo saberse.

Estaba preparado, para dudar
y ahora solo vuelvo a fundir la moneda
que giraba...

No estoy acabado por eso,
atesoro una piel
que me nace otra vez,
alérgica a ser
cualquier cosa que sea:

Maldición es morir por tan solo un momento.

Sé que nada resuelve
mi espíritu roto
buscando esa parte
que siente le llama
con toda la fuerza
de mi corazón.

Uno va hacia adentro,
escribe del foco
y de una ciudad que nos recoge
como el lomo de un lagarto descompuesto.
Intenté oponer gratitud,
interferir las sombras
con diminutas esquirlas
que alguien sacó de mis ojos.

Me gustaba intuir la columna
de la canción de los ríos;
pero hoy sé que fallé
en todo lo que puede fallar
uno cuando busca.

Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

Omar Alej.



lunes, 15 de mayo de 2017

Montañas.


<<Te amo tanto >>
Lo dice así,
sin puntos suspensivos
y sin ninguna alteración.
Yo estoy durmiendo todavía;
pero la escucho
y lo que ha dicho despierta algo…

Si pienso en eso,
en lo que valen sus palabras
no me entristece tanta tristeza.
Puedo con días que son amargos
y hasta malditos.

Vuelvo al pie de aquella hoja
de un árbol viejo.
Donde decía
que continuar,
eso es la vida.

Son tres palabras;
pero en su voz
adquieren el cariz de algo importante,
mucho más grande que tantas dudas
de mis instintos.

Mírame aquí,
ya habiendo hecho media jornada
y sin embargo aún en la punta
de las montañas que ella me dijo,
para que fuera:

<<Te amo tanto>>.


Omar Alej.

viernes, 12 de mayo de 2017

Oda a la gente que yo conocía.

No existe arma de mayor precisión; y para defenderse, con una defensa instintiva, de la angustia de la
exactitud y de las claridades reveladoras, se obstinan las gentes en confundir la poesía con la
mentira, la viveza de espíritu con la paradoja.
El poeta es exacto. La poesía es exactitud. Jean Cocteau


Uno, en caso de terror, se recrea en seguir
y en el mundo había gente de gran excentricismo,
con maneras imposibles de abordar la situación…

Podía darme cuenta dónde estaban,
quienes eran y que daban buena onda
con aquel que no sabía distinguir
del impostor o de ese pez asustadizo;

Eran todo cuanto un niño había soñado
que era parte de los sueños.

Conocí a un chaval gallego,
de nombre Artaud, adorador del mar
y alérgico a los pulpos.
A mí nunca me estreso la manera en que bebía
solo vino del peor con agua sucia de los charcos.

No es un mito aquel soldado retirado
que a la sombra de las ramas,
de lo que antes era un árbol,
me contaba que había entrado disparando
en los jacales de una tierra que era negra
y que picaba de calor.
Por la noche –decía él- los fantasmas de esos muertos
le mordían las uñas de los pies.

No iba solo –iba contigo-
cuando vi a tres viejas prostitutas que curaban de la pena
a un borracho de bolsillos descocidos
y sin forma de pagar por los recuerdos
que aquel trio -hecho una suerte de enfermeras,
le contaban y así darle una razón,
para volver a sonreír sin la vergüenza de tres dientes
que en la boca le faltaban.

Amé a Néstor,
un maestro de las dudas
que dudaba por aquello y por esto…
no salía porque iba de pastillas hasta el rabo
y se ahorcó en una fiesta
con el hule que tenían de cortina en la bañera,
miserable hijo de puta: hoy lo extraño.

“Rojo”, el Caddy,
no era el mismo que había sido;
lo noté porque su amante se extrañaba
cada vez que me pedía
que me fuera yo con ella a la hora de dormir.
Su mujer era una amiga incomparable, para él.
Me lo dijo cuando vio que me había hecho una suástica en el pecho
con navajas de afeitar que se habían oxidado en el invierno
en que su padre no volvió de un viaje a Europa.

Cero, Kar y Lucas, eran músicos de culto protopunk´s y narcisistas.
Se tenían por caídos de la viga que conecta a dios con el infierno
y preferían comer arena a salir en la NME;
por supuesto que seguían sin llenar ninguna sala.
Sin embargo a quien le importa…

Conocí a ciertos hombres,
me encanté de inciertas chicas.
Me cuide de Jim el lobo.
Le presté mi americana a un astronauta que tenía mucho frio
y ni hablar de Mirtha Tux “la coctelera”;
pero siempre he sido un mentiroso.

Podría ser que nada fue de esa manera.

Omar Alej.


jueves, 11 de mayo de 2017

Es real porque es muy breve.

Besas mis labios y ya está:
de vuelta a Boogie Street.

Boogie Street. Leonard Cohen.


Todo, todo, es muy breve
¿Cuánto pudo haber durado la creación?
¿Es que dura todavía?

Todo, todo, es muy breve.
Pobre halcón, pobre la cebra;
pobre examen que le hacemos a la vida
y la destruye.  

Nuestro beso en las mañanas
y mi amor todo completo,
aferrado a tus pestañas,
a tus pómulos quemados por orugas.
Te molesta que lo diga y que no calle;
pero es breve.

Todo, todo, es muy breve.

Lo siento,
al final la eternidad se ira volando;
muy, muy breve, como todo.

Si me quieres condenar
y llevar preso hazlo pronto,
ya he salido en libertad
y de vuelta a mis fracasos.

Reflexiono sobre esto
lo he leído en algún sitio, estoy seguro:
<<Aquí y ahora>>
<< Vive deprisa, muere joven
y deja un bonito cadáver.>>
No soy nada original;
pero igual ya se ha acabado el alegato.

Todo, todo, es muy breve.

Sueño y sueño,
con tal fuerza que termino
donde el halo de Morfeo no ha llegado.
Es acaso que termina estar despierto…

La mañana se hincha alegre
como un foco de energía voluptuosa;
voy saltando en la cuerda,
tan cansado como el día de tu mudanza:

La distancia terminó sin que moviera un solo dedo,
eso es arte.
Muy, muy breve, como todo.

No digamos lo que fuimos
porque nunca fuimos más que detectives acabados.
Siempre andando sobre el crimen
que se había cometido justo antes 
y tal vez con nuestras manos.

Hoy te extraño,
tú me entiendes.
Todo, todo, es muy breve
y nosotros no deberíamos de serlo.

Omar Alej.

miércoles, 10 de mayo de 2017

10 de Mayo ¡Madre Mía!

“Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.”


Madre, me voy mañana a Santiago. Cesar Vallejo.


Que nos viva, para siempre,
quien despierta
y se da cuenta que mañana
durará toda su vida.

Todo aquel que deposite su confianza
en quien viene -vía desnuda- del futuro
es necesario y confortante.

Es preciso reclutarnos en sus formas
y dejarnos conducir por sus provincias,
saborear lo que ya saben del sabor dulce y amargo;
empezar a defender lo que han sembrado,
por instinto, contra el mal que hay en el mundo.

Cuando niño quise ser un gran soldado,
no encontré la convicción para lograrlo.
Cambié, luego, de actitud
y juraba que sería el propio Watson,
para un Sherlock acerado y fumador.
Sin embargo me perdí entre los besos y caricias
de cocheras con jardín y olor a fresco.

Al recordar, explota yendo hacia el mar lejos
una mágica hermosura en la cual podía recargar
el mes del año en que volvía
la nostalgia y el pesar de los pesares…

Cuando fechan que es el día de la madre,
en mitad del desconcierto general,
a mi Doña la reparto en cada gota de la lluvia.
Son millares de fracciones
que me cuidan de las hienas
igualito que me muerden.

No debieran de ocultar a las personas
que me dan con la merienda y el ayuno;
pero es mía.

Todavía es imposible no saber
que estaría solo -realmente solo,
a no ser por la hidalguía
con la que vi que era capaz
de impedir la soledad de vez en cuando.

Siempre hay alguien;
lo he aprendido porque quiero estar cauto
ante el auge de los himnos del olvido.

Quedo tuerto y soy el rey de un viejo día.
Donde siguen, para siempre,
los que no podrían devolverse
ni faltar ante los huesos de sus huesos.

Omar Alej.

martes, 9 de mayo de 2017

No estás loco, la real locura da miedo.


Éramos niños, era normal creer que sabíamos algo; sentirnos excitados por la descalificación que nos brindaban los adultos. Todos queríamos ser los más subversivos, estar locos; en contra. Pero había uno que estaba hecho girones y un día no vino más: había renunciado a la renuncia. Fue cuando me di cuenta que sabía algo, la diferencia entre nosotros y él.

Diario de un Moto/Circuito (2017)
Omar Alej.


Yo no estoy loco.
Puede que sí, que tenga puyas
y sueños, miserias.
Alzo la voz, desobedezco;
pero un loco es otro,
es algo serio que no quisiera
ni para mí ni para nadie:

La real locura da miedo…

Vivo mis cosas,
mis cachivaches que cargo siempre
y que pudieran ser confundidos con espejismos
o con delirios de un marginal
y sin embargo, solo es un poco
de insolación o de arrebato

No me hace gracia
aquel que dice que ha sido un loco
por no dejarse de la cordura.
Hay mil fronteras que no son ciertas;
pero esa es una que está muy clara,
tú no estás loco.

Cierto es que vuelas entre los brazos de la ilusión,
que haces guerrillas contra rutinas o aburrimientos.
Danzas el baile de la lujuria.
Sigues creyendo en la libertad
y te emociona romper las tablas
de esas diez leyes que nos prosperan;
más no es locura. Ir de contrario, es obviedad.

Hay un gran cuadro
en esta sala de espera en la que estoy.
Interpreto que todos van caminando,
buscando encontrar un mundo donde quedarse;
los que no aparecen están extraviados
teniendo por mente la cuerda del eco
y no es muy distinto
de lo que pasa estando por fuera de la mesa camilla.
Entre las aves y el viento, pasando.

No es exclusivo de la demencia
levantarse y salir arrastrando la puerta.
No es necesario haber perdido el sentido,
para ponerse a gritar el nombre de nadie.
Es muy normal transgredir, abolir, derrocar,
maldecir, disociarse o romperse.

Yo no estoy loco.
No me fue necesario,
para ver más allá –a través de ti,
fue suficiente quererte
y saber que te quería.

Omar Alej.




lunes, 8 de mayo de 2017

Muchas gracias.

Perplejo ante tu belleza
me arrodillé a secarte los pies.
Con este tipo de instrucciones preparan
a un hombre para Boogie Street.

Boogie Street. Leonard Cohen.


Muchas gracias por no hacer con la distancia tus aromas
y estar lejos, de ese modo escondido en mis fuerzas
y sobre aquello que no logro atrapar con las manos.

Si te buscan no podrán reconocerte,
siempre cambias de interiores las ventanas…

Quiero hacer un texto blanco,
sin sentido. Que se quede con las frases más bonitas
que le broten a este día sin marcarlo.

Más allá de un borrador,
eres ágil siendo presa
y mortal vuelves a ser depredador.
Es de mares tu cabeza
y en tus horas un reloj es sanador.

Yo te quiero
porque suelo ir queriendo a los extraños:

Quiero ver los ojos grandes de sorpresa
que se ponen cuando cuentan sus relatos
los mareados por las dudas.

Eres casi angelical;
Pero no hay ángeles acá, para aplastarnos.
Solamente mucha gente que nos quiere convencer
de que ha caído el cielo azul
y que hace helada en la parada de autobuses
que están listos a zarpar hacía el verano.

Corta en rajas el obturador de un lacrimal mirando abajo.
Hazte trizas frente a ti en el espejo
y si has logrado la victoria y la derrota, perdóname:

Es por adentro que está pactado el porvenir
y si queda quien entienda lo que digo
habré fallado al decirles que yo amaba hasta el más ligero día;
recordándote partir en dirección contraria,
rumbo al fuego.

Cuesta arriba, tropecé.
Me lo advertiste.
Sin embargo ha sido un hito pervivir
y estar ahora ante el futuro, frente a ti,
con vista entera de la luna en la mirada
y sabiendo hacer llover gotas de te
que hacen crecer las margaritas.

Omar Alej.

domingo, 7 de mayo de 2017

Tú eres todo.

“He soñado una fuga. Un <<para siempre>>
suspirado en la escala de una proa”
Medialuz. Cesar Vallejo.


Una vez que llegaste –apenas ayer-
no quedó nada;
el miedo de abrir a la puerta se fue.
Ya volverá;
pero de momento no queda nada de eso.

Ya no veo los fantasmas de los chicos atados
a una noche de guerra entre la vida y la muerte.
Me has sacado los ojos rotos de antes
y mirarte comerlos me ha devuelto la vista.

No hay vidrios sobre las avenidas
ni bulevares de cristal,
mi dirección ya no arde con fuegos de odio.
No estoy maldito y se nota
que hasta he ganado unos kilos;
de mi urticaria por todo no quedó nada.

Ahora estoy riendo de risa,
viviendo de vida,
hablando de hablar,
jugando de juego,
apostando de suerte.

Esta resaca me gusta,
al recordar mis excesos
no estoy temiendo que llegue el castigo
ni he sospechado de haber pisado la cola de un tigre
que volverá de su encierro.

No podrán dejar de estar hechas las pajas
que se rompieron de frío
ni sacaré del tambor el sonido del hambre;
aún se cuentan de más las peleas entre morder o acercarme;
pero ya a nadie le importa. Porque no quedó nada.

Tú con tus pasos de espuma,
con tu conducta de hacha,
con tu armadura de tiza
y un corazón palo fierro,
has endulzado el coctel
de mis pastillas gigantes
contra el dolor de consciencia.

Una vez que llegaste –apenas ayer-
no quedó nada.
He preguntado por mí
y me contestan que se me ha visto rondando
con una semilla entre manos.

Omar Alej.

sábado, 6 de mayo de 2017

Son mis héroes, mi alegría.

"¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo, soy grande, contengo multitudes."
 Walt Whitman


A ellos cedo la palabra
sobre todo cuando creo que tengo
mucho que decir, para callarme.

Me detengo los impulsos  
y recuerdo que tal caso
me ha venido del parlante
y de las letras
que me mueven a moverme
e ir buscando mi memoria
en las historias de románticas batallas.

Los de siempre;
los que saben -sin saberlo,
colocarme entre los ojos
vistas bravas al confín de mi emoción
y un estrabismo.

Es Sabina, es Andrés, Es Fito Páez
y es siempre Charly: siempre es Charly.
Los más viejos pararrayos que llegaron,
para hacerme ser de lluvia.

Me despojan de elementos
con los cuales pueda herirme
y me suben a una noria
donde veo, al ir girando, como pasan junto a mí
el propio Dylan, Leonard Cohen,
Muddy Waters, José Hierro,
Jaime Gil de Biedma, Echenique
y los Heraldo Negros de Cesar Vallejo
(Cesar Moro, Julio Ramón Ribeyro y Kavafis
tienen tos por eso plantan espirales con el humo
sin moverse del portal hecho con llamas).

Si decido que es silencio
lo que pienso al volver a aparecer
en aquel patio con el miedo,
me transgrede Baudelaire.
Luego monta en mis tristezas;
me hace alado y escapar del laberinto.

Hombres buenos con miserias
y ternuras y motivos y pasiones.
Y algo en mi muy obsesivo
me sugiere que también pactan manías.

Raymon Carver, Philip Roth,
Hank Chinasky, el de Bukowski,
Henry Miller, Dostoyevsky,
Joseph Conrad y Cioran,
son más altos que en persona.
Hablan menos de lo que uno supondría
y además les gusta ver
mientras Walt Whitman siembra un beso
bajo el Oscar Wilde de Dorian Grey.

No son tantos
pues supongo que habrá al norte y en el sur
otros presos de los mitos
que tendrán parcelas más condecoradas.

A mí solo me acompañan los fantasmas
de Henry James y de Charles Dickens,
para su conjura tengo al pie de siete lirios
la sagrada oscuridad de Borges, Jorge Luis.

Tantos son los que me hablan
y me emplean, para ser de ellos corriente
hasta quemarse en el desierto,
agolpándose al oído de Teseo.

Pete Doherty, “Keef” Keith Richards,
Allan Poe, Pablo Neruda más Nick Cave,
dejan lejos de perderse a mis seis seises.
Me convocan a las puertas del infierno
y ahí están sin separarse Mary Shelley
y Lord Byron.

Tocan rápido al cristal de la ventana,
me suspendo el respirar y aguardo que se vayan;
pero insisten y el sonido del crujido es incierto.
Puede ser que no sea nada
o tal vez es Mister Hyde que otra vez ha diferido
con Ahab, el capitan.

Cuando salgo,
ante la luz,
desaparezco;
pero vuelvo a estar dormido
en un sueño alucinante:

Ahí mismo junto a nadie coquetean con el aire,
Miguel Hernández y Chet Baker
mientras dan a Gustavo Adolfo Becquer y a Miles Davis
la pasada de palabras, por minuto, que dejara Lenny Bruce
por estar siempre abrazado a su copia del antiguo testamento.

A ellos cedo la palabra,
sobre todo cuando creo que tengo
mucho que decir, para callarme.

Omar Alej.


viernes, 5 de mayo de 2017

Mi rutina, en albornoz.


Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.

El genio de la multitud. Charles Bukowski.


Las miserias están siendo abandonadas,
gente bella y poderosa -harto jóvenes y libres,
quieren irse o se han ido a la playa,
a la montaña, a ver a dios,
a dar vuelta a los tratados
o buscarse entre la nieve
que ya nunca se derrite.

Yo me quedo.
Sin complejos, ordinario.

Solo quiero mirar tele,
leer cuentos de maniacos,
beber agua de floreros
y fumarme hasta las manos.

Qué desgracia ¡ay de mí!
no saber de la pasión
-y/o voluntad-
por viajar al fin del mundo,
para abrirme a otras culturas;
preferirme aquí en la luna, estrellado.

Mi rutina, en albornoz:

Esperar por otro tiempo,
vivir este con paciencia,
sin delirio ni ambición.
Sin saber cómo se hace que te quieran,
sin querer nada además de lo que quiero.

Mis amigos me condenan
y mis novias tienen novios
que les cuentan de aventuras que suceden
más allá de las fronteras…

Estoy pálido y sin forma
por montar lo cotidiano,
lo más simple. Lo de siempre.

Me emociona andar en casa,
reinventado mis paredes;
mientras suenan los motores de un avión
en la mente del vecino.

Yo me quedo.
Estoy fijo.
Día a día, otra vez,
sin saber sobre la vida:

Ya me basto con un patio,
con dormir
e irme pa´ adentro.

Omar Alej.

jueves, 4 de mayo de 2017

No todo en mi es mentira.

Aunque duerma sobre tu satén.
Aunque te despierte con un beso.
No digas que fue un momento imaginado.
No te rebajes a estrategias así.

Alejandría se marcha. Leonard Cohen.


Sabrás que algo es cierto,
no importa que dudes ahora
porque ha vuelto el frío
y no se seca la ropa
que está colgada en los cables.

No te hará falta la dicha,
habrán pasado las horas
de confortarse en el cine;
arrancada de historias
que quisieras vivir
sin tener que volver a ser joven o frágil.

Te habrás ido quedando lejos de la isla,
será el recuerdo de otra  
y no podrás recordar a qué huelen tus aves.

Cayendo al infierno de la gravedad,
las marcas de tus uñas en mis antebrazos
se me volvieron lunares
y en un estado de gracia
por fin no hace falta contar con mi rabia.

Ojala este país
no siga siendo -hasta entonces,
cuna donde nacen ya violentados los muertos de pena.

Quedará despojada, perdida en el tiempo, la prisa
y estando de cerca o de lejos,
sabrás que te quiero.
Porque he pactado que se abran las alambradas
y puedan venir tus caballos.

A donde voy,
de donde me muevo;
una secuencia me une y me aparta.
Queda algo parecido a un rastro
que no se devuelve:

Apunto al cupido detrás del cupido,
al agua en el agua, al viento en el viento,
al hombre en el lobo y al lobo en el hombre.
Sabrás que te rompes
porque estoy rompiendo
en dos mi palabra;
en este momento
y mañana.

Si puedo durar
duraré para siempre
y si ya estoy muriendo -de nada,
mi firme intención es irme cantado.
Aun si es canto triste ante un balcón apagado.

Sabrás que algo es cierto,
te lo dirán los olores
de una cocina abierta
donde yo esté cocinando,
dentro de risas, tus fotos y tus dibujos,
desde la banca de un parque.

Omar Alej.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Un caudal.

En raudales de luz vi claramente
El polvo que rara vez se ve,
Con el que el Innombrable hace
Un Nombre para alguien como yo.

El mismo amor. Leonard Cohen. 


Hey, chico, esto es un caudal.
Más allá de los colapsos
y la vuelta de una aurora
que resulta prima hermana de la luna…
Sin importar que las pisadas allá afuera
derroquen de un panic attack al Cristo en la pared.

Tú podrás pensar que es lo de siempre,
soledad, sindiós y un verbo ausente.
La locura de querer volverme loco,  
además del desconcierto
de una niña que ahora cree reconocerse
en mis heridas;
pero hey, chico, esto es un caudal.

Previsible igual al sol
y nadie al sol lo acusaría…

Con tanteos de plagiario
y rutina de ir cantado
lo que el preso canta
al ver su sombra al otro lado de la reja.

Hey, chico, esto es un caudal.
y no es que necesite de los ríos
ni del mar ni de las lluvias
ni siquiera un ventisca.
Por carente que parezca
va, los riega y ellos brotan.

Sobrepasa mis límites mortales
y convierte en la tierra prometida
una pensión menos dos focos.
No se entera de que el humo de ginebra
ha dejado calcinadas mis cabezas y mi mente;
en un encuentro con aquel que era soldado
y hacedor de fotos rojas, un poeta.

Hey, chico, esto es un caudal.
Viene adentro
como un sueño que alguien sueña
en mi memoria y en mi nombre.
Se ha olvidado del camino
y hace ruta sobre cosas muy pequeñas:

La semilla, el cenicero, una ciruela  
y boletos que quedaron sin venderse,
para ver el gran final de aquellos besos.

Sé que quieres convencerme
de que vas mejor que yo
porque sabes del sentido
y no gastas en burbujas de jabón e ingenuidad;
pero hey, chico, esto es un caudal.

Lleva tierra en sus entrañas
y trabajo y promesas que fallaron
y luz de estrellas apagando en el recuerdo.

Me lo dieron bellos peces
porque vieron que estallaba sin saber cómo lo hacía.
También pasa por las calles azotadas
por el miedo y la carcoma;
repta igual que una ilusión envenenada a través de la miseria

Pero hey, chico, esto es un caudal.
Puede más que las razones
que tendría para ahogarlo y que me ahogue.

Omar Alej.


martes, 2 de mayo de 2017

Todavía, soñar que hay gente buena.

[Creo que/estás/donde/ tendría/que estar/yo]
Cesta. Leonard Cohen. 


Hazlo fuerte y muriendo en el intento;
pero sin el grito de la rabia que corrompe nuestros rumbos.
Poniendo el pulso en contener viles desbordes
y sabiéndolo, al seguir, que queda un tramo por hacer
con hidalguía.

Yo siempre querré curar la marca en tu frente;
pero el tiempo deja en ti la salvación,
para un desierto que agoniza.

Ve a tu puente con el júbilo del viento
en dirección de cualquier parte
y desconfía de esa forma de destino
hecho en despecho por pasado.  
Solo pon a tu pasión
sobre las manos delicadas
de quien quiera enarbolar vuelo de sueños.

No permitas que ahora caigan en desuso
ni los frescos de la tarde
ni el amor de los jinetes.

Vuelve al grato amanecer
del primer día contra el mundo de avaricias,
como fuera la subida hasta la noche
de tu primer desnudo entre las manos.

Que te venzan las sonrisas,
los borrachos cantarines,
ciertas dudas
y las muecas de una chica que te llama
a que la mires a través de su ventana
cuando cambia la estación.

Tantos hay
que se creerán que son veloces.
No hagas caso, tienen prisa;
es lo que tienen.
Tú tranquilo, corazón,
mirando firme, aún si el sol te quema entero.

Ve paseando
mientras sabes en tu oído
la tracción de la alegría
que ha venido de tan lejos
a mirar cómo se azuza una tristeza
hasta hacer fuego de sus hilos.

Déjate ser consumido por ese minuto de batalla
donde toca defender las cartas con las que juegas,
para que no exista nada más.

Omar Alej.