miércoles, 31 de mayo de 2017

Así sabrá David Fincher que yo te he inventado primero.

El viento da forma
a tu ausencia
Entro y salgo
del Corazón Único
sin ya luchar
por ser libre.

El Frío. Leonard Cohen.


Te recuerdo mañana
todavía siendo tuya
y queriendo entregarte de veras…
con tus ojos abiertos,
en voluntad liquida;
pero sin poder ser de mí,
como de mí son los rayos
que me escogieron y caen
en la solapa marchita
de mi trajecito de pez.

Te recuerdo mañana,
seguirás defendiendo
tus mil caras al sol
contra mi lluvia agobiante,
dentro de casa,
a pura gotera.
Me volverás a salvar
con siete golpes-decretos
entre mis sienes y abismos:

Arrepentido de ser
algo menor a un suicida.

Te recuerdo mañana.
La cantábrica voz
de un viajero en la torre
te hará recordar qué era yo
y mis deformaciones de oficio.
Escucharas a un ave que trina
o que llora detrás de las telas
que anudan la ventana;
pero llevaras polvo y prisa
e iras de la mano
de un estudiante de Eros.

Te recuerdo mañana,
te invocaré desde el ciclo de cine
y tiraré a las pantallas pelotas de hule
con un color submarino.
Así sabrá David Fincher
que yo te he inventado primero.
Antes que él y que Nolan;
pero siempre después
que Sorrentino Paolo.

Te recuerdo mañana
porque he descubierto que tengo
la cabeza entre planos;
del lado derecho una plancha
de analgesia y metal,
del lado izquierdo un sereno
y puntiagudo cuchillo.
Nunca nada en mi vida fue tanto
como un algodón en la boca
que me tapaba la herida
y desprendía su veneno.

Te recuerdo mañana,
nos ha tocado estar lejos
de la Argentina y de Roma.
Nos encontramos atrás,
entrando a un quiosco alumbrado.
Me quedo mirando tus pantorrillas,
tú haces que no me ves;
pero me acerco y te alejas.
Fue solo un golpe de suerte,
te confundí con quien eras.

Omar Alej.



martes, 30 de mayo de 2017

Mi dolor, igual que yo...

[Mi droga secreta es la muerte/la tomo cuando te veo/ y tú no me ves]

Durante el día. Leonard Cohen.


Mi dolor, igual que yo, es algo imbécil, vanidoso, soberbio, pura forma e intrascendente. Lo maldigo y lo reto <<has de irte>>; pero el diablo, mentiroso, le ha enseñado a confundirse entre las telas que se mueven en la entrada de una cueva de oropel dónde puedes ver ocultas las misiones que aborté, para quedarme ensimismado como un sobre en una antena.

Me es muy fácil suponer que es un dolor constituido de pura inexperiencia: me apagaron cinco puros en el lomo, cinco enormes policías que además hablaban lenguas de chacales; en ambas ocasiones fui sodomizado por tremendas pichas largas y robustas, me han partido la cabeza veinte veces, a mi madre se le dio por practicar el tiro al blanco con mi pecho, el careto de mi amigo muerto a tiros lo viví ya descompuesto, una chica hecha con nombres me engañaba y mientras tanto lo encaré con mil canciones de Antony and the Johnsons, dibujé mi corazón en papel blanco y lo hizo trizas un señor al que quería como a un padre, me putearon con la ley del evangelio hasta hacerme vomitar de pura culpa, han seguido mi mirada a través de las ventanas que yo espiaba, penetraron en el cuerpo de la chica que yo amo, reventaron la parcela literaria con un boom que me ignoraba, acusaron a mis ojos de mirar sin protegerse, serrucharon mi apetito con un arco hecho de espinas, la pasión que comprobé era de humo, como luna era de noche lo que sueño se hizo huir junto a los lobos, me apretaron la garganta, detuvieron mi intestino, ahora tengo tres rodillas, mi esqueleto está quebrado, he sufrido suficiente cualquier tipo de dolor; los que matan por adentro y te reviven por afuera ¿a qué viene hacerse ahora el maldito?

Además que por entonces no teníamos estas vistas. No existían éstos libidos muchachos tan ardientes y tan bellos: la inocencia estaba en medio de la selva y la selva era una jungla con las bestias acechando. Nadie era un artista del escape y la palabra libertad se reservaba, para un preso; ciertos presos. No existía el foro de hoy, para opinar y maldecir a todo aquello que no pega con el peaje de sus personalidades. No podría haberse percibido la frivolidad de un modo tan cálido y biempensante y liberal. Ahora hay chicos que decretan sus apuestas con la luz de digitales en las manos y que saben suponer lo que pensamos sus extraños.

Pero ayer no era viable la total incandescencia-fuel injection. Por entonces el dolor no era una mierda de dolor y lo que más duele es que ni siquiera entonces dolía tanto.

<<Has de irte o uno a uno iré rompiéndote los dedos. Ya veremos cuanto logras sin las tres comidas diarias y sin verte rebosante en el espejo. No eres más que un malestar que se cree grande y no podrás considerarte la razón que me llevó a pegarme un tiro: en mi lista, antes que tú, están, mohínos, mis exilios y traiciones. No podrás llevarme al rastro cuando vives enquistado en carruseles y meriendas con galletas.>>

Poco a poco habrá distancia, eso es justo y necesario: me avergüenzan mis olores, me da pena mi tristeza, uno me afina con silencio, necesito estar adentro; muy adentro, no podría recordar algunos nombres, me ha pasado que no sé dónde despierto, me ha pasado que no sé cuál es el día, me ha pasado que he creído que es verdad mi santo espíritu. Necesito separarme pues me apena estar sufriendo; me avergüenza y soy cobarde. Mi dolor, igual que yo, es un vacío, una tinaja rota donde cae todo sin que nada se contenga.

Hoy por la mañana me di asco, el mismo asco que me dan algunas cosas muy simples.
Omar Alej.

lunes, 29 de mayo de 2017

Con el tiempo su camino será unirse.

Pero no voy a quedarme
aquí mucho tiempo
Ni vosotros tampoco.

Risas en el panteón. Leonard Cohen.


Solamente yo las lanzo
porque pican en mis manos
y en mi tráquea;

Siempre fui de los que tiemblan escondidos,
temiendo de las mandíbulas marcadas
en el corazón de la eternidad.
No pretendo
dar con ellas una pista del tesoro
a quien va en busca del destino;
nada abonan al sentido
y no querrían construir una respuesta.

Quieren darse de beber
ante los huecos de las horas,
en un día caluroso
que reporta perdición y descontento.

No estaré,
ni siquiera cuando más desee
estar aquí.

Si pudieran ser semillas qué así sea;
que de cada confusión que me las trajo
brote un cuento, una leyenda,
la más miserable realidad o un misterio:

Que abran en besos la más negra de las noches
hasta verla aniquilar el horizonte
sobre un Pontiac en el año seis y nueve.

Pero más vale que se pierdan;
si no sirven para hacer ninguna orden,
si fracasan en su estimulo de siempre,
está muy bien que nadie asocie su textura
con la voz ausente de un fantasma
que ha sido grabado y reproducido
por fuerzas opuestas en posición de distancia.

Con el tiempo su camino será unirse,
ir dejando en la erosión su pertenencia.
Ahora mismo este dolor
se lleva mi alma
y se me ocurre una idea
que está ahí para morirse
(Yo le pido respirar
cuando debía de dejarla
ir corriendo y deshacerse).

Son palabras
y aunque esta no es mi casa
ni las ropas que me cubren me protegen;
lo que tengo, para dar, es acercarlas
porque pican en mis manos
y en mi tráquea.

Si pudieran ser semillas
qué así sea.
Que distraigan del dolor
a quien no puede…

Que te lleven a recordar
que algunas noches escapamos del asedio
y nos sentamos ante un mundo
aún más joven que la pena
que nacía entre nosotros.

Omar Alej.

Oh Plasma (La chica en las canciones)


Cuando era más joven –ya haces seis años- también tuve diez  y me pregunté qué cosa era yo y qué hacía acá, en este sitio; tan sola en un lugar tan solitario.  Mi padre había tocado el contrabajo en una banda de jazz y no llegué a conocerlo pues murió mientras mamá estaba embarazada. Eso me hizo ir buscando, en medio de los sonidos que encontraba, la sonoridad de un pulso acompasado, un latido y, en resumen, el sonido de un bajo. Hace menos de dos semanas he ido a una tienda de artículos usados y había una canción de Gorillaz colgada en un perchero. Una y otra vez vi que la gente pasaba sin usarla o sin preguntar cuanto hubiera valido bailarla ahí mismo <<tal vez no sea para nadie>> pensé. Eso pienso cuando veo que se quedan cosas en desuso por el maldito gusto de la gente por partir en dos las cosas: la mitad no es suficiente y la canción On Melancholly Hill (aunque muy hermosa) no iba a ser la excepción.

Todo esto lo cuento porque a mis amigos del colegio bachiller les ha dado por llamarme “Plasma” y en un principio estaba contenta y estaba –también- orgullosa. Es cierto que parece el mote de un súper-héroe que tiene por súper-poder la transfusión sanguínea. Tal cosa, para mis amigos -imagino- ha pasado inadvertida; ellos se divierten más pensando en que la razón de llamarme así es por sangrona y que por esa otra razón fue que no los invité a mi fiesta de cumpleaños dieciséis. Sin embargo nunca sabrán que lo que hice no fue un acto de soberbia o cobardía ni siquiera de resentimiento. Con mi fiesta exclusiva he intentado dignificar un gesto optimista y llamar a mi fiesta, únicamente a mis benefactores, para celebrar nuestra nueva participación colectiva en el nombre de las alegrías, también; pero no ha resultado. Algunos planes mejor no planearlos.

Michael estaba triste, después de todo… Bowie ya no cambiaba. Cornell llegaba último y no se había preparado. Brian Jones y Keith Moon estaban repletos de plumas con notas de Jimmy y no podían dejarlo; Hendrix abría más notas jugando al pimpón con Cobain. Sin todos aquellos amigos mi fiesta sonaba al sonido de los altos pisos del cielo musical; pero estaba vacía: Fiesta Vacía. Bien por mis compañeros que hubieran querido verme pagar de ese modo por mi misantropía.

Quise hablar con Lennon y George, si ellos venían vendrían los otros. ¡Janis! Cuando supliqué su asistencia me llegó un telegrama, mi pez había muerto y aunque lo llamaba Freddy no murió ni en el río ni en el mar ni en el olimpo rockero. Murió acá en la tierra, sin alternativa; después de haber escapado a depredadores y a buques de guerra que podíamos imaginar en las noches de silencio estando los dos en una misma burbuja anti-tiempo. 

Y no quiero decir que hace falta cumplir cada uno de los anhelos que por parte de nosotros se pueden tener. Lo que yo pediría, lo que creo que hace falta -en realidad- son notas firmes a las cuales aferrarnos. Notas que nos ofrezcan la confianza de seguir sin miedo al horizonte; ya sea que este se presente nebuloso o soleado. Será indispensable volver la cara con alegría a ese que nos lleva por caminos que nosotros antes no habríamos transitado aun si no nos llevan y lo que nos lleva es nuestro amor por ellos.

No me gusta ponerme como ejemplo ni dar la brasa con la pose de ser alguien ejemplar. Que ridículo sería que yo con mis pequeñas levedades pretendiera decirla a nadie como vivir su suerte. No, eso debe estar entre las labores de especialistas que -me imagino- por su responsabilidad, además, deberían renunciar a muchos de los placeres que yo gozo. Uno cuando mucho solo debe aspirar a que la gente sea fiel a su esencia; la mía es el mundo de las canciones compuestas, tocadas, re hechas, interpretadas o emocionadas por amigos del tamaño de Jim Morrison, Bon Scott, Cliff Borton, Bonzo Bonham o Joey Ramone.

Lo que debo aprender –como en la letra de esa canción del gran Damon Albarn: On Melancholly Hill- es a invitarte a que vengas conmigo. A que juntos entremos en un estado mejor que cualquier realidad. Es imperioso aprender a decir que yo querría que tú te apoyaras eternamente de los breves momentos que duraran para siempre en la cosmogonía de tu ser abisal. Para sentir que estás a mi lado llenando de viento este viento que alguna vez me costó tanto trabajo tragar. Así es como acaba una fiesta vacía, repleta de gente que estará aquí mañana tocando en la tierra con los dos pies del alma y subiéndose al globo que surge del fondo del mar, para dar besos de hipocampo a las largas estrellas fugaces. Ya no me dispongo a estar sola, este es el primer día con mi compañía.
Omar Alej.

jueves, 25 de mayo de 2017

Era un tipo de esos que lloran por droga.

no van estar toda la vida esperándote.
Ni siquiera te están esperando ahora.

La taberna de Dusko 1967. Leonard Cohen.

Pic. By FloresFer.
Era un tipo de esos que lloran por droga, uno más que chupa pitos a cambio de anfetas, cristal, cocaína o caballo. Hoy por la mañana, al salir a tirar la basura, me encontré con una vecina que traía la noticia de que, aquel personaje, se había pegado un tiro con una pistola improvisada; armada y cargada con inteligencia ¿qué haría yo? Supongo que es muy fácil preguntarlo y no darme cuenta de que llevo un camino muy igual a esa senda que pudiera ser llamada oscuridad.

Me envilezco, trago saliva, guardo silencio, espero las horas, duermo, amanezco, supongo y evado misterios; dicen necesarios… y es por amor, por ser querido; según creo que el amor es una cosa que no es: Eso está claro. Son las cosas que uno piensa al recibir una noticia como esa, pues la muerte es una fuerza que remueve cada pieza de la vida si uno está desprevenido en su pijama y sus pantuflas. Además suele pasar que solo un pétalo de rosa, al caer, parte las placas tectonicas y termina estando abajo lo que antes era arriba.

Estas cosas no las sé porque haya sido observador, talentoso o mentalmente habilidoso; eso es lo que convierte a un muñeco en un esteta. Lo qué sé, lo sé de impacto en primera persona. Por haber arañado las paredes de dolor, porque he suplicado compañía y estado dispuesto a cualquier precio a cambio del más mínimo alivio.

Me gusta sentir que tengo un alma, que hay en mi la fuerza de un espíritu guerrero que es capaz de abrir las puertas y salir a dar al mundo la mejor versión de un hombre que no tiene miedo; pero el cuerpo –en su memoria, me recuerda lo que quiero rescindir y sofocar: hay en toda longitud un recorrido.

Me ha dejado muy frío la locuacidad con la que la gente dice ciertas cosas <<se lo venía buscando>> <<ya estaba muy mal>> <<se empezó a volver loco>> <<no lo reconozco>>  Porque uno debe creer –si es creyente- que hay un cambio palpable en toda constancia y en toda rutina. Estoy por irme, por despertar en un país extraño y ser otro, totalmente otro; lo sé por los años que llevo acá mismo intentando cambiarme con tal de lograr otra historia.

He estado pactando con gente a la que no salvaría de ninguna quema; pero me dan un espacio y sonríen y dicen palabras que no son tan duras y parten el pan en pedazos también, para mí. Todo esto me convierte en un pusilánime; en un patético bicho: demasiado gemelo de un tipo de esos que lloran por droga.

Palabra a palabra no pretendo reivindicar al maldito ni hacer un frente común con el desposeído. Me digo a mi mismo que uno es tan fuerte como sus necesidades, creo que eso es todo. Me va a doler reprimir los actos que hago, para poder volver; es muy convincente la excusa de que aquello era el fruto de mi pasión y no más. Hoy tengo el duelo y la pena por encima de todo, se han disparado el antes y el después; entre sus cadáveres ya no sé cuál es cual ni quien es quien. Es necesario partir sin llevarme en la ida. Prefiero vivir debajo de un puente antes que seguir comerciando con cada una de mis escamas, porque sí que soy un pez: puedo ser pescado; pero implica matarme.

Omar Estrada.

miércoles, 24 de mayo de 2017

...y también habrá consuelo.

Mi chica no estaba
Cuando fui a comprobar su amor
Pero estará hoy
Rezo a Dios en las alturas.

Mi chica no estaba. Leonard Cohen.

Sé que el mundo
aquí en la tierra
puede ser algo malevo,
despiadado e irreversible
en su agonía.

Duele, pues
es un dolor que se hace grande
mientras pasan los misterios
uno a uno develados
con tal furia
que es espanto, todavía.

En mi cuerpo
siento ahora
el sinsentido de una lucha
que al final acaba en muerte,
sin remedio…

Más un río
puso un pez entre mis manos
y también habrá consuelo.
No sé donde
o quizás aquí lo tengo
y no sé abrirlo.

Será lluvia,
un día azul-hondo
que parezca todo hecho,
para hacer de dinamita
y explotar contra el calor
que me incinera aquí en el fondo,
en mi trinchera sin ventanas.

Hubo en día que se fue;
me podía reponer a pesadillas
y seguir soñando dentro de una esfera
que era hielo y derretía.

No podría regresar
porque persigo levantar,
contra el destino,
un corazón sin resentir,
siendo sensible a las maneras
de cortar con tanta angustia.

Cuando más oscuro se presenta mi interior
no puedo ir en contra de él
que ve acabada la esperanza.
Sin embargo hay consuelo por ahí.

Se ha de mostrar y reponerse;
podría ser que venga en mí
y no he aprendido como abrirlo.

Omar Alej. 

martes, 23 de mayo de 2017

Una rama de mis huesos.

No hace falta decir
que yo soy uno de los impostores,
y ésta es mi historia.

Miles. Leonard Cohen.


A veces pierdo el tren
y ya no puedo devolverme
a mi punto de partida.

Eso suele pasarme,
me pasa a mí y supongo
que les pasa a otros;
pero yo igual me voy.

Me subo al viaje en el que no viajo
y resiento las turbulencias,
el ocio, la incertidumbre,
el sueño que hace el calor
y admiro las travesuras
que inventan los pasajeros más jóvenes.

Es una soledad que endurece
mientras se abre:

Bajo en algún pueblo
y bebo agua dulce junto a una fuente
mientras deleito que resplandezcan
las monedas, ahí;
las que espero que nadie haya tenido que ganar.

Lo que más disfruto estando en mi ausencia
es lo que ya no tengo que hacer,
mostrar credenciales,
sentarme al costado del chico que viaja
porque está huyendo
y todavía llora por tener que irse…

Me centro en seguir,
en llegar a creer que el destino no importa
y rezo en las curvas;
por porque dios pudiera salvarme,
más bien es sentir
que ante el sinsentido solo vale el absurdo.

A veces pierdo el tren,
se me hace tarde
persiguiendo la hora de sentarme tranquilo
y he perdido de vista el recuerdo
de lo que un día sería el motivo
de cruzarme de fuerzas
contra el aburrimiento.

Pero no pierdo un día,
ese nunca lo pierdo.
A cada uno de ellos
le clavo una rama de mis huesos.

Omar Alej. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Al descubierto.

Pero esta vez
el chico no se siente infeliz
con su infelicidad.
El asunto del cigarrillo. Leonard Cohen. 


Qué mañana más terrible
y familiar,
toda llena de minutos.
Un momento
todo en partes
sin ninguna conexión…

Cuando siento que es posible
ser feliz y continuar,
tener ganas y hacer fuerza,
no dudar
y abrirme el pecho sin recelos;
siempre es otro el que lo siente
o ya me he ido.

Como duele mi hombro izquierdo,
de ese lado un oído
y media espalda;
pero no mi corazón, ese no duele
porque sabe que está todo por partirse
y sanará.

Se hizo cierto el terremoto
que creí haber soñado,
llegan tarde muchas pistas;
pero un crimen no prescribe
y el sabor de la venganza  
será grato e indiferente.

Poco importa
cuando sabes que uno mismo
siembra el germen de la intriga
que vendrá después por ti.  
Lo que dije que dolía
ya no es nada,
me bastó con agua fría:

Solo aire que uno aguanta en el fondo.

Hay, de un día para otro,
mil nuevas definiciones
de la propia estupidez.

Y el dolor nos sirve,
para darnos cuenta
de qué tan lento vamos
cuando decidimos ir a prisa
sin querer admitir que los cristales
que nos rajan en la planta de los pies
han subido hasta ese punto de la mente
en el que algo más que el sueño fracasó…

Ya no hace ninguna diferencia
que estuvieras acorralada,
tampoco aquel amor
por el que pagué con el trabajo
de una vida.

Siento odio
y si esto ayer era otra cosa,
podré cambiar y acostumbrarme.

Omar Alej.

viernes, 19 de mayo de 2017

Un Corazón Deep Camboya (Raiz de Plata)

Si estuviera muerto,
me recordé a mí mismo, no las
estaría comiendo. No es tan simple.
Es así de simple.

Simple. Raymond Carver. 


Un corazón Deep Camboya,
lo encontré succionando de un faro
en una noche sin luna.

Hoy ya lo sé,
lo dejó ahí tirado el cuarto rey mago
del que nadie habla porque era discreto
y además se perdió de camino a la estrella
por detenerse a mirar en un burdel del camino
con las cortinas abiertas.

No ha sido bastante,
para hacer fortuna
o negar mis miserias;
pero tiene un motor que echa risas,
que juega a los dados
y dice que viste al último grito
del miedo al silencio.

Es el espejo donde reflejo los sueños
que antes iban desnudos
y ahora están lejos…

No es de nostalgia que muere
y a veces da con el punto más frágil
del futuro imperecedero.

Un corazón Deep Camboya;
uno que da sin pedir nada a cambio,
bobo amiguete de todos los bobos
que hacen con su mierda
un homenaje a la mierda que nos dejaron otros.

Sin más orgullo que el suelo
por el que saca a pasear su escondite;
quiere llegar a la copa
de una gota secando en un agujero.

Hay ciertos sitios de la ciudad
donde no puedo dormir.
Dando vueltas entre las telas,
del mismo insomnio de siempre,
bromeamos a que es un barco acabado;
que yo soy el último viaje
y ahora le toca hundirse.

Pregunten,
hay quien lo vio
y ya no ha visto jamás nada igual:

Tiene espolones, escamas, colmillos
y porque es de poesía su esencia
padece un par de alas gigantes.

Un corazón Deep Camboya
contra los males del tiempo
y en el favor de seguir.
Una trinchera repleta con gestos
de fornicar y vivir
como si hubiera un alma,
para lo roto y enfermo.

Omar Alej.

jueves, 18 de mayo de 2017

A Omar Alej. (Modo Trinchera)

Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.


A orillas del East River. José Hierro.


Decidí seguirte a ti porque ibas solo; si tan solo pudiera escribir de la misma manera en la que recuerda Ismael a un mal-logrado Ahab.

No tenías medalla alguna y tu pasado se abría a constelaciones lejanas que ningún astronauta podía ni siquiera soñar.

Eras tan frágil que al verte los niños pensaban que quizá fuera un árbol la sombra que se iba moviendo al ritmo de un tambor de batalla.

Tu mirada calmada le ponía al edificio vecino una corona de soles que atestiguaban la muerte de una parte interior que no podías enterrar.

No saludaste al profeta ni apareciste a firmar las demandas de los pactantes de paz y de guerra que pregonaban los tiempos futuros del cambio.

Habías seguido la espera del mar por el río y acataste la imagen de tu pequeña libreta sangrando tinta sobre las piedras quebradas.

Tu despeinada capa se recostaba en la tierra besando el calor y la lluvia era un juego entre los vientos de lejos y todas las rejas cercanas.

Paso a paso cruzaste el apedreo y la infamia; mientras que en tu socorro todos los fósiles despertaron de su condición de energía.

Baile que bailas sobre las máscaras…

Si hubiera un fondo en el mar vendría cubierto de piel, de tu piel.

A cuánto más que dijera tu nombre cambiabas de especie con los animales; porque sabias que con ellos podías contar y cazar lo que cae de la luna.

De una tristeza sembrada en tus zapatos azules, un rocanrol de ternura que hacia mudas sirenas de ambulancias y patrullas.

Yo estaba espiando detrás de una enredadera y tú mirabas de frente, sobre los ojos de un espejo que había caído en desgracia.

Pude llamarlos mentiras, todos tus largos silencios y nada pareció corromper a las sales que ibas lamiendo del suelo que ahora estaba inventado por ti.

Estoy dejando de ser porque fuiste una rebelión petrificada en su causal y agonía.

Las decadencias te piensan y se consuela sabiendo que estas por ahí, en algún sitio, sin conocer el regreso.

Mi otra mitad era antes una imposible versión de los hechos; pero mudaste de esquina la pena y me han salido agujeros de balas que no me mataron.

Cuando alguien no sabe los resultados de ir sumando las manos, los pies, costillas y la cabeza; le sucede poder desvanecer al gigante:

Quedó reducido a un cuerpo de cobre por el que pasan fracciones de una envoltura que envolvía una venganza.

Decidí seguirte a ti porque ibas solo; estar más allá, estando clavado en mi propio destino.

Omar Estrada.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Reality Show, literario.

«Un tipo duro, un bailarín indefenso. Un romántico, ¿soy yo por un momento? Un maldito lunático, te llevaré el equipaje. Un mendigo, un hipócrita, el amor reina sobre mí»
Pete Townshend. (Quadrophenia) 


Demasiado cobarde,
para encontrar la diferencia
entre el libro que leyó cuando niño
y lo que cambia en el tiempo
sin progresión ni sentido,
escribe.

Demasiado cobarde,
para admitir si es que no vale la pena
o lo vale…
escribe.

Demasiado cobarde,
para quemar la ciudad
que dice que lo arruina
y montarse en un tren
hacia el centro de la hoguera
de alguna otra ciudad
que arruine a algún otro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para enfrentarse a los miedos
y hacer el amor
como quien nunca lo ha hecho
de espaldas al duelo
de una hipotética ella,
escribe.

Demasiado cobarde,
para admitir lo que sufre
en busca de ser feliz
llevando a cuestas su pena…
escribe.

Demasiado cobarde,
para un golpe en la cara
de mano del marido
de una mujer vestida de rojo,
escribe.

Demasiado cobarde,
para salir sin servir
a la ponzoña que lo reclama
por dentro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para sentir que estar roto
sirve también de reparto
a todos aquellos
que buscan volver del olvido,
escribe.

Demasiado cobarde,
para creer y confiar
en que las manos de alguien
están buscando estrecharse
en las manos de otros,
escribe.

Demasiado cobarde,
para ser natural  
y volver al asombro,
escribe.

Demasiado cobarde,
para alejarse del fuego
que lo esclaviza a seguir
alimentando su llama,
escribe.

Yo hago todo eso que no hace,
lo hago muy bien
y además escribo
y encima lo hago de puta madre.

(Claro, eso es en el papel.
Porque todo lo escribo)

Omar Alej. 

martes, 16 de mayo de 2017

Sabré, sobre mí, apenas nada.

El cuerpo que cacé
Me cazó a mí también
Mi anhelo es un lugar
Mi muerte un velero.


Misión. Leonard Cohen.


Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

La sola envoltura de un dulce
tirada en la calle
y ya estaba apagado.
Condenado al constante diluvio
de dioses que antes de caer
arrancan del cielo la luna,
para dejarla en pedazos
entre los diablos de abajo.

Me gustaba la mar,
no la playa:
es justo decirlo
aún si fue una renuncia.

Disfruté con los besos
y sé que me hice besar con las palabras;
algunas muy ciertas, que no se dijeron
porque estaba claro el final
detrás del brillo de abril.

Cuando has visto brotar a los días en partes de rayos
y de colores
y de pasiones
y de hojas verdes
y de caballos sin montura,
uno debe decir que es un espejismo saberse.

Estaba preparado, para dudar
y ahora solo vuelvo a fundir la moneda
que giraba...

No estoy acabado por eso,
atesoro una piel
que me nace otra vez,
alérgica a ser
cualquier cosa que sea:

Maldición es morir por tan solo un momento.

Sé que nada resuelve
mi espíritu roto
buscando esa parte
que siente le llama
con toda la fuerza
de mi corazón.

Uno va hacia adentro,
escribe del foco
y de una ciudad que nos recoge
como el lomo de un lagarto descompuesto.
Intenté oponer gratitud,
interferir las sombras
con diminutas esquirlas
que alguien sacó de mis ojos.

Me gustaba intuir la columna
de la canción de los ríos;
pero hoy sé que fallé
en todo lo que puede fallar
uno cuando busca.

Sabré, sobre mí, apenas nada.
Hoy perdí esa objeción, otra vez.

Omar Alej.



lunes, 15 de mayo de 2017

Montañas.


<<Te amo tanto >>
Lo dice así,
sin puntos suspensivos
y sin ninguna alteración.
Yo estoy durmiendo todavía;
pero la escucho
y lo que ha dicho despierta algo…

Si pienso en eso,
en lo que valen sus palabras
no me entristece tanta tristeza.
Puedo con días que son amargos
y hasta malditos.

Vuelvo al pie de aquella hoja
de un árbol viejo.
Donde decía
que continuar,
eso es la vida.

Son tres palabras;
pero en su voz
adquieren el cariz de algo importante,
mucho más grande que tantas dudas
de mis instintos.

Mírame aquí,
ya habiendo hecho media jornada
y sin embargo aún en la punta
de las montañas que ella me dijo,
para que fuera:

<<Te amo tanto>>.


Omar Alej.

viernes, 12 de mayo de 2017

Oda a la gente que yo conocía.

No existe arma de mayor precisión; y para defenderse, con una defensa instintiva, de la angustia de la
exactitud y de las claridades reveladoras, se obstinan las gentes en confundir la poesía con la
mentira, la viveza de espíritu con la paradoja.
El poeta es exacto. La poesía es exactitud. Jean Cocteau


Uno, en caso de terror, se recrea en seguir
y en el mundo había gente de gran excentricismo,
con maneras imposibles de abordar la situación…

Podía darme cuenta dónde estaban,
quienes eran y que daban buena onda
con aquel que no sabía distinguir
del impostor o de ese pez asustadizo;

Eran todo cuanto un niño había soñado
que era parte de los sueños.

Conocí a un chaval gallego,
de nombre Artaud, adorador del mar
y alérgico a los pulpos.
A mí nunca me estreso la manera en que bebía
solo vino del peor con agua sucia de los charcos.

No es un mito aquel soldado retirado
que a la sombra de las ramas,
de lo que antes era un árbol,
me contaba que había entrado disparando
en los jacales de una tierra que era negra
y que picaba de calor.
Por la noche –decía él- los fantasmas de esos muertos
le mordían las uñas de los pies.

No iba solo –iba contigo-
cuando vi a tres viejas prostitutas que curaban de la pena
a un borracho de bolsillos descocidos
y sin forma de pagar por los recuerdos
que aquel trio -hecho una suerte de enfermeras,
le contaban y así darle una razón,
para volver a sonreír sin la vergüenza de tres dientes
que en la boca le faltaban.

Amé a Néstor,
un maestro de las dudas
que dudaba por aquello y por esto…
no salía porque iba de pastillas hasta el rabo
y se ahorcó en una fiesta
con el hule que tenían de cortina en la bañera,
miserable hijo de puta: hoy lo extraño.

“Rojo”, el Caddy,
no era el mismo que había sido;
lo noté porque su amante se extrañaba
cada vez que me pedía
que me fuera yo con ella a la hora de dormir.
Su mujer era una amiga incomparable, para él.
Me lo dijo cuando vio que me había hecho una suástica en el pecho
con navajas de afeitar que se habían oxidado en el invierno
en que su padre no volvió de un viaje a Europa.

Cero, Kar y Lucas, eran músicos de culto protopunk´s y narcisistas.
Se tenían por caídos de la viga que conecta a dios con el infierno
y preferían comer arena a salir en la NME;
por supuesto que seguían sin llenar ninguna sala.
Sin embargo a quien le importa…

Conocí a ciertos hombres,
me encanté de inciertas chicas.
Me cuide de Jim el lobo.
Le presté mi americana a un astronauta que tenía mucho frio
y ni hablar de Mirtha Tux “la coctelera”;
pero siempre he sido un mentiroso.

Podría ser que nada fue de esa manera.

Omar Alej.


jueves, 11 de mayo de 2017

Es real porque es muy breve.

Besas mis labios y ya está:
de vuelta a Boogie Street.

Boogie Street. Leonard Cohen.


Todo, todo, es muy breve
¿Cuánto pudo haber durado la creación?
¿Es que dura todavía?

Todo, todo, es muy breve.
Pobre halcón, pobre la cebra;
pobre examen que le hacemos a la vida
y la destruye.  

Nuestro beso en las mañanas
y mi amor todo completo,
aferrado a tus pestañas,
a tus pómulos quemados por orugas.
Te molesta que lo diga y que no calle;
pero es breve.

Todo, todo, es muy breve.

Lo siento,
al final la eternidad se ira volando;
muy, muy breve, como todo.

Si me quieres condenar
y llevar preso hazlo pronto,
ya he salido en libertad
y de vuelta a mis fracasos.

Reflexiono sobre esto
lo he leído en algún sitio, estoy seguro:
<<Aquí y ahora>>
<< Vive deprisa, muere joven
y deja un bonito cadáver.>>
No soy nada original;
pero igual ya se ha acabado el alegato.

Todo, todo, es muy breve.

Sueño y sueño,
con tal fuerza que termino
donde el halo de Morfeo no ha llegado.
Es acaso que termina estar despierto…

La mañana se hincha alegre
como un foco de energía voluptuosa;
voy saltando en la cuerda,
tan cansado como el día de tu mudanza:

La distancia terminó sin que moviera un solo dedo,
eso es arte.
Muy, muy breve, como todo.

No digamos lo que fuimos
porque nunca fuimos más que detectives acabados.
Siempre andando sobre el crimen
que se había cometido justo antes 
y tal vez con nuestras manos.

Hoy te extraño,
tú me entiendes.
Todo, todo, es muy breve
y nosotros no deberíamos de serlo.

Omar Alej.

miércoles, 10 de mayo de 2017

10 de Mayo ¡Madre Mía!

“Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.”


Madre, me voy mañana a Santiago. Cesar Vallejo.


Que nos viva, para siempre,
quien despierta
y se da cuenta que mañana
durará toda su vida.

Todo aquel que deposite su confianza
en quien viene -vía desnuda- del futuro
es necesario y confortante.

Es preciso reclutarnos en sus formas
y dejarnos conducir por sus provincias,
saborear lo que ya saben del sabor dulce y amargo;
empezar a defender lo que han sembrado,
por instinto, contra el mal que hay en el mundo.

Cuando niño quise ser un gran soldado,
no encontré la convicción para lograrlo.
Cambié, luego, de actitud
y juraba que sería el propio Watson,
para un Sherlock acerado y fumador.
Sin embargo me perdí entre los besos y caricias
de cocheras con jardín y olor a fresco.

Al recordar, explota yendo hacia el mar lejos
una mágica hermosura en la cual podía recargar
el mes del año en que volvía
la nostalgia y el pesar de los pesares…

Cuando fechan que es el día de la madre,
en mitad del desconcierto general,
a mi Doña la reparto en cada gota de la lluvia.
Son millares de fracciones
que me cuidan de las hienas
igualito que me muerden.

No debieran de ocultar a las personas
que me dan con la merienda y el ayuno;
pero es mía.

Todavía es imposible no saber
que estaría solo -realmente solo,
a no ser por la hidalguía
con la que vi que era capaz
de impedir la soledad de vez en cuando.

Siempre hay alguien;
lo he aprendido porque quiero estar cauto
ante el auge de los himnos del olvido.

Quedo tuerto y soy el rey de un viejo día.
Donde siguen, para siempre,
los que no podrían devolverse
ni faltar ante los huesos de sus huesos.

Omar Alej.

martes, 9 de mayo de 2017

No estás loco, la real locura da miedo.


Éramos niños, era normal creer que sabíamos algo; sentirnos excitados por la descalificación que nos brindaban los adultos. Todos queríamos ser los más subversivos, estar locos; en contra. Pero había uno que estaba hecho girones y un día no vino más: había renunciado a la renuncia. Fue cuando me di cuenta que sabía algo, la diferencia entre nosotros y él.

Diario de un Moto/Circuito (2017)
Omar Alej.


Yo no estoy loco.
Puede que sí, que tenga puyas
y sueños, miserias.
Alzo la voz, desobedezco;
pero un loco es otro,
es algo serio que no quisiera
ni para mí ni para nadie:

La real locura da miedo…

Vivo mis cosas,
mis cachivaches que cargo siempre
y que pudieran ser confundidos con espejismos
o con delirios de un marginal
y sin embargo, solo es un poco
de insolación o de arrebato

No me hace gracia
aquel que dice que ha sido un loco
por no dejarse de la cordura.
Hay mil fronteras que no son ciertas;
pero esa es una que está muy clara,
tú no estás loco.

Cierto es que vuelas entre los brazos de la ilusión,
que haces guerrillas contra rutinas o aburrimientos.
Danzas el baile de la lujuria.
Sigues creyendo en la libertad
y te emociona romper las tablas
de esas diez leyes que nos prosperan;
más no es locura. Ir de contrario, es obviedad.

Hay un gran cuadro
en esta sala de espera en la que estoy.
Interpreto que todos van caminando,
buscando encontrar un mundo donde quedarse;
los que no aparecen están extraviados
teniendo por mente la cuerda del eco
y no es muy distinto
de lo que pasa estando por fuera de la mesa camilla.
Entre las aves y el viento, pasando.

No es exclusivo de la demencia
levantarse y salir arrastrando la puerta.
No es necesario haber perdido el sentido,
para ponerse a gritar el nombre de nadie.
Es muy normal transgredir, abolir, derrocar,
maldecir, disociarse o romperse.

Yo no estoy loco.
No me fue necesario,
para ver más allá –a través de ti,
fue suficiente quererte
y saber que te quería.

Omar Alej.




lunes, 8 de mayo de 2017

Muchas gracias.

Perplejo ante tu belleza
me arrodillé a secarte los pies.
Con este tipo de instrucciones preparan
a un hombre para Boogie Street.

Boogie Street. Leonard Cohen.


Muchas gracias por no hacer con la distancia tus aromas
y estar lejos, de ese modo escondido en mis fuerzas
y sobre aquello que no logro atrapar con las manos.

Si te buscan no podrán reconocerte,
siempre cambias de interiores las ventanas…

Quiero hacer un texto blanco,
sin sentido. Que se quede con las frases más bonitas
que le broten a este día sin marcarlo.

Más allá de un borrador,
eres ágil siendo presa
y mortal vuelves a ser depredador.
Es de mares tu cabeza
y en tus horas un reloj es sanador.

Yo te quiero
porque suelo ir queriendo a los extraños:

Quiero ver los ojos grandes de sorpresa
que se ponen cuando cuentan sus relatos
los mareados por las dudas.

Eres casi angelical;
Pero no hay ángeles acá, para aplastarnos.
Solamente mucha gente que nos quiere convencer
de que ha caído el cielo azul
y que hace helada en la parada de autobuses
que están listos a zarpar hacía el verano.

Corta en rajas el obturador de un lacrimal mirando abajo.
Hazte trizas frente a ti en el espejo
y si has logrado la victoria y la derrota, perdóname:

Es por adentro que está pactado el porvenir
y si queda quien entienda lo que digo
habré fallado al decirles que yo amaba hasta el más ligero día;
recordándote partir en dirección contraria,
rumbo al fuego.

Cuesta arriba, tropecé.
Me lo advertiste.
Sin embargo ha sido un hito pervivir
y estar ahora ante el futuro, frente a ti,
con vista entera de la luna en la mirada
y sabiendo hacer llover gotas de te
que hacen crecer las margaritas.

Omar Alej.

domingo, 7 de mayo de 2017

Tú eres todo.

“He soñado una fuga. Un <<para siempre>>
suspirado en la escala de una proa”
Medialuz. Cesar Vallejo.


Una vez que llegaste –apenas ayer-
no quedó nada;
el miedo de abrir a la puerta se fue.
Ya volverá;
pero de momento no queda nada de eso.

Ya no veo los fantasmas de los chicos atados
a una noche de guerra entre la vida y la muerte.
Me has sacado los ojos rotos de antes
y mirarte comerlos me ha devuelto la vista.

No hay vidrios sobre las avenidas
ni bulevares de cristal,
mi dirección ya no arde con fuegos de odio.
No estoy maldito y se nota
que hasta he ganado unos kilos;
de mi urticaria por todo no quedó nada.

Ahora estoy riendo de risa,
viviendo de vida,
hablando de hablar,
jugando de juego,
apostando de suerte.

Esta resaca me gusta,
al recordar mis excesos
no estoy temiendo que llegue el castigo
ni he sospechado de haber pisado la cola de un tigre
que volverá de su encierro.

No podrán dejar de estar hechas las pajas
que se rompieron de frío
ni sacaré del tambor el sonido del hambre;
aún se cuentan de más las peleas entre morder o acercarme;
pero ya a nadie le importa. Porque no quedó nada.

Tú con tus pasos de espuma,
con tu conducta de hacha,
con tu armadura de tiza
y un corazón palo fierro,
has endulzado el coctel
de mis pastillas gigantes
contra el dolor de consciencia.

Una vez que llegaste –apenas ayer-
no quedó nada.
He preguntado por mí
y me contestan que se me ha visto rondando
con una semilla entre manos.

Omar Alej.

sábado, 6 de mayo de 2017

Son mis héroes, mi alegría.

"¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo, soy grande, contengo multitudes."
 Walt Whitman


A ellos cedo la palabra
sobre todo cuando creo que tengo
mucho que decir, para callarme.

Me detengo los impulsos  
y recuerdo que tal caso
me ha venido del parlante
y de las letras
que me mueven a moverme
e ir buscando mi memoria
en las historias de románticas batallas.

Los de siempre;
los que saben -sin saberlo,
colocarme entre los ojos
vistas bravas al confín de mi emoción
y un estrabismo.

Es Sabina, es Andrés, Es Fito Páez
y es siempre Charly: siempre es Charly.
Los más viejos pararrayos que llegaron,
para hacerme ser de lluvia.

Me despojan de elementos
con los cuales pueda herirme
y me suben a una noria
donde veo, al ir girando, como pasan junto a mí
el propio Dylan, Leonard Cohen,
Muddy Waters, José Hierro,
Jaime Gil de Biedma, Echenique
y los Heraldo Negros de Cesar Vallejo
(Cesar Moro, Julio Ramón Ribeyro y Kavafis
tienen tos por eso plantan espirales con el humo
sin moverse del portal hecho con llamas).

Si decido que es silencio
lo que pienso al volver a aparecer
en aquel patio con el miedo,
me transgrede Baudelaire.
Luego monta en mis tristezas;
me hace alado y escapar del laberinto.

Hombres buenos con miserias
y ternuras y motivos y pasiones.
Y algo en mi muy obsesivo
me sugiere que también pactan manías.

Raymon Carver, Philip Roth,
Hank Chinasky, el de Bukowski,
Henry Miller, Dostoyevsky,
Joseph Conrad y Cioran,
son más altos que en persona.
Hablan menos de lo que uno supondría
y además les gusta ver
mientras Walt Whitman siembra un beso
bajo el Oscar Wilde de Dorian Grey.

No son tantos
pues supongo que habrá al norte y en el sur
otros presos de los mitos
que tendrán parcelas más condecoradas.

A mí solo me acompañan los fantasmas
de Henry James y de Charles Dickens,
para su conjura tengo al pie de siete lirios
la sagrada oscuridad de Borges, Jorge Luis.

Tantos son los que me hablan
y me emplean, para ser de ellos corriente
hasta quemarse en el desierto,
agolpándose al oído de Teseo.

Pete Doherty, “Keef” Keith Richards,
Allan Poe, Pablo Neruda más Nick Cave,
dejan lejos de perderse a mis seis seises.
Me convocan a las puertas del infierno
y ahí están sin separarse Mary Shelley
y Lord Byron.

Tocan rápido al cristal de la ventana,
me suspendo el respirar y aguardo que se vayan;
pero insisten y el sonido del crujido es incierto.
Puede ser que no sea nada
o tal vez es Mister Hyde que otra vez ha diferido
con Ahab, el capitan.

Cuando salgo,
ante la luz,
desaparezco;
pero vuelvo a estar dormido
en un sueño alucinante:

Ahí mismo junto a nadie coquetean con el aire,
Miguel Hernández y Chet Baker
mientras dan a Gustavo Adolfo Becquer y a Miles Davis
la pasada de palabras, por minuto, que dejara Lenny Bruce
por estar siempre abrazado a su copia del antiguo testamento.

A ellos cedo la palabra,
sobre todo cuando creo que tengo
mucho que decir, para callarme.

Omar Alej.