jueves, 20 de abril de 2017

Zorro y Cuervo, igual a Ciervo (Matemática Mayor)



No dejaba de llorar. Aquel duelo se sentía repetido y ensayado. Como el acto de una obra teatral que ha perdido el ritmo; a la cual los actores han percudido, causando una memoria ensombrecida. Lloraba como si el llanto fuese un ahogo. Inmediatamente después hablaba con crueldad de los vicios y defectos de la realidad. Volvía al mismo punto una y otra vez ¿Cómo no sentir que era mentira? ¿Cómo no sentirse profundamente desilusionado del poco dolor con el que sufre la fauna?

¿Recuerdas cuando creíamos que al final de las mesetas nos convertiríamos en bestias y tendríamos, para servirle, a un ciervo?
¿Qué sería yo? No lo recuerdo
Tú serías un zorro; pero te quedó tan bien el negro: Te hice cuervo.
Y tú un zorro…
Volteados, también, de cabeza, de revés y viceversa.
Cuénteme, el cuento ¿cómo era?

Incluso a mí como cronista me exaspera que no cuenten con los lagos, con los ríos, con la piedra que sostiene la montaña. Animales, sin saber que ahí está el sol sobre las hojas en la copa de los arboles: facto a blanco y negro y otra vez nido y madriguera arden. No dejaban de besarse, por los codos, por el rictus del dolor. Amarrados a la trágica lineal de los arcángeles del cielo, cuando bajan por un trago de amor, consumo divino.

¿Recuerdas cuando creíamos que al final de las mesetas nos convertiríamos en bestias y tendríamos, para servirle, a un ciervo?
Dímelo otra vez.
Te quiero.
Suena a algo que olvidaste y de pronto lo recuerdas.
Nunca es así. Cuando lo digo es por decirte que te quiero. Siempre queda tiempo, para no quererte.

Si tan solo hubiera llegado un emisario a esa hora. Y trajera en un sobre las bocinas de los autos, el ruido de las tragamonedas, el sonido del cambio de color en un semáforo. Si tan solo las gaviotas, coralillos, avestruces y marimbas; hubieran concertado códigos postales de sonidos, para enviarla a la galaxia en una sonda espacial. Sin tan solo se rompieran y el arpegio de romperse regresara en bucle la harina con la que se quema el pan de los velorios.

¿Recuerdas cuando creíamos que al final de las mesetas nos convertiríamos en bestias y tendríamos, para servirle, a un ciervo?
Ahora solo puedo saber lo que hay al centro de las líneas de mis manos.
¡Claro! Pero yo lo dije antes <<los caminos de regreso se sienten más breves>>
A donde regresamos nunca existe ni existió ni volverá a existir.
Eres de un optimismo irreductible cuando se caen las estrellas como si fueran esferas de navidad durante un temblor en primavera.
No son más que palabras, como trampa o captura o pincel o bastidor o peluquín o Amígdala.
Ya no digas ese nombre, olvídalo.
Amígdala, Amígdala, Amígdala, Amígdala.
Le encantaba decir su nombre. Pobre ciervo.

Sin querer, mientras comía, se tallaba la nariz y la parte exterior de su pata derecha se llenó de mocos. Al final se la mordió junto al gusano amarillo. Otra vez sexo asustado, contra el viento y montando alrededor de las raíces de los números primos. Pecho con pecho, hocico con hocico, patas contra patas, soledad a soledad. Enredados sin poder distinguirse ¿Quién peinaba a quién? ¿Cuánto es pluma y cuanto es pelaje duro?  Reino de los lobos, ¡NUNCA MÁS! Aquí y ahora. Pecho con pecho, hocico con hocico, patas contra patas, soledad a soledad. Costillas rotas, corazón elástico, desintoxicación, síndrome de abstinencia: patología-sana-colectiva-abrazable-a los enchufes-del estudio-marítimo-de grabación-de voces-de cochinos. Enredados sin poder distinguirse ¿Quién peinaba a quién? ¿Cuánto es pluma y cuanto es pelaje? 

¿Recuerdas cuando creíamos que al final de las mesetas nos convertiríamos en bestias y tendríamos, para servirle, a un ciervo?
Nunca estuve tanto tiempo en un lugar sin aire acondicionado.
Qué calor fundamental.
Me gusta aprenderme tus sueños. Sueles soñar como si las cosas fueran de gas. Por eso deje de fumar, temía que explotaras mientras duermo.
Igual. Hasta los inodoros son ceniza. Eso ya pasó.
<<Eres de un optimismo irreductible cuando se caen las estrellas como si fueran esferas de navidad durante un temblor en primavera>>.
Vas acabar con las baterías. Apaga ya el grabador.
Es que me gusta atraparte ahí dentro.
No estoy atrapado si nunca he estado afuera.
No temas, el ruido en tus oídos ya se fue.
Qué alivio, pensé que no lo soportarías.

Zorro y cuervo. No para siempre dejaron de hablar; convertidos en hombre y mujer, cruzaron la estepa y al final con piel humana, homínidos, se percataron que la profecía los había convertido en señuelos. La recompensa era a cambio de un final feliz que no podían proveerse sin la invención de la ingenuidad; pero ya no lo eran. Los dioses del lodo se llevaron el fruto de su degeneración.

¿Recuerdas cuando creíamos que al final de las mesetas nos convertiríamos en bestias y tendríamos, para servirle, a un ciervo?
No son más que palabras, como trampa o captura o pincel o bastidor o peluquín o Amígdala.
Ya no digas ese nombre, olvídalo.
Amígdala, Amígdala, Amígdala, Amígdala.
Le encantaba decir su nombre. Pobre ciervo.
Omar Estrada.

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