lunes, 3 de abril de 2017

Relato. Qué me traje del bosque.

«Toda mi filosofía se reduce a que la crueldad de la historia, la imbecilidad humana y los zarpazos de la naturaleza no me cieguen hasta el punto de ignorar que éste es el momento idóneo para plantar berenjenas.»

Resistente. Manuel Vicent.


El sonido de una pelota de futbol que se impacta con los pies de Bella y Bello. Un sonido que hipnotiza, que va y viene. Tanto ella como él desconocen lo profundo que me hurga su postal de uno en dos, reconvertidos y además atemporales. Con los años de otra vida, ahora expuestos; me giro, para ver como el cielo es de un azul casi inocente entre las ramas. Estoy sobre una hamaca y estoy feliz de un modo calmo. Es como una felicidad haciéndose despacio, sin alarde y por una vez, sin hilaridad. También se vuelve triste recordar que de todo este viaje, apenas me es posible capturar lo imprescindible. Me balanceo sin esfuerzo, suspendido por la tela entretejida, sobre el viento que me lleva. El sonido del balón suena, ahora, como si estuviera bajo el agua y las palabras que ellos dicen son como lo que puedes imaginar que se dice una pareja en un jardín botánico.

Pronto tendremos que irnos, un breve fin de semana dura muy poco cuando se inicia el sábado a las ocho de la noche. Al llegar, el día de ayer, Bonita y yo –que soy Bonito, veníamos encantados de un camino sin asfalto y encerrado por los pinos al costado, que son los centinelas de un secreto que se deja descubrir a cada uno en su manera. Adelante, junto al fuego, en la cabaña, estarían Bella y Bello compartiendo alguna copa junto a Guapa y Guapo. Hace tiempo yo no hacia una excursión y creía haber perdido esa parte de mis sueños entre tantas pesadillas, día con día. Más la vida solo es cambio, entre tales compañías se compuso una canción que recordaba del desierto de Sonora y los bosques de Jalisco.

En la madrugada hemos ido a un mirador impresionante, el abismo a nuestros pies estimulaba la idea de una idea que podía conformarse con las ideas de todos. Las estrellas, de tan cerca, se podían escuchar revoloteando de contentas y no sé a quién; pero a alguno de nosotros le entregaron una dosis de esperanza y un cetro fugaz, para reinar a las criaturas de la noche. No lo puedo recordar pues me ocupaba de mi copa y de hacerle a la ciudad a la deriva un motín. En la ida y al regreso, Bello ha estado muy gracioso y divertido. Se escondía, haciendo ver que aquella oscuridad -de tan oscura, no tenía ni una sombra. Es imposible describir que al caminar no veníamos de regreso ni partíamos. Solo andábamos y era andar como si nada más pasara entre tanto que pasaba en otros sitios.  Con Bonita me agarraba de la mano y de pronto ya no estaba. Guapa y Guapo conocían su silencio y se hablaban porque estaban tan unidos como el sol a la montaña; ahora dormidos. Sobre imágenes inciertas logro ver ese momento en el que Guapo me gruñó por no estar viendo hacia arriba: cuando brotan otros cielos es en parte porque fuiste un pescador, un jardinero y un amante que ha creído en la paciencia.

Al volver, en trávelin, de aquella punta de la noche, nos hicimos, con el fuego del licor, una fogata descompuesta, voluptuosa y fulgurante. Lo que hicimos se perdió porque era un mensaje, para echar en la botella. No recuerdo ni los chistes ni el sentido de las bromas ni de qué nos olvidamos; pero algo dentro de mí se sigue riendo, estoy feliz: no quisiera alejarme de un camino que va siempre de subida. Justo hoy por la mañana nos salimos a beber una cerveza e improvisar un mini campo de futbol. Bello y yo, ante los ojos de Bella y Bonita, compartíamos la gloria de los goles y otra vez –una vez más- nos sentíamos muy lejos de saber alguna cosa sobre el mal o sobre el bien. Vino Guapo y vino Guapa y al venir traían con ellos una puerta que al abrir nos conducía al presente y nada más; pero con vistas al volcán.

Nos sentamos a crecer en pleno bosque ¡Era el bosque!

Animados a seguir sin ignorar ningún regalo, dirigimos lo que fuera que quedara de nosotros al peñón de una cascada que nacía a la altura de la punta de los pinos. Bonita estaba en modo cine y yo atracaba los paisajes a punta de cámara fotográfica. Les hice fotografías pensando que Bello era un jefe indio, que Bella era una amazona, que Guapo era un espartano, que Guapa era una vaquera y que el resto de la imagen era el bosquejo –encantado, de un pintor ciego de vino. Cuando el agua y Bonita se entendieron, hubo luz que los unió y yo atiné a disparar: la capturé y siguió en el encuadre sin salirse de ese margen, hasta bajar e ir regresando en el cuidado de sus botas Timberland. Qué delicia aquella mesa con nosotros justo atrás de nuestras caras de cansancio y vanidad recatada. Qué cómodos y frescos nuestros viajes al futuro por venir.

Aquí estamos de regreso, a punto de irnos. Dejaremos la cabaña, las estrellas, a los pinos, la pelota, aquel río, la cascada, los disfraces y esta hamaca en la que voy y luego vuelvo. Dejaremos estos días (yo, personalmente, los pondré como esa fecha sin reloj y sin rutina; junto al aire). Escucho la pelota impactarse en los pies de Bello y Bella, suena como el track de una aventura al acabarse. No es por miedo ni nostalgia que quisiera que durara un poco más. Sin embargo me propongo regresar alguna vez y me levanto con la firme idea de continuar aquí sin haberme ido. Es un plan secreto que no cuento a ninguno porqué hacerlo les podría resultar algo invasivo y hasta cursi. Lo mejor es que no sepan que he guardado cuanto pude y ver sus rostros de sorpresa cada vez que los recuerde y no sepan cómo fue que han regresado a estos días. Es un viejo truco que he ido perfeccionando. Es así como no pierdo el camino de regreso a la alegría.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Me gustó muchísimo!! Lo imagine todo, incluso pude recordar algunas de mis visitas al bosque, lo extrañé. De repente sentí que estaba acompañándolos también… me gustó mucho esa calma, ese momento feliz en la hamaca, el viento, casi puedo sentirla también, y olvidarme que estoy en una silla de oficina, con 4 paredes a mi alrededor… :( jajaja ay no!!, siento que se me va en un suspiro.. me gustaría quedarme ahí “Más la vida solo es cambio” que sea así por siempre. Me gustó mucho imaginar el mirador, ese abismo, el vacío, la inmensidad de la obscuridad, y del cielo y las estrellas, ser un punto en el espacio… ___ y ame esa parte de la esperanza y el cetro fugaz, para reinar a las criaturas de la noche! a lo mejor Max también iba con ellos. :) ahí en esa parte del camino que no era de regreso ni partida, me recordé, pero se me hizo tan lejano, como si hubiera pasado hace tanto, igual y hasta me lo invente, pero también tuve esa sensación de familiaridad con ese momento en particular, de la obscuridad sin sombras, y solo andar… me encantaría estar ahí. “Conocían su silencio y se hablaban porque estaban tan unidos como el sol a la montaña” que cosa, me gustó mucho esa, mucho! “…. y un amante que ha creído en la paciencia.” No sé porqué pero se me hizo bolas la garganta cuando leí eso de otros cielos brotando… “crecer en pleno bosque” :) Me gusta imaginar esas fotos. Me gusta mucho imaginarlo, el bosque y esa excursión, y ellos pasándolo tan bien… “en modo cine”.. Creo me toca porque hace mucho que la anhelo, como si empezara a sentirse justo como lo escribes, como esa parte perdida de los sueños… eso me da un poquito pa’bajo. Jajaja masomenos, creo más como un columpio que va de arriba a abajo. Jaja me entiendes verdad? ja. “Es así como no pierdo el camino de regreso a la alegría” pffff amo mucho eso. Ese viejo truco, de no irse, de dejarse un cacho ahí, de guardarse lo mas que se pueda, de un regresar inesperado… me gusta mucho porque, me lo imagino no solo con una ida al bosque, siento que es así, como se guardan cosas en el tiempo, como se hacen atemporales, como no perderles el rastro ni el camino de vuelta a ellas, a la alegría. __
creo estoy conmovida jajajaja

FloresFer.