jueves, 6 de abril de 2017

Por ti.


A un niño con quemaduras le gusta el fuego.
El retrato de Dorian Grey. Oscar Wilde.


Por la cabeza del fósforo al arder
y la idea que registra de un instante.

Por los fuertes ventarrones de un deseo
postergándose detrás de una puerta sin mirilla.

Por las manos de los viejos enlazando
a su memoria con el golpe de las horas que se van.

Por las rosas dentro del florero de tu vieja, corazón
marchito.

Por tus ojos que son pases de abordar a mis preguntas
¿Hace cuánto que lo sabes?

Por la vida que dejaron,
de camino a socorrerse, los valientes.

Por el pacto entre canción y revancha.

Por volver a estar dispuesto a una emoción
aunque nos pierda y luego extinga.

Por celebrar con resistencia -justo ahora- cada lucha.

Por resistir con inocencia a nuestras culpas.

Por lo fría que es el gua de los ríos en la cima
y lo cálido de ver que se desborda más allá de lo que muestra.

Contra aquello que nos pasa
lastimando el juego limpio:
Golpe a golpe.
Beso a beso.

Contra el bajo frenesí de quien calcula
y hace tratos con la ley de los más fuertes.
Contra el miedo. Cada día. Contra el miedo.
Porque temo. ¿Miedo de volver o de marcharme?
No lo sé.

Por los sellos en las hojas que se quiebran en otoño
y desparraman un montón de nuevos dioses.

Por el cambio de posturas -de estación en estación.

Por el tren que lleva al sueño
hasta el caudal de la ternura.

Porque soy mitad mi dueño
y también seré mi esclavo, hasta el final.

Por los grados que el amor
hace inclinarse a la vergüenza
y a la pena.

Por la fiera dentadura del futuro
y por las marcas de mordidas
que quedaron de pasar por el pasado.

Por los locos que se tienden al abismo
y hay un cuento por aquellos que los llaman alistarse
como obreros de la nada y nada más.

Y por ti.

Porque en una palabra haces que sentir se vuelva ser
y te dejas otros días. Porque matas con tal gracia la esperanza
que me alegro de creer que ya este mundo se ha acabado.

Omar Alej.

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