lunes, 17 de abril de 2017

Liro is my beach.


Había un chico extraño. Unos los llamaban de un modo y los otros de otra manera. Podría asegurar que cada uno tenía un modo distinto de llamarlo. Una vez rescató a un pájaro de entre los matorrales. Aquel día no había nadie mirando; pero al regresar nos dimos cuenta que el sonido del ave atrapada -de hacía días, ya no estaba. Buscamos el cadáver del pajarraco entre la hierba y no estaba, se podía sentir que se había liberado. Y fue aquel chico, fue él.

Diario de un Moto/Circuito (2017).
Omar Alej.


Liro cuida a sus aves
de los arrebatos de una tormenta
y de quien caza sus cielos aparte.

Sale muy temprano a contarlas
y si alguna regresa después de sus horas,
Liro -en lugar de reñirle,
hace que les cuente  a todas sus hermanas
de donde ha venido;
qué vuelo ha dejado posarse a través de sus plumas.

Liro les habla
y les hace fotografías, para captar
qué son nidos y cruces de frontera.
Se lava con agua de mar
las locas distancias que emprenden
por ser sonido de vientos
que llaman a calma los ríos.

Yo lo he conocido negando mis alas,
porque me ha sanado de las heridas
que hicieron mis leyes a mis propios caminos.

A Liro lo encuentras
formando filas con algunos niños que se sienten solos
sin isla o naufragio.
Es un viejo amigo del tiempo
y relojes aliados descontaminan sus horas de sueño,
para que pueda ver como se desvisten minutos
que arropan en un girasol.

Dedico esto a Liro que ha sido valiente,
como aquellas olas que salvan navíos
de las embestidas del miedo.
Lo multiplica el sonido
de la noche quebrada
sobre las costas del sur.
Viajero incesante en la roja montura
de un horizonte amarillo.
Qué bello aspecto de sombra
y de nube,
suave ventisca con ritmo de arena
amando el silencio.

Liro cuida a sus aves,
las llama con nombres
más vivos que el olvido;
con pieles más tersas
que la memoria.

A Liro que es
y no olvida,
fue un pájaro herido.

Omaral.

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