miércoles, 19 de abril de 2017

Breve (aunque sea ingenuo) relato porno.


Ah. Eso.
Eso era lo que me preocupaba
esta mañana:
mi deseo ha regresado,
y te vuelvo a desear.

Preocupado esta mañana. Leonard Cohen.


Si uno quiere pasar de la vergüenza al calentón primero es necesario saber que las cosas cambian. Ayer, por ejemplo. Después de haber visto un partido de fútbol, me quedé dormido en el auto, sin camisa y con las ventanas abiertas; ahí mismo en el estacionamiento del estadio. Cuando desperté, sobre mí y adentro del coche, había todo tipo de basura que –supongo, la gente que pasó por ahí me iba dejando a modo de burla o desprecio. No lo cuento con la intensión de ser gracioso, mucho menos con la idea de convencer a nadie de que, bajo el debido contexto, siempre hay redención. Una mierda. Lo cuento porque después de mis –cada vez más esporádicos, actos sexuales me gusta escribir. Llámame idiota; pero desde que recuerdo haber insertado mi pito en alguna lubricada –o no- vagina ha pasado lo mismo. Siento la necesidad de escribirlo. Siendo que yo creo odiar el chisme y la insufrible voluntad artística de algunos miserables. Sin embargo acá estoy y es esta la historia que va surgiendo después de haberme corrido sobre las tetas, en forma de mango, que tiene Yesenia.

<<Estás más buena que antes. Después de la última vez que te vi pensé que no nos volveríamos a ver. Honestamente me quitaban las ganas tus vestiditos de flores y tus peinaditos de tendencia. Además de que, por el pedo que traía, había vomitado mientras me chupabas los dedos. No importa, son tonterías. Estás mejor ahora que ya no te patrocina el salón de belleza ni las boutiques, tu noviecito el putero. A lo mejor no te lo dijo o a lo mejor no quisiste escucharlo; pero ese puto es un putero. Incluso la tarde aquella cuando llegué borracho a tu casa y lo estuvimos haciendo desde la sala a tu cuarto, me di cuenta. Sobre tu almohada había un rastro de brillos que tú no acostumbras usar. Era como si una cara que había estado metida entre un par de tetas, rociadas con brillantina, hubiera llegado a dormir hecho una cuba. Aunque también, en tu defensa, debo decir que la forma en la que usamos la caja de la lavadora nueva fue magistral. Tú proyectabas tu culo hacia mí, como si fueras la esfinge de una perra dispuesta a salir disparada detrás de su presa. Todavía me sirve, para jalármela o incluso, para imaginarte cuando follo con alguien; así sea contigo. Acuérdate que yo te iba atacando muy duro: contra el sillón rojo de tu sala. Estabas de espaldas a mí y hasta te salieron quemadas en la parte de arriba de las rodillas por la tela floreada y áspera de esos sillones horrendos en los que te hacia los videos porno que enviaríamos a tu padre si el culero viviera. Tú recién despertabas y yo tenía varios días sin llegar a mi casa, apenas crucé la puerta y ya te estaba sacando la ropa. También nos pasamos a las escaleras. Ahí sobre los escalones -y como yo no tenía la verga tan dura- me la comías completa y yo me echaba a reír porque habías hecho desaparecer mi pinga. Me acuerdo que usamos todos los cuartos, el tuyo, el de tu mamá y el otro; en el que estaba puesto nomas un colchón. También nos metimos a la bañera, tú estabas reglando y a mí se me ocurrió que mientras nos fornicábamos corriera el agua manchada en sangre: muy de película romántica; según Arrabal.

Nomás de contártelo ya me estoy empalmando. Hace un ratito cuando te pusiste contra la pared y yo estaba comiéndote el chocho hubiese querido que me echaras orina en la cara, justo ahí tenía la nariz ¿sabes? No sé, me hubiera gustado. Creo que nos hubiera unido mucho. Yo sé que tú piensas que no sirvo pa más, que pa decir idioteces; pero cuando te ríes de eso, de lo poco que soy (aunque sea ingenuo) me siento importante. Tú estás tan rica en tus carnes y además esas cosas que haces con mi pájaro adentro de tu vagina; a veces hasta siento que me vas a arrancar la macana de tanto que me aprietas y que se te va a quedar ahí adentro como un tapón de tina de baño o jacuzzi. Uy, no quiero ni imaginarme como es cuando lo haces con otros, hijos de puta: nadie además de mi debería de disfrutarte y seguirte como yo lo hago. No digo que no te los cojas o que no te dejes coger. Digo que guardes, para mí, tu lado más sucio y salvaje. Ojala no dejaras que nadie se sintiera un amante increíble cuando está contigo. Ojala que pusieras cara de tabla de multiplicar cuando hay otro hombre queriendo llevarte hasta el cielo de los gritos y gemidos. Ojala que no le pidas a nadie más que te la meta o que te tiren la leche en la cara, aunque después te ardan los ojos. Eso deberías hacerlo solo conmigo y tan solo tú y yo saber cómo hacerlo. Es que te amo, Yesenia.

 No cambiaría por nada del mundo, la forma en la que me montas; casi quisiera que sacaras una cuerda y me lazaras como si fuera un caballo. Me pone muy caliente tu mano derecha sobre mi pecho y tu mano izquierda en mi muslo derecho, arriándome hacia a ti como si te doliera lo que dejo afuera y no lo que pones adentro. Siempre prefiero quedarme como si fuera otro hombre, nomas mirando como abres la boca, como suben y bajan tus pezones duritos y con ese sabor tan a plátano frito. Nomás piensa en la vez que lo hicimos con el otro amigo tuyo, aquel que tenía dos veces mi pito y un abdomen de acero. Aunque estaba triste por que saldría perdiendo en las comparaciones, me puse por la labor y tú bien hermosa, toda cachonda conmigo, por cómo te comía los pechos. Antes ya me habías enseñado dónde te gustaba que te mordiera o pusiera los labios. El otro muchacho no sabía ni que hacer ahí entre nosotros, con su fierrote y nadie que lo pelara. Fue cuando supe que eres buena gente y que tú corazón era todavía más hermoso que tu precioso culito, ese que tienes como en forma de un durazno todavía verde. No vayas a creer que fue por haber estado pensado en todas estas cosas, durante los tres meses que no nos hemos visto, que acabé tan rápido y tan torpe. En parte sí. Digo, me la sigo jalando dos o tres veces al día, sobre todo ahora que no tengo trabajo. Ha resultado una forma agradable de volver a coger sueño o de matar el hambre o de quitarme malos pensamientos. Hasta me hago las mismas cosas que me hacía cuando era más joven y no podía –ni quería- controlarme. O me cojo a mi cama o me pongo al pie de la puerta ingresando por el marco solo mi pito, imaginando que me podrían estar viendo. Pero bueno, lo que te decía es que no es la razón por la que terminé tan rápido. Tienes que admitir que me estuviste chupando de un modo en el que resulta difícil contenerse. Me estuviste lamiendo solo el tronco y cuando llegabas a mi cabeza tallabas de modo muy suave con los dientes, eso es muy bestia y muy divino a la vez. Los lengüetazos a mis bolas no eran los de siempre, en esta ocasión parecía que lamias de la alfombra una capa de miel recién derramada. Y cuando nos giramos y empezamos a hacerlo como lo hacen los perros, levantabas tu cola de un modo en el que era imposible aguantarme, te quiero Yesenia.

Hagámoslo otra vez antes de que te vayas. Hagámoslo debajo de las cobijas sin pretensiones y sin  ninguna pirueta. Solo hagámoslo así, yo arriba de ti hasta meterlo todo, sin ir venir; quedándome adentro, solamente empujando. Me gusta cuando me quedo quieto y me reclamas preguntando qué es lo que hago. Eso me pone burro y hace que se me volteen los ojos hacia adentro de mi cráneo: donde hay mujeres desnudas bailando mientras otras mujeres desnudas escriben a máquina. Otra cosa muy buena, es cuando estoy por venirme y me aprieto a tus brazos e intento aguantarme; cuando lo logro se siente muy bien, cuando no lo logro se siente mejor. Qué ganas me han dado. Por favor no te vayas. Déjame comerte y mientras te como meterte el dedo en el ano, suavecito, mojadito y muy despacio. Pareces un gato jugando con una bola de estambre cuando subes tus tobillos hasta tus orejas, parece que con tu cuerpo hicieras un volcán y que los labios de tu vagina fueran el cráter. Yo me quedo muy a gusto hundiéndome en tus jugos vaginales. Y el olor que desprendes me hace recordar el cuarto donde mi tía tenía la televisión, olía a ese polvo para el cuerpo de la marca Maja. Es ilusoria la pasión, tienes razón; pero es que si te vas solo me queda lo ilusorio de ella. Ponerme a escribir, para prolongarte y al final jalármela tres o cuatro veces, para seguirte contando. Cuanto te deseo, Yesenia.>>
Omar Alej.

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