martes, 28 de marzo de 2017

Pero la luna no estaba.


Cuando tenía quince años
seguí a una hermosa chica
hasta el partido comunista de Canadá.

Entonces también acabó la fiesta. Leonard Cohen.



A veces me pongo de parte
de un muy terrible enemigo.
Me hace ilusión conquistarme
siendo traidor a mi anhelo.
En un momento cualquiera,
mi vocación pudiera ser la navaja
que me han clavado en la espalda…

Es el oficio de tonto
que desempeño en favor de la historia.
Porque importante es que pasen
todas las cosas que pasan del otro lado del tiempo.

Sé que tenías los labios
como a puntito de un beso.
De voluptuosa silueta y hechos con fuego
del boca a boca, con hombres
que se cayeron del cielo.
Listos para acurrucarme,
como a puntito de un beso.

Afuera,
sobre la calle no había caído esta lluvia.
La que me moja y te pienso,
húmeda y con el alma desnuda
haciendo bucles de danzas primitivas.

Algo contaste de ti,
algo sobre la armada de ideas
que florecían de tu vientre;
pero no pude escuchar.
La ola de lo que serias, para mí,
rompía contra los cristales
de aquella puerta cerrada.

Había un castillo en el aire
y dos corceles y un barco,
para poder escaparnos;
pero fumamos tranquilos.
Los humos en ese momento
tenían la forma de un vicio
del que queríamos dar de probar
a la gente. Porque era desconocido.

Yo contenía mis manos
y tú contenías los misterios.
Me recordaste el calor
de otras formas de belleza.
Estaba a punto de entrar
en tu verano y cascada
y a punto tú de romperte,
preferiste otra calada del veneno.

Sabiendo que el juego es breve,
cuando se juega sin reglas…

Yo hubiera sido tu hombre,
la forma de un gran poeta
y tú la mujer que rompió
en dos mitades Camboya.

Pero la luna no estaba.
Quizá se la hubiera llevado
-junto a mis hijos, alguna ex esposa
o algún novio que hubieras situado
dentro de una trinchera, para que te esperara
con las estrellas calientes. En una copa de cristal de Bohemia.

Omar Alej.

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