martes, 14 de marzo de 2017

Omar y yo.


“El extravío es el regalo oculto de la verdad”.
Martin Heidegger

pic, By; Extraña.

Él tenía entre las manos un periódico de tres días antes. Lo supe pues en la página doblada aparecía el resultado de la derrota de México contra Venezuela, en la serie del Caribe, con una extensa crónica que yo –en realidad, ya había leído. Mi intención no era charlar ni mucho menos. Solo por distraerme es que estaba intentando seguir la noticia que ya conocía; supongo la cara que tendría pues al verme me ofreció el diario de manera amable. Sin embargo –ahora sé, también con el implícito intercambio de una conversación, de la cual me habría escapado de no ser porque tenía tiempo y ganas de salirme de la idea que rondaba en mi cabeza como un bucle <<¿qué tan malo es percibirse como alguien con derecho a ser feliz?>>

Toma, ya lo he leído -me dijo sin esperar a que yo dijera nada.

No, no, disculpe, es que ha llamado mi atención la fotografía -contesté como obligado a una ceremonia que desconocía.

Al momento me di cuenta de que ya tenía abierta la plana deportiva e incluso estaba a punto de empezar a leerla, sin continuar con el protocolo entre nosotros. Al percatarme de mi falta me volví, para mirar y hacer un gesto que concluyera aquel momento entre dos hombres sin ninguna prisa y sin más nada en común que el espacio y el tiempo. Los bancos en los que estábamos sentados quedaban enfrentados entre sí, como si fuera una cabina. Es común en las salas de espera de los hospitales; pero nosotros nos encontrábamos en un centro comercial y en un principio hubiese pensado que él esperaba a que abrieran la cafetería donde venden pastelillos con forma de flores o baúles.

Llevaba un traje de tres piezas en color azul marino, un abrigo café, un sombrero gris y todo su atuendo parecía denunciar el extravió de un maletín. Su cara era amable, con la piel un tanto rosa y los ojos, como granos de café, no ocultaban ni arrogancia ni soberbia. Por mi parte estaba ahí por mi propio temor a continuar dentro de casa e iba vestido con esos pantalones que -por no tirar, llamo “mis favoritos” y con una playera conmemorativa de una feria en Texcoco. Sé que me había lavado la boca porque recordé el ataque de tos que sufrí al casi tragarme el enjuague bucal.

Yo había recibido, a través de una nota, la noticia de que Sofi no me amaba más y que se iba. Cada uno de los muebles que poseo ha sido comprado en una oferta y se siguen pagando a plazos. Animado por el resentimiento, tenía miedo de romperlo todo y que no contento con eso después decidiera quemarlo. Intuí que lo mejor era salir. Fue como de un brinco, sin percatarme de nada, que ya estaba en la calle y después en ese banco, frente a donde él leía la prensa.

Además del béisbol, ¿le interesa alguna otra noticia? -Me preguntó con un tono paternal.

Quizá mi epitafio; pero no viene esa sección -Contesté queriendo parecer más sofisticado de lo que databa mi atuendo.

Nunca hubo nada diseñado en exclusiva, para nosotros –Susurró después de reírse y como habiendo meditado durante años esa simple afirmación.

No puedo explicar lo alegre que estuve apenas oírle decir aquello. Fue como un abrazo. Como si algo viniera de muy lejos, para abrazarme. Lo que yo antes creía que era la empatía se había deshecho en mi pecho y hoy bordeaba cosas tan obvias como el motivo de la existencia humana o mi sabor preferido al elegir un helado.  En cambio aquello fue como encontrar un amigo, a uno que no conocía y que había anhelado conocer tantas y tantas veces. No es que menospreciara el hacer de toda la gente que conocía hasta entonces; era que ni siquiera existían, para mí. Tan solo aquel hombre diciendo aquella frase me parecía novedoso. Por fortuna y para evitarme un descalabro en dimensiones tipo Jack, en Atrapado sin Salida, también podía establecer que esa alegre emoción, como cada tanto, partía y se repartía desde mi orfandad. Mi padre no me hacía falta; pero su ausencia había determinado muchas cosas en mi vida, por ejemplo la distancia:

Con cada cosa buena que me pasaba de inmediato me encontraba estimando el tiempo que tardaría en colapsar. Así es como era y podía asegurar que así sería estando lejos o cerca de la felicidad.

Hoy hace un día en el que es posible hablar de algunos temas prohibidos –continuó hablando sin dar pauta, para que yo esgrimiera alguna opinión. La primera vez fue que me cansé de esperar. Ya no podía seguir la corriente a esa ilusión de qué hay un momento ideal, para todo. Cuando me despertaba –y siendo aún muy joven, estaba tan duro como un camión escolar de los amarillos que hay en los Estados Unidos de Norteamérica; pero la opinión de Lucía es que era una hora intrascendente y que mi calentura no era más que un reflejo, en este caso, de mi involución. Entonces me mandaba empalmado a aliviarme en el baño y, honestamente, tampoco la noche le parecía suficiente; me pedía canciones de luna, vinos rosados e ir de etiqueta. Su versión del amor era un baile de máscaras que ya se acaba. Yo solo quería follar, entrar en ella tanto como fuera posible, terminar y después empezar otra vez; pero no podíamos repetir, así que cuando algo iba mal o yo terminaba apenas empezar, esa era la historia que había y no admitía redención –acabó de contar, mientras volvía a sentarse como si fuera una esfinge.

Al dimensionar que lo que me narraba no era fruto de la casualidad y que podía ser que también él hubiese llegado hasta ahí huyendo, me dio por hablar sin tapujos y ser espontaneo. Vaya, que puta que era –le dije. Ojala -respondió con media sonrisa y sacando un cigarro del bolsillo del abrigo que hasta ese momento había estado enrollado justo a un lado de él, como si fuera madera.

Lo invité a ir a mi casa con el pretexto de “tener mucho que hablar” y aceptó. No dijimos ni una sola palabra durante el trayecto. Mi invitación consistía en seguir charlando, fumar algo, compartirnos recuerdos y también en una ligera obsesión por remontar la historia de lo que iba a tratar aquel día y demorar el encuentro con mi realidad. Una vez en casa me animé a preguntarle su nombre, para mí era importante saber cómo llamaría a mi contertulio mientras preparaba el café.

Soy Ramos, mi nombre es Ramos -respondió al mismo tiempo en el que andaba la sala con un grillo de piedra que había recogido del filo de la ventana; donde había permanecido acaso semanas o meses. Tú nombre es Omar ¿cierto? –Preguntó con tono de respuesta- No es que lo haya adivinado, viene en este sobre ¿aún hay gente que se escribe cartas? -y volvió al mismo lugar donde se había sentado al principio. En ese momento me sobresaltó la consciencia de saber que no lo conocía, que podría tratarse de un loco y que justo ahora, por causa de mi carácter impresionable, estaba en mi casa suscitando dudas que quizá eran peor que la realidad, para mi necesidad de alivio.

Sí, soy Omar; pero antes he sido otros nombres y no dependía de mí. Es algo como lo que tú has dicho antes, me cansé y no volví. Justo ahora estoy intentando no hacer lo que tendré que hacer más adelante; considero que se ha hecho tarde, para hacer algo que lo cambie. Entonces lo que sigue es asumirlo y plantear alguna modalidad, donde lo que ha pasado no haya pasado tanto. No sé si me explique, en realidad si lo cuento es porque lo que tú dices suena tan sinsentido como lo que yo puedo decir y me hace sentir de algún modo comprendido. Aunque probablemente hablemos de casos no solo contrarios sino además improbables –le respondí olvidando que solo había dicho mi nombre y no una ofensa por tener uno.

Entonces su mirada rosó la misericordia, tomó la palabra y sucedió un dialogo inmenso. De lo que yo me cansé, cuando ya iba por el sexto o noveno cansancio, según si se mira estando de pie o de cabeza, fue de responder a preguntas que no tienen respuesta -siguió. En una ocasión había una chica con la que se estaba muy bien, te puedes imaginar: hermosos pechos, hermosas piernas, hermoso rostro y un hermosísimo culo. Siempre, mientras me estaba comiendo la polla tenía la costumbre de mirarme a los ojos, eso puede ser muy vulgar; pero a mí me gusta mucho cuando una chica lo hace. Cuando una mujer sabe tenerte entre sus manos, me hace muy feliz rendirme. Lo malo fue que una ocasión hablando de nada me dijo que no entendía la pasión por los libros. Tales historias, acerca de que leer era importante o que había muchos mundos por descubrir dentro de ellos, le parecían ridículas. Naturalmente que en un principio desprecié su postura tan simple y tan ruin. Lo que me parece curioso es que si bien decidí no volver a verla, muchas de las veces en las que me jalo el pito como un condenado a muerte es pensando en ella -todo eso lo contaba mientras yo barajaba posibles frases en consecuencia o al menos alguna contraria que fuera reveladora del control que podía poner a mi alma cuando se me encendía con la misma torpeza de un perro contento ante una pelota. Nunca hubo nada diseñado en exclusiva, para nosotros –le dije y bajé la taza de mi café antes de hacer notar que mi mano temblaba como consecuencia de mi temeridad.

Quizá podamos ser amigos, otro día, cuando las historias se hayan ido de tu cabeza. Nunca disfruté una película cuando el protagonista me hacía recordar a mí o a ningún conocido. Detesto los relatos de relatos. Por favor no escribas sobre lo que han escrito del partido de béisbol, quédate el diario. Debo irme -Apenas lo dijo me di cuenta de que no había pospuesto ni siquiera un segundo mi realidad.

Omar Alej. 

1 comentario:

Anónimo dijo...



me gusta mucho mucho el final. pero porque no sé. jajaja me hace gracia, no haberlo esperado para nada. parecia ser largo y termino siendo apenas un chasquido, me da esa impresión. me da la impresión de que omar eso sintió. como si su pausa de la realidad apenas hubiera sucedido. Me recuerda esa sensación de la distancia y cuanto duran las cosas. La emoción por ese encuentro, con alguien existente y de pronto se esfuma así como así. Además los relatos de relatos. pero que grandes no? jaja me parecen buenos! divertidos. esa forma de inmiscuirte en los relatos de otros y hacerlos tuyos. Pero en realidad, me da la impresión de que en cierto nivel otra vez veia su reflejo en el otro. Ramos, Omar. solo sobra una s. Como si fueran el mismo. No se quizás por ese comentario de recordarse a si mismo en una peli o en un relato. Y luego pienso de más. jaja y creo que Omar en realidad no esta con unos y con otros, siempre esta en si mismo. y relata sus relatos. Que locura. Además es eso de que tambien ha sido otros nombres... otros personajes quizas tambien. me gusta mucho esa parte. aunque me revuelve un poco. pero me gusta porque he tenido que leerla mas despacio, y siento que al final la comprendo. "donde lo que ha pasado, no haya pasado tanto" me gusto mucho esa. y tambien senti mis ojos abrirse al tener ese primera conexión con él. con esa frase de que nada esta diseñado en exclusiva para nosotros. entonces todo parece ser mas liviano de alguna forma. jajaja y se lee y se siente por la forma en la que hablas de la empatia deshaciendose en el pecho. como ese abrazo.... jaja me gustó un montón. este encuentro me recuerda un poco como a ese sueño donde me dijiste que tal vez era mi yo del futuro visitandome. Si eso. Al final creo que me queda esa sensación. como si Omar y Ramos fueran el mismo pero en otro tiempos.

FloresFer.