miércoles, 15 de marzo de 2017

Mi hijo y yo.

¿Quién de nosotros conoció a su hermano? ¿Quién de nosotros observó el corazón de su padre? ¿Quién de nosotros no estuvo siempre prisionero? ¿Quién de nosotros no será siempre un extranjero solitario?


El ángel que nos mira. Thomas Wolfe. 


No me preocupaba porque pude comprobar que de todos los vicios solo tenía el de fumar marihuana y encima era de esos pachecos que saben decir muy bien, muy elocuente, que la marihuana no causa adicción ni ha matado a nadie. Al ir a los VX años de su prima hermana, Rumania, iba como un punkie, hasta las manos de vino argentino que se había robado de la cava del padre de un amigo suyo. Estaba muy bien, para estar borracho y me dijo sentirse capaz de seducir a cualquiera. Eso no me pareció una mala idea, si has empezado a tomar decisiones desde tan pequeño, tienes derecho a tener una visión radical sobre ciertos eventos.

Mi hijo fue el primero, el único y el último hijo que tuve. Desde muy pequeñín mantenía los ojos, la boca y los oídos abiertos a todo cuanto pasaba a su alrededor, conforme iba creciendo y empezaba a hablar se detenida a platicar con las cosas que iba encontrando a su paso. Cuando llueve recuerdo que una vez lo encontré en plena discusión con la foto de otro niño en un portarretrato, supongo que algo lo ofendía en la imagen; pasado un rato lo llevo hasta mí y me pidió que repusiera el cristal que terminó por romper con la punta de un clavo.

Le gustaba llamarme por mi nombre y hacia lo mismo con el resto de la gente. Tanto a sus tíos, maestros o personas mayores que pudieran representar algún tipo de solemnidad, los ninguneaba llamándolos como se llamaran. Entre los siete y los diez años le dio por ir desarmando aparatos, uno a la vez; no es que tuviera distintos objetos abiertos por aquí y por allá. No, lo que él hacía era desarmar una televisión, volver a armarla y después ir por cualquier otro electrodoméstico en desuso que encontrara en la calle o en los contendores de basura que quedaban en la esquina. Era tan insoportable al respecto que solía decir que se estaba preparando para el fin del mundo o para tener un trabajo si no llegaba a ser marinero.

Ya con quince años me adelantó por la derecha en una escalera eléctrica que subíamos en dirección al auditorio donde veríamos –juntos por primera vez, a Palo Pandolfo. Le pareció oportuno contarme, en ese momento, que había perdido su virginidad con los chicos. Tratando de aminorar el impacto dramático de su revelación, le pregunté si había intentando con chicas, me respondió que era tonto empezar por quien al final se quedaría con él. Lo miré durante todo el concierto ¿debía de abrazarlo o denunciarlo a las autoridades?

Su comida favorita era o es la pizza. Muchas noches frente al televisor peleamos hasta la rendición por el último pedazo que quedaba en aquellas cajas grasientas a nuestros pies, satisfechas de ver tales actos políticos en acción. Me besaba en la frente con mucha alegría cuando estábamos viendo Banda de Hermanos. Sin duda fue el chico más divertido y alegre de toda su generación. Nunca llegó a casa con un animal que hubiera encontrado en la calle. Tampoco tenía esa absurda necesidad de decir su opinión a todo aquel que llegaba, citaba a Don Vito Corleone y no por un afán exhibicionista. Realmente creía que nadie tenía que saber lo que estaba pensando. Tales excesos más que afectarlo le parecían poca cosa; además su visión estaba en los juegos y en la yugular de algunas chicas que lo despreciaban por su ambigüedad.

Mi afición a los parques la aprendí de él y estando con él. Me mostró que casi todo se podía hacer en un parque. Señalo, debajo de la sombra de un árbol, el origen de la creación, las expulsiones, los éxodos, las colonizaciones, los reinos, las tribus y casi todo cuanto estaba estampado en los libros de la historia cristiana. Sin embargo después de un tiempo se especializó en preguntar. Yo como buen padre sigo callando por no saber responder; no sé lo que había antes de los parques y llevo como un castigo la consciencia de saber que antes, mucho antes, no había celulosa ni electricidad. A partir de entonces hago mis caminatas recordando todo lo que antes no había y no es poca cosa.

No sé si quisiera haberlo ido perdiendo de manera gradual, como me imagino pasa con la mayoría de los chicos en cierto momento de sus facultades. Con él no fue el caso, tan solo pasó. Un día despertó y no respondió con el habitual grito comanche ante el desayuno. No levantó la cabeza y con una postura ofensiva se quedó congelado mirando hacia el frente.  A mí me impactaba, todo lo que hacía me impactaba; pero hice el tonto al pensar que aquel gesto era solamente una más de sus muestras de afecto. Ya no volvió a ser.

Dos semanas después ya se había ido de casa sin dejar rastro ni notas. Faltaban dos meses, para irnos de pesca a festejar sus dieciséis años. Dicen que debí salir a buscarlo, que podría haberle sucedido alguna desgracia; pero yo no lo creo. Llegó al punto sin retorno en el cual uno se va porque su corazón espera en otro lado. Yo me he muerto un poco por no poder verlo y no poder abrazarlo. A veces observo las cosas con las que él hablaba y algo me dice que ellas sí saben a dónde se ha ido; pero no me atrevo, entonces ¿qué haría?

Espero los días. Guardan la esperanza de que alguna vez lo pueda ver, aunque sea de lejos, convertido en sus propios sueños. No supe inculcarle raíces y sin embargo por él me he enraizado a todo el arduo trabajo que hacen las maravillas del mundo, para mantenernos atentos. Es un amigo tremendo, incansable y tan puro; como solamente pueden ser los más solitarios. No me preocupaba, además de ser listo, la inteligencia en él era vital y cotidiana. No lo imagino yéndose con la idea de hacer fortuna ni siquiera con la ilusión de conocer otros lugares. Se fue en su momento, cuando fue tiempo de irse y es todo. A mí me llevará toda mi vida aprender eso.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me gusta mucho porque puedo imaginarlo, con sus quince años, con sus primeros años. Me llenaria igual de asombro, verlo hacer todas esas cosas que se describen, platicar con las cosas, desarmar y armar, eso me parece mucho más hondo de lo que parece. me gusto muchisimo imaginarlo. además traigo una de música instrumental que encaja perfecto en mi cabeza, como si estuviera recreando sus propios recuerdos y se ven un poco llenos de polvo, como una pelicula muy vieja. No se tal vez así me gusta imaginar que lo recuerda. que se sienta en un sofa a verle como era, porque lo extraña. pfff .. como puede llegar a trasmitir esa sensación de que era tan especial? jaja me dio mucha risa la revelación de concierto. imaginar ese desconcierto de padre jajaja preguntandose si debia denunciarlo. se me hace buenisimo! jaja . Y de repente perderlo así como así. no sé. parece duro. sin nada que lo anunciara. como un golpe repentino en el pecho. Senti feo. jaja de verdad. se me metió hermano a los ojos. esa imagen de niño, hijo, hermano, y como si de pronto nada quedara de ello. Es muy bello. Un hijo que se va, y un padre que solo espera. no sé. me llena de montón de cosas... me gustó un montón!

FloresFer.