viernes, 31 de marzo de 2017

Inactivado por una activista.

«Mi lucha por la existencia consiste en que a la hora del desayuno sea mucho más importante el aroma del café que las catástrofes que leo en el periódico abierto junto a las tostadas.»

Café solo. Manuel Vicent.


No pude entenderla
y como es libre de hacerlo,  
me entiende a mi
y me ha mandado de paseo
después de llamarme idiota.

No tengo más fuerza que ciertos reflejos,
para soportar las flechas que lanzan
algunos tribunos.  
Nunca me he alistado porque tengo miedo
de un mundo distinto de aquel que no fue.

No soy de confianza,
mi única acción es vivir de prestado
mientras me dura la balada de Jack The Ripper.

Pero es hermosa
y eso vale tanto como oler las flores
o irme escuchando el canto de un Jilguero.

Quería salvar a las mascotas,
a la costa azul, a las ballenas
y a los pobres.
Yo oculté que prefería darme de comer
un buen solomillo con lonjas de tocino por encima.
Mientras descansaba sobre un catre y bueno…

Por más que yo quería callarme con sus besos
y besaba ese suelo que pisaba,
no coincidíamos en lo importante.
De importancia, para mí, eran los juegos al billar
y para ella las naciones desunidas.

Además decía Kosovo
muchas veces en un día.

La escuché cuando chillaba
<<es maligno comer peces,
no los comas.
ni gallinas ni cocidas las verduras>>

Me afirmó que si algún hombre
intentaba conquistarla
lo primero que debía de saber
-y de memoria,
era la vida, obra y milagros
de Simone de Beauvoir.

Yo que caigo
cuando monto en bicicleta.
Yo que no tengo opinión
sobre el desgaste del Glaciar de Viedma
ni querría que murieran los toreros,
la invité a pasar de todo.
Cual si fuéramos dos tontos en un huerto;
pero no.

Impresionada porque no supe decir qué era el tantra.
Atacada porque opuse
que la nave que se lleva a los niños que no rezan
es el karma, terminó por condenarme
al mismo despreció que sufría en el colegio
por no ser ni jugador ni espectador de lo que juegan
los más listos de la clase.

Omar Alej.

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