martes, 21 de marzo de 2017

Escribir cada día.

¿Será este el fin de la eternidad, rumiar una y otra vez sobre las nimiedades de toda una vida? ¿Quién podría haber imaginado que uno tendría que recordar constantemente cada momento de la vida hasta en su más minúsculo componente?

Indignación. Philip Roth


A veces no resulta el día a día.
Como intento aprender de algunas magias,
que se esconden por detrás de la rutina,
es que escribo diariamente.

Suponer que esto es una flama
y querer conservarla encendida,
a su vez que la hago fuente de la sed de otra mañana,
es una toma a oscuras del paso del tiempo.

Lo imposible que resulta
mantener a flote una versión iluminada de la nada
o re hacer lo que pasó, para contarlo, es un golpe
contra el agua;
queriendo devolver las olas
o las nubes que pasaron sin llover.

Con la vida cuando avanza en dirección de su escondite,
con el silencio congelando el corazón…
el romance que pudiera yo buscar,
para escribirlo en una carta, a quien sueño que leerá
mis ilusiones, no sucede.

Suenan las campanas y otro muerto hay en la fila.
Es un ave que avisando se desprende hacia el olvido.
Mientras deja a sus espaldas horizontes
y canciones de hombres blancos que pasaron
y dejaron huelas con aroma de la flor que está en la cima junto al sol.

Yo no puedo posponerlo,
me abastezco de invenciones
porque debo de escapar, es lo que hago.

Y escribir
porqué no hay nada nuevo que contar
sería un pecado.
Y escribir
porqué no está lo que buscaba,
es un delito.
Y escribir
porqué lo hago día con día,
es la miseria.

Sin embargo,
aunque culpable y miserable.
En mi favor digan  que esto,
lo que hacía sacar mis días
de las torres de metal más ilusorias
que se erigen atacando el cielo gris,  
es la muestra de que quise decir que volaba 
mientras caía.

Omar Alej. 

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