lunes, 27 de marzo de 2017

El cumpleaños de El Niño ¡Qué bueno!

Ten un corazón que nunca se endurezca, un temperamento que nunca se canse, y un toque que nunca haga daño.

Charles Dickens. 


Qué bueno que El Niño ya era un niño.
Qué bueno que también era, para entonces, un profeta.
En su tierra, en Granada-Andalucía…

En guitarra, ¡Tomatito!
Sobre piano, ¡Vil Biil Evans!

Y en Camboya;
que -lo dicho, es su tierra

Qué bueno que los años
al posarse sobre él
se han ido quedando guapos
y de azul. A la vuelta de naufragios.

(Y los goles más chilenos,
de un partido al desempate
sobre el último minuto,
contra el mal y contra el duelo).

Qué bueno que el niño
ya era el jefe de este kingdom
desde antes de venir y sobre todo,
cuando al día yo quería poner letra de canciones
y él la melodía del futuro: como si mañana fuera luna
y fracción del universo,
por contarse entre claves y fisuras.

En distancia sonora
se formaron, para él, ciertos caminos
y revueltas y retornos y amuletos…

Es mi hermano
y aunque amargo es el pastel,
por cumpleaños, de un ausente.
Sabe a magia y a recuerdo de tormenta.
Y a silencios
y a un abrazo interminable que nos damos
cuando hay forma de conquista
sobre un folio blanco
que se escribe a cuatro manos.

Te regalo lo de siempre,
un proyecto de palabras.
Es lo único que tengo
y es todo cuanto busco;
para más te tengo a vos
y a tu belleza.

Qué bueno que el niño
ya era sabio
y ya era guapo
y ya era rico
y era de Aries.
Digo bueno
porque nada de eso podría darle de regalo.
Solo esto que es un juego
y que hace ver que siempre un niño
ya era El Niño, desde antes.

Omar Alej.

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