viernes, 31 de marzo de 2017

Inactivado por una activista.

«Mi lucha por la existencia consiste en que a la hora del desayuno sea mucho más importante el aroma del café que las catástrofes que leo en el periódico abierto junto a las tostadas.»

Café solo. Manuel Vicent.


No pude entenderla
y como es libre de hacerlo,  
me entiende a mi
y me ha mandado de paseo
después de llamarme idiota.

No tengo más fuerza que ciertos reflejos,
para soportar las flechas que lanzan
algunos tribunos.  
Nunca me he alistado porque tengo miedo
de un mundo distinto de aquel que no fue.

No soy de confianza,
mi única acción es vivir de prestado
mientras me dura la balada de Jack The Ripper.

Pero es hermosa
y eso vale tanto como oler las flores
o irme escuchando el canto de un Jilguero.

Quería salvar a las mascotas,
a la costa azul, a las ballenas
y a los pobres.
Yo oculté que prefería darme de comer
un buen solomillo con lonjas de tocino por encima.
Mientras descansaba sobre un catre y bueno…

Por más que yo quería callarme con sus besos
y besaba ese suelo que pisaba,
no coincidíamos en lo importante.
De importancia, para mí, eran los juegos al billar
y para ella las naciones desunidas.

Además decía Kosovo
muchas veces en un día.

La escuché cuando chillaba
<<es maligno comer peces,
no los comas.
ni gallinas ni cocidas las verduras>>

Me afirmó que si algún hombre
intentaba conquistarla
lo primero que debía de saber
-y de memoria,
era la vida, obra y milagros
de Simone de Beauvoir.

Yo que caigo
cuando monto en bicicleta.
Yo que no tengo opinión
sobre el desgaste del Glaciar de Viedma
ni querría que murieran los toreros,
la invité a pasar de todo.
Cual si fuéramos dos tontos en un huerto;
pero no.

Impresionada porque no supe decir qué era el tantra.
Atacada porque opuse
que la nave que se lleva a los niños que no rezan
es el karma, terminó por condenarme
al mismo despreció que sufría en el colegio
por no ser ni jugador ni espectador de lo que juegan
los más listos de la clase.

Omar Alej.

jueves, 30 de marzo de 2017

Cuarto de Santo.




José Daniel Flores Zarate es un Pintor con todas las letras y todos los colores que admite tal oficio. En su pintura juega el mundo que se oculta y aunque pudiera parecer contradictorio, ese mundo es mucho más visible que este otro que habitamos. Lleno de hallazgos, Daniel, decide invitarnos a “Cuarto de Santo” Exposición llena de vida que sucede en un velorio. Para el acto se ha dispuesto un difunto, cuatro hijos y Once Piezas. Tal conjunto es la forma en que el artista ha decidido dar al tiempo una pausa y detenerlo; sobre el filo que separa lo divino de lo mundano, para unificarlo en una sola sensación de pertenencia. Cada pieza se abre paso en el ojo espectador como un recuerdo del futuro que aprendimos de nuestros mayores. Qué imponente se ve abierto un Sagrado Corazón y qué impactantes son las transparencias en la lágrima de una Virgen. Entre tantos referentes, de actualidad y de nostalgias, esta obra estira aún más los límites del arte; acaso cuando el cielo ya no es lo que antes era.

Omar Estrada.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Sin Leonard Cohen.


Desembarcaremos con esta lancha
en la otra orilla.
Tomaremos la playa
de la otra orilla.
Entonces también acabó la fiesta. 


Me encanta mentir
y miento cada tanto.

Veo que hay un gato que sonríe
y que anda por las ramas de un lucero
hecho de árboles caídos,
él lo sabe.

Es por eso que ahora estoy escribiendo
-por supuesto que no tengo nada más que repetir,
prefiere no hablarme cuando queda claro
que tan solo estoy mintiendo…

Vine sin alma, sin espíritu
sin esencia, sin el fuego ese morado
que se vierte en las copas de pájaros malditos.
Sin identidad, boletos, sin aliento,
sin futuro o pasado.
Vine.
Tan solo con mi cabeza.
Quizá no querrías pasar por aquí;
mira. Estoy viendo toda la nieve,
del círculo polar, arder hasta que nadie se de cuenta.

Porque hay en un solo día
días de esos que no se logran salvar
de la rabia con la que me tocas la frente
en tus recuerdos.
No lo salva ni el Libro del Anhelo
ni saber que aquí,
en el mismo territorio que comienzo,
viviera un señor llamado Leonard Cohen.

Con días como púas
y que son tan fríos
como estar por debajo de un puente,
escuchando carrozas crujir,
entre las manos del hartazgo enfurecido
de la gente.

Pareciera que estoy vivo
y lo estoy de modo impío.
Sin embargo de mi vida queda poco,
solo un gato que sonríe. Que es un diablo que amedrenta
mi soberbia de extranjero.

Que no eran para tanto
ni las ruecas en mi voz
ni mi indecencia.
Me lo dijo el otro día,
mientras íbamos llorando
porque vimos a dos niños
que ya habíamos dejado de entender.

Vine.
Tan solo con mi cabeza.

Ni las manos ni las piernas
ni el coraje,
eso solo mi cabeza lo supone.
Porque claro,
me encanta mentir
y miento cada tanto.

Perdóname, L.

Omar Alej.

martes, 28 de marzo de 2017

Pero la luna no estaba.


Cuando tenía quince años
seguí a una hermosa chica
hasta el partido comunista de Canadá.

Entonces también acabó la fiesta. Leonard Cohen.



A veces me pongo de parte
de un muy terrible enemigo.
Me hace ilusión conquistarme
siendo traidor a mi anhelo.
En un momento cualquiera,
mi vocación pudiera ser la navaja
que me han clavado en la espalda…

Es el oficio de tonto
que desempeño en favor de la historia.
Porque importante es que pasen
todas las cosas que pasan del otro lado del tiempo.

Sé que tenías los labios
como a puntito de un beso.
De voluptuosa silueta y hechos con fuego
del boca a boca, con hombres
que se cayeron del cielo.
Listos para acurrucarme,
como a puntito de un beso.

Afuera,
sobre la calle no había caído esta lluvia.
La que me moja y te pienso,
húmeda y con el alma desnuda
haciendo bucles de danzas primitivas.

Algo contaste de ti,
algo sobre la armada de ideas
que florecían de tu vientre;
pero no pude escuchar.
La ola de lo que serias, para mí,
rompía contra los cristales
de aquella puerta cerrada.

Había un castillo en el aire
y dos corceles y un barco,
para poder escaparnos;
pero fumamos tranquilos.
Los humos en ese momento
tenían la forma de un vicio
del que queríamos dar de probar
a la gente. Porque era desconocido.

Yo contenía mis manos
y tú contenías los misterios.
Me recordaste el calor
de otras formas de belleza.
Estaba a punto de entrar
en tu verano y cascada
y a punto tú de romperte,
preferiste otra calada del veneno.

Sabiendo que el juego es breve,
cuando se juega sin reglas…

Yo hubiera sido tu hombre,
la forma de un gran poeta
y tú la mujer que rompió
en dos mitades Camboya.

Pero la luna no estaba.
Quizá se la hubiera llevado
-junto a mis hijos, alguna ex esposa
o algún novio que hubieras situado
dentro de una trinchera, para que te esperara
con las estrellas calientes. En una copa de cristal de Bohemia.

Omar Alej.

lunes, 27 de marzo de 2017

El cumpleaños de El Niño ¡Qué bueno!

Ten un corazón que nunca se endurezca, un temperamento que nunca se canse, y un toque que nunca haga daño.

Charles Dickens. 


Qué bueno que El Niño ya era un niño.
Qué bueno que también era, para entonces, un profeta.
En su tierra, en Granada-Andalucía…

En guitarra, ¡Tomatito!
Sobre piano, ¡Vil Biil Evans!

Y en Camboya;
que -lo dicho, es su tierra

Qué bueno que los años
al posarse sobre él
se han ido quedando guapos
y de azul. A la vuelta de naufragios.

(Y los goles más chilenos,
de un partido al desempate
sobre el último minuto,
contra el mal y contra el duelo).

Qué bueno que el niño
ya era el jefe de este kingdom
desde antes de venir y sobre todo,
cuando al día yo quería poner letra de canciones
y él la melodía del futuro: como si mañana fuera luna
y fracción del universo,
por contarse entre claves y fisuras.

En distancia sonora
se formaron, para él, ciertos caminos
y revueltas y retornos y amuletos…

Es mi hermano
y aunque amargo es el pastel,
por cumpleaños, de un ausente.
Sabe a magia y a recuerdo de tormenta.
Y a silencios
y a un abrazo interminable que nos damos
cuando hay forma de conquista
sobre un folio blanco
que se escribe a cuatro manos.

Te regalo lo de siempre,
un proyecto de palabras.
Es lo único que tengo
y es todo cuanto busco;
para más te tengo a vos
y a tu belleza.

Qué bueno que el niño
ya era sabio
y ya era guapo
y ya era rico
y era de Aries.
Digo bueno
porque nada de eso podría darle de regalo.
Solo esto que es un juego
y que hace ver que siempre un niño
ya era El Niño, desde antes.

Omar Alej.

jueves, 23 de marzo de 2017

Bombillas rotas.


¿Por qué iba yo a querer temblar en el altar de la iluminación?
¿Por qué iba yo a querer sonreír para siempre?
El colapso del zen. Leonard Cohen.


Una estrella que se sigue en una bicicleta
es una idea; pero es en realidad la idea de otra idea:
Un recambio que cayó en el silencio
o durante el turno a la palabra de algún otro
o a mitad de un parpadeo que cruzó
con la luz de automóvil, en dirección de impacto.

Uno más de los demás,
estoy pensando en elegir.

My sister morphine
me cuenta de un hombre asesinado con navajas
por dos mujeres, en las festividades
del pueblo natal de sus abuelos.
No logro recordar en qué cosas pensaba
cuando no había pasado la codicia.
Lo primero que vino a mi mente
era un crimen pasional; pero al día de hoy
nos gobierna el sindicato de deudores al Monopoly.

Esa frase última es sutil. Ya te lo explico.
Es la mala baba de que solo veo a hongos bobos,
diciendo que tienen algo que decir…

No debía de importarme,
alguno me dirá que a mí me gusta
celebrarme los cumpleaños en Camboya
con Black Label and Cocaine;
pero pienso en dos o tres calles abajo.

No es lo mismo resultar que resaltar del crimen la leyenda.

Ahí mismo, en la banqueta levantaban
los castillos más inmensos sobre los que se haya columpiado
un hombre araña.
Y eran tan altos
que del cielo caían ángeles con el culo picado,
por las puntas de las torres.

La canción era el fuego cotidiano,
para asar los días del año 1997.
El poema, un silencio dedicado,
para ver pasar a Rosa por detrás
si hacía calor y por delante si hacía frío.

Yo mismo debería vomitarme sobre mí
y responder a esa pregunta
que me hacen los mineros justo al fondo,
en mi memoria ¿qué demonios hago acá?

¡I dont believe me!

Rebeldías de revista
con envidia a las dichas descremadas…

Uno más de los demás,
estoy pensando en elegir.

Yo vi al Men sin las dos piernas
y montado en la locura se reía
porque nunca había pensado en hacerse futbolista,
hasta esa tarde.

¿Recalar contra inocentes?
cada uno es lo que es.
Esto es la vida.
Sin embargo cuando bebo
me hace mal ver tantas luces aluzando
bombillas rotas.

Una estrella que se sigue en una bicicleta
es una idea; pero es en realidad la idea de otra idea.

Omar Alej.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Para nada pretendo pasar de la nada.

¿para qué iba yo a querer iluminarme?
¿Me he olvidado de algo?
¿Algún mundo que no haya abrazado?
¿Algún hueso que no robara?

El colapso del zen. Leonard Cohen.


Cuando escucho
que parece que ya todo se acaba,
porque el tiempo está llegando de su fin
hacia nosotros.
Cuando hablan tan solo los que saben;
ya todo sobre todo.

Cuando algo tan sencillo como hacer
es una lanza que usa cierta gente
contra aquel que no enarbola su misterio,
me recuerdo que este día, con el pago de la renta
y los aforos de mis ganas, estoy más cerca
de llegar a parecerme nunca a nadie;
que es el hombre más genial sobre la tierra.

Hay mentiras que parecen que nos salvan
y verdades que hay cobardes que prefieren ocultar;
pero cuando alguno pasa y suplica goma-2, para cenar,
soy el tonto que celebra un arroz a la cazuela
y un marino en alta mar que se busca en las sirenas.

Miro bien y me hago abrazo con la pena
y el coraje que hace abrirse a los dolores.
Muchas veces me he sentido ese soldado que luchó
a sabiendas que la guerra nunca acaba…

Cuando veo esas miradas que desprecian
que yo tenga por razón el sinsentido,
me critico igual que ellos,
con la saña y los tomates a la escena.
Luego otro, como un sabio, me da luz verde,
para ir detrás del mundo
por si el mundo al final es solamente una pelota.

Porque anoche, al salir del automóvil,
pude ver que las estrellas habían vuelto.
Me hice un selfie con la idea, para adentro;
siendo honesto lo que quiero es ser feliz
y pinturas del pintor Leonardo Gatsby.

Y cuando los sueños se asustan
por la forma de candado
en la que le hacen ver la realidad,
vuelvo al cuento que de niños nos hacía perseguir
a las criaturas que hay detrás de las paredes de cemento.

Cuando el rostro inexpugnable de los números en rojo
me aterriza con violencia,
muestro dudas al respecto. Condecoro la paciencia
e insisto en los besos que besé con toda el alma.
Ella y yo aún podemos prescindir de ciertas cosas;
ya sean los moratones de venganza
o la luz irreversible en cualquier acto de justicia.

Omar Alej. 

martes, 21 de marzo de 2017

Escribir cada día.

¿Será este el fin de la eternidad, rumiar una y otra vez sobre las nimiedades de toda una vida? ¿Quién podría haber imaginado que uno tendría que recordar constantemente cada momento de la vida hasta en su más minúsculo componente?

Indignación. Philip Roth


A veces no resulta el día a día.
Como intento aprender de algunas magias,
que se esconden por detrás de la rutina,
es que escribo diariamente.

Suponer que esto es una flama
y querer conservarla encendida,
a su vez que la hago fuente de la sed de otra mañana,
es una toma a oscuras del paso del tiempo.

Lo imposible que resulta
mantener a flote una versión iluminada de la nada
o re hacer lo que pasó, para contarlo, es un golpe
contra el agua;
queriendo devolver las olas
o las nubes que pasaron sin llover.

Con la vida cuando avanza en dirección de su escondite,
con el silencio congelando el corazón…
el romance que pudiera yo buscar,
para escribirlo en una carta, a quien sueño que leerá
mis ilusiones, no sucede.

Suenan las campanas y otro muerto hay en la fila.
Es un ave que avisando se desprende hacia el olvido.
Mientras deja a sus espaldas horizontes
y canciones de hombres blancos que pasaron
y dejaron huelas con aroma de la flor que está en la cima junto al sol.

Yo no puedo posponerlo,
me abastezco de invenciones
porque debo de escapar, es lo que hago.

Y escribir
porqué no hay nada nuevo que contar
sería un pecado.
Y escribir
porqué no está lo que buscaba,
es un delito.
Y escribir
porqué lo hago día con día,
es la miseria.

Sin embargo,
aunque culpable y miserable.
En mi favor digan  que esto,
lo que hacía sacar mis días
de las torres de metal más ilusorias
que se erigen atacando el cielo gris,  
es la muestra de que quise decir que volaba 
mientras caía.

Omar Alej. 

viernes, 17 de marzo de 2017

La familia y yo (En modo relato).

La gente cree que la historia es algo que sucede a la larga, pero la verdad es que se trata de algo muy repentino.


Pastoral Americana. Philip Roth.

Pic. By Piolo
El Hombre del Tercer Ojo.

Casi no hay nada que me guste tanto como hacer una mezcla con mis canciones favoritas. Me gusta grabarlas en casetes aunque no siempre tengo alguno a la mano. O tengo que usar los casetes viejos que encuentro y grabarles encima o voy juntando dinero, para comprármelos. Prefiero los que son de noventa minutos, así puedo grabar más. Tengo uno, para distintas ocasiones: mezclas de viaje, mezclas de fiesta o mezclas de baile. Mi hermana, Sandra, dice que son idiotas. Ella dice eso porque es mayor, casi un adulto, y casi todos los mayores, tienen esa fea forma de maltratar las ilusiones que otros tienen y ellos han perdido. Mi nombre es Carlos, como Carlitos Gardel y como Charly García; me encuentro con gente que a veces me dice que soy muy joven, para escuchar las músicas que escucho. Me gusta Bob Dylan, me encanta Bob Dylan. Yo no creo que sea joven; el propio Bob cantaba Forever Young y  tener trece años no es un impedimento, para sentirse llamado a vivir en las canciones que me emocionan. Mi amigo Ortiz, tiene diecisiete; pero no ha creído en crecer como los otros. Me dice que es bueno que me guste tanto estar escuchando la radio, aunque él prefiere escuchar discos completos. Yo también lo haría, si pudiera; pero como no tengo dinero y en mi casa somos seis, pues no tengo la opción de pedirle a mi madre dinero, para comprarme discos. Mi madre trabaja en una tortillería, a una cuadra de donde vivimos. En el local de a un lado de su trabajo tienen una bocina gigante y siempre están sonando canciones que yo no conozco y que, aunque seguro que son bonitas, a mí no me gustan; por eso fue a ella a la primera a la que le regalé una cinta mezclada. La titulé “Tortillas de amor” y aunque le puse muchos temas muy bellos, la mejor es  “El día que me quieras”. Siempre he sentido que esa canción algún hombre debería dedicársela a mamá; lo contento que estaba cuando al volver a casa la escuchaba meterse en su cuarto y poner en la grabadora el casete que le había regalado. Sin embargo hubo un día en el que no tuve ganas de compartir mi rebanada de pastel con Antonio, otro de mis hermanos mayores, y La Maco, mi madre, se puso tan brava que le saltaban los ojos y me llamó “cerdo egoísta”, creo que porque le dolió que Antonio le dijera que nunca había comida suficiente y que era insoportable tener que compartirlo todo. Mamá se volvió loca y empezó a tirarme cosas mientras yo me escapaba de ella corriendo por la casa, me encerré en el baño y como no quise abrirle, porque tenía miedo de que me pegara, me dijo que iba a romper el casete que le había regalado y lo rompió. Escuché como tronaba del otro lado de la puerta y al final salí; La Maco estaba llorando y tirada en el piso, la rodeé con la punta de los pies y la miré hacia abajo. Si la hubiera ayudado a levantarse se hubiera ofendido aún más y seguro que me coge por las muñecas y me deja tonto a golpes con el cable de la plancha. Ortiz dice que son cosas de adultos y que no debo tomarla contra mi madre. Ese día me llevó a su casa, para que pudiera grabar mis mezclas usando sus discos. Qué bueno que había encontrado tres casetes que Santiago, otro de mis hermanos, no quería volver a escuchar. Porque se los había grabado una novia que después lo dejó por un escritor que no es tan insoportable como él. Fui con Ortiz y como si no fuera nada, me dejó solo ante su pila de discos compactos. Me mostró cómo usar el grabador, para pasar las canciones del disco a la cinta y me sugirió que empezara por uno que se llama “Abraxas” de Carlos Santana, otro tocayo.  Seguí buscando entre aquellos cd´s. Lo que ahí me encontré es el más grande tesoro que se haya visto jamás. Tiene discos de rock, de blues, de boleros, de jazz y de una música que yo no conocía; él dice que se llama “folklor”. Tuve que hacer muchos esfuerzos, para no robarme “Las Cartas” de Cartero, el dúo que canta “The Fucking Song”.

He estado muy emocionado mientras seleccionaba de los discos todas aquellas canciones. Fue como ir de paseo o a una feria con una pulsera que te permite subirte a todos los juegos. En ocasiones me desesperaba e iba adelantándolas, para saber si quedaban con el tipo de mezcla que quería hacer. Me sentía un gran productor y fantaseaba con que todas aquellas canciones las hubiera escrito yo y que estaba seleccionándolas, para ver cuál ponía en mi disco; que iba a ser lanzado por una gran disquera. Me reía de mí, por mi impaciencia, cuando debía borrar alguna que después no quedaba tan bien. No había nadie apurándome; pero yo quería saber todo acerca de esas canciones que nunca antes había oído. Tanta era mi ansia que en una sola tarde hice las tres mezclas, “Rayo que parte” “pa´ tu merienda” y “Perdón mi Maco”. Al ver el reloj de Star Wars, que Ortiz tiene en su cuarto, me fui corriendo porque ya pasaba de la hora a la que puedo llegar. Qué bueno que había dejado una nota en el tocador del cuarto de La Maco, diciéndole que estaba donde Ortiz preparándole una sorpresa. Brincaba de cuadro en cuadro a través de la banqueta y me sentía poseedor de la solución a cualquier malestar que tuviera La Maco. Mi alegría no duró mucho. Al llegar a casa nadie sabía dónde estaba Fernanda, mi hermana morena, que es hija de otro padre: un catalán que, según dice mamá, vino y se fue. Con él, la Maco, había engañado al padre de sus otros cuatro hijos, incluido yo; razón por la que papá no vivía con nosotros ni podía vernos. Es una situación extraña que nadie quiere explicarme, porque Fernanda también es más grande que yo. Si yo soy el menor ¿Cuál es mi papá? En fin, mi hermana morena no estaba y nadie sabía decir lo que estaba pasando. Cuando pregunté me dijeron que ya la habían buscado por todas partes, la escuela, los hospitales y delegaciones de policía. Me causó mucha gracia, como si se tratara de una tontería. Yo ni siquiera me había enterado que hacía ya tres días que estaba sin venir a dormir. Pensé que aquello estaba muy mal y además me perjudicaba más a mí que a nadie. Porque al final, Fernanda, era la más buena conmigo y la quien mejor hablaba inglés; yo tenía examen la próxima semana y contaba con que me ayudara a estudiar o tal vez a escribirme una nota de enfermedad. Después me sentí muy culpable, mi hermana morena estaba extraviada y yo no me aguantaba las ganas de escuchar y que escucharan mis mezclas. Además nadie quería decir que no era la primera vez que desaparecía, para después regresar diciendo que se había ido a la playa con su amiga Violeta. Entre tanto silencio y voces cortadas, empezaba a olvidar las canciones que venían en cada uno de los casetes; eso me angustiaba mucho. Iba re haciendo las listas en mi cabeza, canción a canción, porque se supone que si una mezcla está bien hecha tendría su propio estilo y eso las haría distinguirse unas de las otras. Con Santiago recargado en la puerta del refrigerador, con Sandra moviendo el sillón, con Antonio hablando por teléfono y La Maco con la mirada perdida mirando la puerta, Fernanda apareció. Cruzó la entrada y justo al entrar dejó caer una bolsa en la que traía recuerdos de Tlaxcala. Todos querían matarla, menos yo que quería escuchar mis grabaciones nuevas; pero lo impidió que justo detrás de ella entró un chico suizo que era su nuevo novio. A mí, verlo me cayó en la punta del pie como un mazo grande y pesado ¿qué se creía con su carita tan blanca? como si nunca hubiera hecho un mandado o recibido un desprecio. Peor que eso, fue que cuando estuviera con él, mi hermana morena, no me haría caso. Mis otros hermanos y La Maco, estaban furiosos. Le gritaron y le dijeron tantas maldiciones que ninguna de ellas tuvo impacto. Fernanda hizo cara de que todos eran locos y exagerados. Se dio la media vuelta y volvió a salir con su nuevo novio detrás de ella.

Ya se han pasado dos días, hasta hoy. Fernanda no ha regresado y no creo que lo haga hasta que se haya aburrido del rubiecito y tenga que volver “al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre”, como le gusta decir. La bolsa que dejó tirada en el piso ha ido de un sitio a otro sin que nadie la levante o se fije qué hay adentro de ella, he pensado en abrirla; pero si no son casetes se me romperá el corazón. Al menos Antonio no parece tan mortificado. Se hizo un nuevo tatuaje, ayer. Siempre dice que es el más libre de la familia “¿Cómo es que estar marcado con lo mismo, para toda tu vida, te hace libre?” -le preguntó mi hermana, Sandra, que es tan rara y que se cree tan especial, cuando estaba presumiendo el águila que le pintaron en la espalda. Nunca ha sido violento y fuma mucha marihuana en una pipa estilo el Che; pero se puso como una bestia y le pegó con el puño a la pared. Yo no estaba. Me lo contó Ortiz, que además está enamorado de Antonio y de Fernanda al mismo tiempo. El insoportable de Santiago está más pesado que nunca y sigue en su huelga de hambre. Es porque a nadie le interesa su revista de crítica literaria. A veces la he leído y es como que no puede ocultar su mala onda y enojo; nunca nadie es suficiente, para él y se nota pues él mismo nunca hace nada diferente de lo que tanto critica. Ortiz me ha dicho que no tiene corazón y que sin corazón la alegría no es posible. Yo pensé que tal vez si buscáramos al Mago de Oz; pero justo él es el claro ejemplo de que los libros igual que hacen bien hacen el mal. A él lo han vuelto idiota y envidioso. Me gustaría que también Ortiz, fuera mi hermano, él es hijo único y vive con su padre pues su mamá se murió de un ataque cerebral. No le gusta venir a casa cuando está mi madre porque le hace añorar a la suya. Es una lástima que La Maco siempre llegue tan cansada y no tenga ganas de hacer el esfuerzo de conocerlo y encariñarse con él. Yo creo que Ortiz le caería muy bien. Se parece un poco a ella, quiere ser siempre prudente y educado; pero hay momentos en que pierde la paciencia y querría quemar su casa. Justo como La Maco, cuando se da cuenta que no hay nada más que avena. Yo sigo estudiando, para mi examen de inglés y no he podido escuchar mis mezclas; ya ni sé si tengo ganas. Ya en unos días es mi examen de inglés; pero como sé que no lo voy a aprobar me he salido un rato a estar en la calle. Andaba en la bicicleta de Hilda, la vecina de enfrente; cuando vi a La Maco, pasó y me dijo que subiera con ella.  Pensé que seguía triste y que me tocaría quedarme en casa castigado por lo que hacen mis hermanos y porque ella ya no puede regañarlos sin que la ignoren. La dejé adelantarse y luego ya me fui hasta la casa. Subí a su cuarto y no estaba, grité llamándola y me contestó desde mi cuarto, donde dormimos Santiago, Antonio y yo.  Cuando entré me dijo que me sentara a su lado y puso andar el grabador. Me rodeó el cuello con sus brazos y me besó en la mejilla. Después me cogió la cara con las dos manos y me dijo “canalla”.  La canción que sonaba era Knockin' on Heaven's Door.

Omar Alej.

jueves, 16 de marzo de 2017

Charly y yo. Random.

Desprejuiciados son los que vendrán,
y los que están ya no me importan más.
Los carceleros de la humanidad
no me atraparán,
dos veces con la misma red.


No soy un extraño. Charly García.


Charly siempre me hizo encontrar el camino de regreso al futuro. En sus canciones hay lodos de mis propios naufragios a través del infierno. Me acredito la farsa contra la que combate y pido algún chance de llevarle la espada. Allá en Say No More, la vanguardia tiene una ventana por donde puedo observar los apartados de días que sin poder recordarlos me persiguen igual que el fuego a las llamas.

Ayer estuve escuchando el último disco del ciudadano García, Random. Me he quedado hasta el día de hoy llorando, no sé de qué sentimiento. Sus hilos son tales que me tiran al fondo de una cueva en Guerrero, cuando tenía quince años y me hace sentir que puedo seguir bajando. Que hurgar a través de aquel miedo se traduce en la certeza de que llevo grabada en mi corazón la esperanza de encontrarme con alguien que no sea un agente del orden o un inquisidor con la ley en la mano.

Como siempre estoy roto y como siempre he sabido que así es como vine; que soy una pieza formada con piezas contrarias. Un puzzle que ha sido armado, hasta la deformidad, por piezas de muchos otros rompecabezas distintos entre sí. Como puedo advertir que sé eso y algunas otras cosas sobre mi condición peregrina; La Máquina de ser Feliz aluzó solamente las grietas y bailaba entre ellas una luz bicolor que me hacía recordar a los años, cuando lo que más quería era meterme en brazos de mi madre y que me leyera alguna historia de amor donde ella al final comiera perdices y vivieran felices, para siempre.

Durante las noches, las sombras se inquietan y se sueltan de las ramas de los árboles secos. Vienen aquí por agua. Por eso tengo un abrevadero siempre abierto y sin protecciones, es mi pago y mi ofrenda a cambio de verlas. Hay una que es alta, de piernas muy flacas, los ojos brillantes y los dedos de las manos doblados como púas de acero. Tiene la voz de los mitos, bebe escoces, fuma faso y cuando la toco pulsa un rocanrol que me impulsa sobre el aire. Como estoy muy solo, por adentro, me maldice y me objeta la melancolía; pero para divertirla he quemado mi casa y para que volviera he quemado mi amor.

La luna, allá afuera, se ha congelado en una imagen como de mercurio, parece suspendida como si la hubieran flashado mientras se derretía. A causa de la electricidad se quedó como un sampler de todos los sueños que la sueñan desnuda, convertida en mujer y con un pubis tan rojo como el final de un sol viejo. Sumergido en las notas y en los mensajes malditos de mi voluntad a través de los tiempos, intuyo que detrás de la puerta el mundo ha saltado y vuelto a caer igualito que antes; pero diferente, esta vez conmigo bailando: esquivando los codos de gacelas en dos patas que sirven de modelo al nuevo cuentista.

Metido en la cresta de la ola, insomne y alucinante ¿Quién me sostendrá mis nuevos garfios? ¿A quién estoy contando la articulación de una mesa, de un libro y una fotografía de un cartel? Estoy comiendo restos de comida que comí ayer y que ya entonces estaba fría. Sé que estoy en mis cabales cuando estoy imaginando las antenas al doblarse, para oír estas canciones que son peces y cristales robados en el atraco a la religión. ¡Viva el genio que curó la discusión sobre los locos! Ese mismo que allanó la dependencia y movió mi juventud al primer orden de la guerra contra las asignaturas.

La quietud de las paredes sufre de exageraciones sónicas y maniqueas. Sube el cuerpo de una hoja y envuelve los focos. Son las cicatrices de los años anteriores las que roban el celibato y la pureza en una palabra escrita con tinta china. Hay una punta de zapato gris asomándose por debajo del sofá y cualquier viaje, todo viaje, a través del universo es impensable sin viajar en las pestañas de una manta desdoblada, abandonada y milagrosa. Con la voz de los arqueros hice mi arco que dispara contra el blanco de las críticas berretas de un becario. Y cuando estoy por recaer en el soma de la rabia, autoflajelo y pleitesía a la carroña, llega Lluvia, que es un tema sobre mí y punto final.

Ahora el sabor de cada duda sabe a vid de un nuevo inicio. Trota sobre el valle de los fósiles cambiantes; por la tarde son de bronce y justo a la mitad de la noche son dos partes de penumbra. Soy un nene, estoy seguro. Lo compruebo al desbordarme porque he visto que clarea la mañana y hace frío. Volveré a pisar tierra y aguardar entre los rieles de metal que desplazan el tiempo. Sin embargo cuando Charly hizo el mundo me cedió las infusiones de tristeza necesarias, para echar andar sin detenerme ante ellos, ustedes.
Omar Alej.  





miércoles, 15 de marzo de 2017

Mi hijo y yo.

¿Quién de nosotros conoció a su hermano? ¿Quién de nosotros observó el corazón de su padre? ¿Quién de nosotros no estuvo siempre prisionero? ¿Quién de nosotros no será siempre un extranjero solitario?


El ángel que nos mira. Thomas Wolfe. 


No me preocupaba porque pude comprobar que de todos los vicios solo tenía el de fumar marihuana y encima era de esos pachecos que saben decir muy bien, muy elocuente, que la marihuana no causa adicción ni ha matado a nadie. Al ir a los VX años de su prima hermana, Rumania, iba como un punkie, hasta las manos de vino argentino que se había robado de la cava del padre de un amigo suyo. Estaba muy bien, para estar borracho y me dijo sentirse capaz de seducir a cualquiera. Eso no me pareció una mala idea, si has empezado a tomar decisiones desde tan pequeño, tienes derecho a tener una visión radical sobre ciertos eventos.

Mi hijo fue el primero, el único y el último hijo que tuve. Desde muy pequeñín mantenía los ojos, la boca y los oídos abiertos a todo cuanto pasaba a su alrededor, conforme iba creciendo y empezaba a hablar se detenida a platicar con las cosas que iba encontrando a su paso. Cuando llueve recuerdo que una vez lo encontré en plena discusión con la foto de otro niño en un portarretrato, supongo que algo lo ofendía en la imagen; pasado un rato lo llevo hasta mí y me pidió que repusiera el cristal que terminó por romper con la punta de un clavo.

Le gustaba llamarme por mi nombre y hacia lo mismo con el resto de la gente. Tanto a sus tíos, maestros o personas mayores que pudieran representar algún tipo de solemnidad, los ninguneaba llamándolos como se llamaran. Entre los siete y los diez años le dio por ir desarmando aparatos, uno a la vez; no es que tuviera distintos objetos abiertos por aquí y por allá. No, lo que él hacía era desarmar una televisión, volver a armarla y después ir por cualquier otro electrodoméstico en desuso que encontrara en la calle o en los contendores de basura que quedaban en la esquina. Era tan insoportable al respecto que solía decir que se estaba preparando para el fin del mundo o para tener un trabajo si no llegaba a ser marinero.

Ya con quince años me adelantó por la derecha en una escalera eléctrica que subíamos en dirección al auditorio donde veríamos –juntos por primera vez, a Palo Pandolfo. Le pareció oportuno contarme, en ese momento, que había perdido su virginidad con los chicos. Tratando de aminorar el impacto dramático de su revelación, le pregunté si había intentando con chicas, me respondió que era tonto empezar por quien al final se quedaría con él. Lo miré durante todo el concierto ¿debía de abrazarlo o denunciarlo a las autoridades?

Su comida favorita era o es la pizza. Muchas noches frente al televisor peleamos hasta la rendición por el último pedazo que quedaba en aquellas cajas grasientas a nuestros pies, satisfechas de ver tales actos políticos en acción. Me besaba en la frente con mucha alegría cuando estábamos viendo Banda de Hermanos. Sin duda fue el chico más divertido y alegre de toda su generación. Nunca llegó a casa con un animal que hubiera encontrado en la calle. Tampoco tenía esa absurda necesidad de decir su opinión a todo aquel que llegaba, citaba a Don Vito Corleone y no por un afán exhibicionista. Realmente creía que nadie tenía que saber lo que estaba pensando. Tales excesos más que afectarlo le parecían poca cosa; además su visión estaba en los juegos y en la yugular de algunas chicas que lo despreciaban por su ambigüedad.

Mi afición a los parques la aprendí de él y estando con él. Me mostró que casi todo se podía hacer en un parque. Señalo, debajo de la sombra de un árbol, el origen de la creación, las expulsiones, los éxodos, las colonizaciones, los reinos, las tribus y casi todo cuanto estaba estampado en los libros de la historia cristiana. Sin embargo después de un tiempo se especializó en preguntar. Yo como buen padre sigo callando por no saber responder; no sé lo que había antes de los parques y llevo como un castigo la consciencia de saber que antes, mucho antes, no había celulosa ni electricidad. A partir de entonces hago mis caminatas recordando todo lo que antes no había y no es poca cosa.

No sé si quisiera haberlo ido perdiendo de manera gradual, como me imagino pasa con la mayoría de los chicos en cierto momento de sus facultades. Con él no fue el caso, tan solo pasó. Un día despertó y no respondió con el habitual grito comanche ante el desayuno. No levantó la cabeza y con una postura ofensiva se quedó congelado mirando hacia el frente.  A mí me impactaba, todo lo que hacía me impactaba; pero hice el tonto al pensar que aquel gesto era solamente una más de sus muestras de afecto. Ya no volvió a ser.

Dos semanas después ya se había ido de casa sin dejar rastro ni notas. Faltaban dos meses, para irnos de pesca a festejar sus dieciséis años. Dicen que debí salir a buscarlo, que podría haberle sucedido alguna desgracia; pero yo no lo creo. Llegó al punto sin retorno en el cual uno se va porque su corazón espera en otro lado. Yo me he muerto un poco por no poder verlo y no poder abrazarlo. A veces observo las cosas con las que él hablaba y algo me dice que ellas sí saben a dónde se ha ido; pero no me atrevo, entonces ¿qué haría?

Espero los días. Guardan la esperanza de que alguna vez lo pueda ver, aunque sea de lejos, convertido en sus propios sueños. No supe inculcarle raíces y sin embargo por él me he enraizado a todo el arduo trabajo que hacen las maravillas del mundo, para mantenernos atentos. Es un amigo tremendo, incansable y tan puro; como solamente pueden ser los más solitarios. No me preocupaba, además de ser listo, la inteligencia en él era vital y cotidiana. No lo imagino yéndose con la idea de hacer fortuna ni siquiera con la ilusión de conocer otros lugares. Se fue en su momento, cuando fue tiempo de irse y es todo. A mí me llevará toda mi vida aprender eso.
Omar Alej.

martes, 14 de marzo de 2017

Omar y yo.


“El extravío es el regalo oculto de la verdad”.
Martin Heidegger

pic, By; Extraña.

Él tenía entre las manos un periódico de tres días antes. Lo supe pues en la página doblada aparecía el resultado de la derrota de México contra Venezuela, en la serie del Caribe, con una extensa crónica que yo –en realidad, ya había leído. Mi intención no era charlar ni mucho menos. Solo por distraerme es que estaba intentando seguir la noticia que ya conocía; supongo la cara que tendría pues al verme me ofreció el diario de manera amable. Sin embargo –ahora sé, también con el implícito intercambio de una conversación, de la cual me habría escapado de no ser porque tenía tiempo y ganas de salirme de la idea que rondaba en mi cabeza como un bucle <<¿qué tan malo es percibirse como alguien con derecho a ser feliz?>>

Toma, ya lo he leído -me dijo sin esperar a que yo dijera nada.

No, no, disculpe, es que ha llamado mi atención la fotografía -contesté como obligado a una ceremonia que desconocía.

Al momento me di cuenta de que ya tenía abierta la plana deportiva e incluso estaba a punto de empezar a leerla, sin continuar con el protocolo entre nosotros. Al percatarme de mi falta me volví, para mirar y hacer un gesto que concluyera aquel momento entre dos hombres sin ninguna prisa y sin más nada en común que el espacio y el tiempo. Los bancos en los que estábamos sentados quedaban enfrentados entre sí, como si fuera una cabina. Es común en las salas de espera de los hospitales; pero nosotros nos encontrábamos en un centro comercial y en un principio hubiese pensado que él esperaba a que abrieran la cafetería donde venden pastelillos con forma de flores o baúles.

Llevaba un traje de tres piezas en color azul marino, un abrigo café, un sombrero gris y todo su atuendo parecía denunciar el extravió de un maletín. Su cara era amable, con la piel un tanto rosa y los ojos, como granos de café, no ocultaban ni arrogancia ni soberbia. Por mi parte estaba ahí por mi propio temor a continuar dentro de casa e iba vestido con esos pantalones que -por no tirar, llamo “mis favoritos” y con una playera conmemorativa de una feria en Texcoco. Sé que me había lavado la boca porque recordé el ataque de tos que sufrí al casi tragarme el enjuague bucal.

Yo había recibido, a través de una nota, la noticia de que Sofi no me amaba más y que se iba. Cada uno de los muebles que poseo ha sido comprado en una oferta y se siguen pagando a plazos. Animado por el resentimiento, tenía miedo de romperlo todo y que no contento con eso después decidiera quemarlo. Intuí que lo mejor era salir. Fue como de un brinco, sin percatarme de nada, que ya estaba en la calle y después en ese banco, frente a donde él leía la prensa.

Además del béisbol, ¿le interesa alguna otra noticia? -Me preguntó con un tono paternal.

Quizá mi epitafio; pero no viene esa sección -Contesté queriendo parecer más sofisticado de lo que databa mi atuendo.

Nunca hubo nada diseñado en exclusiva, para nosotros –Susurró después de reírse y como habiendo meditado durante años esa simple afirmación.

No puedo explicar lo alegre que estuve apenas oírle decir aquello. Fue como un abrazo. Como si algo viniera de muy lejos, para abrazarme. Lo que yo antes creía que era la empatía se había deshecho en mi pecho y hoy bordeaba cosas tan obvias como el motivo de la existencia humana o mi sabor preferido al elegir un helado.  En cambio aquello fue como encontrar un amigo, a uno que no conocía y que había anhelado conocer tantas y tantas veces. No es que menospreciara el hacer de toda la gente que conocía hasta entonces; era que ni siquiera existían, para mí. Tan solo aquel hombre diciendo aquella frase me parecía novedoso. Por fortuna y para evitarme un descalabro en dimensiones tipo Jack, en Atrapado sin Salida, también podía establecer que esa alegre emoción, como cada tanto, partía y se repartía desde mi orfandad. Mi padre no me hacía falta; pero su ausencia había determinado muchas cosas en mi vida, por ejemplo la distancia:

Con cada cosa buena que me pasaba de inmediato me encontraba estimando el tiempo que tardaría en colapsar. Así es como era y podía asegurar que así sería estando lejos o cerca de la felicidad.

Hoy hace un día en el que es posible hablar de algunos temas prohibidos –continuó hablando sin dar pauta, para que yo esgrimiera alguna opinión. La primera vez fue que me cansé de esperar. Ya no podía seguir la corriente a esa ilusión de qué hay un momento ideal, para todo. Cuando me despertaba –y siendo aún muy joven, estaba tan duro como un camión escolar de los amarillos que hay en los Estados Unidos de Norteamérica; pero la opinión de Lucía es que era una hora intrascendente y que mi calentura no era más que un reflejo, en este caso, de mi involución. Entonces me mandaba empalmado a aliviarme en el baño y, honestamente, tampoco la noche le parecía suficiente; me pedía canciones de luna, vinos rosados e ir de etiqueta. Su versión del amor era un baile de máscaras que ya se acaba. Yo solo quería follar, entrar en ella tanto como fuera posible, terminar y después empezar otra vez; pero no podíamos repetir, así que cuando algo iba mal o yo terminaba apenas empezar, esa era la historia que había y no admitía redención –acabó de contar, mientras volvía a sentarse como si fuera una esfinge.

Al dimensionar que lo que me narraba no era fruto de la casualidad y que podía ser que también él hubiese llegado hasta ahí huyendo, me dio por hablar sin tapujos y ser espontaneo. Vaya, que puta que era –le dije. Ojala -respondió con media sonrisa y sacando un cigarro del bolsillo del abrigo que hasta ese momento había estado enrollado justo a un lado de él, como si fuera madera.

Lo invité a ir a mi casa con el pretexto de “tener mucho que hablar” y aceptó. No dijimos ni una sola palabra durante el trayecto. Mi invitación consistía en seguir charlando, fumar algo, compartirnos recuerdos y también en una ligera obsesión por remontar la historia de lo que iba a tratar aquel día y demorar el encuentro con mi realidad. Una vez en casa me animé a preguntarle su nombre, para mí era importante saber cómo llamaría a mi contertulio mientras preparaba el café.

Soy Ramos, mi nombre es Ramos -respondió al mismo tiempo en el que andaba la sala con un grillo de piedra que había recogido del filo de la ventana; donde había permanecido acaso semanas o meses. Tú nombre es Omar ¿cierto? –Preguntó con tono de respuesta- No es que lo haya adivinado, viene en este sobre ¿aún hay gente que se escribe cartas? -y volvió al mismo lugar donde se había sentado al principio. En ese momento me sobresaltó la consciencia de saber que no lo conocía, que podría tratarse de un loco y que justo ahora, por causa de mi carácter impresionable, estaba en mi casa suscitando dudas que quizá eran peor que la realidad, para mi necesidad de alivio.

Sí, soy Omar; pero antes he sido otros nombres y no dependía de mí. Es algo como lo que tú has dicho antes, me cansé y no volví. Justo ahora estoy intentando no hacer lo que tendré que hacer más adelante; considero que se ha hecho tarde, para hacer algo que lo cambie. Entonces lo que sigue es asumirlo y plantear alguna modalidad, donde lo que ha pasado no haya pasado tanto. No sé si me explique, en realidad si lo cuento es porque lo que tú dices suena tan sinsentido como lo que yo puedo decir y me hace sentir de algún modo comprendido. Aunque probablemente hablemos de casos no solo contrarios sino además improbables –le respondí olvidando que solo había dicho mi nombre y no una ofensa por tener uno.

Entonces su mirada rosó la misericordia, tomó la palabra y sucedió un dialogo inmenso. De lo que yo me cansé, cuando ya iba por el sexto o noveno cansancio, según si se mira estando de pie o de cabeza, fue de responder a preguntas que no tienen respuesta -siguió. En una ocasión había una chica con la que se estaba muy bien, te puedes imaginar: hermosos pechos, hermosas piernas, hermoso rostro y un hermosísimo culo. Siempre, mientras me estaba comiendo la polla tenía la costumbre de mirarme a los ojos, eso puede ser muy vulgar; pero a mí me gusta mucho cuando una chica lo hace. Cuando una mujer sabe tenerte entre sus manos, me hace muy feliz rendirme. Lo malo fue que una ocasión hablando de nada me dijo que no entendía la pasión por los libros. Tales historias, acerca de que leer era importante o que había muchos mundos por descubrir dentro de ellos, le parecían ridículas. Naturalmente que en un principio desprecié su postura tan simple y tan ruin. Lo que me parece curioso es que si bien decidí no volver a verla, muchas de las veces en las que me jalo el pito como un condenado a muerte es pensando en ella -todo eso lo contaba mientras yo barajaba posibles frases en consecuencia o al menos alguna contraria que fuera reveladora del control que podía poner a mi alma cuando se me encendía con la misma torpeza de un perro contento ante una pelota. Nunca hubo nada diseñado en exclusiva, para nosotros –le dije y bajé la taza de mi café antes de hacer notar que mi mano temblaba como consecuencia de mi temeridad.

Quizá podamos ser amigos, otro día, cuando las historias se hayan ido de tu cabeza. Nunca disfruté una película cuando el protagonista me hacía recordar a mí o a ningún conocido. Detesto los relatos de relatos. Por favor no escribas sobre lo que han escrito del partido de béisbol, quédate el diario. Debo irme -Apenas lo dijo me di cuenta de que no había pospuesto ni siquiera un segundo mi realidad.

Omar Alej. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Camboya, Su relato es un arte perdido.

Pero si ella se ha salido con la suya, él se ha salido con mucho más; si ella se conduce de mala manera, él se ha portado mucho peor. Mientras estén juntos, si es que lo están, él es quien lleva la voz cantante, ella es quien lo sigue. Más vale que no se olvide de eso.


Desgracia. J.M. Coetze.

Píc. By; Mila.
"Torres de los danzantes sobre cuerdas"

Su relato es un arte perdido. Por entre las letras, huidizo: quiere dejar entrever algunas fichas tramposas que hay en la autoestima. Algunas veces he puesto a prueba mi fuerza contra otros tantos simuladores del oficio de escribir. Como yo, cuentan con reflejos; pero no con astucia ni estilo ni talento: se consumen sintiéndose más o menos que otros. Eso fue lo que en él atrapó mi entusiasmo. Parecía renunciar a los puntos de encuentro consigo mismo y dejarse llevar por las manos de cualquiera que fuera tan extraño, como él era para otros. Sin duda tiene la bendición de una tradición a cuestas, quizá sea de embriagues o sabiduría <<que son lo mismo>> dice él.

Intentaré recrear lo que leí en la pantalla de su ordenador. Lo leí mientras me fue posible porque se había ido a rellenar la hielera con hielos y los dos vasos con ron; al volver la cerró y se puso hablar en contra de aquellos que suelen tener claro quiénes son, creyendo –además, que eso aporta algo al servicio de la libertad o de las batallas contra las represiones.

Enemigo, de los enemigos de lo que no encaja o de lo que suponen en contra del amo y esclavo. Se saca, de los cigarrillos que fuma, una hipótesis brava que dice que no y da la espalda a la identidad.

Su relato es un arte perdido. Comienza diciendo que en general prefiere estar solo. Sin embargo hay ocasiones en las cuales despierta con mucha resaca, nervioso y ansioso por salir de sí mismo. Entonces busca, en el teléfono móvil, el número telefónico de la última chica con la que recuerda haberse acostado, para poder llamarla e invitarla a su casa a mirar películas de poco interés <<películas mierdas, de esas que usan los más pobres intelectuales, para darse aires de conocedores. Películas con historias que despreciaría cualquier niño estúpido en Túnez o en los Balcanes. Películas con títulos cursis como Into The Wild, El Árbol de la Vida o Little Miss Sunshine>> eso escribe en “La Sexy Marmota” título del relato que intento relatar.

La chica llega y viste falda corta de tela libre color azul rey, las piernas delgadas no son aburridas y conservan la forma de un musculo tenso, ahora relajado. Lo mejor es la línea en la que describe los dos zapatos con los que cubre sus pies <<botines anchos, feos; hechos en pro del control de la  natalidad>> Los otros rasgos que pone a la sujeta en cuestión es que tiene cuencas de faro y ojos de semáforo en rojo. Da la impresión de divertirse al contar que la deja tocando el timbre durante cinco minutos o más.

Cuando están adentro, primero en la sala, cada uno de ellos en un sillón diferente, hablan del tiempo que llevan sin verse y de haber hecho lo mismo de siempre. Una cerveza en la esquina de la mesa de centro y otra cerveza puesta sobre un taburete; esa parece ser toda la decoración de la que dispone el narrador del relato. Sin embargo, cuando ella empieza a recordar el momento en el que se conocieron, él se distrae mirando los cuadros que ha ido pintando en el último año, unos son derivados de obras modernas y otros son el producto de la falta de ideas; pero igual se gusta e igual se siente identificado con el personaje de “Desgracia”, David Lurie, la novela de J.M. Coetze.

<<cuando vamos subiendo las escaleras ya voy muy caliente, la media hora que hemos pasado hablando, además de ignorarla e ignorar cualquier posibilidad de mi parte por sentir algo, (además del paso del tiempo) lo he pasado pensando en frotar mi verga en su cara o que me coja la polla con las dos manos y la jale muy fuerte mientras yo grito: estoy llegando a ese punto de no necesitar nada además de un mísero/patético momento de barbarie, para no pensar en mi alma y sus distintas utilidades>> justo esa parte del texto me pareció un sin igual delirio poético, solo accesible a los que no buscan belleza en nada de lo que hacen: y la belleza se hace por tratarse de ellos, como una perra obediente que les obedece si le ordenaran sentarse.

En la habitación todo está dispuesto de un modo elegante. Ni siquiera la más alta tecnología, en cuestiones de sonido, sobresale. Es como encontrarse dentro de un orden más allá de cualquier orden previsto. La película empieza <<en esta ocasión he tenido que elegir una que he visto muchas veces. Ya desde la escena inicial aparecen follando como dos locos, Marissa Tomei y Philip Seymour Hoffman. He preferido tirar un mensaje claro “te necesito, dos minutos como mucho” y ella lo ha captado, miro que su espalda se erige derecha, para sostener su cabeza sin voltear a mirarme.>> Me llena de escalofrío lo frío que puede ser, para describir lo que está pasando mientras él tiene la mano izquierda en el pecho derecho de ella y su mano derecha sacándose el cinturón.

Pudiera parecer que se enoja, cuando la chica lo enfrenta y le pregunta por qué cada vez es lo mismo <<siempre que vengo platicamos un poco de esto o aquello. Yo creo que porque no quieres parecer un tonto animal. Después nos subimos al cuarto, pones una película o la grabación de un concierto y cuando lo que hayas puesto ya te aburrió terminamos sin ropa…>> y no, no sé enoja.

Deja de forcejear y la escucha <<cuando dijo aquello, no tuve más remedio que cambiar el guion. La besé en la frente, la miré a los ojos y me disculpé “ahora vuelvo”. Baje las escaleras con el pito aún fornido y en el último escalón. Contra la pared, recargué en mi brazo derecho extendido toda mi humanidad, con el otro brazo me sacudí hasta acabar>> Después volvió y le dijo que sería distinto, se metió entre las sabanas y la invitó a rascarle la cabeza.  

Su relato es un arte perdido y yo quería contarlo.
Omar Alej.

viernes, 10 de marzo de 2017

Se cambia resaca.


¡Murió ella y yo soy libre!
Ahora puedo emborracharme.

El vino del asesino. Charles Baudelaire. 



Cambiaba esta resaca
por piojos
o por diablos con dientes de piraña
mordiéndome los hombros.

Cambiaba esta resaca
por el hambre de la gente,
toda en mí.

Cambiaba esta resaca
por arder con leña verde.

Cambiaba esta resaca
por irme caminando hasta Beirut.

Cambiaba esta resaca
por orejas de pescado y ser de palo.

Cambiaba esta resaca
por subirme a un autobús
con destino del infierno
y claro que sería capaz
de idealizar la respiración bajo el agua.

Cambiaba esta resaca
por resortes afilado
en mi cama.

Cambiaba esta resaca
por el fin del occidente
y la conquista talibana.

Cambiaba esta resaca
por un golpe en las pelotas.

Cambiaba esta resaca
por cianuro y gasolina
en un cóctel que bebiera de un embudo.

Cambiaba esta resaca
por un hijo.

Cambiaba esta resaca
por Magic Johnson
entrándome en el culo.

Cambiaba esta resaca
por dormir en un rosal
que esté sin rosas;
pero con muchas espinas.

Cambiaba esta resaca
por casarme con el tipo
que interrumpe cuando leo.

Cambiaba esta resaca
por un clavo en la consciencia.

Cambiaba esta resaca
por vivir no tan deprisa
y no ser.

Cambiaba esta resaca
por cualquier oferta que me hagan.

Omar Alej.

jueves, 9 de marzo de 2017

Retrato robot de Omar Alej. Al carbón.


Tengo que deciros, amigos,
que prefiero mis asuntos a los suyos.

Otros Escritores. Leonard Cohen. 


Prometiste que nunca lo harías,
dejar para luego a Charles Baudelaire.

Me tenías comprado con eso
de que el mundo era este pedacito nuestro
de chocolate-hachís, cocaína, soledad y cerveza;
pero no te importó.

Te escudas en sacar de quicio el que todos cambiemos
<<al menos un poco>>
así me los has dicho durante esta mañana,
cuando bajaste a la playa y te tumbaste en la toalla
como declarándote libre de quien no he sido yo.

Claro que no haces nada al respecto.
Cuando yo dejé todo, para seguirte
a un miserable metro cuadrado de tierra,
sé que lo hice mediante la fuerza
del tobogán oscuro que insufla a tus dioses.

A cada turista has dado tu nombre,
me dolió muy adentro cuando te vi sonreírles
e invitarles a un juego
en las explanadas de tu castillo de arena
como si a mí no me hubieras relegado
a comer lo mismo de ayer.

Y no, no te acobardes
y digas que son celos míos,
que me invento traiciones
o faltas a tus principios;

No rebajes a calidad de chantaje
mis ojos abiertos.

En el cuello,
el collar de tu pacto de entrega,
con el emisario de afuera,
revela que nunca creíste
ser fugaz como un rayo.

Yo estoy colgado de ti,
como un crucifijo mirando a tus pies.
Perdona si siento maligna tu gracia.

Me hiciste creer
que estaba equivocado buscando el verano
y la luz a colores entre los arrecifes.

Cuando no naufragaba
el ardor de mirarte era insostenible
por mi insufrible simpleza.

Quería ser querido
y me contaste que son cosas de enanos mentales
¿a dónde iré ahora?
no soy quien quieres que te mire, Omar Alej.

Omar Alej.

miércoles, 8 de marzo de 2017

El día del alacrán; más allá de la perenne emoción.


No sabía qué hacer. Y no sólo ahora, pensó, no sólo en esto, no sólo a este respecto, hoy y mañana, sino ningún día, en ningún momento, nunca.

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Raymond Carver.


En el Día de la Marmota Bill Murray
despierta una y otra vez en la misma fecha,
mientras suena Sonny and Cher
y él se despereza: ¿es costumbre o disidencia?

Constantemente me ocurre pensar en ello
atrapado en el tráfico,
sobre la misma calle que ayer fuera mi camino  
y hasta –casi estoy seguro, entre los mismos automóviles
que eran los imposibles barrotes de mi prisión
diurna y corruptela.

Yo quiero que el trayecto importe
y subo el volumen
y golpeo el volante
y miro al costado
y quiero fumar
y llorar y bajarme
e impulsarme y volar;
dejando un hueco de vigas y cemento
donde estuviera parado
como si fuera un cristo que vuelve y renuncia…

Cuando la fila avanza
me golpea la presión de la prisa;
en el corazón de la gente, me acuno.

No estoy tan sobrado de valentía,
sé que no es la misma fecha de antes
aun si es el mismo día armado en restos, víscera,
luz, confinamiento y veneno.

El pobre alacrán se ha roto las alas;
se las hice con alambre y soldadura
forrándolas en piel de rata.
Quería agradecerle por no morir al picarme;
pero me dijo que no era una abeja
como yo no era un pez
y nos hicimos hermanos de causa.

De causas perdidas,
como nuestra unión
o nuestra separación.  

Ya no puede volar
y no quiere que lo vuelva alar.

Sabe todo del desierto
y cuando quise intentar contarle mi parte
con un poema, en el que yo decía sobre el oro en la arena;
muy rápido fue
y me picó otra vez:

<<cuando quieras aprender,
aprenderás, compañero>>

Y si es así
como el sol se repite
y si es así como el mar es el mismo,
aquí como allá.

Ojala, no.
Ojala que no.

Omar Alej.