miércoles, 15 de febrero de 2017

Tomasina, Sista ¡HB!

“Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera"

Martin Fierro. José Hernández.


Estábamos a nada de escaparnos
de la impronta que teníamos en realidad…

Nos pusimos nuestros ojos en mirillas
de un camino hacia el oeste
y cargando a Martín Fierro, a Inodoro Pereyra   
y el mal aliento de los brandis de banqueta,
pretendíamos dejar del otro lado
la noticia de que el mundo había acabado
como un nudo de sucesos sin sentido
-otra vez.

Pero largos como el viento, preferimos otra copa
y otra copa y otra copa y otra copa;
más del mismo humo de siempre
y solamente un poco más
de los cotarros del pasado entre las cartas de baraja
y renuncias ambiciones con malicia.  

Niños buenos, compañeros de la vida;
qué bonita pudo haber sido la historia de los hombres
si sumábamos el cambio al espejismo de mañana.
Y no fue que no tuviéramos el alma
o los tamaños, para irnos…

Sucedió que nos gustó aquella frase
que leímos grabada en el madero de la barra.
Fuimos uno con el barman
que contaba con las fichas suficientes,
para hacer de la rocola un festival con rocanrol, 
del argentino.

Tomasina condenada,  
sin opción de abandonarme
se hizo sangre de mi sangre
y no falta el aire de viajar en mis pulmones
ni la luna en mis entrañas ni el objeto del deseo
ante los jueces.

Sucedió sin previo aviso,
lo fraterno de los lobos;
aun si uno es Bariloche
y solo el otro -es tontería.

Happy birthday,
sista, hermosa;
sos de dios y ¡Ave Cesare! -el Borgia.

Nos tenemos
porque somos dueños de lo justo –solamente.

Otro mundo,
el que podía haber pasado, no cambió:

Todavía es cambalache el gran hit
y la gimnasia y la magnesia.

Nos quedamos con las huellas que se borran,
con la espuma de los mares vuelta sombra de cerveza
y de estrellas caminando en las aduanas;

Cuando cruzas, para hacer de tu destino
otro bravo corazón que cante tangos a las musas
y al hermano que se siente más porteño
que la propia Avellaneda.

Omar Alej.

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