viernes, 3 de febrero de 2017

Melancolía, mi primer novio.

Tengo edad de hombre, y al mirarme por dentro sin otra intención de análisis que la que pueda dar de sí la simple inspección ocular, me hallo, si no deforme, deformado; tal como una vaga larva humana.

Iluminaciones en la sombra. Alejandro Sawa.



Me enamore de mirarlo tocar la guitarra
y que sus notas sonaran igual a mis alegrías más lentas.
Aquello era un lujo,
un desacato a la norma del arte o el talento
y aprendí que al mirarlo
estaba pactándome en paz con lo que se ha perdido;
porque el mar es así…

Supe también
que no es bueno irse del sitio en el que te tienen atado;
si alguna vez me distraje,
dejé de sentir que mi pecho se abría.
Cuando me quedé y lo borré todo
-lo que sé y lo que falta por saberse,
me sentí llamarada.

Dejado en el trance,
me acordé del Pachas;
aquel chico hermoso con la boca grande de Jagger
y el pelo rizado de un ángel.
Tenía la piel blanca de un loco
y en sus pestañas se hacían nubarrones:

Lo quise de un modo inaudito,
sin considerar lo doliente que era
mirarlo acabarse detrás del papel aluminio.

Cuando tuve once años
fue la segunda vez que me iba de casa
(La primera no fue y no llegué ni a la esquina)
Estaba con él
y mi madre, La doña, me vino a buscar;
ahora sé que tenía un susto en la cara
a punto de estallarle.

Aquel soldado del hampa,
de las pastillitas, el rock y las patinetas,
pidió me dejaran quedarme a dormir esa noche
y esperar a que el duelo hiciera migas
en cuestión de horas, alejado de casa.

Pusimos cobijas, cojines y bolsas de papas
en medio de su sala, frente al televisor.
Vimos la película El Duro
y Una Propuesta Indecorosa:
siempre Woody Harrelson será él, para mí;
un desinteresado hijo de puta.

La noche acabó
y había que volver al lugar
a donde estaban las pistas de mi identidad de escapista.
Qué lindo que fue,
que fraternal y estupendo,
mi primer novio.

Hubiese querido tener esa vez
mi primera experiencia sexual:

Sería literatura
y no ésta melancolía.

Omar Alej.

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