jueves, 23 de febrero de 2017

Hay más que pena capital en el amor.


En menos de un segundo
Nuestras vidas chocaran
Lo interminable interrumpido
La puerta abierta de par en par.

El libro del anhelo. Leonard Cohen.


Hoy que de nosotros solo hay cables inconexos,
de un pasado que en común volvimos polvo;

Antes de que yo mismo te culpe
por pensar que pude hacerlo
aún sin gran parte de mí; corazón,
me pronunció y asevero…

Lo peor fueron los sueños que soñamos,
que serían como un cojín donde los sueños…
y el temor a comernos uno a uno los días
iguales a madera que se quema solo en parte;

Eran todo lo que había y nada más.

Además -si discutimos u oponemos
las versiones de la historia contra el río o un espejo,
hasta un loco puede ver que sí,
que así está bien ya de despecho
y servidumbre.

Hay más que pena capital en el amor;
pero cualquiera que haya visto
te dirá que es algo breve.

La primera viajante que yo hubiera visto jamás,
estaba viva por irse del país antes que nadie.

Si volvió del capitolio o no lo hizo
es lo mismo que jactarme de que escribo
con las manos de mi hermano, un hombre muerto.

Sé que hay algo resentido en mi palabra
y que las venas no debieran funcionar como un drenaje…

Puedo ir hacia la calle
y dar por hecho que estaré después de todo
en mi tumba sin que nadie se moleste en recordarme;
pero igual me lo pregunto
¿cómo fue? ¿qué ha pasado?

¿Influyó que no estuviéramos vestidos con las mismas alegrías
y que su herida de la mía fuera otra?

No me avergüenza confesar que no perdono;

Igual fui -y siempre soy,
aquel muchacho que tragaba las legumbres, sin hacer, de la costumbre
y llamaba a su puerta, para verla como era,
juvenil, un melodrama, despreocupada, un poco loca
y monasterio, de los chicos que con ganas -o sin ellas,
la subían en su coche para darme la lección del pez más grande.

Sea un complejo de cobarde o no lo sea…
no fuimos tan amigos -como íbamos a ser,
cuando fuera el tiempo mío de estrellarme;
pero antes de decir que he traicionado,
da lo mismo si lo sabe o no lo sabe:

No he quebrado con mi estilo confundido
ni he roto con la suerte que se gira en pos de otros.

Ya no estábamos unidos
cuando abrí la puerta y era tiempo de mi soledad.

Omar Alej. 


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