martes, 14 de febrero de 2017

¿Cuando es el día del amor verdadero?

Se metió en el dormitorio, cerró la puerta y se echó sobre la colcha. Seguía oyendo la televisión. Se puso las manos debajo de la cabeza y miró el techo.
Doreen abrió la puerta.
—Voy a intentarlo de nuevo —dijo.
—Muy bien —dijo él.

No son tu marido. Raymond Carver.


Ella.-
Buen día mi amor,
hoy quiero salvarte
de lo que hay en filtros
y si te hace falta morir,
te mato también:
esto es un pacto…

Lo que tú me pidas
-menos democracia,
oro o plata;
puedo hacer de mis piernas
una serpiente que ahogue
cualquier soledad
que te haya dejado hasta ahora.

Él.-
Hablas de salvación
y pareces más frágil,
más cerca de nada.
No creas en ello,
solo cree en nosotros.
Ven, yo te salvo.

De los días rojos,
del metro detenido
sin electricidad,
de los días con lluvia
sin ir al trabajo
y sin televisión por cable
en nuestra habitación.

Ella.-
Ahora que lo mencionas,
habías prometido mudarnos
el año pasado.
Tan solo en un cuarto
quedan apretadas
todas las caricias que hice,
para ti,
durante el retiro cristiano
que dejé a la mitad.

Con dos bicicletas
se llena la parte
donde deberías montarme
con la gentileza
de un oso en anfeta
y el romanticismo
de un Bardo borracho.

Él.-
Lo sé;
de un modo modesto
nos hemos ido rompiendo.
Menos mal que las piezas de mí
tiran hacia ti
y forman dunas de deformidad.

Cuando callas apreció el silencio
como un modo de arte olvidado;
pero cuando me gritas
le bajo el volumen a cada sonido
que hay sobre el acero
y es tan duro quererte
que de quererlo
-con mi cariño por ti,
le rompería el parabrisas
a la limusina
que nos deja varados
en nuestro camino a la gloria.

Ella.-
Te aviso que te quejas
y que siempre me gustó
la vena en tu cuello, tensa;
pero te quejas
y no es propio de un hombre
que se queda dormido
después de masturbar a su nena.

<<Intenta subir la caída>>
Es lo que me dirías;
si no mal recuerdo
es lo que dijiste
cuando llegando tarde
me estabas esperando
con mi reloj de pulsera
en la casa de empeños.

Él.-
Entiendo, me juzgas
y yo lo hago igual;
pero sin querer.
Buen día mi amor,
se hará la tarde de sn. Valentín
y quiero salvarte
de los chocolates, las fresas
y de los poemas.

Ten,
te doy amor por los suelos,
cielos bajos,
miserias agudas,
mi negra consciencia,
fe en lo cotidiano
y la imagen del fuego
en una foto gris.

Así hicieron mis padres
y también mis abuelos;
lo otro -lo lindo, no es cierto,
es solo un portal del Ikea.

Ella.-
Ven,
dame amor por los suelos,
cielos bajos,
miserias agudas,
tu negra consciencia,
fe en lo cotidiano
y la imagen del fuego
en una foto gris.

Así hicieron tus padres
y también tus abuelos,
lo otro -lo lindo, no es cierto,
es solo un portal del Ikea.

Omar Alej.

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