martes, 28 de febrero de 2017

Laberinto y salida.

“Nunca estaré más lejos de mí que ahora.”

Mila Ojea.

Pic. by MedioTuerto.

Te emprendo
y tú me emprendes.

No conozco el alivio de una pena,
solo he sabido irme. Llevo las marcas
como un triángulo que oculta
mi pasión -por alusión, al comité
de mis fantasmas que son puntas de navaja
y ellas fueron mis amantes compañeras
del prohibido mecanismo de la piel al natural.

Ahora estoy considerando dar un paso
y que sea a mi derecha, hacia mi izquierda, hacia atrás
y hacia adelante.

Igualito que un reloj,
travesía más allá de cualquier puente que se ha roto…

Ojala que dios exista,
así puedo compartirle mi derrota
y yo alegre,
como quien le cuenta a un ciego un color que se resiste.

Te emprendo
y tú me emprendes,
te pierdo en mis regresos
pues me encuentras en tu cima,
dibujando el horizonte con la fe en que las pestañas
de los libros no hacen mal ni se vacían.

He elegido que se pueda hacer posible
lo imposible;
te recorro y la ruta es la columna de una espiga.
Brilla en oro
y sabe a pan que haremos luego, en nuestra aldea,
porqué habremos inventado el futuro
contra toda sensación de pertenencia.

Te emprendo
y tú me emprendes;
festivo, me hace gracia; son cosquillas.
Si te toco al pie de un río
pasan aves que no han visto un freeway
ni tampoco una casa de dos pisos,
azulando el cielo gris de San Andrés.

Además -cuando el otoño, cantas con hojas de voz ronca.

Nos hemos encontrado,
fuiste el inicio de una colonización
y hoy no tienes algo más que un mar de rocas.
De mi sabes lo que he dicho;
no, no tengo a donde ir.

Terminaré hasta donde no podamos llegar;
te emprendo
y tú me emprendes, laberinto y salida.

Omar Alej.

lunes, 27 de febrero de 2017

Hay dos tipos de oponentes; pero son el mismo.

No hay elección sin libertad, bucanero. No somos nosotros quienes estamos muertos por dentro. Todo esto que encuentras en nosotros tan débil y despreciable es justamente el riesgo de ser libre.

La Broma Infinita. David Foster Wallace.


Nadie suponía
que pudiéramos llegar a compartir
ni silencios…

Palabras o ideas
que hubiéramos puesto ante alguien
no parecían emanar de un común;
de nada entre nosotros.

Sin embargo, en él había tradiciones de buena educación,
tolerancia, temple y cierta progresía que le condicionaba
y suponía quedarse –a veces, donde no hubiera estado
de tener disponible una forma de huir.

Yo por mi parte
-siempre al acecho
de una nueva contraria-
me enorgullecí de tener
el más mundano motivo,
para no marcharme,
la curiosidad de los gatos.

Y hablamos de mucho y de poco,
de su inusual interés por los boleto de tren
que conservan la huella de una pisada.

<<ahora es muy difícil,
apenas quedan estaciones;
pero igual si me pilla una cerca
me voy y levanto algún pase de abordar
que haya sido pisado.
No sé muy bien para qué.>>
Me dijo y bastó,
para que se iluminara el libro de notas
que suelo llevar conmigo escondido.

He pensado mucho
en lo que pude haber dicho
y por mi parte -en realidad, apenas y fue que conté
de una mantarraya
que me dejara marcado en el pie su aguijón.

Podíamos hablar de la paz, de la guerra,
de cómo el mundo cambió cuando nosotros cambiamos
o de la impasible manera en la que la libertad se supone no es.

Estábamos aptos,
para discernir y oponer ambos puntos de vista,
entre él y yo no cabía empatía
y debíamos saber los motivos,
tallarlos, mostrarlos y luego clavarlos.

Pero no quisimos,
al mirar que no teníamos testigos
optamos por lo que haría un par de niños
y nos divertimos por no saber quién -se supone, es el otro.

Omar Alej.

viernes, 24 de febrero de 2017

Seductor Vs Ladies' Man

<<Marie: te amo; eres muy buena conmigo. Pero debo irme, no sé exactamente porqué; estoy loco. Supongo. Adiós>>

La máquina de follar. Charles Bukowski.


Asumir lo que él pensaba
es un riesgo petulante y esnobismo.

Sin embargo, con tres tragos,
sin mujer a la redonda, adivinarlo
es un juego cuando menos divergente.

Asumo que piensa en el modo
en el que ha llegado a verse rodeado
por nadie además de mí;
que encima parezco un afiche sacado
de un disco de Rugrats, supongo.

Algo en él cuenta una historia de noche,
no es el color negro de todas sus ropas,
no es el anillo de cuervo en su dedo anular
y no es la marca en el cuello.
Es –quizá, su cansancio
el que puedo notar en los sorbos pequeños
que le da al botellín de cerveza
que se antoja debe estar tibia y caldosa.

Lo curioso es que al mismo tiempo en el que abrazo su soledad
-como una nena que se entrega a curaciones con el malo del colegio,
también puedo distinguir que una aureola diamantina
se le pone sobre el seso revirtiendo la empatía
y dando paso a una enorme sensación de mezquindad
y envidia;

Pero qué hace acá este hijo mal parido de mil putas,
si seguro que en su casa una morena está vestida
como un hada, esperando para hacerle felaciones,
sacrificios, carnavales, aquelarres y meriendas.

Qué maldito y qué tarado con su aire de veneno,
para aquel que no comprende;
melancolía de panfleto es lo que eres
¡Trovador!

Muérete con tu mirada atravesando la pared,
púdrete con tu desprecio por las nalgas de Beyonce  que se ven en la pantalla.
Anda ya con tu marisma de cinismo a otra parte.

Yo he venido, para ver si quizá luego
-cuando hubiera apalancado un taburete
ya con cuatro o cinco vodka tonics,
me animaba a conversar con alguien vivo.
Sin embargo este Egar Allan devenido en un Siddhartha
me obsesiona y me perturba:

Yo estoy solo y lo sé;
pero a él ¿qué es lo que le pasa?

Omar Alej. 

jueves, 23 de febrero de 2017

Hay más que pena capital en el amor.


En menos de un segundo
Nuestras vidas chocaran
Lo interminable interrumpido
La puerta abierta de par en par.

El libro del anhelo. Leonard Cohen.


Hoy que de nosotros solo hay cables inconexos,
de un pasado que en común volvimos polvo;

Antes de que yo mismo te culpe
por pensar que pude hacerlo
aún sin gran parte de mí; corazón,
me pronunció y asevero…

Lo peor fueron los sueños que soñamos,
que serían como un cojín donde los sueños…
y el temor a comernos uno a uno los días
iguales a madera que se quema solo en parte;

Eran todo lo que había y nada más.

Además -si discutimos u oponemos
las versiones de la historia contra el río o un espejo,
hasta un loco puede ver que sí,
que así está bien ya de despecho
y servidumbre.

Hay más que pena capital en el amor;
pero cualquiera que haya visto
te dirá que es algo breve.

La primera viajante que yo hubiera visto jamás,
estaba viva por irse del país antes que nadie.

Si volvió del capitolio o no lo hizo
es lo mismo que jactarme de que escribo
con las manos de mi hermano, un hombre muerto.

Sé que hay algo resentido en mi palabra
y que las venas no debieran funcionar como un drenaje…

Puedo ir hacia la calle
y dar por hecho que estaré después de todo
en mi tumba sin que nadie se moleste en recordarme;
pero igual me lo pregunto
¿cómo fue? ¿qué ha pasado?

¿Influyó que no estuviéramos vestidos con las mismas alegrías
y que su herida de la mía fuera otra?

No me avergüenza confesar que no perdono;

Igual fui -y siempre soy,
aquel muchacho que tragaba las legumbres, sin hacer, de la costumbre
y llamaba a su puerta, para verla como era,
juvenil, un melodrama, despreocupada, un poco loca
y monasterio, de los chicos que con ganas -o sin ellas,
la subían en su coche para darme la lección del pez más grande.

Sea un complejo de cobarde o no lo sea…
no fuimos tan amigos -como íbamos a ser,
cuando fuera el tiempo mío de estrellarme;
pero antes de decir que he traicionado,
da lo mismo si lo sabe o no lo sabe:

No he quebrado con mi estilo confundido
ni he roto con la suerte que se gira en pos de otros.

Ya no estábamos unidos
cuando abrí la puerta y era tiempo de mi soledad.

Omar Alej. 


martes, 21 de febrero de 2017

La poesía dice del poema: "no lo entiendo"

Y ahora,
perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.


Oda a la crítica. Pablo Neruda.

Estoy sobre las hojas
de un poema imposible de leer
mientras espero por la cita con el doc
(al estar padezco un gran catarro
e infección en la garganta).

Cuando el médico me atiende
me dice que repose,
que beba líquidos
y además me inyecta un antibiótico
espectral de amplio espectro.

Por lo que entiendo,
es la consecuencia del domingo a la noche
que salí, para ir a ver a un gran artista.
Sin embargo sigo sin saber de qué diablos
quería ser el Gran Jeronimo, el poeta
en la colecta de allá afuera:

Talibanes culturales proliferan
y hacen que uno que no es docto en idioteces
sea un idiota, vaya mierda cultural;
antisistema propagado por el culo del sistema.

Más adentro, en la consulta,
no parece que le importe
al doctor -ni a nadie al lado,
que yo debo de salir siempre de noche.
Si le cuento que mi oficio es de canalla,
sin siquiera levantar del recetario la mirada
me receta cistinea cada doce horas largas
que yo iré memorizando hasta olvidarles.

Lo mejor, para aliviarme,
seria estar lejos de todo,
es lo que pienso al abrocharme la camisa;
ver el blanco de la nieve cuando es blanco
todavía
o volver en el pasado
y romper aquella hoja
en la que ponía que me iría
una vez que el mal de invierno me dejara.

O una dieta de poetas
de esos que pa todo hacen alarde de lo hondas
que resultan senda y onda cuando ellos las atizan;
masticarlos, devorarlos, digerirlos y expulsarlos.

Esto es solo un catarro
e infección en la garganta
y aunque han puesto a mis sentidos
sobre un filo de navaja temblorosa
no es tan malo.

La medicina no entendería
que yo crea que mi dolencia
no es otra que palabras dislocadas
en poemas sin poesía; pero insufribles.

1,2,3… Manifiesto:

Hazlo humano,
a mister dios
háganlo humano
o tendré que estornudar
en cada uno de sus incompresibles vectores
vietnamitas, atareados al cencerro
de la punta horizontal del horizonte
tan cainita y tan permeable:

ángulo sin magnitud.

Sí, eso mismo les pregunto: yo también.


Omar Alej.

lunes, 20 de febrero de 2017

Sin respuestas.

<<No soy quien, para responder ¿por qué? Simplemente murió; explicar la muerte en algún punto es culpar al muerto>>

Diario de un Moto/Circuito (2017)
Omar Alej.



Veo la luna,
ella me dirá el momento
y hacia donde continuar;
llevándome, con mi esperanza
sobre el ritmo de las olas,
mucho más que un caracol…

Mientras tanto sale el sol
y continúo descifrando
si es olor lo que desprendo
o así huele cuando pierdes
el sentido del olfato.

No amenazo con marcharme.
Se comprueba que aún estoy en el camino
y que sigo sin llegar a ningún sitio
como yo, que necesito
se me haga de trinchera.

Con memoria recordé
y me recordaron
por las faltas de expresión
e intransitable pergamino de mí adentro.

Los sujetos invisibles en la calle
¿qué preguntan?
da lo mismo;
les respondo con la mano abierta,
rajándoles el rostro
en dos pedazos :
ambos suyos.

Porque ellos olvidaron
las heridas infringidas
en mi parte de inocencia;
ahora lloran, previniendo de perder
sus nidos, repoblados con tubos de ensayo.

Me podría enamorar más de la cuenta,
regalar la tierra de mi patria, la palabra.
Podría convalecer al lado de los júbilos y fiestas,
refractar lo que yo era;
pero no podría retenerme  
en el choque de la libertad
contra una cerca.

En respuesta a un anagrama,
que se hicieron conmigo
como si yo no fuera cierto,
me he cambiado el nombre.

Veo la luna,
ella me dirá el momento
y hacia donde continuar.

Omar Alej.

viernes, 17 de febrero de 2017

El enemigo.

Mereces lo que sueñas.

Beautiful. Gustavo Cerati.


A veces -las más, es la guerra.
Soy mitad de un par en la trinchera
y a lo lejos las luces de explosiones
me confirman que estoy cerca
de sentirme lo que siento
por el otro, el enemigo…

Si la luna no salió
entonces son mares de arena
en tono sepia,
llevo burka y sale el sol;
pero es oscuro y está lejos de la luz.
Es como si una vaca mal herida
me mirara con los ojos llenos
de la sangre hinchada.

Hace frío
es cuando pierdo las dos piernas
y me salen los tobillos por el cuello;
nadie habla
y yo repito sin sentido
cada número del alfabeto.

Que estoy preso,
ese es el que podría relacionar
con los momentos
en los que he cenado aves
o la cría de un chancho semental
sin pedigrí.
Además que me castigan
con que tengo que dar de comer
a un macho cabrío con cataratas.

Que camino hacia atrás.
Que caigo sin impactarme.
Que me ensucian con mis heces.
Que me tiran de la silla del caballo.
Que perdí la dentadura.
Que me tocan con las ramas como a un sapo.
Que hacen falta medicinas.
Que le rompo los dedos a un señor.
Que no tengo amor
y no tengo un recuerdo que salvar…

Es verdad que nunca fui,
que no soy y no seré
ningún prodigio de virtudes
o al menos un hombre en quien confiar;
pero igual digo que no.

No merezco lo que sueño,
eso no.

Omar Alej.

jueves, 16 de febrero de 2017

¡Vaya honor de verdad!


"Hay hombres que de su ciencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas,
Mas digo sin ser muy ducho
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas"

Martín Fierro. José Hernández.


Leo en la prensa
que Sabina es mediano,
un poeta menor,
y me asusto
de la nimia importancia
que suele suponerse tanto a disparos
como a nacimientos.

Además mi resaca
me deja mirando a través de ventanas
que antes eran ideas
y hoy son pipas de aguas,
líneas blancas en el pavimento
y también un lugar que ya queda muy lejos.

No soy honorable
ni tengo mérito alguno
además de vivir y sobrevivir
siendo cualquiera…

Pero tengo el honor
de tener que partirme en pedazos,
para no ser tan solo otra parte
que pide desprenderse.

Pierdo
y caigo.
En un mismo día
la ola que se va
y la ola que regresa.

Tengo el honor
-no sé,
de la madera
y los pequeños puentes
entre los lunares de ella
y uno que la ve pasar.

No suelo refutar
la violencia de algo que embiste
ni contra la ternura
de algo que falta.

Me dirigen silencios,
los operadores que turnan
en el ascensor.
El que vende boletos,
para el premio gordo
me sigue a distancia
por si tienta mi suerte.
Ruedan, calles abajo,
latas de coca cola…

Ya después,
cuando en la tarde es muy tarde,
para aguantar el aire;
se me ha ido anudando el tiempo en la piel.

Mi vida es otra total y desenfocada travesía
a través de una entera quietud
que las voluntades llaman a mover
¡Vaya honor de verdad!

La poesía si es no se distingue
de cualquier otra cosa.

Omar Alej.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Tomasina, Sista ¡HB!

“Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera"

Martin Fierro. José Hernández.


Estábamos a nada de escaparnos
de la impronta que teníamos en realidad…

Nos pusimos nuestros ojos en mirillas
de un camino hacia el oeste
y cargando a Martín Fierro, a Inodoro Pereyra   
y el mal aliento de los brandis de banqueta,
pretendíamos dejar del otro lado
la noticia de que el mundo había acabado
como un nudo de sucesos sin sentido
-otra vez.

Pero largos como el viento, preferimos otra copa
y otra copa y otra copa y otra copa;
más del mismo humo de siempre
y solamente un poco más
de los cotarros del pasado entre las cartas de baraja
y renuncias ambiciones con malicia.  

Niños buenos, compañeros de la vida;
qué bonita pudo haber sido la historia de los hombres
si sumábamos el cambio al espejismo de mañana.
Y no fue que no tuviéramos el alma
o los tamaños, para irnos…

Sucedió que nos gustó aquella frase
que leímos grabada en el madero de la barra.
Fuimos uno con el barman
que contaba con las fichas suficientes,
para hacer de la rocola un festival con rocanrol, 
del argentino.

Tomasina condenada,  
sin opción de abandonarme
se hizo sangre de mi sangre
y no falta el aire de viajar en mis pulmones
ni la luna en mis entrañas ni el objeto del deseo
ante los jueces.

Sucedió sin previo aviso,
lo fraterno de los lobos;
aun si uno es Bariloche
y solo el otro -es tontería.

Happy birthday,
sista, hermosa;
sos de dios y ¡Ave Cesare! -el Borgia.

Nos tenemos
porque somos dueños de lo justo –solamente.

Otro mundo,
el que podía haber pasado, no cambió:

Todavía es cambalache el gran hit
y la gimnasia y la magnesia.

Nos quedamos con las huellas que se borran,
con la espuma de los mares vuelta sombra de cerveza
y de estrellas caminando en las aduanas;

Cuando cruzas, para hacer de tu destino
otro bravo corazón que cante tangos a las musas
y al hermano que se siente más porteño
que la propia Avellaneda.

Omar Alej.

martes, 14 de febrero de 2017

¿Cuando es el día del amor verdadero?

Se metió en el dormitorio, cerró la puerta y se echó sobre la colcha. Seguía oyendo la televisión. Se puso las manos debajo de la cabeza y miró el techo.
Doreen abrió la puerta.
—Voy a intentarlo de nuevo —dijo.
—Muy bien —dijo él.

No son tu marido. Raymond Carver.


Ella.-
Buen día mi amor,
hoy quiero salvarte
de lo que hay en filtros
y si te hace falta morir,
te mato también:
esto es un pacto…

Lo que tú me pidas
-menos democracia,
oro o plata;
puedo hacer de mis piernas
una serpiente que ahogue
cualquier soledad
que te haya dejado hasta ahora.

Él.-
Hablas de salvación
y pareces más frágil,
más cerca de nada.
No creas en ello,
solo cree en nosotros.
Ven, yo te salvo.

De los días rojos,
del metro detenido
sin electricidad,
de los días con lluvia
sin ir al trabajo
y sin televisión por cable
en nuestra habitación.

Ella.-
Ahora que lo mencionas,
habías prometido mudarnos
el año pasado.
Tan solo en un cuarto
quedan apretadas
todas las caricias que hice,
para ti,
durante el retiro cristiano
que dejé a la mitad.

Con dos bicicletas
se llena la parte
donde deberías montarme
con la gentileza
de un oso en anfeta
y el romanticismo
de un Bardo borracho.

Él.-
Lo sé;
de un modo modesto
nos hemos ido rompiendo.
Menos mal que las piezas de mí
tiran hacia ti
y forman dunas de deformidad.

Cuando callas apreció el silencio
como un modo de arte olvidado;
pero cuando me gritas
le bajo el volumen a cada sonido
que hay sobre el acero
y es tan duro quererte
que de quererlo
-con mi cariño por ti,
le rompería el parabrisas
a la limusina
que nos deja varados
en nuestro camino a la gloria.

Ella.-
Te aviso que te quejas
y que siempre me gustó
la vena en tu cuello, tensa;
pero te quejas
y no es propio de un hombre
que se queda dormido
después de masturbar a su nena.

<<Intenta subir la caída>>
Es lo que me dirías;
si no mal recuerdo
es lo que dijiste
cuando llegando tarde
me estabas esperando
con mi reloj de pulsera
en la casa de empeños.

Él.-
Entiendo, me juzgas
y yo lo hago igual;
pero sin querer.
Buen día mi amor,
se hará la tarde de sn. Valentín
y quiero salvarte
de los chocolates, las fresas
y de los poemas.

Ten,
te doy amor por los suelos,
cielos bajos,
miserias agudas,
mi negra consciencia,
fe en lo cotidiano
y la imagen del fuego
en una foto gris.

Así hicieron mis padres
y también mis abuelos;
lo otro -lo lindo, no es cierto,
es solo un portal del Ikea.

Ella.-
Ven,
dame amor por los suelos,
cielos bajos,
miserias agudas,
tu negra consciencia,
fe en lo cotidiano
y la imagen del fuego
en una foto gris.

Así hicieron tus padres
y también tus abuelos,
lo otro -lo lindo, no es cierto,
es solo un portal del Ikea.

Omar Alej.

lunes, 13 de febrero de 2017

De mi necia ambición de ser poesía.

Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:
Sufro -Soy yo.
Ah! La angustia. Fernando Pessoa.


Siempre quise estar al centro,
rodeado, en la trampa,
entre tensos y silencios, copos
de humo…

No quería despertarme de los sueños
que eran parte de aquel tren
en el que huyen
y otra parte tus amores, los que vienen.

Me rompí los dedos en el agua,
que era limpia bajo el lodo,
para prevenir un alud de lágrimas que lloré
y que lloro algunas veces.

Me quería impregnar
de la erosión que hay más allá de las estrellas;
caminé bajo la lluvia
estando aquí y allá y en todo
solitario,
pretendía que al mirar
no recordara aquella imagen.

¡Qué mejor era el olvido!

Encontré la resistencia de algo fuerte
y en verano un delator hizo arena
-junto a él,
un corazón que podía ser,
para el hombre de hojalata.

He luchado por mirar la luz del alma
y cada vez es más difícil sostener
algún motivo o razón
que justifique mis ausencias.

Creo que ahora es vieja mi manera
porque he sido combustible
y no encontré para quien ser
duda y respuesta o calor.

Tú te das
sobre la tela de los sacos indigentes
y en víbora silvestre
y en los cines de terror al mediodía
y en los puños que cerrados no poseen conclusión;
pero sí guardan la idea de apurado porvenir…

Siempre quise estar al centro.
Poseía juventud y rocanrol,
poca escuela en mi manera de contar
y aún culpables -por decir, de mi necia ambición
de ser poesía.

Omar Alej.

viernes, 3 de febrero de 2017

Melancolía, mi primer novio.

Tengo edad de hombre, y al mirarme por dentro sin otra intención de análisis que la que pueda dar de sí la simple inspección ocular, me hallo, si no deforme, deformado; tal como una vaga larva humana.

Iluminaciones en la sombra. Alejandro Sawa.



Me enamore de mirarlo tocar la guitarra
y que sus notas sonaran igual a mis alegrías más lentas.
Aquello era un lujo,
un desacato a la norma del arte o el talento
y aprendí que al mirarlo
estaba pactándome en paz con lo que se ha perdido;
porque el mar es así…

Supe también
que no es bueno irse del sitio en el que te tienen atado;
si alguna vez me distraje,
dejé de sentir que mi pecho se abría.
Cuando me quedé y lo borré todo
-lo que sé y lo que falta por saberse,
me sentí llamarada.

Dejado en el trance,
me acordé del Pachas;
aquel chico hermoso con la boca grande de Jagger
y el pelo rizado de un ángel.
Tenía la piel blanca de un loco
y en sus pestañas se hacían nubarrones:

Lo quise de un modo inaudito,
sin considerar lo doliente que era
mirarlo acabarse detrás del papel aluminio.

Cuando tuve once años
fue la segunda vez que me iba de casa
(La primera no fue y no llegué ni a la esquina)
Estaba con él
y mi madre, La doña, me vino a buscar;
ahora sé que tenía un susto en la cara
a punto de estallarle.

Aquel soldado del hampa,
de las pastillitas, el rock y las patinetas,
pidió me dejaran quedarme a dormir esa noche
y esperar a que el duelo hiciera migas
en cuestión de horas, alejado de casa.

Pusimos cobijas, cojines y bolsas de papas
en medio de su sala, frente al televisor.
Vimos la película El Duro
y Una Propuesta Indecorosa:
siempre Woody Harrelson será él, para mí;
un desinteresado hijo de puta.

La noche acabó
y había que volver al lugar
a donde estaban las pistas de mi identidad de escapista.
Qué lindo que fue,
que fraternal y estupendo,
mi primer novio.

Hubiese querido tener esa vez
mi primera experiencia sexual:

Sería literatura
y no ésta melancolía.

Omar Alej.

jueves, 2 de febrero de 2017

Energía en estado puro (Humanamente incorrecto).


No tenía miedo. No era eso, se dijo a sí mismo. Sólo no quería problemas.

Sesenta Acres. Raymond Carver.


Todavía tengo un tiempo,
me lo apuesto y decreto
que voy a subir, a bajar,
(humanamente incorrecto)
romper el orden de mi voz
y cambiarla de nuevo por un impostor.

Escucha este acento
es el último invento de mi corazón;
quiere que al hablar
lo que escuches sea la sensación
de un motor que cede en intensidad:

Sinfónica gota de lluvia.

Todavía tengo un tiempo,
la camisa sin arrugar,
los zapatos lustrados.
Deme el tenedor y sirva,
voy a comer como un educado
en la redención.

No estoy planeando ganar,
la victoria es del muerto.
Celebro quedarme sin nada que hacer
la luz se detiene en los otros;
yo no.

Disfrutaré
de maldecir y fumar y romper
y quedarme con ganas
de volver a matar…

Todavía tengo un tiempo,
arruinare la fiesta boba
de los ilustrísimos dueños de la casa.
Me veras arrojando los muebles
por las ventanas aéreas
de sus recepciones privadas.

Levantaré los caminos
que hundieron los años,
en cada calle de ayer
iniciaré las mañanas,
para llegar a tu lado
y conocerte después;
cuando en el pecho me claven
con las estacas de paz
que siempre he temido.

Todavía tengo un tiempo,
es un pedrusco del mar
al que nunca volví
y si no sirve de nada
igual no ha de durar,
para siempre.

El mal cuando triunfa resulta muy malo,
para algunos de nosotros el mal ha triunfado.

No me rindo.
Estoy vencido.

Ayudarme no resultaría;
simplemente estoy de acuerdo en sostener
que no soy apto.

Claudiqué y renuncie a cada día.
Es la gente como yo la que nos daña.

Cada vez pasa lo mismo:

Un culpable es un culpable.

Detenerlo y confiscarlo y hacerlo tabaco
y morderlo.

¡Ah!
y que arda
y que arda
y que arda.

Omar Alej.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Aquí y ahora; contra ayer.


Vaya, esta cerveza está fría, fría y con amargor de lúpulo... Sería una bobada pararse a respirar; traga, glup, glup, hasta que no queda ni gota.

El arcoíris de la gravedad. Thomas Pynchon.


Salió de entre el agua
y brinco hasta mis manos
sin peso ni geometría;
decidido, apuntante, certero.

No duró mucho.
Apenas después
me había puesto a pensar
en abrir un bote de cerveza,
en comer papas fritas
y subir el volumen al radio
en el que sintonizaba canciones
de jinetes y caballos.

Se fue atravesando la noche,
no se enganchó ni en la luna
y se quedaron sin verlo los satélites rotos
que orbitan alrededor de la tierra.

Hubiese querido saberlo;
jamás me hubiese negado
a convertirme en raíz de su fuente:
también es cierto que hay ocasiones
en las que hablo después,
cuando ya todo pasó.

Pero era un buen sentimiento,
tenía la paz de los ojos del niño gordito
con el que me senté durante el viaje escolar
al zoológico de Hermosillo;
sus padres le habían preparado
un sándwich con crema de cacahuate
y yo jamás había probado tal cosa.
Me pareció suficiente, para ser feliz.

Salió de entre el agua,
como cada día cuando llego a casa;
me sentía destrozado
y a nada de asumir el silencio
como lo único bravo que podía responder
ante cualquiera de mis dudas

Pero era un buen sentimiento,
no de bondad o prudencia;
más como estar desnudo
o mirar en lo oscuro
o robarse un beso
o patear la pelota…

Ayer dije que podía ver que al final
también la hidalguía se rompe.
Sin embargo salió de entre el agua,
era un buen sentimiento:

Aquí y ahora.

Omar Alej.