martes, 3 de enero de 2017

Tú y el mundo, no me olvido.

“Miro el relámpago que salta desde Asia como
dormido,
mi amor se agita y respira y
se vuelve a dormir,
parte de este mundo y sin embargo
parte de aquél.”
 Dos mundos. Raymond Carver.



Yo no me olvido
de que en ti he encontrado un amigo mejor
y una agónica distancia, para recorrer.

Dando brincos por ciudades
que son siempre la versión aburrida
de otras ciudades por nacer
o que perdieron su derecho
a estar aquí.

No me lo olvido,
lo sé cuándo estamos dentro de tu cama
y algo me pláticas sobre las mujeres con la voz muy baja:

Ambos tememos
de quien pudiera escucharnos
traicionando a tus hermanas
y a mis hermanos.

Yo no me olvido
de que hay un incierto sentido,
para todas las cosas,
con tan solo llamarte.

Sin embargo lo oculto,
lo hago detrás de la mancha de gente que hace fila en la compra
o que llena los estacionamientos en verano;
también jodo a los que hacen senderismo
o que pintan panoramas que no aceptan a un idiota.

Me lleno de sospechas
y no estas.

Cubro mi necesidad de ti
con recibos y recetas,
con molestias propias de la edad
o llamando a pedir pizza con anchoas y salami.

Al conductor de un taxi
que no sabe a dónde vamos
le pregunto qué tan cerca vive dios
y si el volumen, del estéreo  
con canciones de Bob Dylan,
llega hasta su puerta
y si eso logra que aprenda algo
sobre cómo debía de sonar la voz de ángel.

Subo al tiempo,
como esos viajeros en cabinas espaciales
que de niño vi en televisión,
y deambulo por la calle con un puño de semillas;
recordando las palabras que resaltan a un poeta verdadero.

Podría ser que sea mañana
o pasado o presente; pero tú
estas aquí y allá y del otro lado,
no me olvido.

No funciona ni matarte, cada tanto;
cuando tú te has ido lejos
y acá empiezan las primeras lluvias del año.

Omar Alej.

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