martes, 10 de enero de 2017

Nada de esto es real –obviamente.

Llegamos al río. Hay que trasladarse al otro lado en la almadía. En la orilla no hay ni un alma.
-¡Se fueron al otro lado, que les salga una llaga en el alma! –dice el cochero. 
–Vamos, su excelencia, a rugir.

Desde Siberia. Antón Chejov.


Sueño cansado,
sueño con dormir
sin soñar que no me puedo mover
porque las piernas me clavan;

Sueño despierto
y cuando sube el calor  
hasta quemarse en la copa de un árbol,
ya sabes que soy hoja seca.

No es lo mismo que decir
que la vida es sueño.
Soy el que sueña
que estoy siendo soñado
por la invisibilidad.

Y sueño que tú estás ahí,
leyendo este intento
por animarme al camino
llevando solo mis sueños
como munición contra el cielo
colmado de estrellas fugaces.

He soñado que soy una multitud
y luego lo he sido tomando mi mano
a la mano de los que naufragaron:

Estamos rotos y es todo lo que nos une.

Hablando de sueño
me cuentan los sueños
que sueñan en tierra
porque por los aires
la luna los llama y los hace apartarse.

Nada de esto es real –obviamente;
pero cuando quiero algo
lo sueño constante, así es mi cariño.

Sueño que estés
más allá de la pena,
aliviados tus golpes
y vistiendo un otoño;
dejándote en hojas,
para cada mañana
en la que vuelvo a escribir
lo que escribí tantas veces.

Cuando fuimos amigos
nos abrazamos al borde
de un precipicio que había
en tu corazón y en el mío.
Yo maldecía la suerte
y tú querías una excavadora,
para llegar hasta el fondo
de nuestra mala fortuna.

Alguna vez te pedí que te fueras
y cuando volviste venias revelando
una fotografía de alguien igual a mí
que conociste en Siberia,
dentro de un libro de Chejov.
Yo todavía no perdono
no haberme ido contigo
al otro lado de ti.

Me estoy muriendo del sueño,
cansado.
Ya no seré un gran poeta,
si alguna vez eso fui
toma mi mundo y camina.

Omar Alej.

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