jueves, 5 de enero de 2017

Hay algo que está pasando; detrás de todo lo que pasa.

“Me basta con que sepas lo feliz que me has hecho.”
Mi muerte. Raymond Carver.


Él le dice que allá afuera hay un país
que se está yendo.
Ella toma sus dos manos
y le toca con su cara en las líneas del destino.
No se vuelven a dormir
y no celebran con sus cuerpos
su inocencia.

Vuelven dentro de un silencio
que es la cuna de los gatos,
de la luna en una cueva
y de los lobos caminando sobre el agua.

Él le aprieta la muñeca,
siente, siente, siente miedo;
se asimila en una muerte inminente
y la lastima,
Ella dice tres palabras
una y otra vez hasta calmarlo;
después, roto, las repite:
“yo te quiero”

Si hace frío,
si la punta del volcán esta nevada,
si han venido los otoños,
si vinieron por la hojas,
pareciera parte de una novela
y no del mundo material
en el que viven bajo tierra.

Ella es fuerte
como alguien que no tiene a donde ir
y él es frágil
como quien sueña con dioses y palabras
que se abren y dan forma a fantasías
propias de quien quiere soñar algo, otra vez.

Allá afuera
son montañas de colillas encendidas
sobre el borde del drenaje.
Se han borrado;
pero viven, las manchas de sangre
en un adoquín por la mitad.

Todavía el camión recolector de la basura
esta averiado
y todavía una luz de policía
es muy violenta.

Ella agita la belleza
él la sopla
y ella bebe
y él la mira.

Allá afuera nadie sabe
de esta lógica traición al colectivo.

Omar Alej.

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