martes, 31 de enero de 2017

Un desnudo vulgar -en color carne.


An' though the rules of the road
have been lodged
It's only people's games
that you got to dodge
And it's alright, Ma, I can make it.

It's Alright Ma (I'm Only Bleeding). Bob Dylan.


Justo ahora no retengo
ni ambiciono ni poseo,
se me rompe el corazón de anticipado.

Vuelve a ser la época de antes,
la de quien ha tenido solo un poco
y lo perdió en el arrebato
de probar su resistencia.  

Me duermo en mis laureles de cartón,
de utilería
y si ves que un ave pasa
en libertad a su destino,
yo lo veo a los pies del otro día;
ante el nido destrozado de su suerte.

Es mi espíritu cansado,
no es pasión por el fracaso
y tampoco es paranoia.
Es lo que sé,
cuando yo sé que vendrá el viento
y alzara sobre el amor, para llevarse
cada uno de mis besos.

Siempre ha sido más que yo
sin alarde ni amenazas; sin arpones.
Tomó el tacto de mis manos
y dio rumbo a mi timón, siguiendo rayos.

El tiempo se ha pasado,
rápido; pero entretenido.
Caliente; pero suspensivo.
Amable; pero sin  opciones.
Sutil; pero impasible.
Sangriento -en color carne; pero congelado.
Terminando; pero comprensivo.
Resignado; pero ansioso.
Decisivo; pero intrascendente.
Delirante; pero activo.
Culpable; pero limpio.
Basurero; pero suave.
Inmediato; pero breve.
Benefactor; pero ridículo.
Torpe; pero urgente.
Torcido; pero útil.
Festivo; pero marginal.
Marchito; pero efusivo.
Terrible; pero ficticio.
Improbable; pero ambiguo.
Emergente; pero quieto.
Memorable; pero cierto.
Navegante; pero propio.
Señalado; pero otro,
el tiempo ha pasado.

Tanto ir a lo hondo
solo me deja pensar
en lo qué me estoy convirtiendo:

Justo ahora no retengo
ni ambiciono ni poseo,
se me rompe el corazón de anticipado.

Veo los puentes que pacté con la alegría,
sobre el valle de las sombras,
y se cae, es lo que siento.

Omar Alej.

lunes, 30 de enero de 2017

Días malos, para ser un maldito.

Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos. 

Contra Jaime Gil de Biedma. Jaime Gil de Biedma

Pic, By.- StregaNera

Eres grande, grandísimo.
Grande.
Te encontré solo
y me pareciste –todavía lo pareces,
un tesoro que aguardaba por mí;
nadie me dijo dónde o como buscarte,
lo hice siguiendo el origen de las lluvias pasadas
y siempre confié en que te encontraría
por fuera de los refugios.

Me gusta que tu orgullo
admita tragar la sopa fría y aguada
junto con el pan rancio;
pero que no te quedes
ni a dormir ni a pasar el rato…
siempre pensé en ti
como un alado gruñón que custodia un secreto
que no logra entender
y no sabe a quién corresponde saberlo.

Eres grande, grandísimo.
Grande.
Pareces indefenso y apagado,
fuera de los brazos que te quieren dentro,
pasando la lengua a través de los dientes,
para comprobarlos,
surcando los trazos de las avenidas increíbles;
pero en tu puño cerrado, la voz de los ríos agoniza.

Siempre escribí sobre ti y hubiese querido
hacerlo de un modo en el que sirviera de algo,
quiero decirlo -aunque ya sé que a ti no te importa.
Supe que no te importaba cuando me hospitalizaron,
por una congestión alcohólica y no viniste a verme;
tampoco escribiste una carta y cuando hablé con tu acento
a las enfermeras, ninguna de ellas me guiñó el ojo:

Si soy el único soldado
de un ejército que no usa uniforme ni lleva medallas
ni aspira a la gloria, es algo que solamente tú sabes.

Eres grande, grandísimo.
Grande.
No quiero mentirte, se me ocurren ideas geniales
que te gustaría encontrar entre los estantes
que –me dices, controlan el rumbo del mundo;
pero la labor de lograr que se puedan leer
y que tengan sentido, cansa demasiado
y es muy doloroso cuando nadie tiene ganas de escuchar.
Me avergüenza decir que -por preservación,
prefiero invertir mi tiempo;
ir al cine, mojar churros en chocolate caliente
o besarme con chicas de buenas familias…

Lo que significa tu idea de un hombre
es muy miserable,
tan solo pensarlo me hace sospechar
¿Quién prefiere tales carencias
a una cena con música y frutos selectos?
Debes creer que soy débil, un impostor
y un cobarde;
debes creerlo porque tú crees.
lo haces con la fuerza de un animal salvaje:

Eres grande, grandísimo.
Grande.

Omar Alej.

viernes, 27 de enero de 2017

Balada de instituto, para el amor; mi amor.

Tómame, oh noche eterna, en tus
brazos y llámame hijo.

Abdicación. Fernando Pessoa.


Hey love, my love, mi amor,
contra la lija de estos años
y enciende con la nube en mi cabeza
el carrusel que marcha solo,
poseído y despedida…
crece hasta caer en una red o telarañas,
podrías suspender noche en la luz;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
he intentado ser tan fiero
como fuera el corazón de una nevada
y demostré que era el eterno cobarde.
Rompe el día con tus rayos
y después quede la huella
de un paso y otro paso en el salón;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
mi casa fue tomada por la ley,
solo resisto.
Ahora vivo en el desván
¿no ves que abres agujeros para ver
y capturas mi esperanza en un afiche de ficción?
Solo hay tiempo;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
rostro de fuego contra la culpa,
entorno de oro alrededor de las pupilas,
del niño lejos.
Si estás aquí llévame allá,
al fin del aire, donde caminan
los soñadores -su sueño azul;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
por los que salen de prisión,
por los que reptan en sus propias caricias,
por quien te mira con el descaro de un inocente.
Como si fuera solo una espina;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
cara de enfermo y cuerpo amarillo,
te estas rompiendo
y tanto te tengo que, sin saber
qué son palabras, vuelvo a rezar.
Algo se fue y cuando salió
volviste tú muy lastimado;
en un momento
como en una balada de instituto.

Hey love, my love, mi amor,
penoso y bello;
en un momento
como en una balada de instituto.

Omar Alej.

jueves, 26 de enero de 2017

Algunos poemas son todo lo que hay que saber.

“Afuera
el calor se hace rayos
las primeras gotas pesadas de la lluvia
atizan el patio
Escucha
Qué espléndidos estos regalos”

Adulterio. Raymond Carver.


Me refugio en el poema,
esto es mío y todo mío,
el universo.
Es a mí a quien le habla, a nadie más.
En mi cumplí con su destino
y en mi carne, su hoja blanca
se tiñe de escalofrío.

Es severo,
no hay piedad en sus palabras:
el mensaje incandescente
no comprende realidad.

Me seduce cuando cuenta que estoy solo,
me acompaña.
Me aniquila que me pida que lo olvide y que camine sobre el agua,
me hace Adán y me hace Eva.

Soy el tonto
al que el poeta le escribió,
soñándolo;
como él soy otro chico atrapado en un cuarto de ventanas
que al cruzarse dan a un cuarto de ventanas
que al cruzarse dan a un cuarto de ventanas
que al cruzarse dan a un cuarto de ventanas…

Su fragancia es la tela
con la que cubro el recuerdo y la espera por lo que recuerdo.

Acaso me cuenta
que tengo en mi pecho un brasero
que debo atizarlo con besos,
con dudas y golpes de adiós que marcan los tiempos del miedo:

Salir a venderme a cambio de viajes a lunas, conmigo.

Me refugio en el poema
es una bala que tiene mi nombre.
Cuando fui pequeño,
Tú no puedes ver lo que yo vi;
mi sombra recargada en la nada
y sin poder consolarla de todas las cosas que quiso alcanzar
con sus manos de sombras…

Tan solo el poema
ha estado conmigo
y tal es su filo.
Rasgó en mis ojos la vista
con la que hoy veo el horizonte.

Así en el poema
-mientras todo se pierde,
queda la ola primera
sobre la cubierta del barco
y también el hueso de durazno
con el que cada tarde
el sol se ahoga.

Yo te hablo a ti
que no tienes nada,
que estás enojado
y que necesitas saber
que alguien más ya lo sabe.

Omar Alej.

miércoles, 25 de enero de 2017

Gracioso sin ninguna autoridad.


Probablemente nunca podrás tocar al Maestro,
pero puedes hacerle cosquillas a sus criaturas.

El arcoíris de la gravedad. Thomas Pynchon.


Que gracioso resultaría
contar la historia de un hombre ficticio
alienado por la realidad,
primero fue condenado a la cárcel
y después fue mudado al sanatorio mental.
Ha quedado sin habla;
pero es fácil que escuche <<¿Qué ha sido peor?
¿tus propios gritos a través de la noche
o los alaridos extraños repartiendo parte del pasillo
a otra dimensión?>>

Que gracioso resultaría,
en el sitio donde nos conocimos
a la misma hora que era,
conocernos de nuevo,
que me leas el destino de mi horóscopo en la Vogue,
que hablemos del motor punto seis de los carros eléctricos  
y esta vez no llevar tanta prisa de tomarte;
que pudieras volver a donde tus hijos juegan xbox one.

Que gracioso resultaría
la imponente impotencia sexual
de aquel flaco al que tanto deseabas lamer;
yo que en el libro de Marx siempre fui un camarada
¿cuándo no he sido un consuelo?
¿cuándo podríamos quedar?
te prometo que tendré la atención de la hipocresía
y sentiré de la forma correcta en la que debo pensar,
para no romperme porque seas tan de aire: ¡hija de satán!

Que gracioso resultaría
si ante el horror empezara a saber algo al fin
y no desviar la mirada buscando que al cabo de un rato
tenga el ánimo suelto
de ponerme a soñar con la otra parte del cuento;
en la que con un pie en el agua
es bautizado el río de babilonia.

Que gracioso resultaría
la encarnación del deseo
y que los niños dijeran,
es igual al cielo,
es igual que mi amigo,
es igual a mi perro,
es igual que mi abuela,
es igual a la pizza,
es igual que la estrella:

Es igual a la hermosa canción que podía escuchar
que estaría conmigo al salir del útero, madre.

Que gracioso resultaría
escribir cada día como en este momento,
con el llanto brotando,
arrancándome ¡coño!
Arrancándome y dando lo poco,
lo mucho, mi todo y mi nada;
pervertido por una buena voluntad  
que no sana ¿qué se yo de maldad
si siempre he tenido la espalda
sobre la calle y viendo pasar los camiones
que vuelven de las fábricas?

Que gracioso resultaría
tener el voltaje extraviado,
positivo o negativo, estrellarme en un monte.
Ser dios
y empezar por mis manos.
Que gracioso resultaría
escribir la ley sin ninguna autoridad.

Omar Alej.

martes, 24 de enero de 2017

El habitante, con una tocha no muy pronunciada.


La luz del cielo transforma todas las superficies vulnerables en un uniforme y crudo gris

El arcoíris de la gravedad. Thomas Pynchon.


Pero él no estaba,
entrabamos corriendo al comedor
y gritábamos hablando.
Nuestro olor era de calle
y de polvo acumulándose
en las casas vacías que nos servían de cubil,
para explorar el mundo.

Pero él no estaba,
la madre de Miguel
nos cocinaba huevos fritos y patatas;
nos contaba de una tía que tenía
en el estado de Jalisco
y que sabía cocinar mientras cantaba
El día que me quieras, casi a punto de llorar.

Pero él no estaba,
muchos dicen que soy un nuevo tipo de idiota,
que hablo mucho y que voy tan vacío
que no hay forma de saciar mi mezquindad.
Sin embargo es real lo que les cuento;
ahí había más historia
que en cualquier enciclopedia sobre el tiempo
de los hombres en la tierra.

Pero él no estaba,
hubo un día en el que fuimos a nadar
dentro del río del bosque de la primavera
y al volver no habían secado nuestras ropas interiores;
se nos hizo una mancha en la entrepierna
y parecía que hubiéramos ido orinando
al descender a la ciudad,
nos miramos y empezamos a contar
sobre los peces que nos mordían los pies
y sobre el arco que habíamos armado
con una liga y una rama, muy pequeño…

Pero él no estaba;
conocí a su madre y a su padre,
los abuelos exiliados.
Tenía su propia habitación
y quizá el primer monitor de ordenador
que hubiera visto hasta entonces.
Había algo en él algo de Robinson Crusoe;
pero para entonces yo no había leído
ningún libro de aventuras.

Una vez lo vi servirse -en vaso largo,
ron con coca
y dijo algo de la guerra;
de una chica que perdió en Montparnasse.

Pienso en él cuando algo cae
y esa caída me remite a todo cuanto he visto caer…
me da miedo.

Olía mal, cojeaba, le faltaban dientes,
era padre, esposo, hijo y habitante;
pero él no estaba.

Omar Alej.

lunes, 23 de enero de 2017

El mirón de Luz, la camarera.

Ahora es siempre el mismo, despierto o dormido; nunca deja de tener el mismo sueño, ya no hay diferencias entre ambos mundos: para él sólo existe uno.

El arcoíris de la gravedad. Thomas Pynchon.


Se queda mirando a través del cristal
y aunque ya conoce la coreografía
de un desayunador público, previo a su apertura,
lo que observa con patética agudeza  
es que del otro lado de la puerta no hay nadie…

Atrás de la banca blanca
en la que se encuentra sentado
pasan las personas que se van
y las que regresan.

En ese mismo local hubiera hablado con ella
antes de que se marchara;
solo fueron cinco minutos,
su descanso para fumar un cigarro
y tener que dejarlo por la mitad.

No es aún la hora de apertura a los clientes.
Sin embargo está listo, para re hacerse a través
del marco de la puerta.

Se ata las agujetas con precisión,
se alisa la solapa de la americana.
Distingue luz verde de luz amarilla
y se inventa la noticia
que abarca el titular de la prensa
en el quiosco que interrumpe la esquina.

Le gusta sentarse a mirar
todos los actos que se sucedían alrededor de ella,
mientras que de mesa en mesa
servía los pedidos de gente con prisa;
pero ya no está.

Un joven regordete
pasa el fregador y hacer sonar un ruido de campanillas,
un hombre sin gesto, con cara de papel tapiz,
cuelga un letrero que pone las horas
de un reloj sin animar.

Ha entrado un cliente
y han salido dos
que no ha visto entrar
o que no había percibido
porque ahora que los ve
los encuentra a punto de apagarse.

Se levanta
porque sabe que él mismo
no llama la atención de nadie,
el desamparo te alcanza tarde que temprano
y eso es democracia.

Aquel ínfimo universo -del que ella ya se ha ido,
es lo que único que tiene,
para recordarla.
Mañana volverá a enmarcar en una puerta
su destino, habiendo ya pasado.

Omar Alej.

viernes, 20 de enero de 2017

Dos cojones.


Si ellos logran que hagas las preguntas equivocadas, no tienen que preocuparse por las respuestas.

El arcoíris de la gravedad. Thomas Pynchon.


Se llegó el día
que formaron con montañas
de descartes y caídos.  

Cuenten el orgullo
de los símbolos del pobre
y marginal,
ahora lo resisto con mi piel cicatrizada
y en la fuente de consciencia que es la nada.

Con la suerte hasta acabarse,
con los miedos de resaca,
con visiones de vaqueros,
con mi fe he de convertirme en un perfume,
ahora resisto.

En esto se convierte aquella vida;
la de los años con la dicha en la Isla Huivulai:

Tomaba el sol,
seguí a la espuma.  
Intentaba abrir las olas
esquivando al aguamala;
ya no puedo ir atrás ni detenerme.

Justo hoy veo que a mi piel
además de las escamas le han brotado
espolones y navajas,
lo esperaba
y sé muy bien cómo funciona
heredar el último lugar…

Todo cuanto fue
va pegado en mi uniforme de soldado.
Hoy ya es la soledad.
Hoy ya es mi gran fracaso.

Tengo fuerzas que son sueños que soñé de pie en la calle;
un agente me hizo ver que se llevaban nuestras cosas
hacia el fondo de ningún lugar
y quedarnos sin saber ¿qué es una casa?

Entonces nada era nuestro
y no lo es ni el intestino de palabras
que en mi estómago hace fuego.

Vi películas de horror
con mis amigos hombres lobos y vampiros;
yo era un niño sin saber que la niñez nunca resulta…

Nunca un cielo verdadero se propuso,
para caer en la parte trasera de un camión.

De aquel tren estoy borrando -con un gigante borrador,
las vías y las anclas y la culpa.
A dios –como a mefisto,
no le tomo los pedidos
y no tiene penitencia que me valga.

Esta puerta que girando me succiona,
guarda afuera por adentro;
las lecciones de vergüenza en aquel parque,
los mil cruces aduanales que una risa
solía ver, para marcharse y regresar.

Cocaína, ron con coca, cigarrillos, emociones,
direcciones, biología sin maestría:

Dos cojones.

No es el odio,
estoy viendo que el camino se convierte en cada paso.
Sigo el rumbo que pregunta hacia adelante.

Omar Alej.

jueves, 19 de enero de 2017

Amarillo subversivo, encantador.

Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios.
Oye chaval. Arturo Pérez Reverte.


Vamos a por ellos,
por los grises celadores
de dios padre y del pan…

Con fogatas y con swing
trazaremos el camino del desfile
de las hadas bailarinas
y atrapemos en el viento
al criminal que gesta el llanto
y el horror.

Un abrazo al solitario
y en un brindis la mañana,
para el que vive encerrado
asustado por el sol.

Si todo ya lo vimos que se rompe,
un pegote en la herida hecho de color;
amarillo subversivo, encantador
y ese toque de morado que va bien
a los gigantes.

Vuela hombre,
haznos fuertes wonder woman;
ellos pulen los fusiles
y nosotros una colección
de gargantillas de vecinas
que se fueron a estudiar otros planetas.

Somos feos;
pero tenemos las canciones.
Además el viejo Bob
a nada está de reventar
por ser tan joven…

Qué nos quieren asustados,
asustemos con la risa enloquecida ante el dolor.

No sabrán quien es aquel
que se pasa por sus muros
con los ojos de un fantasma de montaña.

Y qué más podrían hacer;
nunca olvides que tenemos
siempre hablando
a Baudelaire y a Mr. Hyde.

No es la hora de la siesta.
Cuando hay luna lo que sigue es ir abajo
y descorchar a los pianistas,
encender a los bufones
y servir al que regresa con vermut.

No es la tierra,
es el mundo del tequila y la lambada;
eso está en mis notas de la historia,
la pasión por el ocaso es de los otros:

Los que suenan porque hacen ruidos sordos.

Me preguntan
si es que soy un optimista
o solo idiota,
no contesto.
Me podría desquitar
diciéndoles lo que he tenido que pasar,
para pasarme al otro lado del subsuelo.

Lo que tengo es el instinto que me lleva
y no estoy desesperado por vencer al vencedor;
solamente tengo en mente lo de siempre…

Omar Alej.

miércoles, 18 de enero de 2017

Sin maquillaje.


Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.
El guardador de rebaños. Alberto Caeiro (Fernando Pessoa)


Cuando tenía trece años
imaginaba que luego -al salir del hospital,
me habría curado del todo;
sería cuestión de unos días,
para estar jugando de nuevo a la pelota
y al juego de dinamitar seriedades.

Algo me ansiaba corriendo, como si tuviera la oportunidad
de alcanzar aquello que se iba a toda prisa.
Sin embargo no fue,
la convalecencia duró tanto tiempo
que no se ha terminado.

Caminaba cojeando,
la fuerza hizo polvo mi pecho  
y no sabía reponerme de la sensación
de caer en el más profundo abandono.

Me disculpaba pensando
que aquel era el modo de actuar del destino.

Ahora lo recuerdo,
podría estarme pasando lo mismo
y ser este abismo la conclusión del camino.

Cuento las estrellas
mientras fumo un cigarro
y suena el mazo de la corte;
aunque no me pregunto
de dónde ha venido un encuentro
suelo responderme que ya se ha acabado.

Creí porque creo que no creer es peor.
Intento no deprimirme ante el ocaso de las viejas ternuras.

Lo que hoy sé de la flor
es que alguien la encuentra
y percibe su aroma
y después la corta;
es porque en su fin la rosa está seca,
como el futuro.

Duele decir que -en el día, mi hazaña es sobrevivir
y que ya no me desconcierta la muerte
al costado, en cualquier mostrador.

Esperaba subirme en un tren
y dejar estaciones atrás;
he logrado
ser la estación que alguien dejó
sin volverse a mirar.

Puedo presumir
que cualquier mañana,
al despertarme temprano,
para subir a lo que me queda,
lo haré solo;
sin nadie que ría a mis tonterías,
habiendo fallado en mi camuflaje.

Omar Alej.

martes, 17 de enero de 2017

"Veinte años no es nada"

“Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. 
Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades.”

Carta de Adolfo Bioy Casares a Elena Garro. Adolfo Bioy Casares.


Los poetas nos dirán
de donde ha vuelto
el viento con su herida
a sanarse sobre el río
que hay oculto entre las ramas
de estos sauces.

Entonces nos salvamos la memoria,
las mariposas en los frascos de cocina,
el minotauro detrás de la maleza de aquel patio.
No salvamos y esos miedos se quedaron,
con sus formas de esfera, serpenteando
en el desfile de la luz.

Mañana al encontrarnos
nos habremos olvidado del hastío.
El cansancio se habrá hecho peso adentro
y sentirnos derrotados ya no nos pondrá tan tristes;
creo que habremos conciliado y seguiremos.

De la espina y del veneno
que nos dimos,
las hormigas, el rencor y los olvidos;
se habrán hecho cicatriz que nadie mira
por temor a preguntar.

Después ya nadie me miró
con tu cara interrogante, fantasmal.
Será riendo
que recuerde que eres tú
y cómo debíamos de hacerlo.

Nos reiremos del montón de loza sucia
que acabó con tu paciencia y con la mía
y nos llevó a romper el vaso de la aurora
y un refractario de cristal.

Acusados por la fe que hicimos trizas
-al mirar que estas de nuevo en un escote y una falda,
dios morboso nacerá de esa mirada,
para ver qué es lo que pasa
si sabemos que veinte años no es nada.

Justo a ambos nos unía no tener ningún recuerdo
de que fuera algo real nuestra galaxia.

Ojala fuera de noche al tropezarme,
ojala que lleves prisa y muchas alas;
que no puedas detenerte
a contarme ¿cómo estás?

Hasta entonces te querré tal como eras;
pero no dejar de ser el mismo vino  
que orilló tu corazón hacia la sed.

Me hice viejo para adentro,
lo sentí y hoy lo resiento.
Tantas veces
y tan fuerte nos llamamos;
en respuesta hemos tenido
lo que falta de la vida, en un silencio.

Mañana -al encontrarnos,
nos queremos con la fuerza
que tuvimos que tener al separarnos.

Omar Alej. 

lunes, 16 de enero de 2017

En la inopia con sirenas.

Toda la concentración y elocuencia y originalidad de que uno es capaz para la fatigosa, exaltada, trascendental vocación. Miré a mi alrededor y pensé: “Así es como quiero vivir".

La visita al maestro. Philip Roth.


Siento todo denso y delirante,
muchas cosas que te advierten
del peligro.

También siento
que no mata lo que luego te hace fuerte;
pero confirmo que hay algo aún más roto que mi sueño.

Puedo adivinar que hay más motivos
que el insomnio,
para no dormir y estar temblando
con el libro “La visita al maestro” entre mis manos.

Si tan solo al regresar del fin del mundo
encontrara que te has puesto juguetona,
con un traje de astronauta;
pediría al locatario que no venga,
que nos deje estar en años luz uno en el otro:

De tan calientes y bronceados
que haga nata la vía láctea.

Pero sabes que al abrir
la primera hoja de la prensa,
lo que cuentan es de orden catastrófico
y urgente;
ya han perdido -otra vez, a muchos buenos ciudadanos,
se han pactado tantas veces las ayudas
y nadie sabe quién demonios apuntala el contingente.

¿Qué tan tonto
es que yo quiero andar de gira
escoltado por un grupo de sirenas
que hagan coro a tus gemidos?

Hace falta una nueva ley del bienestar;
acostumbrarnos a mejores sintonías
que publiquen -por ejemplo, que hasta hoy
y desde siempre, dividíamos contentos nuestro pan
con los extraños.

Si caemos en el juego de creernos mejor gente
quizá sirva de marea la esperanza
y pongamos que fue falso el saqueo a la alegría;
pues de pie lo que se queda son ventanas…

A partir de la mañana de mañana
las noticias son los besos que se dan
doña Rosa y mi tío Oscar,
que los grandes titulares
sea la fecha del cumpleaños de los niños Camboyanos
y la forma en que celebran calibrando los trapecios,
para irse de los tiempos compartidos en un sueño.

Sé que sabes –muy valiente, que el temor
no es el motivo de evadirme.
Solo pasa que me aburro
de saber siempre lo mismo:

Hoy hay paro de carriles
y desfalcos a los hombres y mujeres que trabajan.
Muerde triste la noticia de que hay vidas prisioneras
en el frente de una guerra;

Pero cuenten que también
ninguno de nosotros tira bombas.

Omar Alej.

viernes, 13 de enero de 2017

El frío nos une, para congelarnos y después rompernos.


Por eso tampoco los arrepentimientos nunca fueron firmes.
Y las decisiones de contenerme, de cambiar
duraban dos semanas a lo más.

Comprensión. Constantino Kavafis.


Dos enemigos se encuentran -uno frente al otro, al apagarse una feria. No portan cuchillos y al mayor de los dos le falta voluntad de pelea. Se conocen desde hace mucho tiempo y no habían coincidido jamás en el mismo espacio, hoy están atrapados en un mismo encuentro. Todos los que hace unas horas estaban riendo y hablando entre los juegos de azar y los juegos mecánicos, se han ido. Solamente quedaron los enemigos y saben que sus casas no son el destino que hoy los persigue.

Se dirigen miradas sostenidas y amplias. Se observan con calma y vuelven a ellos,  revisan sus propias manos; sospechan que pueden tener la marca del duelo que hay en el corazón del contrario. Se guardan distancia respetuosamente. Mozz está sentado bajo la sombra telúrica de un faro sin luz  y a Josh no le importa estar recargando sus botas negras sobre las paredes blancas de un banco holandés.

Los relojes avanzan, podrían haberse ido; pero deciden quedarse por no ser el primero en ignorar la probable acción final que los liberaría de sus compromisos como enemigos.

Mozz que es mucho más guapo, pregunta.
<<La chamarra que llevas ¿es la que era de mi hermano?>>
Josh, que es un temible comedor de mariscos, responde.
<<No sé ¿Quién era tu hermano?>>

La respuesta es un clavo que cae por la punta, sobre la capa de hielo que tuviera un lago sobre la superficie. Vuelven al silencio y a las miradas que el azul de la noche llena de escrutinio. El ruido seco del candado cerrando hace que ambos brinquen y que -al ver que coinciden en su tensión infantil, se rían ignorando que no hay entre ambos ninguna confianza.

Mozz lanza un trozo de rama que tenía entre las manos, empieza a recordar momentos inciertos, como cuando era un niño e iba de visita a la casa de un amigo que tenía unos vecinos que eran un fastidio; siempre que lo veían lo llamaban con apodos que pretendían humillarlo; hoy se siente orgulloso porque no recibió ni una sola vez ni un solo golpe, cree que supo ignorar los motivos que tenía, para matarlos y que aún sabe hacerlo. No pasa lo mismo con Josh, a él lo motiva la acción y no la victoria. Supone que la sobrevivencia es un arte menor en comparación con la temeridad.

Josh que es un poco más joven, pregunta.
<<¿Qué estas mirando?>>
Mozz que es un lector asiduo de la poesía de Kavafis, responde.
<<Lo lejos que queda, Alexandria.>>

Entre los dos median poco más de quince metros y la temperatura ha bajado mientras se piensan como la parte esencial de donde ha de ocurrir el fin del planeta: el origen de cualquiera se torna nebuloso cuando su presente es una noche mediando entre la curiosidad y el desprecio por el brillo de alguien.

Hay dos historias reales justo en la entrada-salida de una burbuja cerrada hasta mañana que vuelvan los feligreses del juego. No es un detalle genial, poner que la ciudad -mientras tanto, duerme pasiva detrás de sus frágiles muros hechos con el cemento más fuerte. Ellos son enemigos porque los años los han pasado pensado en el otro y sintiendo que el otro no piensa mucho en ellos. Les gustaría acabarse, montarse una escena de enfrentamiento violento y sacar la peor parte -en consecuencia de las trampas de su contrario; pero ambos son dignos de un estudio honorable a su honorabilidad. Además en el fondo deseaban poder conocerse, para que luego pudieran echar de menos las veces en las que no sirve de nada marcharse.

Mozz que es el que lleva un ánfora de vodka, pregunta.
<<¿Quieres un trago?>>
Josh que es el que bebe cualquier cosa que embriague, responde.
<<Solamente si también me das un cigarro.>>

Han terminado por acercarse. Al abrir sus bocas, para hablar, sale el vaho de su aliento. Es como si el invierno, que había sido un insulto, se volviera un cruento pasaje del desierto. Se siguen hablando, parecen exultados por su comunión de guerreros o esclavos; saben sin pensarlo que su suerte es la misma que la de una tripulación que perdió al capitán: en este caso su barco es un parte de vida que está en otra parte.

Mozz que es el que menos tiene ganas de ser un valiente, comenta.
<<A estas horas la luna se encuentra más lejos. Cuando la piensas durante el día, sin poder verla, la luna está al alcance, es posible. Sin embargo al mirarla tan cerca y redonda me siento ajeno, sabiendo que por más que yo lo desee la luna no existe, no es la que pienso cuando digo luna. Esta es un satélite metálico e indiferente al anhelo de la poesía por habitarla. >>
Josh que es el que menos quiere volar y que prefiere sentir sus pies en la tierra, argumenta.
<<No me interesa. Ahora estamos aquí y no peleamos; no es porque haya una tregua entre nosotros. La verdad que es que el odio cuando más lo necesitas se oculta. Yo sé que te odio, sé que has insultado –con tu modo de vida, cada una de las carencias de todo mi barrio. Sin embargo, al sentir, el odio no está y no es que haya dejado de odiarte, solo es que ahora mismo la luna que tú no contemplas como una luna importante, yo la veo muy grande.>>

Antes de aquí, de este encuentro, habrían querido entenderse y hacer evidente que hay hombres mejores y hombres peores. Ante ellos –ahora, hay poco que los recuerde como habían sido. Ahora están juntos, hombro con hombro, fumando del mismo cigarrillo y a causa del frio se abrazan. A no ser por la baja temperatura su sensación no estaría ardiendo de paz.

El tiempo es veloz y como si no fuera nada arranca de la tierra arboles enormes con gruesas raíces. Eso lo hace el tiempo y no las tormentas y no los huracanes y no los taladores, tan solo el tiempo y el tiempo ha pasado. Los encontró platicando sobre emprender viajes juntos o intercambiar a sus novias. Cuando están a punto de encarnarse en el sueño, lo delicado es la luz que trajo consigo el sol e hizo que recordaran como se muerde a traición.

Mozz que es quien tiene el gusto por decir la última palabra, afirma.
<<Ya se ha hecho de día, es hora de irnos. Me voy acordando quien eres>>
Josh que es quien resiente el regreso de todo, lamenta.
<<Yo ya te he olvidado.>>

Omar Alej.

jueves, 12 de enero de 2017

Prosaico.

¿A que sería estupendo tener un montón de obligaciones y pasarte el día cumpliendo con ellas sin darte cuenta siquiera de que son obligaciones?

El mal de Portnoy. Philip Roth.


Es un triste viejo que una vez fue un hombre triste. Lleva unos vaqueros que le cuelgan de los huesos y es moreno en cenizo, como un rubio. Tiene un libro en un cajón, sobre la vida de Sinatra; pero ya no tiene el ímpetu del que le brotaba la ironía. Ha perdido el derroche de color con el que hacia una palabra, contra el mundo. Nunca tuvo la fortuna literaria de tener lectores fieles que entendieran a su alma y lo consideraran inmortal.

Por haberse desprovisto de favores y confianzas y lealtades y de amigos, vive solo entre muros de adobe. Cambió su dirección de la ciudad hasta este pueblo en las orillas del estado de Chihuahua. Se perdió, por aferrarse a lo que él creía era poesía y malditismo, el sosiego de una mujer calentándole frijoles en la olla o diciéndole “papito ten mi cuerpo pa tu cruda”. Ahora tiene que fumar solo lo justo, beber de lo que otros van dejando y cuidar su par de botas para que le duren –cuando menos, año y medio.

Habla poco y aunque no suele lamentarse demasiado. Veo que mira de re ojo algunas cosas del pasado como el día en que siguió, sin detenerse, maldiciendo las costumbres de todo aquel que le cruzaba. Adivino que sospecha que fue necio. Bien podría estar ahora menos sucio y olvidado; pero tuvo el infortunio de soñar con hacer las cosas a su modo y reventó con las dos manos la cabeza de su ángel protector que –es curioso, ignoraba que escribir fuera algo bueno o relevante.

<<Si quizá no hubiera dicho, si quizá no hubiera hecho>> de esa duda no se salva ni el más grande desertor. La comedia de este hombre, parecido a una colilla pisoteada, es que el calor –del que ahora quedó preso, siempre fue algo irritante y que quería evitar a toda costa. Habiendo sostenido, una y otra vez, que él era mucho más que cualquier ley; no ha podido ir en contra de las leyes naturales.

En sus días pasa poco o casi nada, se despierta muy temprano, cuando aún está la luna. Sin embargo no se sale de la cama hasta entrada la mañana, el mediodía. Un poeta en condiciones contaría que sus ojos están llenos de un silencio que se esfuerza en callar a las ciudades que algún día lo verían ir de traje a recibir reconocimiento por su obra, no fue así; pero no olvida. Entre el horizonte y sus manos juega a que siempre todo acaba de un modo u otro.

Ciertas tardes de domingo, a la casa que está en frente de su cuarto, llega un matrimonio con dos hijos. La mujer tiene solo 30 y el varón tiene acaso 34; no ha querido preguntarles de donde vienen o como se llaman. Cree que es él y que ella es aquella… con los niños se platica de lo obvio de las cosas, eso fue lo que aprendió cuando tenía una familia y eso hace: le entretiene ir contándoles de un viejo que una vez sería escritor y que murió sin rescatar a una musa que dejó en una casa de empeño.

Estoy seguro que se fue y llego aquí porque -al ir viendo que su suerte no cambiaba, tenía miedo de encontrarse con alguna de las mujeres que habían sido sus amantes. No tenía ya el aplomo, para sostener la letanía de evasión con la que menospreciaba cualquier acto con raíz o con futuro.

No fue escritor y hace tiempo que no es ningún poeta; pero de viejo aprendió algunas cosas: nada de eso era importante. No del modo en el que suele impactar a las personas. Lo que hizo fue seguir hasta el final y fracasó, eso está bien; cuando al fin llueve. Al conocerlo no le hablé de que yo mismo iba hacia él a relevarlo. No he querido fastidiar con esperanzas a quien llegó a la libertad por no haber sabido liberarse de la guerra.

Omar Alej.

miércoles, 11 de enero de 2017

Lo leí en algún sitio.

Es un chiste familiar, el día en que estaba yo mirando una tormenta de nieve, por la ventana, de muy pequeñito, y pregunté, muy ilusionado: "Mamá, ¿Nosotros creemos en el invierno? ".

El mal de Portnoy. Philip Roth.


No era gran cosa,
solo su suerte,
los dientes sucios más una gorra de Minnesota  
y un par de dados.

En su camisa de manga corta
no hay as oculto
y si hace falta también remanga
lo cotidiano.

Prefiere el frío
y usar el ojo con el que miran
los soñadores de grandes sueños,
cuando despiertan atribulados.

Perdió a Lucia,
fue la primera después de Jess
que lo dejó.
Él ya sabía
que había poco por resolver
en un fracaso,
estrepitoso como un amor que no termina.

Si escribo de él
no es que sea yo un detective
o alguien morboso;
se me parece
y eso me pone en perspectiva
cuantas maneras
tiene una nuez, para romperse.

Con la más bella
de todas ellas
no había en común
ningún lenguaje,
duraron tanto como las moscas.

Luna era un beso,
Lourdes el arte,
Naomi el muro de los lamentos,
Lorna en satín era una gata
y Becca una carta
que iba escribiendo ciego en la noche,
como un secreto.

Todas supieron
y él lo sabía,
que había pactado con el destierro.
Era la playa que borra huellas;
pero como un cenicero
guarda el aliento de ciertas dudas.

Hubo momentos vacíos de todo
como un desborde
y vendedoras de cobre usado…

Se dejó el pelo,
la barba rala
y cambió de nombre;
no funcionó, tampoco Eva
se fue con él a su escondite,
donde guardaba su pasión roja
por ir en contra de la marea.

Y si mañana,
en un evento de presión alta,
estalla el mundo en su cabeza,
podría pasar que alguien sostenga
su mano izquierda;
pero no habrá nadie que sepa
de las razones, para estar solo.

Omar Alej.


martes, 10 de enero de 2017

Nada de esto es real –obviamente.

Llegamos al río. Hay que trasladarse al otro lado en la almadía. En la orilla no hay ni un alma.
-¡Se fueron al otro lado, que les salga una llaga en el alma! –dice el cochero. 
–Vamos, su excelencia, a rugir.

Desde Siberia. Antón Chejov.


Sueño cansado,
sueño con dormir
sin soñar que no me puedo mover
porque las piernas me clavan;

Sueño despierto
y cuando sube el calor  
hasta quemarse en la copa de un árbol,
ya sabes que soy hoja seca.

No es lo mismo que decir
que la vida es sueño.
Soy el que sueña
que estoy siendo soñado
por la invisibilidad.

Y sueño que tú estás ahí,
leyendo este intento
por animarme al camino
llevando solo mis sueños
como munición contra el cielo
colmado de estrellas fugaces.

He soñado que soy una multitud
y luego lo he sido tomando mi mano
a la mano de los que naufragaron:

Estamos rotos y es todo lo que nos une.

Hablando de sueño
me cuentan los sueños
que sueñan en tierra
porque por los aires
la luna los llama y los hace apartarse.

Nada de esto es real –obviamente;
pero cuando quiero algo
lo sueño constante, así es mi cariño.

Sueño que estés
más allá de la pena,
aliviados tus golpes
y vistiendo un otoño;
dejándote en hojas,
para cada mañana
en la que vuelvo a escribir
lo que escribí tantas veces.

Cuando fuimos amigos
nos abrazamos al borde
de un precipicio que había
en tu corazón y en el mío.
Yo maldecía la suerte
y tú querías una excavadora,
para llegar hasta el fondo
de nuestra mala fortuna.

Alguna vez te pedí que te fueras
y cuando volviste venias revelando
una fotografía de alguien igual a mí
que conociste en Siberia,
dentro de un libro de Chejov.
Yo todavía no perdono
no haberme ido contigo
al otro lado de ti.

Me estoy muriendo del sueño,
cansado.
Ya no seré un gran poeta,
si alguna vez eso fui
toma mi mundo y camina.

Omar Alej.

lunes, 9 de enero de 2017

Boquear, como si fuera poesía.


No era que planeáramos llamar a las cosas por su nombre, era que queríamos decir de una forma muy concreta todas las posibilidades que había en cada cosa. Era un trabajo medio de flojos; entendiendo a los flojos como un tipo de gente muy empecinada en hacer nada.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


De boca en la rama,
en boca del mar
hablándome espuma…

Quiero boquear
lo mismo que una bota rota  
caída en desuso.

Se acaban los tiempos
y el tiempo regresa
a formar el pasado, presente y futuro.

Yo quiero boquear
los motivos de un anillo redondo
y del infinito.

Sobre el jardín se han quedado
restos de palas, de rocas
y de camisetas.
Son cenizas contando
los motivos del fuego.

Hay un retén en el medio
de la avenida que lleva al norte;
tengo un amigo pintor
que ante el tormento inmediato
de los colores más claros
todo ha pintado de carne.

Nina despeina un regalo al abrirlo,
es una envoltura a colores
que me hace pensar en las piedras
que un artesano ha sacado del río,
para poder hacer un collar.

Y como se acaba este día
hoy quiero estar en boca de todo,
a punto de decirme, callarme;
como si fuera poesía.

Omar Alej.

viernes, 6 de enero de 2017

En la actual coyuntura, básquetbol el domingo.

“Ahora me voy a fumar un cigarrillo
en la bañera
y luego me voy a ir a
dormir.”

Manual de Combate. Charles Bukowski.


Hoy le escribo a la suerte
de su beso en mi boca,
del sabor a café en sus labios,
de las palabras que suenan
cuando cruzo la puerta
con todos mis dientes canallas.

Hoy le vengo a pagar
al camino que guía
a mi hermana a mi casa;
donde de nuevo es la nena
que se ahoga fumando
sus primeros cigarros
de hachís con tabaco.

Hoy es que es me froto la espalda;
veo qué hay nada en mis manos
y sencillo me digo
todo lo que hemos ganado
seguro que lo regalaste”

Lo hago porque sube el miedo
y cotiza muy alto
entre valores ausentes.
Yo estoy brindando hacia dentro
una expedición aún más movediza
que una calle rota con la luz oscura.

Hoy le escribo a la vida
que no vivieron los inmortales,
Cimetiere du Pere-Lachaise.

Hablo con mi vieja,
me cuenta que aún duerme
que la he despertado.
Se ha dormido tarde
mirando comedias
en las que Kevin Costner
hace de mi padre.

No quiero alardear,
le escribo al coraje que siempre tuvimos;
nuestra propia fe ha sido un incendio
y solo rescatamos un libro de recetas,
para hacer pasteles.

No puedo olvidarme
que grandes palabras
vuelven y revuelven,
para continuar su camino al parnaso.

Todavía queda mucho
que podría perder;
pero no entregaré la alegría.
Marisol, Christo y yo
iremos a jugar básquetbol el domingo.

Omar Alej.