viernes, 24 de noviembre de 2017

Te caíste de mi abrazo. Nunca fuí poesía.

Va a ser diferente
Algo peor
Algo más ridículo
Algo así
pero más corto.

ESO ES. LEONARD COHEN. 


Te caíste de mi abrazo.
Nunca fuí poesía;
solamente manos
que soñaban otras manos
y con esos sueños
que esas otras manos
tal vez escribían.

Te caíste de mi abrazo,
resbalaste como un pez
que fuera espuma
y más que frío fue patético
seguir abrazándome
en presencia de tu ausencia.

Te caíste de mi abrazo,
amor.
Te llevó aquella locura de la calle,
muchachas en bicicleta,
montañas por paredes,
horizontes por cocina,
ambulantes cada sábado a la una,
vendedores de pescado,
mostradores de abarrotes,
cancilleres de la plomería,
niños de otros  
y la inútil ropa blanca.

Te caíste de mi abrazo
y que fuerte se sintió
aquella abducción;
la hizo el centro de la tierra
y nos mostró que bajo el cuero de la nada
corre el agua satinada
que se cae de tu cabello
cada vez que llueve
y la inocencia te convoca
a su partida de tarot.

Te caíste de mi abrazo,
regresé en una extinción;  
después, solo, me di cuenta
que mi soledad ya no tenía
ni las vías ni los trenes,
para irme por las noches
a la luna que los gatos
regenteaban con ofertas
de pezones pelirrojos,
piernas largas y alfileres,
para hacer del corazón una mazmorra.

Te caíste de mi abrazo,
te fallé sin la menor alevosía.
Yo quería sostenerte
ir contigo hasta el último viento
en un ala de láser;
pero en las piedras
que incluían mis zapatos
venia sed y sacos vacíos
sin harina.

Te caíste de mi abrazo
y ahora tengo todo esto…
hago mío el monocordio,
la estampilla de Lujan,
el color de la bandera hermafrodita,
los saleros de las mesas,
las pantorrillas del alma del dinero
y a las ventanas que se ven a través de la ventana.
Hago mío a todo el mundo,
a cada cosa: lo que va y lo que viene,
la marea;  
pero yo me quedo tuyo en un abrazo
que te doy por la espalda.

Omar Alej.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Yo iba a ser poesía.

Pero yo admiraba a los comunistas
por su terca devoción
a algo totalmente erróneo.

ENTONCES TAMBIÉN ACABÓ LA FIESTA. LEONARD COHEN. 


Yo iba a ser poesía
y a cada cosa nombraría
como al fruto de tu cuerpo
a través de la pantalla…
lo iba a hacer por ti,
porque llorabas sin fingir ni la tristeza
y algo -de fondo, me decía que buscara
las palabras que al final ayudarían
a saber dónde habían ido
tus dos padres al dejarte
como a un ángel en la iglesia.

Suponíamos que hacer
nuestra casa con los dedos enlazados
era igual que ir al trabajo
y conseguir todo el dinero
necesario, para ver frente a nosotros
cada luna de Saturno
y continuar fuera del miedo
a los fantasmas de la gravedad;
como van los astronautas
caminando en la vereda,
a dos estrellas de distancia
del final del fin del mundo.

Yo tendría que poder
cubrir los filos con navajas,
desbordar los sordos ruidos de la ira,
subir al cielo los azufres,
cubrir las playas con medusas,  
ahogar del mar al pescador  
y seguir la noche entera
navegando hasta la paz
que hace su fiesta mientras duermes
y no sabes que hay afuera
dos mil tropas que amenazan
con llevarnos a través de los abismos
y cambiarnos por el gesto
más amargo.

Yo quería escribir,
aquella vez, dentro de ti
y demostrar que era el momento
de lanzarnos a correr
una carrera reversible.

No logré juntar el tiempo
ni la fuerza que hace falta,
para dar con el silencio mejor dicho.

Me perdí soñando el pan,
robando el higo.

Ya no pude rescatar aquel futuro
del domingo  
y aquí al borde de tus pies
me hago ceniza
como todo lo que arde.

Yo te amaba y no dudé
que todavía te amaría
al partirme como un canto
que va arriba
y se sumerge hasta el fondo
de tu vaso;
cuando estas bebiendo río
y una flor nace en el cactus
de tu ombligo.

Perdona si no puedo responder
a tu pregunta
¿qué cosa era la poesía?

Yo tampoco he comprendido
qué me llevo yo de ti
ni cuánto se quedó contigo.

Omar Alej. 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Si llegas a los 53 no hables de los 35.


Todo era huir.
Todo era resucitar.
Todo era calcinarse al sol, junto a un palo.

Guerra. Martin Rodríguez. 


No sé lo que dicen
los diarios de hoy,
noviembre veintiuno
dos mil diecisiete;
pero yo puedo advertir
que me entero muy poco
-aunque las temo a todas-
de las cosas que pasan.

Una vez me rompí la nariz
por seguir el olor
de un pastel de manzana;
desde aquella ocasión
no me resulta muy fácil
prescindir de mi ojos.

Con sueños tramposos
me cubro y camino,
no es lo más valiente;
pero tengo frío
y la timidez
que me hacía resentir la ansiedad
ha llegado al exceso.

De cualquier manera
sé que ya no puedo quitarme
la sensación del hielo
que oprime en el centro
de mí desinterés.

Me saque las esquirlas,
he creído muy alta
cada marca de respiración
y respondí, negando con la cabeza
a los que pedían voluntarios,
para buscar a través
de las arenas movedizas.

Después de mucho quererlo
encontré los secretos
y la guarida de lo que yo quería.
Los pequeños minutos
que esperaban por mí
estaban listos, para reír y llorar.

Con un cuchillo de madera
tallé en una roca
tan solo la sombra de mi ambición;
creo que he conseguido un hueco en casa
que ya no practica el destierro
y que ya no pido con tanta pasión,
para que el mundo se acabe.

Al final es verdad
que a la belleza le falta, siempre,
una corona de fuego.

Todos parecemos una mala versión del otro
-eso dice el profeta,
y entonces el otro desea que se acabe…
no hubo nadie que me advirtiera de eso
y he llegado a saberlo
por mero acto de coloración.

Ya no hay nada que me convenza
de lo contrario:
La grieta está ahí
y muchos estamos preguntándonos
dónde.

Como no soy el único,
y como hay ciertos insectos
que no discriminan entre la vida y la muerte,
ya no sospecho por alegrarme de estar
sin maldecir a la suerte.
Buenas noches, dulces sueños
y mañana otra resaca.

Omar Alej.  

viernes, 17 de noviembre de 2017

Días tan luminosos (Que nos dejaron ciegos)*

Estamos extraordinariamente tranquilos y tiernos el uno con el otro
como si pudiéramos sentir lo desvencijado de nuestro estado mental.

El regalo. Raymond Carver. 


Tú lo has visto todo,
los Alpes, Noruega,
fotografías de Estocolmo,
fotógrafos desnudos,
pirómanos bebiendo leche,
modistas y no costureras,
la peluca de un cadáver,
una falda sobre el piano,
ramilletes de pastillas fluorescentes,
a un avión abandonarte,
una lancha de juguete entre tus piernas,
un negro en San José de Costa Rica,
el colon de tu padre dentro de un frasco,
el apartamento de Billy Wilder,
pájaros peludos,
ratas emplumadas mexicanas,
teorías en papel sobre el amor,
las ingles de un inglés
y hasta el fondo de mi vaso.
Porque ves lo has visto todo;
pero en todo siempre están
los cuatro elementos
y eso es lo que no ves
porque te pierdes
dentro de tu mirada,
mirando el cielo blanco
en la azotea
de las olas amarillas.

No quiero asustarte;
pero será duro.
Ahora ya sabes
que más peligrosa que el olvido
es la memoria.

Aquella noche,
la noche, la nuestra,
es la historia del mundo
y en el mundo hay hermosas ojeras,
gatos destartalados
que llegan del norte
a despertarnos de miedo,
dulzuras que agravian
a las mezquinas pasiones,
momentos de aire
como la risa y como los pechos
que caben justo en las manos.

Mañana después,
Días tan luminosos
(Que nos dejaron ciegos),
cambian por anzuelos los peces
y tejen a las caricias
una armadura de escamas
importadas desde la corte
del Rey Lear.

Porque la ruina imposible
la previene el sol,
es la más cruel
de sus credenciales;
pero la luna en despecho
resguarda pequeños charcos
de lluvia
que están volviendo a brotar
en mitad de un desierto
al que nos dio por llamar
oasis.

Perdona si estas
de regreso en la calle,
tras ilusorios motivos,
con el cuchillo en los dientes
y sin permiso a bajar
del taxi amarillo.

Ya ves que solo el tiempo
es para siempre,
eternidad.

Omar Alej. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Omar Alej. ( Lo cotidiano )

Todo el mundo sabe que la Velvet es el mejor grupo del mundo, John Cale está también de acuerdo.

(El País: Articulo/Magia y Pérdida/2013). Ray Loriga.  


No lo sé.
Tal vez esté mal que sea tan personal,
que ponga las calles que yo pude ver
pero que no puedo demostrar
porque bajaron hasta la tarde,
donde creí llegar
y en realidad se iba.

Quizá cuando araño
y simulo la extensión de los verbos
no consigo decir que es deseo
ni que tengo prohibido
dejar de quererla…

Oferto mi anhelo,
intuyo algún sueño
que soñé despierto,
palabreo mi adentro
por si afuera hace frio,
sugiero algún pez
que a su vez sea un buen hombre,
cabalgo en el río;
aquel al que iba de niño
y ya se ha secado.

Digo de mí
y solo lo mío,
mis uñas, pestañas, dolores…
la tensa alegría
de ignorar cómo diablos
se llega a sentirse feliz
más allá de un instante.

Debe ser por eso
que no cantas conmigo
la torpe canción
que ahora estoy cantando.

Hasta aquí
y hasta ahora
no he podido escribirte
más allá de esta cara
que uso como espejo
y tú no te ves
en el reflejado.

Afuera de estas palabras
hay un amor que se va
y que se despide
abrazándote quieto,
con temor a moverse
y acusando de frío
a todos los veranos.

Allá,
en otros lados,
está pasando la vida:
un <<hola ¿cómo estás?
volvamos a vernos>>
pero yo me guardo.
Solo digo
<<Qué miedo,
qué extensa
la infinita manera
de reproducirnos>>

Y también dije luna.

No lo sé.
Tal vez está mal que sea tan personal
y por eso no podrás
sentirte acompañado
al leer que estoy tan solo
como tú.

Omar Alej. 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Un par de enamorados (al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre)

Huye la tarde en mi prisión
Una dulce lámpara arde
Estamos solos en mi celda
Bella luz razón adorable.

Prisionero sin horizonte. Guillaume Apollinaire.


Un par de enamorados,
eso piden las fuentes
cuando el responsable de limpia
va y les saca las monedas.
Un par de enamorados,
haciendo las horas largas;
perros de la calle,
gatos marineros, 
porno en la probeta
y pus en la epidermis.
Un par de enamorados,
eso dictan las ideas
al gracioso peregrino
que hace brincos;
ahora en la canción,
mañana en la pintura.
Un par de enamorados,
por la fuerza de mil demonios,
por la parentela de seis mil millones
de agnósticos
y al calorcillo del fuego sagrado
de la costumbre.
Un par de enamorados,
justo afuera de mi casa,
con las piernas deliciosas,
destacando la cintura
y el rubor en mi nostalgia.
Un par de enamorados,
de eso tratan los tratados,
constituciones, himnos, manifiestos,
La cábala, el Corán y el Antiguo Testamento.
Un par de enamorados,
eso estaba pasando
en la película de tus ojos
cuando te cerré las piernas
con un beso
y picaste la humedad.
Un par de enamorados:
Ella se acerca, para besarlo,
Él se cae del columpio
que le hizo su madre
cuando estaba por cumplir
los cuarenta años.
Un par de enamorados,
bajo el asfalto,
a mitad del asfalto,
a un lado del asfalto,
vertidos sobre el asfalto;
siendo asfalto.
Un par de enamorados,
jaloneando una canasta de huevos.
Un par de enamorados,
mirando cuadros de Pollock
en las claras y en las yemas
de los huevos reventados
sobre el asfalto.
Un par de enamorados,
suicidio hermoso,
terrenal y sin dolor.
Un par de enamorados,
justo ahora,
justo ayer,
justo mañana.
Te lo tengo que decir.
Hay un par de enamorados,
cada uno de nosotros
se parece a ti.

Omar Alej. 

martes, 14 de noviembre de 2017

El singular espectáculo.

Allí, preso en la torre,
Pasaban muchas cosas,
Y curioseaba unos papeles antiguos.

La fe. Mariano Peyrou.  


La Niña lo miro sentarse de costado
y entonces le pareció una especie
de agua dulce con tentáculos
que rodeaba aquel hombre de metal
llamado estatua.

El singular espectáculo
carecía de simple vista y ambición a la vez.
Su tema preferido era el silencio.
Un aro triangular salía de un cuadro.
Tenía anclas por tatuajes
y bostezaba premeditadamente.
Nunca nada fue del todo cierto;
pero La Niña era la única invisibilidad
que lo miraba.

Asustado por la vista
que no podía encontrar
en ninguno de los espectadores,
que sentía le limaba asperezas
y le daba un ángulo a colores,
desenvolvió sus manos
como si fueran contenidas
en un sobre
y las probó como si fueran
leche agria en tubo de ensayo.

En cada parpadeo presentía ser llamado
y La Niña lo llamaba.
En el lago del espacio
que abordaban sin la vana sensación
de comprenderse,
le pedía que cantara,
que silbara, que exhalara,
que mirara ese botón que le colgaba de la manga,
que moviera las dos cejas,
que apretara sus cordones
y desatara ese camino allanado
por la espera y por ningún lugar posible.

Era extraño que él oliera
a ese perfume de la infancia
porque en realidad no olía a nada.
No había esencia más allá
de que parecía estar a punto
de echarse a volar
con la misma vulgaridad de una paloma.

La Niña me contó que lo estimó
hasta la violencia,
que siguió con la tortura
de mirarlo sin que él pudiera verla
¿Alguno de ustedes ha escuchado
a una niña de ocho años
predecir a su destino?

Es como acudir a un aquelarre
y ser el único ahí desnudo.

Omar Alej. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Tan solo Kafka.

El futuro tira
con tanta fuerza como el pasado
y no es menor su carga de melancolía,
lo entenderás durante el próximo eclipse.

La escuela de venus. Mariano Peyrou. 


He movido los muebles de lugar,
he ido organizando de otros modos
la memoria, desertando de las islas
que inventé y no está, ya no está.

Ni debajo del sofá
ni al costado del televisor
ni dentro de la nevera
ni en mi ni en ella.  
No está encima de la manta
que uso, para las noches más largas.
Debajo del colchón tan solo quedan pesadillas
que acabé por convertir en un recurso de vigilancia.

Me vestí con el traje negro,
para los días de fiesta.
Revisé en los bolsillos;
pero no había nada.
He buscado en las ventanas de mis vecinos,
en las macetas, en sus plantas.
He subido a la azotea
y ahí tampoco había nada.

Salí, para saber
si es que estaba en el mostrador
de la tienda de abarrotes
o junto a las maquinas
del lavado de automóviles,
así he llegado hasta el cruce
de las grandes avenidas
donde se amontonan lo que pierden
y sus pérdidas comunes;
pero ninguno de los vendedores
que ahí hacen sus negocios
decía nada y lo que vendían
no era…

Como aún me quedó día
seguí subiendo y bajando.
Paré en un parque con fuentes nuevas
y ahí me refresqué.
También ahí perdí mi saco
sin embargo ese saco nunca fue
lo que buscaba.

Mientras escribo
contorsiono, para no dejar de buscar.

Ahí está un niño
que se pica en la nariz.
Allá a su lado
un perrin de raza extraña
que pudiera estar hablando
del aniversario de la revolución rusa.
Por cada una de las aceras
pasa gente intentando continuar
sin tener que estar ahí, en donde están.
Veo que hay nubes reflejadas en cristales
y cuando me acerco no son más que la pegatina
de un cielo demacrado y amarillo.

Estoy de exhausto por buscar
y obviamente lo abandono…
me imagino que ya no está
y es una lástima no ser Kafka
porque tan solo él podría contar
-sin parecer un loco,
la historia de un insecto
que acabó por convertirse
en hojas de papel
con palabras escritas
sin sentido.

Omar Alej. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

Tú cambiaste el mundo, chingao.

He tratado
de suavizar mis tendencias naturales.
Un animal infalible espera que suene el disparo.
En lo más alto, comienza la carrera.
He tratado de ser leve. Mariano Peyrou.


Tú cambiaste el mundo, chingao.
Porque qué tal que sales de tu cama hoy
y te conviertes en otro atropellado
por una nave de rin cromado
como la que hubieras querido tener;
pero no fuiste capaz de pegarte
un disparo en el pie.

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Porque si salieras, para el trabajo
y trabajaras de secretaria,
yo pasaría todo el rato solo
y pensaría en una forma de rescatarte.
E iría hasta allá y les diría a todos ellos,
compañera de chisme y patrón,
que soy tu amante.
Ahora mismo serias otro porciento
en el porcentaje de desempleo.

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Si no mirara moverse tus manos
de rata flaca -quizá
hoy sería el padre de otro chamaco,
a lo mejor con ojos verdes de sabe quién,
de quien sabe qué equipo o gusto musical.

Qué puta chinga que ser único sea tan complejo;
algo tan denso.
Veo a los Stone y ellos son eso;
justo esa nada.

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Por darme a beber otra cerveza
me quedé dormido escuchando
Famous Blue Raincoat
y ya no desperté.
Te agarraste de la mano de mi chica
y ahora estoy seguro.

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Te atreviste a mirarme,
justo cuando mirar
te podría haber costado planchar
con la misma plancha
con la que tu hermana se electrocuto.
Ahora no hay quien cocine
sus famosos frijoles puercos.  

Qué puta chinga que ser único sea tan complejo;
algo tan denso.
Tú cambiaste el mundo, chingao.
y me da igual lo que opine
cualquier motivador espiritual.

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Si no hubieras estado masturbándote,
en aquel baño de autobús,
habrías visto el letrero que decía
“Bienvenido a Jalisco”
y ahí te hubieran dado los nervios
con los que te pones violento
y ese camión no hubiera llegado
jamás a las nueve de la mañana.  

Tú cambiaste el mundo, chingao.
Porque si hubieras accedido
a ver mi colección de ratas disecadas
Serrat hubiera tenido razón
y entonces ¿qué sería de nosotros?

Omar Alej. 


jueves, 9 de noviembre de 2017

Y achica el universo.

“Una obra maestra es aquella cuya visión del mundo es más vasta que la del mejor de sus lectores”
Northrop Frye.


Y achica el universo.
Ponlo a tu alcance,
para que,
apenas al moverte,
el sol te dé en la cara
y seas quien baja de la luna
por la sombra de la elasticidad.

Y achica el universo.
Suelta la corriente
y que la corriente vaya.
Porque tú eres la corriente
y en el cuerpo llevas tanta vida
y tanta muerte;
como lleva en su columna,
el horizonte, un caminante
que se pierde al avanzar.

Y achica el universo.
Pon a Hemingwey y a Miller
y a Chinaski y al temible Baudelaire
y a ese cuervo conocido
como Edgar Allan Poe de Baltimore.
Pon poetas por borrachos  
en cada copa de licor
y que el verso se haga labios
que al besar hacen la boca.

Y achica el universo.
Recoge tus monedas de la fuente,
de los trenes tus deseos,
ante el cielo has tu mirada;
con un cofre abre las llaves que has perdido.
De tu amor saca el amor
que se confunde con vergüenza.
Rómpele todo los dientes
a la hambruna que te envía de regreso
a comer de sopas frías.

Y achica el universo.
De tu mesa invita a Keef,
a Leonard Cohen, a Marcelo Mastroianni
al Polaco Goyeneche, al Corto Maltes,  
a José Alfredo, a Marlon Brando,
a Sherlock Holmes, a Woody Allen
y que coman, al calor de tu mujer,
todo el infierno desatado
por sus alas demoniacas.

Y achica el universo.
Ve, al pasar, que las cigüeñas de París
también anidan en el nido
de la copa de ese pino
que plantaste, de pequeño,
en el centro de la rueda que giraba
arrancando cada freno
de la imaginación.

Y achica el universo.
De camino al infinito
considera eternidad
en una página dejada
y esconderte, para siempre
en una intensa brevedad.

Omar Alej.  

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Del lado feo de lo bello.


Me falta cortar todas las flores.
Olerlas, y que me huelan hasta hallar al niño que las huele
por primera vez.

Puñal. Martin Rodríguez. 


Del lado feo de lo bello
uno saca una página denuncia
contra el módico placer
que fue quedando de las ganas
de entregarnos de una vez y para siempre,
esta vez sin resistencia.

Hay crujidos y silencio,
tempestades y guirnaldas en Diciembre
como un parque de atracciones
inspirado en hospitales.

Cuatro chicas universitarias
que al mirar piensan en Conrad
son el primer copo de nieve de una helada.

Se levanta sin alarde un niño flaco
con la cara herida y las manos
escondidas en los puños
de unos guantes que no pudieron
terminar de tejer.

Cada tarde de domingo
un comedor de cuatro estrellas,
transmisiones de revueltas
y discursos de reloj de arena;
la nostalgia por los días
de saberse poseedor
de nada a medias
y antibiótico los lunes…

No es posible lo imposible
y debemos dar las gracias
por los rayos cancerígenos del sol
que de pronto han calcinado
el corazón de aquel futuro
en el que haríamos de un golpe
el amor, todo el amor.

De las leyes que más temes
te sostienes y confías
que te cuide el celador
que te ha impedido la salida
a caminar dentro del bosque…
del lado feo de lo bello
uno aprende a transmitirse
como un acto de piedad
y de pronto es suficiente
con soñar,
para sentirse espectador de los milagros.

Poco queda,
levantarse, pedir tiempo
y reponerse a los mareos,
queda el ansia que da el tiempo
y la esperanza truculenta
y comedia:
tragicómica virtud del puercoespín
según Arturo Schopenhauer.

Sale el arte de extinguir,
la factura del sedán pagada a plazos,
el trabajo del fumigador,
la pasión del trovador
por hablar del mundo en África.
Del lado feo de lo bello
tal vez yo o quizás tú…

Todo eso uno lo saca de saber
que pica el alacrán
aunque no tenga alas
ni boca de pez.

Omar Alej. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Pájaro Muerto y sangre helada.


Reíd reíd de mí
hombres de todas partes sobre todo gentes de aquí
porque hay tantas cosas que no me atrevo a decir
tantas cosas que no me dejaríais decir
tened piedad de mí

La linda pelirroja. Guillaume Apollinaire. 

Échate a volar,
Pájaro Muerto y sangre helada.

Te llamare como tú quieras
si me llamas –otra vez, a compartir
huevos podridos de tus crías.

No quito los ojos de la rosa de los vientos,
sigo bailando sobre el disco que gira;
si contengo el mareo
una estrella subversiva
entrará por tu nariz,
para embarazarte y ser el próximo
anti-hijo.

No dejes de hacer con mi piel el ramaje
con el que haces tu nido de ponzoña.
Pica y jala;
las venas son más resistentes
y las arterias sirven
para cuando el ligamento escalda
al bajar por la garganta.

Ponme en la ruleta   
de los peores pensamientos y miserias
que compartiría contigo.

Si empiezas a quemarme
por las uñas de los dedos
y a drogarme en el olor del queroseno
que haces con mis lacrimales,
te diré dónde encontrar
la montaña de cadáveres, hambrienta.

Rompe una ciudad,
la moral por radioactiva,
un espejo en el salón,
y las medias de la rubia
que platica con los gatos.

Clávame en los poros cada día
de tu gusto por la forma sin cumplirse
y tu altar a David Lynch.

Qué bonito y placentero
cuando, bestia,
me combates con tu cuerno
y me exhibes en las simas de los topos,
demostrando mis entrañas con insectos;
a la hora de elegir porque y cuando...

Yo también pasé por Eros  
la fragilidad y la ternura
en la pálida epidermis
del que fuera un nigromante.

Con mil hojas de afeitar
teñí de víscera la luz
de unas sabanas de hotel,
más viejas que las piedras de los ríos
y reí mientras los gritos
me llenaban de fracturas la cabeza.

Voy a desaparecer
y lo único que quiero hacer contigo
es que dejes de mirarme mientras tanto.

Si es preciso
da en mis codos y rodillas
con un mazo.
Lo que quede,
se haga polen
que al viajar le siembre a dios,
en sus jardines de vergüenza,
esa parte de nosotros,
desgraciados.  

Me dijiste que era un pez
y soy gusano en el anzuelo
porque quiero complacer
cada día de escalpelo
que pudiera amanecerte
en las paredes que has forrado
con fotografías a blanco y negro
de sus caras asustadas…

No te pido que me ates,
lo que más puedo ofrecerte,
si una vez tienes calor,
uses el ventilador, para cortarme
y hacer aire con mi cuerpo como tela.

Omar Alej. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

A falta de palabras, palabras.

“yo me miro decir que no me gusta el fútbol,
miro cómo me crecen las orejas
y en el humor helado, la tijera
me susurra su tajo.”

Peluquería. Pedro Mairal. 


Hago acopio de palabras,
las cambio por una nación,
por mi familia, por el precio de la suerte
y también la libertad;
pero encuentro que son grandes
y otras chicas, que no son las que buscaba.

La función de hablar de mí no se precisa
en una u otra,
tengo pena y querría decirla toda.

Cuando digo que he vomitado,
no vomito.
Cuando siento y lo suplico,  
es apenas la fragancia
del recuerdo del dolor
y si amo que haya amantes
de los cuales deberíamos saber
y hacer un barco,
justo en eso no hay amor : más de la cuenta.

Tampoco quedo solo
por mentar la soledad
que me abre al mundo
de los pobres,
que suben y que caen
desde ese árbol de madera
con raíces de violencia.

De algún modo el andariego,
al ir perdiendo la mirada,
no ha logrado retener
de cuantos besos
está hecha la distancia…

Te diría que silencio;
pero luego te diría de algo más.
Me deshiela poner hielo
entre las hojas lastimadas
y al invierno si lo invoco
le resultan hombres rana
de polietileno.

Doy la vida y luego
al darla
solo es un argumento dilatado
en el que penetran
las más vanas perversiones.

Menos pasa
cuando escribo de la muerte
porque me he quedado
sin más formas de decir
que estoy a nada de la nada.

Hago acopio de palabras,
excitado por sacar
a la aventura un callejón
de dos salidas;
pero, para hablar de mí
no sé muy bien lo que estoy diciendo.
Eso hace que pretenda
que no existe una sola
que al decirla, en realidad,
lo deje en claro.


Omar Alej.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Culpable (Eyaculador Precoz)


Estabas muerto de tristeza el día que te viste en ellas
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz

Zona. Guillaume Apollinaire. 


Había sido un delito,
rara avis, que no planeamos
y fue cometido entre ambos,
para diversión de los poros
rezumando en un sueño de hotel
all inclusive;
pero tú no acabaste
y preguntaste -con aire
de quien ha salido del tiempo
<<¿Por qué acabaste tan pronto?>>

No me avergüenza pactar con la ley
que me declara culpable
de fracasar y saberlo.
Fue que pensé en Don Roberto;
se me parece mucho
a Joan Manuel Serrat.
También tenía la piel con esa
electricidad que me da
en madrugadas donde no hay nada
de la noche anterior
y ciertos rayos de luz
han tenido que empeñar la sorpresa
para cubrir los gastos del seguro médico.

Opinaba
que si camino de lado
es muy posible que termine
caminando en círculos,
hacia adentro y hacia afuera
y después quedarme quieto
relatando la estupidez de una vaca echada,
harta de vivir sin OpenDrive y obligada
al pastado de nubes.

A veces mi cabeza se abre
con la misma ingenuidad de una naranja
a la que el jugo emociona;
subo al cielo más rápido que Cristo
y también con menos rastro
de la tierra que Jesús.

Me dejé llevar por la belleza
de mi pene con el rictus de ebriedad
de Indiana Jones;
intentar la contención pasó
a formar parte del saldo
en la sala de un museo empolvado
por la guerra que en las calles
lucha a golpe de discurso pro-canino.
La virgen me miró con los dos ojos
ya colgados a la altura de los pechos,
no era vieja y sin embargo
su sabor sabia a Proust y magdalena.
Tengo la vergonzosa enfermedad
de amar los huesos enterrados
en la ética de carne que escribiera Salomón.
Y los perros de la oscuridad ladraban,
no recuerdo si fue antes o después;
pero ladraban
y la vida de los vidrios… fui consciente
de que a irrealidades nadie gana
a las personas que queremos.
Tú estabas lista, para el polvo
sub-marítimo, humanista,
que vendría a despegar las pegatinas
del pecado capital
y que daría piel de dioses
al asiento trasero del cine donde exhiben
sin inhibiciones
las caídas en desgracia de una estrella.  

Acabé muy pronto,
en precoz mortalidad;
pero sobre todo fue
que estaba muy contento
en tu intrusa generosidad
y casi no me creo
que tu piel me cuente a mí
lo que me cuenta.

Omar Alej. 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Los Extraterrestres.


Querido compadre, Luis Daniel Pulido (http://popotito22-pulido.blogspot.mx/):

Estoy borracho: usa como un ladrillo, mi sinceridad (si quieres, para hacerte un castillo; o puedes usarlo, para una pelea). Estoy escuchando el último disco de Rubén Pozo (“Guitarra Española” debería ser un hit) Mi…La Negra está inconsciente en su habitación: borracha y guapa, como es ella. ¿Estás de acuerdo –conmigo, en que el amor es como el final terrorífico y épico de Kierkegaard?

Diario de un Moto/Circuito (2017)

Omar Alej. 


¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién?
¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Yo? ¿Ellos?
¿Tú?
¿Quiénes?
¿Qué?
Todo eso contra el terror.

Empiezo:

Mamá estaba en California
y el resto de la gente estaba ocupada
intentando radiar objetos voladores no identificados.
Pudieron llevarme
y nadie hubiera preguntado por mí,
Los Extraterrestres.

Sigo:

No fue posible el arcoíris como un puente
y encontrar la olla dorada
que estaría sobre un campo tapizado
con tréboles de cuatro hojas.
De la luna no diré,
aun me duelen sus entradas
clausuradas y en custodia
de un oscuro operativo del ciempiés
erguido en vertical.

Más:

Cada miércoles borracho,
en el que cuidarte el cabello
era lo más cercano al alarde
de una inflexible caballerosidad,
esto lo escribo brindando por tu vida
y temiendo que puedas morir
con tu propio vomito.

Oh, ay, uy:

En la escuela de jesuitas que yo estudiaba
(Porque no estaba inscrito en ninguna secundaria)
enseñaban que morir es otra enseñanza,
dislocar y luego respirar.

De nuevo:

Si consigo explotar lo que pago por mi soledad
tendremos una botella como fragancia
de mi hipocresía;
querer estar solo
por ver si se acuerdan
la forma de llegar a mí…

Fe:

Ese es un lema que ni el papa Juan Francisco de Kichner,
mi abogado, te diría; si a pesar de tu recato
el fuera Magdaleno “El Vendedor de Crack Definitivo”.

Un Salieri, dentro de mí:

A estas alturas de mi precaución.
Digo.
El poema no es un poema
y que ella siga respirando…
perdón cuando fallo al ser tan buen muchacho.

Voilà:

Alguien querrá saber
qué pasaba en México en la historia,
yo digo que mentiras;
que la vida en su proceso de descomposición
duró más que en las manos del restaurador.
Ojala que el Danielo y mi hermana, Pamela,
logren la memoria.
Un mundo como el mundo que aprendimos,
de muerte en cada expedición.

Pregunto:

¿Qué dirás de ahora?
Tanta vida vivida
por tres minutos de escuchar nuestra vida
en la voz de un locutor.

No voy, mejor cobarde:

Nunca es fácil cuando una chica
toma muchos laxantes
como pastis de la otra vida;
pero al menos hoy serás feliz.
Igualita a aquellas fotos
con amigos
en las que yo no aparezco.

Omar Alej. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Perdido (De regreso)


Sentado de espaldas a un hormiguero,
recitando estos versos:
“El mundo se acabará.
No se encontrará el secreto.”

Palo. Martín Rodríguez. 


Perdido, porque acaso es lo que es…
igual al niño que pensó
en un laberinto
y se perdió
buscando formas
de hacer días imposibles
de salirse con la suya.  

Perdido, porque acaso un enemigo…
en lo último que dicen
del futuro.
Que se ve que ese reflejo
en la distancia
viene dando atropellados
a la causa de occidente.

Perdido, porque acaso soy grumete…
en el manto que en su ojos
hace tibio lo que falta
y mueve a un mar
que renunciaba
por dolor de sal
y de olas dislocadas.

Perdido, porque acaso es un exilio…
de un mosaico a una baldosa;
anhelando que así huyo
a mi madre de la muerte
y sostengo por las colas de la vida
a un cachorro que acompañe
a mi ternura. Hasta mostrarse
mutuamente
como muerde un crucigrama.

Perdido, porque quiero darte un beso…
voy con tacto
y sale espuma;
un contrato de intenciones
que detenga la intención
de socorrerte
en tu loca dimensión
de vanidad…

Perdido, porque acaso sigo siendo…
todavía sin saber de qué manera.
Entre tus manos gira un dado,
una ruleta, una matrushka, un torbellino,
noche aciaga, el porvenir, canción de Dylan,
humo lácteo, contertulios,  
génesis y aguja de un termostato
cuando gira y gira y gira:
rompe la temperatura.

Perdido, porque acaso es afuera…
por adentro
de la costumbre planetaria
de hacer voces con la voz
y con los gatos
que pelean por un acto
en los botes de basura
de mi alma,
en ciudad lenta.

Perdido, porque acaso va el temor…
se siente divertido e impresionante
haber caído en un hechizo
cuando vengo jubilado  
de la magia.

Omar Alej.   

martes, 31 de octubre de 2017

La canción que falta (Los Años del Huracán)

Y yo, amor mío,
estaba lejos de sentirme incompleto en aquella coyuntura.
Mi lógica moteada en tiempo real quería pedir disculpas.

Récit. John Ashbery.


Si estás buscando tu sonrisa  
como al tiempo que se va.
La encontraras deteniendo
la coladera que brota,
haciendo manchas de sombra
en el color del sofá.

Yo siempre he estado contigo
por más que siempre fuera a dudar.
No sientas que te lo digo
porque no lo siento más.
Algo fue que decretó el camino
por el que pasamos todos
y ninguno puede regresar.

Ves las nubes que se fueron,
suéñalas y regaran
con tus sueños los baúles;
donde quedan ahí siguiendo
los años del huracán.

No te adentres en el bucle
de tus alas y al caer
no desnudes que la lumbre
se apagó por renacer.

Si te quieres ir sin nada,
si me quieres ver llorar
de rodillas como un alma
que no encuentra la pasión,
por favor vacila un poco
y no sueltes todavía
aquel día en la estación.
Cuando en todos los inviernos
tu verano se alcanzó.

Mírame, que te perdono
por mostrarme que al amor
no debiera de ir jugando
sin saber cuál de los dos
es el hijo que tuvimos
o es el hijo que murió.

Ayer era un laberinto
y ahora nadie hay por aquí.
De perdón por el impulso
de seguir sin comprender
que al final toca sufrir
por sentirlo un enemigo
a quien viene en nuestra piel.

Si es que buscas tu guarida,
la guarida que quemé,
no te extingas todavía
y no me mires en aquel…
que por ti quedó la vida
a quemar la vieja hiel:

Los años del huracán.

Omar Alej. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Estar lejos (La fe de antes)

Ve tras él,
cógelo, chico, dice el hombre del bastón.
Come, dice el hambriento, y otra vez nos sumergimos a ciegas
en la recámara que hay detrás del pensamiento.

Poema sinfónico. John Ashbery. 

Me transporto a la distancia sin saber si lo que creo
fue creado junto aquello que me ahuyenta por ser cierto.
Asalto la taquilla,  el tren fantasma,
antes de que me reviente el agua
que anda en busca de los ríos
empujando en mis fronteras, códigos de la extinción.

No es un melodrama de los míos ni amenazo por captar la luz del foco.
No es intento de atención ni navaja de afeitar contra los hilos…

Sí. Voy al canto de sirena del que nadie regresó
sin ser naufragio.  
No. De amuleto no me llevo nada más
que mi postal de aquel invierno.

Una fuente, seca en mí,
que igual brota de supervivencia…

Hay secretos en el viento que no entiendo.
Hay mujeres con el alma más allá de la belleza
adivinada en lo divino.
Es la noche lo que llama
por el lobo de los bosques
y hay motivos de ilusión
en dos faroles alejados entre sí:

Un silencio en la cometa  
y palabras que liberan del carrete
la otra punta de una vieja via lactea. 

Hay un cruce de caminos
que funciona de espiral
por donde asciende del olvido
la memoria aún caliente
de una alarma que sonó
a las dos y cuarto.

Pretendo lanzar la moneda
y allá a donde caiga
convertirme en la cara
o convertirme en la cruz;
según aquel juego
de aprender del tiempo cada ambigüedad,  
en caso de derrota.

Si queda regreso
lo llevo en el puño izquierdo
con la forma que queda
de un ventanal destruido,
desde las costuras.
Si debo volver
solo podré regresar
a donde nunca antes fui…

He pegado ésta huida hacia adelante,
el viejo paso del cobarde,
porque, amante, el corazón
en su bandera se consume
y yo soy el que lo entrega
al horizonte como duda
y que es también la fe de antes.

Omar Alej.