jueves, 22 de diciembre de 2016

Usted no sabe escribir; yo sí que soy un poeta: Hijo mio.

"... eran más bien de esas personas que pasan directamente de la cuna a la edad adulta, sin que en el periodo intermedio hayan tenido una educación sobre cómo funciona y se rige la brutalidad humana".

La mancha humana. Philip Roth.


Caminando en función de mi camino habitual
vi que un par de adolescentes
se mostraban con los puños
cuáles eran sus meriendas,
uno de ellos acusaba que lo hacía con el sumo de la fruta fresca;
pero el otro -el que sacaba la peor parte,
parecía desayunar -de nuevo -cada día-
un plato de maldita avena seca.

Tal vez necesitamos
un dilema más intimidante
que la vida y la muerte;
llevar el personaje real a la ficción
es lo que -a mi modo de soñar,
debería de tratar algún poema.

Con Lenny Bruce en mi cabeza
he notado que a un botón
le faltaba otro botón
y a una idea siempre otra nueva idea.

Recuerdo que avisé
que estaba a punto de llegar,
me suplicaste que esperara un poco más;
pero nena,
yo no soy King Kong:

Soy mucho más de dios
y además suelo estar en todas partes
-por ejemplo, el intendente me llamó
y me dijo <<chico,
he encontrado tus lecturas
en el cesto de basura.
Estabas aquí
a donde ahora estoy yo. ¡Lárgate!>>

Cuesta creer en la santa paz
y cuesta olvidar
que hasta en las guerras más cruentas
se han pactado treguas de orden alegre.

Si lo entiendes o no,
es un corte universal
que no puede transmitir la FM.

Lo que más molesta son esas voces
que se han asignado leyendas y permisos,
para contenernos en la pedantería
de sus brazos abiertos con hilos de melancolías.
¿Qué sabes tú del amor?
¿Es porque tu chica se fue
que te sientes capaz de mojar la luna
en tu sopa? ¿Una puta sopa de letras?

Mejor prefiero los ruidos
de una segadora en mi propio jardín,
puñetero.

Además de que es barato,
cuesta mucho todo lo que uno tiene que comprar
en el nombre del amor y sus desahucios amorosos.

Que espantados
y que espantos, los poetas de la ausencia.
Los que imitan lo que creen que es soledad;
me decanto por Pessoa. Los demás son indigestos
e hijos míos.

Frases hechas de los ojos apagados por la luz;
de una mujer que va en la mano de los vientos.
No hay quien hable de este cable,
de esta rosca encubierta con frambuesa;
no serán celebridades
los dos críos que salieron a pelearse
en el nombre de una calle.

Los poetas de algodón
no se animan a poner
cerca de agujas sus ventanas;
temen del cáncer y la enfermedad
los impulsa.

Prefiero los días sin grandes hallazgos,
hace una semana muchos esperaban la era gigante;
nunca me hizo gracia.

Prefiero los días que no se destacan,
las ratas saliendo de sus madrigueras,
para despreciarnos.

Lo único real, que un día dije
que jamás olvidaría,
es sobre un animal que me mordió la mano
y que también se tumbó conmigo
a esperar que el tiempo fuera
una nave y despegara:

Descubrí que en un milagro hay poco dios
y que en un dios queda poco de milagro.

Me senté detrás de todos en la clase,
justo ahora cada rostro se borró de mi recuerdo.
Solo puedo intuir que echo de menos
aquel día sin pensar en mi cordura y cobardía
y no puedo recordarlo. No pasó.

Pocas cosas dignas
de escribirse me pasaron;
pero no estoy triste.

Puedo escribir sobre mi falta de tristeza al respecto.

Omar Alej.

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