viernes, 30 de diciembre de 2016

Ultimo día del mes (Año bisiesto, ¡NO!)


“Ya no pueden lamentar siquiera que las cosas no sean diferentes. La repulsión por lo que les ha hecho el mundo es como una trinchera en la que se protegen".

La mancha humana. Philip Roth.


Llegaron a mi casa,
a punto de ser las dos de la mañana
del último día del mes.

No estaba durmiendo
y aquello era tanto
que no hubiera cabido en una pesadilla.

Lo que pude notar -sin preguntar,
es que habían andado
a través de un camino de tierra mojada
teniendo un arcoíris de fondo
por si alguno quisiera hacerles una fotografía…

Eso pasa en el miedo
y algo hay de bello
en la ironía de los dioses.

Venían de un año duro;
todos los gigantes cayeron de pronto
como si la energía se acabara completa
en un solo paso.
Quedaban momificados en mitad de las calles,
que eran la imagen
de un corazón pudriendo en las manos
de una nena sin piernas.

Pero ellos seguían,
eran el padre
y dos de sus tres hijos;
el que no estaba
formaba un espíritu casi tangible
y ya era una estrella roja
encendida en sus ojos.

No hice el intento
de cederles la cama,
teníamos claro que el techo
ya estrechaba el mar del futuro.

Fume de un cigarro que me compartieron,
el tabaco quemado en el sol del desierto
que habían cruzado
tenía el sabor de una sed imposible…

Quiero sentir que alguna herida cerramos
y que lo hicimos tocando el filo de un amanecer
en el que se iba asentado el polvo
de las explosiones:

La verdad nos dejó ver
hasta donde llega un hogar cuando revienta.

Por la madre no pregunté,
ese día se había perdido lo suficiente.

Omar Alej.

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