jueves, 1 de diciembre de 2016

¡Tán!..a punto.

Le regalé algo hermoso
y espere su risa,
yo no había nacido gitano
para ver a una mujer triste.

La casada infiel (basado en el poema de Lorca). Leonard Cohen.


Era débil,
me inclinaba ante el vacío
sin creer en los rascacielos
que apilaba la ciudad;
negando el arte de las aves
y creyendo -yo también,
que las piedras sufren
porque sí.

No me disculpo,
el horror ya estaba por aquí;
pero llegué desdentado
y sucio,
perdida la mirada
en los recuerdos de aquel día:

En mi mismo motivé que podría tratarse de otro.

Te conté de lo pronto
que en la poesía se aprisiona
un coraje solo,
cuando fue acariciado, por fin.

Tú eras libre
serpiente, fruto y deidad.
Hoy soy responsable
de tus ojos rotos
bañando en sal
el salero en medio de la mesa.

Y no merece mi ausencia quedarme,
si soy anzuelo del miedo
hasta que sale el silencio
que ya no perturba.
No puedo pedirte
que con mi pobreza
bordes un anhelo: quema mi bandera.

Ni el lujo
ni salvar el alma
ni los pórticos de mañana
ni la maldición
ni dios padre
llaman mi atención.

No doy a lo cotidiano
categoría de bálsamo,
tampoco.

Si alguien se atreve a decir lo que quiero
lo enfundo en mi piel
y cuando termino esta frase
se ha ido.

No me disculpo,
el horror ya estaba por aquí.
Había hombres destinados
al monte Vesubio
y otros cavan agujeros,
para anidar en el pelo húmedo
de la Medusa.

Los tanques de guerra
que puedo imaginar en Alepo,
los cotilleos vulgares
entre el recibo de luz
y otros hijos
-ahora nuestros-
confirman intenciones…

En palabras de Vallejo,
La muerte morirá.

Omar Alej. 

No hay comentarios: