martes, 20 de diciembre de 2016

¡Shpritz!

“Como si fuese posible de alguna manera
renunciar al combate singular que es cada persona.”

La mancha humana. Philip Roth


Saca la cabeza de tu bello culo.
En esta ocasión, estar protegido
de las cosas que pasan
supone también que nada te pase,
considerando nada un rayo partido en la frente
o un goteo de fluidos que tu piel deja en las cosas.

Poco a poco la oscuridad se ira desvaneciendo
sentirás un ataque de luces, parecido
a la serenidad que te da un Valium mil.
Te dirá que eres libre de mirar
a los huertos y a las pajillas
en los vasos de refresco
que han pedido esas dos monjas,
una dice que era rubia y la otra solamente
se ha ido poniendo roja…

Justo hoy que se jubilan
de ser novias para siempre -de dios padre,
te tenías que acordar de que te espera la fortuna
al cumplir tu penitencia;
di que no al evangelio y al rosario,
es muy fácil equivocar la letanía
mientras rezas porque un iraní salga de ti:

No querrías cometer esa blasfemia, evítalo.

Diles que no
cuando te inviten a estar quieto,
a su aniversario de casados, a ser correcto,
a no mirar lo que –evidentemente,
está sangrando y no necesita
“help you divine” sino un doctor que cobre poco
y diagnostique sin reserva.

Salta la hoja y no firmes nada,
“puto” “mamon” “rata” “miserable” “payaso”
“libertino” “harapiento” “tramposo” “ladrón”
aunque tú nombre fuera el correcto
diles que no a los que ofrecen salvación
y fuerzas reestructuradas, para el futuro.
Diles que no,
que busquen restos, para sus sectas, en librerías,
y en los veranos y en los museos y en las reuniones  
de economía; que son la sala de espera,
para sacar sus hipotecas…

Dile que no al matamoscas,
abre la boca, comete un  par
y no apresures lo que ya es breve
como fumar, o maldecir o romper algo
o decir <<¡mierda!, el ingeniero volvió a poner la misma tuerca>>

Diles que no
y ponte cómodo, mientras recibes
las finas piedras de lanzadores
hombres-proeza,
algún marciano dará reversa
al ir llegando a este planeta.

Rompe a reír
y diles que no a esas muchachas
que hablan
como si fueran dueñas de leyes
tan arbitrarias como el betún y la belleza
y di que no, con mucho ahínco,
a cambiar el mundo,
a estrechar lazos con quien confía en tu nobleza.

Dile que no a ir de toga
y no condenes jamás a nadie,
tu muerte sabe
bajo que puente estarás puesto
sin multitudes.

Sal de aquí huyendo,
no quieras nada
de quien te diga que puede guiarte;
si te convencen de sus poderes,
estas perdido.

Diles que no,
duda de ellos, de sus principios,
de sus sonrisas, de su inocencia,
de su locura y de sus ritos y de sus besos
y de lo grande que te dirán
que es la energía que los conduce.

Diles que no
<<Hola señora;
tome su tiempo,
para cruzar la calle
¿cuál es la prisa?
nadie la espera.
Muérase aquí, de cenicienta.>>

Diles que no
<<¿Salvar ballenas?
¿qué tal pescado
con arroz frito?>>

Diles que no
<<Señor artista,
lo más profundo que hay en su obra
es su fealdad>>

Diles que no
<<Me voy a California
que no es una ciudad para el amor;
solo nos amamos en Ohio>>

Diles que no
<<Que no se lleven de ti los ríos,
hazte a la niebla,
cúbrete en bosque;
gradúa tu mente
con lo mismo que se meten las ardillas>>

Diles que no a sus poemas
con mucho hierro y zinc
y calcio.

Diles que no cuando te inviten
a sus estrenos
o a sus trances
o a sus hallazgos
o a sus congresos
o a sus conquistas de cimas altas
en viaje astral.

Diles que no,
cuando te pidan que cantes algo;
tú brinda solo…

Y si censuran tu negativa
y vuelves sin nadie a casa,
puedes oler;
ya no está oliendo la oscuridad
y lo que hueles son las estrellas
que te iluminan. Nada te dicen;
pero hay historias que cuentan ellas.
Solo obedece las luces frescas
que están llamando,
que dicen <<ven, siéntate aquí.
Tomate un whisky, nada es real
y todo está sucediendo>>

Omar Alej.

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