lunes, 5 de diciembre de 2016

No, yo no podía salvarte.

Perdónenme
comisarios de occidente
si no creen
que ya he sufrido bastante.

Perdóneme. Leonard Cohen.


El mundo seguía siendo lo que era
y aún si habías pasado
tantos años entrenando,
para no saber y olvidarte del exilio;
afuera estaba lleno
de personas con pedidos
muy flagrantes.

No, yo no podía salvarte.

Ni siquiera puedo salvar este minuto
que transcurres
y se observa derrapar
sin más nada que su brevedad.

No todo esta condenado
-no he dicho tal cosa;
pero nada puede salvarse
de lo que hace posible
la suma barbaridad
de la civilización…

Voy resistiendo estos tiempos,
no serán mejores que antes
y tampoco peor al mañana;
pero estos tiempos
-en su condición de acabar,
a un hombre como yo
lo revuelcan de una letrina a otra.
De una conversación
a un silencio
que no hace más que romperse: eso es todo.

Que algún poeta los llame
“los tiempos revueltos”
y pueden hablar -si quieren,
de la tapa caída en el piso
de lo que iba a mantener mi café,
caliente.

Esto es modernidad,
escribir si es que todo fue escrito.

No, yo no podía salvarte;
pero si hemos visto este día,
cada uno en su estancia
-tú en la dimensión de los muertos
y yo en la dimensión
a donde los muertos ocurren,
habríamos pensado
que salvarte era un juego
de pocas emociones reales.

Realmente habrías decidido
-bajo tus términos de ave fénix,
no salvarte (que no es lo mismo que sacrificarse).

He resistido críticas duras
de que soy flojo, inconstante,
frívolo, vacío, infiel,
intenso, ordinario, brillante,
asco, vomitivo, mediocre,
mugroso, elegante,
amable, odiado… contradictorio;
pero no,
nadie me acusó de haber podido salvarlo.

Te echo de menos si bebo
y si he bebido
-y ya es otro día, te odio;
en esos momentos
solamente sé odiar…

Y guardo recuerdos
de nosotros montando el caballo de lo peligroso,
cuidando nuestras espaldas,
invitando de la luna que se estaba yendo al garete;
sin alejarse,
sin que los pintores pudieran tenerla.

He podido quererte,
quedarme sin ti –todavía;
pero no, yo no podía salvarte
Omar Alej.

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