lunes, 12 de diciembre de 2016

Camino, adiós.

“Nadie se va al cielo
y no queda nadie en el infierno.”

Roshi a los 89. Leonard Cohen.


A veces pasa así
que no pasa mucho en realidad,
fumas con los codos,
bebes una copa.
Sonríes y comentas
el posible deterioro
de los unos y los otros;
largas un instante
y otro instante brota de eso
que es la noche sin arder
y ejerciendo de trinchera.

Vuelves solo caminando,
juegas a no pisar las orillas
de las baldosas,
como si quisieras demostrar
que tan vacío llega a ser
un sacrificio.

La luz blanca de los faros
pacta treguas sin testigos,
hace la paz
y hace la guerra
sin que nadie lo consuele,
sin que nadie lo proteste.

Pienso en mí,
en mi ridícula manera
de oponer ridículo
a mis pasos y a mi arroyo de memoria
apagándose de vuelta.

Este mundo no cambió
ni aquel mundo se hizo este,
estoy frío,
calculando que prefiero
tardar mucho en mi regreso.
Porque temo de mirarme
en el reflejo
del cristal roto en la puerta.

Sigo el rumor de una palabra;
pero escapa cuando brilla.
Debe ser la propiedad
de otro mejor
que va debajo de un famoso
abrigo azul.

Un montón de frases buenas
es lo que necesito para irme de acá;
llego a Nueva York
y escribo la novela americana,
más americana que Bob Dylan,
más a americana que Sinatra.

Algunos de nosotros
encontramos muy profunda
la más leve tontería.

Omar Alej.

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