lunes, 14 de noviembre de 2016

Y yo que pensaba llorar hasta ahogarme.


Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente.

Cartas a un joven poeta. Rainer María Rilke.


Hoy es de esos días
en los que obviamos la muerte
a fuerza de estar habitando en el mundo
de las gentes que mueren
y nos encontramos porque hay un camino
que nos lleva por fuera de la senda que queríamos seguir
y ganar en el juego de dejarnos perder.

Ya no es por el miedo
ni es por el amor
ni hay guarida que valga;
es por estos días que obvian la trama
y quizá son los muertos quienes los envían.

Se quema en la llama la calma
que me consumía,
Inés se pellizca con una ventana
y es un grito tan fuerte,
quiebra la denuncia que se hincaba en mi voz.

Llega –acusando, otra fecha,
los apuros aprietan en sus peticiones,
un hilo de historia se lo lleva el aire
y aunque quiera quedarme a penar,
se vuelve imposible estar solo sin nada que hacer.

La sola tristeza
vuelve a su rincón;
ya sé lo que pinta dentro
de esa esquina,
es una noche amarilla
de la que huye el sol.

Quisiera no hubiera
montones de angustias
hundiendo este llanto.
No sé hacer más que acudir,
dejar para luego la hechura
de mi propia ausencia.

Hoy es de esos días
donde importa muy poco
lo que fuera importante…

Vuelvo al encuentro
a buscar debajo de los escombros.

Un aroma de flores muriendo
-magnifico,
es lo que me hace volver
de las cuevas
en las que me ahogaba el aroma
del cadáver de un ángel.

De tan idiota, al sacudirme,
salpico una alegría contraria
a la calamidad que me llama a moverme:

Pequeñas desgracias invaden la ofrenda que ofrendo.

¿Será el mar la poesía
o la poesía será respirar bajo el agua?

No siempre estar roto
sirve como medio a la fin de descomponerme.
Lo sé porque veo
a las partes de mí
desvanecer mi conjunto
y salvarse entre ellas.

Omar Alej.

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