jueves, 24 de noviembre de 2016

Santos de oficio.


Gracias
por los términos de mi vida
que evidencian tan claramente
mi incapacidad
para hacer nada

Estatuas religiosas. Leonard Cohen.


Me dice que las comadrejas
le arrancaron la carne;
no es poco, para quien tiene cicatrices
de peleas con un niño
que tenía el mapamundi pegado a la cabecera de su cama.

Suspira y alienta
traza el camino de dignidades mejores
que algún tiempo libre...

Yo miro al cielo y escucho,
también mordisqueo un bocata de carne
que me costó ochenta pesos
y que nada tiene que ver
con el manual de auto-ayuda lubricado con sangre.

Está pasando fotografías entre las manos,
supongo que proclamó seductora
la fuerza entregada a un placer superior.
Me importa más el fin de semana en Hungría
que decirle a nadie cual es la mentira mejor,
la que hace más brillo…

Demasiados son demasiado jóvenes –todavía;
en unos años no será tan fácil confundir
la pena de muerte con la libertad.

No podría pensarse que estoy hablando conmigo,
sus ojos están llenos de dios
y el resto de su figura es como una esfinge de mármol.
Dice que más que la muerte es la espera;
pero tampoco sabe decir
si la muerte es algo más que pasar
de las palabras al hecho: frente al espejo, obviamente.

Desde que recuerdo
siempre me ha confundido
quien cree que las aves
llaman a volar
¿cómo es que no llaman
a esas otras cosas que hacen las aves?

Tiene un recetario
y quería de mí mi aflicción,
mi dolor no está en venta.
Usted puede comprar mis servicios,
soy bueno cayendo a la lona
o tirando golpes;
pero mi angustia es un tema
impropio de la comunidad.

Un poco como él,
intento persuadirme de no dejarme persuadir
por los santos de oficio.

Omar Alej.

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