jueves, 17 de noviembre de 2016

Palabrero.

Dime si hace una buena mañana
o una clara mañana.
Dime qué coño
de mañana hace y me lo creeré.

Esto no es China. Leonard Cohen.


Decía <<¡me muero!
¿dios dónde está?
te amo, mal tiempo,
en fin… la belleza,
el domingo es largo
y nacer, ser feliz,
no se acaba jamás.>>

Fue tan arriba
que tardó años
en hacer tersas
aquellas nubes
que son el techo
de algunas lluvias;
heladas locas,
siendo noviembre.

De su mujer
tomaba poco,
acaso un ruido
cuando crujía
en la tempestad,
con la memoria
haciendo aros
de humo blanco.

<<no hay más materia
que lo que sueñas
que puede ser
partido en dos.>>

En sus mareos,
de llanto
y de rabia,
se emborrachaba
con un silencio
de quemadura
por música alta.

Ya no los hay
¿hoy quien ha visto
a un rey en botas
de andar en casa?

Se batió a duelo
contra el engaño.

Se proponía
no hacer demandas
y abrirse al juego
de los extraños,
contar con cuentos
que contarían
en otras claras
mañanas yendo
detrás de ti.

Decía <<muy pronto,
sí, no, hasta luego.
No lo sabemos;
pero se sabe
que pasa algo
que está partiendo
al mar y al cielo>>

Usaba colas
de diablos
bajo el abrigo,
como un collar.
Había ganado
en ir más lento.
Hacía pensar
que tú eras él.

Era un poeta,
un palabrero;
pero hace años
que hay poca gente  
soltando el aire
aunque nos duela
su dirección.

Omar Alej.

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