martes, 1 de noviembre de 2016

Detrás de un dios apagado.


Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.

Aún eres mío, porque no te tuve... Antonio Gala.


Tengo un dios que se apagó a medianoche;
intentábamos un acuerdo
sobre los espacios de la cama que eran humanos
o divinos.

Puntualmente yo he pagado los recibos de la luz
y por la noche escribo textos flojos que me sirvan,
para hacer el fuego combustible y tenerlo encendido a ese dios
que aunque pequeño, fue aquel dios de los más tristes.

Sin embargo se quedó sin energía,
sin fricción, sin ojos que lo miren.
Todo eso está pasando;
yo lo sé porque el pan que me gustaba sabe amargo.

No era un dios de misericordia
ni un portento de vikingo;
solo un dios –aquí, con sus manías,
sus posturas, sus recetas
y su polvo cada sábado a la noche
con las diosas de “el infierno”,
un prostíbulo que queda de camino “al paraíso”,
solo un pueblo para andar en bicicleta.

Yo he perdido muchas cosas,
está bien dejar que corran las raíces:
el favor de la alegría, mis amigos y una novia
que jamás de me dejaría por ser creyente;
pero nunca antes en mis manos se apagó
mi propia fuente de energía.

Yo ponía dos cervezas en la mesa
y escuchaba como es lo que los dioses
se platican cuando vuelven de jornadas extenuantes
de atracones y decidías y caprichos…

Me contó que se hizo tarde
justo apenas empezar
y que cada uno de nosotros tiene partes
que no le corresponden.

Hace días yo volvía del peluquero
y me dijo que cuidara mi nariz,
no me sorprendió que se estuviera ciñendo
al overol que ya nunca se quitó;
hoy es extraño.

Tengo un dios que se apagó
y jamás nunca le recé.
No lo hice cuando tuve oportunidad,
lloraba y reía y cantaba y bebía y moría y revivía,
todo al mismo tiempo;
importando según lo de afuera –en manos de artistas,
era belleza, concordia y paz.

Solamente él se jacto de no tener acné ni aros en la cara.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ay, este no sé, me da como desilusión, y no hablo del texto, si no del contexto, ese sentimiento ni siquiera de abandono, si no de algo que simplemente se apaga. incluso teniendo ese afán por mantenerlo prendido, con textos, con luz. hacerle fuego. es como algo dentro de uno no? creo que eso es lo que me da un poco pa bajo, que uno no logra mantenerlo vivo, encendido. y entonces todo se amarga. :/ "solo un dios" que parece tan terrenal, por que es eso, es lo que le da pila a quien camina. lo siento así. hablarse a uno mismo y darse cuenta que algo dejo de cuadrar "cada uno de nosotros tiene partes que no le correspondian" "hoy es extraño" como sentirse ajeno a si mismo. :O cuando ya no te resultas familiar. uy.. la infancia apagada. :O :O :O pero se tiene, ya sabes? no se dejó, ni se perdió, ni se abandono el uno al otro. solo se apagó. creo es posible volver a encenderse. porque ya sabes, suelo ser optimista jaja :P de repente sentí que lo vi en los ojos de cualquier persona con la que me pueda cruzar en la calle, pero así apagado. como es que se le mantiene encendido? o será que siempre pasa así? que hay un punto en el que debe de apagarse, que su tiempo encendido caducó y solo nos damos cuenta de éste cuando todo ya está a oscuras y con ese sabor amargo en las cosas... ¿?

FloresFer.