viernes, 25 de noviembre de 2016

Ciertas guías espirituales que no ponen catering.


Es indecoroso
encontrarte
en un lugar de entretenimiento
tratando de olvidar
el diminuto horror
del último millón de años

Indecoroso. Leonard Cohen.


Te veo dirigir,
deshacerte en estruendos
que rompen las espinas,
subir y bajar,
perseguir colibrís
y saltar sobre cubos de yeso,
puestos hasta el cielo del tres d,
como si fueras un ángel;
pero no te creo:

Las orillas lejos
no son el contorno
de una cercanía supuesta.

Debe ser que estoy loco
por negarme a salar con polvo de estrellas,
frenesí, que resulta.
Preferí alimentarme
a base de sombras y atentados,
incapaz de creer
y ya puedo decir que me he hecho mis dudas.

No me adoctrines,
entierro con las uñas,
en el miura,
el reloj que cuenta las horas
que le quedan a tu esfera;
hacedora de burbujas
no es champaña
lo que sirves en las copas.

Elijo el amor que no pacta.
Ahora mismo mil dioses nuevos,
recién nacidos del coito entre la paz y el anhelo,
están llamando a referéndum,
para llegar a un criterio
aún más humano que tú,
pequeña adivina.

¿Cómo es que estás bien?
¿En que almacén has comprado tu ropa
de benefactor?

Yo puedo pudrirme en el frío,
suelo ser el imbécil
que no cree sus harapos
el sentido del tiempo.

Me embriago
y borracho bajo las escaleras
que llevan hasta la puerta de una mujer morena.
Me embriaga una mujer morena
y cuando llego a su puerta
después de bajar las escaleras
lo hago borracho.

Las señales de paso te siguen,
es una bonita costumbre
de los años noventa.
Por entonces la democracia
no era el sustento
con el que subían al templete
los regidores del pan,
multiplicado.

Si hemos de creer
creamos por vida el misterio,
las razas, los clavos ardiendo
que descruzan la cruz.
Creamos en vida
-con la tentación por testigo.

Yo decreto un nuevo mandamiento,
no te harás seguir.

Omar Alej.

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