miércoles, 30 de noviembre de 2016

Solo en la luna, donde vivo yo.

Lo mismo el enamorado.
¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!

Voy a hablar de la esperanza. Cesar Vallejo.



Ya no agradezco
a quien me salva de mí,
para ponerme los hilos
y de sus manos
marcar los pasos
de mi propia angustia.

Debo asumir el rasgo
que hay de otros
en mi soledad;
vivir como Omar
puede ser más humano
aunque será más difícil
sin perpetuar la doctrina.

Yo anhelo mucho la tarde gris,
es casi mía,
de mis adentros,
la lluvia en seco;
mojando un bolsillo seco,
sobre un paralluvias seco:

La lluvia en seco
sobre mi corazón
cuando lo siento seco
de tanto sangrar en jardines
donde florece hormigón.

Yo anhelo mucho
la parte ausente,
le pago al mundo
con mis apetitos,
para soñar las cosas
que no vi ni en sueños.

Yo anhelo mucho
-y eso no está bien,
la melancolía de la plaza tapatía
al mediodía,
los amaneceres de niebla
sobre el cuerpo muerto de un ciervo,
decir lo mismo; pero distinto:

Sin antes ni ahora ni mañana.

No pediría hacer las cosas
como yo digo deben hacerse,
solo no hacerlas
como suponen que es lo correcto
(Como quisiera conmemorar
la calle en la que encontré
un consolador en la basura).

El hombre es más
que solo historia,
el hombre es siempre
una nueva ley:
cuenta con eso
o es mejor no contar con nosotros.

No estoy exagerando,
yo anhelo mucho
ser abducido
por una raza extraterrestre
imitadora de Nick Cave…

Me gusta más una foto que se quema
que todos los filtros
de la realidad,
según, je ne sais quoi.

Debería de callarlo,
no confesarlo ¿ya para quién?
No escribirlo
ni pensarlo,
tales anhelo son compañía
en el miedo solo.

Aceptar que estoy doliéndole
a una vida de felicidad;
pero yo anhelo mucho ese recuerdo
de que soy solo un hombrecito
que llora por las noches,
para verse en el espejo
y gimotear
como él cree que haría un poeta
que en verdad vive en la luna.

Omar Alej. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Falta de forma (Nada logro formar y lo escribo).


—Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una
    muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.

Nómina de huesos. Cesar Vallejo.


Que hubiera un pequeño feroz
y capaz de cortarme el cabello
de mi extranjería.
Si la causa es la de ser la carne en el hueso
y el hueso en el alma;
exijo la re-conversión en un pez.

Lo pido pues aunque me trajo
el oscuro juego de esconder el llanto,
de ti quiero llorar
y de esta palabra que explote;
como si la niebla se pudiera escribir…

Yo podría entender
que no te emocione la historia
de una herida en las plantas de los pies,
mientras caminé con cada caminante:

La parte sobrante del cuento
que le has contado al exilio,
traidor ¿traidor a quién?

No es posteridad
ni es por exhibir la causa
de mis persistencias,
es sufrir solamente;
como solo es río seco el río seco
y no es lo que pido atontado.

Si digo de heladas
no te sobresaltes
ni cuentes las órbitas pendientes
en tus cremalleras;
no me llames,
no te distancies en busca de fuego,
cúbreme y así has la nieve:

De un novio adultero
hablan siete besos que no pongo
cuando me desnudo.

Que sepas que aún
-y como cualquiera,
no he tenido
un día más corto o más alto.
Me bebí la luna
y me comí el sol,
no lo piensas mucho
cuando estas soñando
en un breve descanso,
después de descargar
los camiones que vienen de Tampico.

Suelo rezar
porque no sean reales
los dioses que avisan
de distintas regiones,
van a encontrar en mí quien expíe
sus secretos.  

Estoy hablando de la nada en todo,
no es verdad ni la cuerda
en la que cuelga el bebé
de una mujer de senos apetecibles.

Mi dolor
no es convención ni tragedia
ni acto solemne de disidencia
que oponer a las armas.
Estoy dando al polvo mi voz,
para que surja un tornado,
una lija o una galleta de avena;

Pero eres tú
a quien demando su pena
y romperla en función de multiplicarla.…

Que hubiera navajas ficticias
que como un boomerang
cortaran las alas ficticias
de mi creación boomerang
y que tal desatino no fuera ficción.

A tus atardeceres,
tarde les hice el sol
y las calles.
A tu oscuridad
le hice un botón de madera
y que flote a través
de las velas que falten
allá a donde el mar
no esté adentro ni afuera.

De lo que más echo en falta
de la felicidad,
es no poder tomarte la mano
y decirte que me consuelas
contra toda pasión despiadada.

Que bien me estaría mutilado
con todas mis partes haciendo su parte
y no solo cambiar y cambiar
a mi falta de forma.

Omar Alej.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Querencias domesticas.


Corrimos una carrera despiadada e inútil por deseo y celos infantiles,
y llegamos al remanso.

Amor Contemporáneo. Matías Rivas.


Da igual
-a nadie le importa,
si estoy contando que tú,
para mañana tendrás
un deseo nuevo,
inagotable y urgente.

Siendo el testigo
de toda noble querencia
en tus muslos
¿Cuánto tiempo puedo confiar
en que lo único que quieras tener
es lo que tú querías?

Te arropas el cuerpo
y sonríes, atentando
contra los pequeños erizos
que ayer salvaron tu piel.

Desde que se divide en categorías
el crujir de las hojas
se quieren a los otoños,
con un poco más de esperanza
en su nivel sobre el mar.

En el corazón de la luz del baño
es la vida colmada; pero antes ha pasado
a otras mujeres -incluso jóvenes.
La soledad se les vuelve un reclamo soleado
y cálido y amable y magnifico,
en el que no hay mucha gente
salvo los lugareños que estaban ahí
ya con quince años. Ninguno era yo.
Puedo ver mi ausencia.

Si ya nunca quisieras
del agua frescura
y tan solo el agua.
Si ya nunca quisieras
del sabor la fruta
y solo el sabor
¿Cuánto tiempo puedo confiar
en que lo único que quieras tener
es lo que tú querías?

No ocurre nada
con el retrato hablado de dios.
Me suelo ir  
y parar en las escaleras,
antes de que demandes al otro:
el que ha matado por ti…

El rito de angustia resulta indistinto
cuando lo que trata es lo que quieres;
el recuerdo de tus padres,
el lunar que serpentea en tu escote,
tus huidas y tus ruegos
(antes lo único que quisiste
fue quemarte y lastimarlos).

Del balcón de la señora Blanca
cuelgan los pañuelos,  
entre las tres y las cuatro,
que una vez te ofreció,
sobre la media noche,
un estimulante ladrón.

No queríamos más
y hemos salido del cine;
la publicidad recomienda
el próximo estreno
de una cigüeña Ford.
Yo he llegado siguiendo
la luz barroca del cielo
y sospeché que lo que querías
ya no era quitarme de en medio del impacto
y oler mi loción.

Nada asegura
que puedas tener lo que quieres
y seguirlo queriendo;
como cuando tengo tus labios
en mis labios
y empiezo a querer hablarte.

El silencio está hecho
y lo hizo un hombre ingenioso
como una respuesta
a un montón de expertos en aburrimiento
y otras cosas de niños.

Omar Alej.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Ciertas guías espirituales que no ponen catering.


Es indecoroso
encontrarte
en un lugar de entretenimiento
tratando de olvidar
el diminuto horror
del último millón de años

Indecoroso. Leonard Cohen.


Te veo dirigir,
deshacerte en estruendos
que rompen las espinas,
subir y bajar,
perseguir colibrís
y saltar sobre cubos de yeso,
puestos hasta el cielo del tres d,
como si fueras un ángel;
pero no te creo:

Las orillas lejos
no son el contorno
de una cercanía supuesta.

Debe ser que estoy loco
por negarme a salar con polvo de estrellas,
frenesí, que resulta.
Preferí alimentarme
a base de sombras y atentados,
incapaz de creer
y ya puedo decir que me he hecho mis dudas.

No me adoctrines,
entierro con las uñas,
en el miura,
el reloj que cuenta las horas
que le quedan a tu esfera;
hacedora de burbujas
no es champaña
lo que sirves en las copas.

Elijo el amor que no pacta.
Ahora mismo mil dioses nuevos,
recién nacidos del coito entre la paz y el anhelo,
están llamando a referéndum,
para llegar a un criterio
aún más humano que tú,
pequeña adivina.

¿Cómo es que estás bien?
¿En que almacén has comprado tu ropa
de benefactor?

Yo puedo pudrirme en el frío,
suelo ser el imbécil
que no cree sus harapos
el sentido del tiempo.

Me embriago
y borracho bajo las escaleras
que llevan hasta la puerta de una mujer morena.
Me embriaga una mujer morena
y cuando llego a su puerta
después de bajar las escaleras
lo hago borracho.

Las señales de paso te siguen,
es una bonita costumbre
de los años noventa.
Por entonces la democracia
no era el sustento
con el que subían al templete
los regidores del pan,
multiplicado.

Si hemos de creer
creamos por vida el misterio,
las razas, los clavos ardiendo
que descruzan la cruz.
Creamos en vida
-con la tentación por testigo.

Yo decreto un nuevo mandamiento,
no te harás seguir.

Omar Alej.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Santos de oficio.


Gracias
por los términos de mi vida
que evidencian tan claramente
mi incapacidad
para hacer nada

Estatuas religiosas. Leonard Cohen.


Me dice que las comadrejas
le arrancaron la carne;
no es poco, para quien tiene cicatrices
de peleas con un niño
que tenía el mapamundi pegado a la cabecera de su cama.

Suspira y alienta
traza el camino de dignidades mejores
que algún tiempo libre...

Yo miro al cielo y escucho,
también mordisqueo un bocata de carne
que me costó ochenta pesos
y que nada tiene que ver
con el manual de auto-ayuda lubricado con sangre.

Está pasando fotografías entre las manos,
supongo que proclamó seductora
la fuerza entregada a un placer superior.
Me importa más el fin de semana en Hungría
que decirle a nadie cual es la mentira mejor,
la que hace más brillo…

Demasiados son demasiado jóvenes –todavía;
en unos años no será tan fácil confundir
la pena de muerte con la libertad.

No podría pensarse que estoy hablando conmigo,
sus ojos están llenos de dios
y el resto de su figura es como una esfinge de mármol.
Dice que más que la muerte es la espera;
pero tampoco sabe decir
si la muerte es algo más que pasar
de las palabras al hecho: frente al espejo, obviamente.

Desde que recuerdo
siempre me ha confundido
quien cree que las aves
llaman a volar
¿cómo es que no llaman
a esas otras cosas que hacen las aves?

Tiene un recetario
y quería de mí mi aflicción,
mi dolor no está en venta.
Usted puede comprar mis servicios,
soy bueno cayendo a la lona
o tirando golpes;
pero mi angustia es un tema
impropio de la comunidad.

Un poco como él,
intento persuadirme de no dejarme persuadir
por los santos de oficio.

Omar Alej.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

¡Qué pedazo de momento hemos pasado!


Y te juro por este amor
que está vivo y muerto
que estaremos separados
y estaremos casados.
Partición. Leonard Cohen.


Moríamos de arroz, cultivo
y coca;
juntos en nuestra casa,
bajo un techo de canciones
íntimamente tristes:
tú llorabas por la guerra,
yo lloraba por los muertos.

En una sola exhibición
estábamos pagando el tiempo juntos;
tus ojos más abiertos que el Sahara,
mis voces más punzantes
que el vacío en dirección de lo prohibido.

Desde ahora
solo leeré el libro de nuestra religión,
con un dios  en piel moreno,
en alma blanca, en sed trigueña
en hambre roja y sexo oscuro.
Como ese arco que ya hicimos,
miserables y perdidos;

Fue que algo enquistó nuestro dolor
en cada tiempo
y ¡qué pedazo de momento hemos pasado!

La realidad nos regaló
con un desahucio, un tifón…
ya lejos de creer;
pero sabiendo.

Del corazón que no era mío,
éste otro latido cubre sombras
y muebles destruidos,
con el cuero de un reloj
que se rompió
mientras yo daba marcha atrás
a mi sonora soledad.

El verano que nevó en tu mirada
se repite en tecnicolor a través del noticiero.
Estoy dentro del batín
que se usaba en la C Town como vestuario;
hace días que no mudo calzoncillos:

Casi cumplo con mi parte
en lo pactado con la muerte.

Siempre hubo -en el amor, un polvo que se oculta,
que más nadie puede ver.
De nosotros salía en forma de una herencia,
fuera juntos
o metiendo la cabeza en el fondo de otros más.

Eso fue lo que aprendimos,
el motivo de cedernos un lugar
entre el duelo y el olvido.
Tú llorabas por la guerra,
yo lloraba por los muertos.
Fue que algo enquistó nuestro dolor
en cada tiempo
y ¡qué pedazo de momento hemos pasado!

Omar Alej.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Durante la noche.

“y nada en mi mente
más que estar dentro
del único lugar
que no tiene interior
ni exterior.”

Preocupado esta mañana. Leonard Cohen.


Durante la noche
se caen los letreros de alerta.
Si no estoy abrazado a tu cuerpo
es igual a decir
que estoy desnudo en la luna impostora,
caminando debajo del peso de las cadenas
que amarran el alma de los bulevares.

Perdona,
si no fuera por el desgarro que aplasta
¿cómo saber el tiempo que pasa?

En mi tontería
me abrazo a un tal yo;
pero más alegre
y más alto,
subimos al auto
cantando canciones de lirios y parques.
Lo sabes,
el sr. Leonard Cohen.

Nunca dejé
que me robaran
lo que con tanto esfuerzo
habías robado de mí.
Solamente firmé el documento,
para mostrar que la tinta
es igual a mi sangre.

Soy más que tu hombre,
soy tu prisionero.
A donde quiera que veo
me encuentro en el riesgo
de hacerte enfadar
y que me dejes de nuevo
imaginando los besos
que les darás en el sexo
a los marineros de Europa.

Durante la noche
se están peleando seis guerras,
una es porque sí,
dos son de mentira,
tres callan ahora,
cuatro no son una broma,
cinco desde el norte al sur
y seis que no salen en la prensa impresa.

En realidad los valientes
han ido borrachos.
En una historia de azares
la libertad sucedió
mientras dormía la gente.

Durante la noche
se caen los letreros de alerta
y yo paso de la rabia al sueño
en una comisaria helada
que gobierna una señora
-tan grande como la China,
mientras llama a los hospitales,
para saber si sus hijos han regresado.

Omar Alej. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Palabrero.

Dime si hace una buena mañana
o una clara mañana.
Dime qué coño
de mañana hace y me lo creeré.

Esto no es China. Leonard Cohen.


Decía <<¡me muero!
¿dios dónde está?
te amo, mal tiempo,
en fin… la belleza,
el domingo es largo
y nacer, ser feliz,
no se acaba jamás.>>

Fue tan arriba
que tardó años
en hacer tersas
aquellas nubes
que son el techo
de algunas lluvias;
heladas locas,
siendo noviembre.

De su mujer
tomaba poco,
acaso un ruido
cuando crujía
en la tempestad,
con la memoria
haciendo aros
de humo blanco.

<<no hay más materia
que lo que sueñas
que puede ser
partido en dos.>>

En sus mareos,
de llanto
y de rabia,
se emborrachaba
con un silencio
de quemadura
por música alta.

Ya no los hay
¿hoy quien ha visto
a un rey en botas
de andar en casa?

Se batió a duelo
contra el engaño.

Se proponía
no hacer demandas
y abrirse al juego
de los extraños,
contar con cuentos
que contarían
en otras claras
mañanas yendo
detrás de ti.

Decía <<muy pronto,
sí, no, hasta luego.
No lo sabemos;
pero se sabe
que pasa algo
que está partiendo
al mar y al cielo>>

Usaba colas
de diablos
bajo el abrigo,
como un collar.
Había ganado
en ir más lento.
Hacía pensar
que tú eras él.

Era un poeta,
un palabrero;
pero hace años
que hay poca gente  
soltando el aire
aunque nos duela
su dirección.

Omar Alej.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Baile en un solo pie.

Sólo es cuestión de tiempo:
Desembarquemos con esta lancha
en la otra orilla.
Tomaremos la playa
de la otra orilla.

Entonces también se acabó la fiesta. Leonard Cohen.


Llevo agujeros que solo en el río se sacian.
Ni el té, ni los manantiales, ni bolas de nieve;
mi sed hace del mundo un beso acabando:

Nadie dice que es
a quien yo dejé de buscar
hace un tiempo
(Esto en un libro de Cohen suena mucho mejor).

En contradicción –casi siempre;
sucede que el cosmos
se expande y contrae de forma simultanea
¿Qué sabes de eso?..

Escucho decir que el sol ilumina su rastro,
cuando al entrar al camino levantas la cara
y secas tu sudor.
A mí me ha quemado los ojos
y no puedo salir del espanto
de ver que hay anzuelos pegados al viento que mueve las hojas
en lo que ahora es un árbol quemado por la radiación solar.

Siento una cueva existir,
es repulsiva y hay sangre
de lobos preciosos manchando las rocas;
ahí dentro están a salvo
lo digno y lo hermoso,
querida ¿qué sabes de eso?.

Mis apetitos tan largos
caben en la mano de un trueno
hecho a imagen y semejanza del hombre,
sé que bebe el whisky de los condenados a no beber más.
Una botella le cuesta cien dólares menos
que el dobladillo en la falda
de Marilyn Monroe;
pero tras la persiana hay una tormenta…

No puedo impresionarte con menos
de todas las cosas que anhelo,
quiero la última orden de Hitler antes de dispararse;
no era muy alto y tampoco era un sabio;
pero supo colgar la locura
sobre la solapa de sus comandantes.

Me preparo a mirarte caer
y escuchándote arder
el más poderoso perdió su poder.

Yo sin virtudes,
nunca quise dar nada a nadie.

Omar Alej.

martes, 15 de noviembre de 2016

Aquel niño fue...


¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

XXI (¿Qué es poesía?) Gustavo Adolfo Becquer.


No sé ¿qué hace ahora?

¿Quién piensa en la luna
cuando la luna está cerca?

La luna no existe,
la luz del vecino se apaga
y escucho salir cuatro pasos.

No están afinados,
no van hacia arriba,
ni van hacia abajo;
no sé si van solos
o si se acompañan…

Quizá sea el reflejo
haciendo morder la distancia
de la que partimos, para regresar.

Yo no era aquel chico,
no soy más que un hombre
y he llegado aquí porque tienen lugar en la barra
y si alguien distingue
entre verdad o mentira
lo echan afuera.

Aquel niño fue
y es cierto que era confiable;
capaz de callar en secreto
los avistamientos de estrellas fugaces
que otros perseguían por su brevedad.

No me regocijo,
no soy la nostalgia;
quiero entenderte
y poder ayudar con las plantas
que sacas al sol.

Aquel niño fue:

Solo en la calle
con barcos llamando
a todas las partes del mundo,
no puedo evitar recordar…

La memoria no falla.
Como me gusta decir,
acaso sucede que llega sin separarse;
toda junta, un montón de arcilla
que luego será un ladrillo,
que luego será una casa,
que luego será la quietud,
que luego será el olvido.

Qué flamante es en mí
decir que la muerte de un hombre
es matar a mi padre,
así sabrás que agradezco.
No lo hicimos mal…

Aquel niño fue
quien le pactó a las palabras un escondite
a cambio de cualquier duda,
cualquiera de ellas;
incluso dudar
si lograría vivir, para siempre.

Y tuve un amigo tan grande
que aunque no está aquí
hay algo que duele y que dice
que ha venido conmigo
y que me he ido con él,
ya no le pido salvarme de nada.

Omar Alej.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Y yo que pensaba llorar hasta ahogarme.


Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente.

Cartas a un joven poeta. Rainer María Rilke.


Hoy es de esos días
en los que obviamos la muerte
a fuerza de estar habitando en el mundo
de las gentes que mueren
y nos encontramos porque hay un camino
que nos lleva por fuera de la senda que queríamos seguir
y ganar en el juego de dejarnos perder.

Ya no es por el miedo
ni es por el amor
ni hay guarida que valga;
es por estos días que obvian la trama
y quizá son los muertos quienes los envían.

Se quema en la llama la calma
que me consumía,
Inés se pellizca con una ventana
y es un grito tan fuerte,
quiebra la denuncia que se hincaba en mi voz.

Llega –acusando, otra fecha,
los apuros aprietan en sus peticiones,
un hilo de historia se lo lleva el aire
y aunque quiera quedarme a penar,
se vuelve imposible estar solo sin nada que hacer.

La sola tristeza
vuelve a su rincón;
ya sé lo que pinta dentro
de esa esquina,
es una noche amarilla
de la que huye el sol.

Quisiera no hubiera
montones de angustias
hundiendo este llanto.
No sé hacer más que acudir,
dejar para luego la hechura
de mi propia ausencia.

Hoy es de esos días
donde importa muy poco
lo que fuera importante…

Vuelvo al encuentro
a buscar debajo de los escombros.

Un aroma de flores muriendo
-magnifico,
es lo que me hace volver
de las cuevas
en las que me ahogaba el aroma
del cadáver de un ángel.

De tan idiota, al sacudirme,
salpico una alegría contraria
a la calamidad que me llama a moverme:

Pequeñas desgracias invaden la ofrenda que ofrendo.

¿Será el mar la poesía
o la poesía será respirar bajo el agua?

No siempre estar roto
sirve como medio a la fin de descomponerme.
Lo sé porque veo
a las partes de mí
desvanecer mi conjunto
y salvarse entre ellas.

Omar Alej.

viernes, 11 de noviembre de 2016

También los hombres de bien se mueren.

“I'm just paying my rent every day
Oh in the Tower of Song”


Tower of song. Leonard Cohen.


Suena todo el silencio de las campanas,
del río arriba cuando amanece,
de la guitarra española en las manos del Niño.

Suena el silencio de hermosos mitos
y es el estruendo de un rey callado.

Leonard ha muerto,
ya no podré estar frente a él,
decirle que me volvió ciego a la oscuridad;

Esa ilusión
se encarna en mí
porque se va
a buscar tiempo.

También los hombres de bien se mueren,
pueden hacerlo.
Calaron sueños de blanca nieve en el invierno,
subieron valles
e hicieron una ventana a las estrellas en cada eco,
sobre papel.

Es madrugada y no comprendo
¿ya no hay misterios
o se ha roto el agua?

Es este nudo en la garganta,
en los tobillos, entre mis ojos,
en las muñecas, al respirar.
Es este nudo junto a tu cuerpo,
que soy ahora.

Fue muy profundo;
pero tan breve como mil años.
Si lo escuché fue porque iba directo a él,
fui tropezando.

Yo presentía que era su voz
lo que venía desde muy lejos,
para contarme que era posible
sentir el mundo y no temerlo.

La parte de mí que rompe esta ausencia,
es la parte apagada.

Ya voy sabiendo esperar;
voy entendiendo que llegan las hordas
y debo guardar mi palabra
dentro de cada ciudad que será destruida.

La poesía te seguía
con los largos cabellos
de la mística fruta del fuego.
Las horas azules
se abalanzaron sobre tus trajes
y los formaron con la cubierta  
de un libro santo.

No es necesario
decir qué fuiste;
suena todo el silencio
de la campanas:

Hevenu shalom aleichem.

Omar Alej.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El personaje que era muchos personajes.

Pero la bestia, lo que se avecina
es demasiado grande
-el tigre de los tigres-.
Es la muerte
y el gran tigre es la presa.

El tigre real, el amo, el solo, el sol... Eduardo Lizalde.


El personaje que era muchos personajes
buscaba el modo de hablar del señor Leonard Cohen,
eso era lo primero en la lista
de lo que un hombre de bien debería de tener.
Además los sombreros de Dylan, los que son voladores
y los que son para hacer -de la sala de estar, un lugar elegante
donde comparten piratas, vaqueros y reyes.

No sabe que hacer
cuando han matado a su planta, Tijuana,
¿se culpa a los gatos
o a los miserables que hacen fotos con ellos?
Murmura las claves de algunos secretos que estaban debajo
del piso, como una venganza…

Sale de su casa vestido de hoy con ropa de ayer
y al llegar al trabajo hace señales de béisbol
que dicen que vuelve a salir,
para fumar otra vez de la colilla sin apagar
que quedó sobre el cesto del apagafuegos;
así cree que lo haría un rebelde sin causa.

Todo está bien, para el personaje que era muchos personajes;
sabe que el dolor es un golpe que iba dirigido a quienes no están,
lo recibe por ellos y puede sonreír si la amenaza de muerte
la esgrime el olvido de quien ya solo fue lo que es.

Siempre ha querido que llueva,
es una pasión que no sabe explicar,
por eso usa las nubes con el modo moderno
de lo que era nostalgia.

No hay un solo tipo duro
que no haya sentido en el miedo ganas de ser como él,
camina a través del abismo haciendo batdance
y piruetas de swing que solo fueron posibles en Prince.

El personaje que era muchos personajes,
clava las uñas con ganas de amantes malditos,
besa las bocas con besos de un vago encantado,
se trepa a balcones con modos bandidos del norte,
ataca a los padres de niñas nerviosas
y apunta a la luz cuando copia los versos de Cesar Vallejo.

Quiere ser un hombre, llamarse poeta,
vivir por encima de la realidad y sus posibilidades;
quiere saber lo que hay en su alma, de este,
de aquel, de ti misma y de otros…

Con velocidad de un lobo veloz
acude al llamado de historias postizas
donde dioses falsos habitan en pueblos fantasmas;
no es tan importante llamarse Keith Richards
si a donde caes duro no es el Chelsea Hotel
ni el hotel plaza Francia.

Sus pasos de pez nadan en el aire
y quiere ser Wilde
y ama no serlo;
vive en costumbres de Martín Fierro
sobre un rascacielos, en la cabeza de quien pasó por ahí...

Y además
mataría porque lo llamaran Charles Baudelaire.

El personaje que era muchos personajes
se hizo un agujero con solo remiendos;
perdona cariño, se parece a mí.

Omar Alej.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Firmes y Dignos.

 Carta al presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump.



Me piden que diga algo sobre usted, sr. Trump. Me lo pide un amigo y yo jamás he ido en contra de lo que piden mis amigos. Hace un tiempo que he caído en cuenta de lo simple que es una dicotomía, por eso no quiero decir que usted sea bueno o sea malo. Incluso –ahora que intento, plantearme escribirle fomenta en mi pecho más dudas que argumentos.

Quizá usted no lo sepa –o no le ha hecho falta saberlo; pero hemos crecido pegados a cuerpos de redención y romanticismo. Firmemente creemos en cruzar el desierto más denso y subir a la cima más alta, para bien de la tribu. Firmes y Dignos, quizá usted lo olvidó; pero en toda la sangre que riega occidente queda algo de eso y quizá usted no lo sepa, que nos entendemos en modos de lucha, alegría y resistencia. Tenemos manos de santos que nos levantan del suelo, nuestros abuelos, nuestros padres y los abuelos de nuestros padres: nuestros maestros.

No sé si decir que es usted un temible enemigo. Hemos llegado a este punto en el cual el miedo ya no paraliza, estamos puestos en pie, porque además de la historia tenemos los cuentos, la danza, el teatro, el cine, la pintura, las canciones y el mundo que nos habita por dentro. Y no se confunda, yo mismo tengo miedo a perderme dentro de estas líneas y terminar suponiendo lo que desconozco; no es que crea que usted la leerá, eso no. En mi fuero interior desconozco el motivo, para que esta historia continúe siendo así: un hombre en la posición de aniquilar la vida de otros hombres.

Lo han elegido mis pares en un país diferente y estoy seguro que es gente que se siente cansada de que cada vez que hace fila, para encontrar las razones, la fila dure todo el día y al final no haya nada. Eso supongo porque me cuesta pensar que haya sido nombrado “sr. Presidente”, únicamente por un impulso de acabarlo todo, sin reparar que en el todo estaban también quienes le simpatizan; una especulación que no atino a saber y tampoco a ignorar.

Sea mejor, usted sea mejor, sr. Trump. Piense en todas las limitantes que una nación tiene y en como los otros, los que son extraños y extranjeros, podrían completar la autenticidad de aquellos que somos. No se lo pido en mi nombre ni siquiera en el nombre de nuestro país –del que no puedo decir es mejor o peor de lo que es el suyo. Lo pido en el nombre de este amigo que me pide que escriba sobre usted, sobre su imagen y sobre el destino que ha elegido caminar.

Antes, durante los dos mil años que dura la historia reciente, ha habido reyes, dictadores, gobernantes –simples hombres, que llevaron el ahogo a pueblos enteros por considerarlos peligrosos o enemigos de su bienestar. No le niego que hay en mí una parte que comprende todo esto; pero usted podría ser mejor que yo y que cualquier otro que sintiera el recelo que nos deja el dolor. Usted podría pensar en formar parte de los otros, Luther King o Abraham Lincoln; los que han visto comunión en la distancia y fraternidad en cada diferencia.

No estoy loco, sé que no le estoy hablando con violenta estupidez. Si mi petición es inocente y es ingenua, no es a cuenta de haber visto solo el cielo azul y la campiña roja.

Mi pedido carece de cinismo porque ha sido justo eso lo que lleva impregnando cada intento de opinión, que nos decreta lo que habría de pensarse o de sentirse y no funciona. El que usted sea el futuro hombre más poderoso de la tierra es la muestra de que tales tazas de poder nunca funcionan.

No me atrevo a suponer que esto es -o se parece, a lo que mi amigo tenía en mente al pedirme a mí la empresa de que hablara en el nombre de él y de otros que me abonan la esperanza, con sus formas de sentir siempre dispuestas a la gracia. Sin embargo, ya que estoy tomando el lance, me siento obligado a advertirle que todo nuestro corazón está puesto en prosperar, en defender nuestra alegría, en no bajarnos de los trenes al futuro, en cuidarnos y en nombrarnos una y otra vez nuestro derecho a la risa. La fuerza de todo lo que queda por venir ha formado esta legión que hoy es más grande que cualquier incertidumbre. Si le escribo sr. Trump es por mi amigo que me ha dicho que debemos respetar a los contrarios y ofrecer la oportunidad de unirse a tiempo con nosotros.

Omar Alej.

Dicen que viene la noche.


«Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos»


Purgatorio. Canto V. La divina comedia. Dante Alighieri.


Dicen que viene la noche y tememos,
no destaco por ser un valiente.
Todavía persigo a quien pudiera decirme
que lo peor ha pasado.

Me oculto en los viejos
en ellos hay cicatrices que espantan;
pero reconfortan de un modo vigía
lo que el horizonte ha fingido:

Huelen a mar abierto,
a zafra, hollín, blues, carreteras
y besos de bocas partidas;
sudan aviones de arena y pilas de barcos
que no pudieron salir del desierto.

No es la primera vez que oscurece,
antes leí las tempestades en el anhelo de Ahab
y todos somos un poco la niebla
y otro poco el calor.

Dicen que viene la noche y tememos;
pero al abrir el baúl encuentras un mapa,
cerillos, la brújula, un verso…
siempre estuvimos de viaje entre la deriva
y llegar a la orilla de los infiernos del Dante.

Y esa tal noche tan oscura y ajena,
la que llega a los huecos más espontáneos del alma
no es más que un campo al que nace el romántico hombre
de todas las mañanas.

Aquí -justo ahora, sigue avanzando el reloj.
Ha desmarcado sus horas sobre la mesa el tramposo
y con su última carta pretende acabar con el juego;
pero yo sigo al gato que empuja las agujas
sonriendo sin risa.

Dicen que viene la noche y tememos
¿Qué noche es esa
que no sea la eternidad dentro de nosotros?

En el absoluto vacío, el corazón de los verbos supuso
una explosión y un recuerdo.
Sigamos la danza;
el muerto levanta porque renuncia a creer
que solo el sol hace al día.

Omar Alej.

martes, 8 de noviembre de 2016

"Casiacudo": un sueño-film.

“Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.”

Canción de amor. Raine María Rilke.


Me acerco al mostrador donde un guerrero preside
con santidad y con fuerza.
Quizá es la primera vez que entro;
no hay lo que busco y no han de vender lo que tengo.
Me toca tirar por afuera, hacer -con lo que se les cae al salir,
un pájaro menos…

No debiste intentar llamar su atención ni pararte de manos
sintiendo ofrecer un ángulo oculto en un punto ciego;
ahora no eres más que un anunciante intentando levantarse del piso
y aunque ya has aprendido las palabras que querías aprender,
todo aquel que te cruza tapa sus oídos en la parte que sigue al destello estelar;
a nadie le importa escuchar cómo suena –paso a paso, el romperse.

Puedes acercar al fuego tus hojas,
frotar la tinta hasta que logras decir que ese es también combustible
y quizá quieras haberte convertido en aquel que no eres;
pero si alguien te ama no podrá hacerlo por tus puntos negros.

Si me fuera necesario apuntar sobre las cuatro esquinas
en las que puedo dormir sin enredarme de frío o insomnio,
entonces el mundo nacería de una hoja de papel
que ha sido doblada hasta quedarse en recuerdo.

Sentado ya sé cuándo estoy muy triste.
Algunas de mis violencias se han levantado y andan;
se cuelan en alguien que va haciendo distancia sin saber dónde vivo.
Eso estaba anotando en la pizarra de la clase
y el celador de aquel libro puso mi espera detrás de la vida, 
para que me perdiera…

Es un loco maestro
que quiere enseñarme a estar preso sin buscar la salida.

Si te pudiera transmitir
lo dividido que es el camino sobre el aire, para un niño delfín,
me sabrías apartar de tanta película quemada
y poner la música de entrada, para un sueño-film.

Cada gota de la lluvia me parece puede ser
la semilla, la raíz, la corteza, la rama y el otoño;
después dice una señora que ella va a barrer toda el agua
de los charcos ¿Dónde quedo yo?
Esto digo por decirlo
pues se espetan de mis manos palabreos
que retumban en mis pies y hacen que pise
el contoneo de las olas.

“Casiacudo” es el nombre verdadero del futuro
y mientras tanto entre pliegues de una tela que no es
saco el alma de un sombrero
y del fondo de su copa suelo hacer aparecer ciertos signos de interrogación.
Sé que es breve y que es secreto;
pero alegra en mi novela
partes tristes de una sola soledad a luz de velas.

No he tenido referente a esta discordia;
me creía preparado, para el amor.
Sin embargo no lo es todo y cuánto cuesta.
Omar Alej.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Es amor que no se asusta.

Ni suma de accidentes, ni mero participante de un ideal genérico, el ser amado es la idea concreta de su perfección individual.  Todo ser es una estatua trunca, a la que sólo el amor devuelve sus curvas mutiladas

Escolios escogidos. Nicolás Gómez Dávila.



Que entre estas palabras quepan los divorcios,
los labios del hombre sin besos,
las medias de mujeres sin dios entre las piernas:

Que hagan amalgama el tiempo y la distancia.

Que pase un viejo pernoctando
y vaya en busca de su esposa huida
a través de las auroras sin paraguas.
Ojala que surja un joven pisoteando margaritas
porque quiere y no le quieren,
mientras hace sus deberes.

Aquí dentro nos sirva, para hallarnos un abrazo entre soldados
que hoy –a la mañana, han recibido la noticia de que Ivana
ha decidido tener nupcias con Miguel,
un cobarde pacifista y criador de gatos belgas.

Duele ver que están sacando
de las letras del amor
al solitario, al pecador y al miserable.
Hay un mundo breve y débil,
para ti que estas perdiendo realidad
en lo que juegas a perder.

Yo dispongo esta carpa,
para darles la ocasión de un último momento
con la luna, bajo lluvia, entre farolas;
aguantando el desamor que los castiga.

Son mentira las promesas
y también el para siempre en los deseos.
Sin embargo sube el tono de la voz
en la canción que canta el alma.
Yo rescato del olvido
a la chica que amenaza con matarse  
si me voy:

Que esta tumba de secretos sea su casa
y hay navajas
y hay cianuro
y hay mis manos por si quiere maniatarse
antes de probar a verme muerto…

Hace un tiempo
lo dejó o la dejó o se dejaron,
para cada uno de ellos se abren rutas de caminos
que hasta el sol mira llorando;
que sea alto el volumen del adiós
que lo imiten esos montes y ermitaños
incrustados -como espina, en un poema.

Lo que quiero es abarcar
hasta ese cuarto donde está el desamparado;
ese mismo que engañó
porque pensó que era mejor no fracasar
en su versión del génesis.

Yo he bebido y me doy cuenta
que algún día he de caer,
que aún hay noches para ser de cualquier parte
y cualquier cosa.

Yo le escribo justo a aquel
que se siente hecho pedazos
y que sepa que con él anuda el viento
que del sur llega hasta el norte.

Omar Alej.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Si te busco, me encuentras.


“El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente”

El poeta es un fingidor, Fernando Pessoa.


A veces busco la luz
y otras veces busco las sombras.
Aquí lo puedo contar;
se me ha quedado mirando, la soledad,
al naufragio que se convirtió en una isla:

No sé lo que busco
cuando estoy a punto de cumplir otro año.

Tú podrás acertar
que mucho tiempo he buscado un claro,
las puertas de un cuento; la sensación de morir
y volver de la muerte.

Sé que he buscado
decirle a los tiempos
que no podrán destruirme
por mucho que hagan, para aplastarme.

Resistiré sin dar importancia,
sin contradecir el camino  
y todo –en verdad, no es más que un juego.

Juan no tiene casa
ni vecinos ni hijos ni amantes
ni tratos en donde fundar una nueva ciudad.
Yo no creo que le falte nada,
me cuenta que hay una parte del río
donde te puedes sentar sintiendo que nada ha pasado;
estas suelto de cuerdas
y llegas a ver los horizontes que están
en el corazón de tus muertos…

Y no lo busco con la sed primordial del que se aventura;
pero quisiera encontrar alegría
en lo que recordamos que una vez fue dolor.
Mi espíritu fue el blanco
de leyes y certidumbres
que si hoy están rotas
las he roto yo:

Saber que la vida sucede de un modo u otro
y saltar por encima del fuego que impone dentro de las dudas;
dejar de olvidar con cuantas cruces crucé
apenas al dar las seis con treinta de la mañana.

He llegado aquí,
de momento hay aire, concordia
y motivos, para estar alerta de ciertos detalles.

Se han desplazado los días tapiados
y como de paso, han llegado al encuentro.
No sé si lo busco;
pero después de partirme en pedazos
un poco de mí se encuentra en el otro.

Omar Alej.