viernes, 7 de octubre de 2016

Parecidos y aparecidos.


“Algo le da en su atuendo vago aire de artista:
la corbata tal vez o la forma del cuello.”

En la calle. Constantino Cavafis.


Hice el reconocimiento
y aquel hombre era igual a mí;
el mismo tono de la sangre
y después de un tiempo sin lavarse
olía mal, tanto o más que yo.
Tuvo un tiempo en el que se comía
los mocos de hambre...

Llevaba atadas sus centinelas alrededor del cuello
y se libraba de días de guerra
contra la bocina de un transistor;
que de una voz sacaba bellos y amables fantasmas.

Lo vi parado en un modo vertical
y sentarse flexionando las rodillas,
tan iguales él y yo.
No nos besamos;
pero algo me dice que besaba sus besos con la boca
y que sentía detenerse el corazón
-por un segundo,
en la recta final de una carrera
en la que había apostado a un caballo perdedor.

No es que habláramos de todo;
pero ninguno de los dos
podía decir de cuanto territorio
está hecha la nada…

Hijo de mujer
y de un espermatozoide,
nada más que eso:
igual a mí.

Nos sentíamos extraños
por detrás de las caretas
y del uso de los modos arbitrarios
de una civilización;
medio quemada o medio cruda,
no sabemos

Incluso fuimos amantes de una misma chica,
nos empleaba,
nos cortaba la cola y las alas;
pero luego liberaba y volaba
a ponerse entre la espada y la pared,
como dirían.

A los dos nos hizo daño
y a los dos nos dio un motivo.
Cada tanto
escribimos sobre ella;
sobre el eco de su voz de dos mil años
y de todo lo que oculta bajo tierra.

Él,
tiene marcas de sus golpes
y yo tengo en la mano derecha
puesto un guante, para defenderme;
si es que somos casi el mismo.

Igual a mí
está alegre si hay un juego que jugar
como el fútbol o la cordura:

Siempre encuentro algo
en lo que todos
nos parecemos un poco.
Omar Alej.

No hay comentarios: