sábado, 8 de octubre de 2016

Mi relación con la muerte.

“Mejor. Porque así mientras
yace muerto en este puerto,
siempre tendrán sus padres la esperanza de que está vivo.”

En el puerto. Constatino Cavafis.


Mi relación con la muerte
-me gusta pensar, es sencilla:
hay uno que también soy yo que la busca:
<<¡Qué descanso! ¡Cuánto final! ¡Cuánta nada!
Libre al fin de los mosquitos, de las moscas, de los pet friendly>>.

Está listo y entusiasta,
para besarse con la dama gigantesca
que se roba a los soldados
y que a cambio solo deja un mísero poema;
incapaz de hacer valer
la brisa de la arena en las palabras.

Tan insano es
que suspira por la orilla de los grandes edificios
y si canta es fantaseando con lo que podría ver
mientras se cae de las alturas.

Y no es que sea suicida,
no en el término frontal de ese contrato.
Ya me ha dicho que confía en que no hay rumbo,
que tal vez adelgazar hasta los huesos
sea el único tratado convincente
que pudiera prometer un escapista.

Ese es uno; pero hay otro
que soy yo a parte igual.
Un hijo del sol que respira
y hace mover el inicio
a lo que queda adelante...

Siendo cauto se cobija
en cada estrofa que la luna haya escrito
en las novelas policiacas;
se almuerza una tostada con café negro
y se repite que ni el cielo
ha de tener algún sitio como este;
tan edén y holocausto al mismo tiempo.

Está en pie,
se reprende, se acobarda
y se mantiene en su ilusión
por continuar aún después
de haber perdido la mitad
de la otra vida que era suya.

Es distinto de aquel otro
y un tercero que soy yo, si me permiten,
cuando no puedo ni saber mi propio nombre,
se queda en medio de los dos
y a juzgar por lo que escribo justo ahora;
absolutamente toda la verdad
podría tratarse de simples reflejos.

Omar Alej.

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