miércoles, 26 de octubre de 2016

Dormir sin descanso.


Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía... Fernando Pessoa.


Soñé con un nene descalzo
algunos dijeron que así lo dejaron los militares;
no tenía cara de odio
y desde los balcones
las voces heladas contaban
que había sido su padre.

Me jodí los oídos
escuchando disparos,
tololoches, guitarras
y tambores de feria.
El nene descalzo ya no podía seguir
porque de pronto el camino
se le había convertido en tiempo…

Yo me bebí
-como cada noche, cinco cervezas,
para irme a dormir;
pero de madrugada el susto fue tal
que me desperté en el centro de un bote
a través de la noche, sin mis zapatos azules.

Lo he venido pensando,
que el nene descalzo
fuera alguien que me ama;
ya no me daría nada más.
Ya no podría acordarse
de la media hora de recreo,
cuando jugaba al fútbol
y que lo viera la nena
de las zapatillas doradas.

Se le habría abierto la cabeza
y se le habrían ido
los sombreros voladores
que esperaba fabricar,
para darlos a los hombre sin fortuna.

Maldita sea la cordura;
he sabido que el gran cisne blanco
se suicida al morir su pareja
¿Quién estudia a la especie
de los nenes descalzos?

Yo lo he soñado
y el mundo seguía,
tan habituado a sus horrores.
Con él en los brazos
estaban haciendo la fila del pan,
la sala de un cine,
amistad sobre una quebrada
o permitiendo que el perro
durmiera adentro, sin frío.

Sin nada
además de mis sueños.
Hoy al irme a dormir
me habré asegurado de dejar cerca de la cama
cuero y madera;
quizá pueda soñarlo vivo
al nene descalzo.

Omar Alej.

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